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EL ADIÓS DEL CARDENAL RUBIANO

DIARIO EL TIEMPO
18 de julio de 2010 
El Cardenal se ve relajado, pleno. No se vislumbra nostalgia en sus ojos, cubiertos por unos lentes plateados de delgada montura.

DIARIO EL TIEMPO
18 de julio de 2010
EL ADIÓS DEL CARDENAL RUBIANO

El Cardenal se ve relajado, pleno. No se vislumbra nostalgia en sus ojos, cubiertos por unos lentes plateados de delgada montura. Después de 54 años de vida sacerdotal y 15 como Arzobispo de Bogotá, Pedro Rubiano Sáenz se despide de su feligresía.

Tuvo que esperar casi tres años para que el papa Benedicto XVI le aceptara la renuncia que presentó al cumplir 75 años, edad exigida para el retiro canónico. La semana pasada le llegó la noticia con la designación de su sucesor, monseñor Rubén Salazar. "Ya es hora de descansar, de llevar una vida más reposada", confiesa Rubiano.

Pero, más que entregarse a un merecido descanso, no quiere restarle atención al heredero de su trono en la Arquidiócesis de Bogotá. "Estaré por fuera, durante un año, para que el nuevo arzobispo tenga el espacio libre", suelta Rubiano, quien el próximo 13 de septiembre cumplirá 78 años. Puerto Rico y Estados Unidos serán algunos de sus destinos. Lo esperan muchos libros por leer y muchos amigos y familiares por visitar.

"La Iglesia y Colombia sólo tienen motivos de gratitud con él", es la opinión de monseñor Fabián Marulanda, que, según él, no tuvo buena prensa en los últimos años. "Cuando se habla con la verdad, eso contraría a muchos. Los obispos tenemos la obligación de ser profetas al denunciar lo malo y proclamar lo bueno, y eso fue lo que él hizo", advierte Marulanda.

Y es que al cardenal Rubiano no sólo se lo recordará por sus obras, entre estas, el haber afrontado con gallardía la quiebra de la Caja Vocacional al salir de todos los bienes de la Iglesia para devolverles hasta el último peso a los ahorradores (1986 y 1987) y por haber creado la Comisión Nacional de Conciliación, en 1995, en uno de los momentos más convulsionados del país. También pasará a la historia por sus célebres y punzantes declaraciones.

El autor de la frase del 'elefante'
El periodista Javier Darío Restrepo, experto en el acontecer religioso del país, recuerda una de sus 'perlas' más famosas: la del "elefante en la sala de la casa", cuando se refirió a las supuestas irregularidades en la financiación de la campaña de Ernesto Samper a la Presidencia del país.

"Siempre estuvo dando su visión de lo que sucedía en el país, pero no era una visión de politiquero sino de alguien que seguía con mucho interés la vida nacional", cuenta.

El ex presidente Samper, vía telefónica, se declaró por su parte "inhibido" sobre lo que piensa del cardenal del Valle, nacido en Cartago. "Es que tuve muchas dificultades con él. Tengo mi opinión personal y no quiero molestarlo", respondió.

Hay muchas cosas que no se saben del cardenal Rubiano y eso lo admite uno de sus amigos más cercanos, monseñor Héctor Gutiérrez Pabón. Según él, quien lo acompañó durante 11 años en la Arquidiócesis de Cali, a Rubiano le duele profundamente el drama de los desplazados. Por eso creó el Banco de Alimentos y varios hogares de paso en Bogotá, y se trajo también un grupo de monjas de la obra de sor Teresa de Calcuta, expertas en la atención a los desterrados.

Gutiérrez, obispo de Engativá, también evoca asuntos más terrenales de la vida del purpurado. Por ejemplo, el gusto por conducir rápido. "Me hizo pasar varios sustos. En ocasiones casi nos metemos debajo de una tractomula. Uno de sus placeres es manejar su propio vehículo y muy rápido", relata monseñor Gutiérrez, pero aclara que desde hace varios años por fin dejó manejar al chofer.

Visiblemente acongojada, Elsa Judith Riberos, su secretaria durante 13 años y medio, sólo dijo: "Siento un infinito agradecimiento por haberle servido todo este tiempo", y luego contó que además de ser un jefe estricto pero bonachón, es amante de la música colombiana y del vallenato. "Su canción preferida es La gota fría", contó ella.

Piensa escribir sus memorias
Al cardenal Rubiano, ordenado como tal en el 2001 por el fallecido Juan Pablo II, también le gustaría escribir sus memorias.

"Haría una crónica de lo que he vivido, para darle gracias a Dios por todos los dones que me ha concedido", dice al advertir que ya es hora de desaparecer de la opinión pública, que no quiere más entrevistas y que se guardará sus conceptos personales.

Sin embargo, después de la eucaristía en la que los 90 obispos del país se despidieron de él, el viernes en Bogotá, no se contuvo ante las preguntas de los reporteros. Disparó un dardo más, esta vez sobre la polémica demanda de Íngrid Betancourt.

"A ella no la secuestró el Estado sino la guerrilla. Debería darle gracias a Dios porque ya no está secuestrada", respondió Rubiano, dejando en claro que le quedará difícil guardar silencio.

Vestido con su atuendo de cardenal, con la mitra blanca sobre su cabeza y el báculo dorado en la mano izquierda, se despidió de sus fieles en la Catedral Primada. Dijo que se va con la satisfacción del deber cumplido y muy agradecido con la Iglesia y con Colombia.

"Como sacerdote seguiré ejerciendo el ministerio hasta la muerte", dice el cardenal vitalicio, que ostenta orgulloso la buena salud de un roble bien plantado. "Yo creo que hice lo que tenía que hacer y le doy gracia a Dios por eso", concluyó el jerarca y se escabulló una vez más.

REDACCIÓN VIDA DE HOY

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Esta información fue publicada en este sitio web el (día/mes/año): 20/07/2010