Una Iglesia sin dolientes

Por: Mons. Froilán Tiberio Casas Ortiz - Una de las diferencias prácticas entre un cristiano católico y uno protestante está en que aquél vive criticando a su sacerdote y éste nunca habla mal de su pastor. ¡Ah! La carne de cura, ¡qué cosa tan buena!, ¿verdad? No cabe duda que los creyentes cristianos esperan que sus ministros sean personas dignas de toda prueba. Eso está bien. Pero, por favor, los presbíteros son personas de carne y hueso igual que ustedes, tenemos la misma materia prima, -claro que esto no justifica los pecados cometidos-.

Los escándalos de desórdenes sexuales de algunos clérigos han llevado a poner en la picota a todos los ministros ordenados, ¡qué horror! Pareciera que se ha etiquetado a todo eclesiástico por el terrible crimen, siempre censurable, de la pedofilia. Es claro que los niños merecen el más profundo respeto, que se deben tratar con guante blanco. También es claro que el religioso que haya caído en este terrible flagelo debe ir a la cárcel sin dilación. Igualmente, debe tenerse en cuenta que se espera de los eclesiásticos una conducta sexual y moral en general, intachable. Pero de ahí a calificar a todo sacerdote de pedófilo hay un abismo enorme.

A los sacerdotes les pasa lo de los aviones: en este momento circulan por el firmamento centenares de aeronaves y gracias a Dios, en el momento no hay accidentes aéreos. Por fortuna, todo marcha normal. ¡Ah! El día en que haya un accidente aéreo es noticia de primera página. Algo similar pasa con los sacerdotes: viven en el silencio de su ministerio visitando enfermos y ancianos en el lecho del dolor, visitando barrios y veredas, llegando muchas  veces a donde el Estado nunca hace presencia, asumiendo peligros de ríos, de climas inhóspitos; encuentro a sacerdotes organizando “tamaladas” para levantar fondos para la construcción, ora de un templo, ora de un salón parroquial para la catequesis, de una casa parroquial (que nunca van a “disfrutar” porque los trasladan). Encuentro a sacerdotes abnegados recorriendo valles, montañas y caminos sinuosos en búsqueda de la oveja perdida; encuentro a sacerdotes organizando a los niños en infancia misionera; sacerdotes liderando procesos de paz y de reinserción sin ningún protagonismo y publicidad; encuentro a sacerdotes acompañando a las parejas matrimoniales y a los jóvenes y … esto no es noticia. Pero, … caiga uno y verá lo que pasa: llegan rayos y centellas, sobre todo de quienes menos autoridad moral tienen. Si un laico o seglar cae en el horrible delito de la pederastia se le califica de abusador sexual, si es un sacerdote entonces, es pedófilo.

Invito al lector a tener en cuenta estas estadísticas. ¿En dónde ocurre el abuso de los niños? Leía en un medio informativo que, el 63% de los casos de pedofilia ocurren en el ambiente familiar: padrastros, padres, hermanos, tíos, primos, etc. El 13% en el ambiente de barrio y pandillas juveniles. El 17% en el ambiente escolar; el 07% en el ambiente laboral y social. ¿En qué porcentaje está el número de eclesiásticos? En el 02%. Claro si cae en los medios un caso de pedofilia, ¡ah!, la mejor “chiva”. Por otra parte, la única institución en el mundo que combate abiertamente la pedofilia y ha elaborado diferentes instrumentos jurídicos y canónicos para condenar la pedofilia, es la Iglesia Católica.

Los papas Juan Pablo II, Benedicto XVI y actualmente el papa Francisco han expedido distintos documentos en donde además de condenar la pederastia, la combaten agresivamente: los abusos sexuales han sido, en los últimos tiempos, combatidos de forma contundente. Para enunciar algunos: Sacramentorum sanctitatis tutela, en donde se reserva a la Congregación de la Doctrina de la Fe los casos de abusos a menores por parte de los clérigos, año 2001; Delicta graviora, año 2010 en donde se exhorta a tener cero tolerancia frente a estos execrables abusos. El papa Francisco convocó a los Señores presidentes de las conferencias episcopales en febrero de 2019 para analizar el problema y establecer aún más, directrices claras en favor de la tutela de los niños y la reparación a las víctimas. Tenemos un Código de Menores que ha sido adoptado, con algunos ajustes en cada diócesis para combatir el terrible flagelo que avergüenza a la Iglesia. Ahora todo sacerdote, religioso, personal colaborador cercano a la pastoral parroquial, debe firmarlo.

Cada obispo ha dictado medidas aún más concretas y tajantes sobre el respeto a los niños y la exigencia de cuidar con suma delicadeza y trasparencia el apostolado con los niños. ¿Qué entidad del sector público o privado está implementando herramientas similares para combatir los abusos sexuales contra los niños? A la Iglesia es a la única que se le condena patrimonialmente por los delitos de abuso sexual contraído individualmente por alguno de sus miembros. ¿Qué tal que se demandara al Estado por la pedofilia de algunos de sus funcionarios? Háblese de ministerio de Educación Nacional (los ambientes escolares), gobernaciones, alcaldías, Fuerzas Armadas, hospitales, albergues infantiles manejados por el ICBF, etc. Sencillamente no alcanzarían los recursos del Estado para indemnizar a tantas víctimas.

+ Froilán Tiberio Casas Ortiz
Obispo de Neiva 

Posted by editorCEC1

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