Iglesia cierra ciclos de conversatorios sobre el suicidio

En el último conversatorio del ciclo ‘El suicidio…hacia espacios de esperanza, en época de pandemia’, organizado por el departamento de Promoción y Defensa de la Vida y el Centro Estratégico de Investigación, Discernimiento y Proyección Pastoral de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), los especialistas invitados coincidieron en que continúa siendo un desafío para el ámbito familiar, escolar, universitario y religioso, el acompañamiento a los niños, para que desde pequeños se les eduque en la toma de decisiones y aprendan habilidades para la vida. 

Para la doctora María Stella Rodríguez, docente investigadora de la facultad de teología de la Pontifica Universidad Javeriana, la realidad del suicidio es algo que debe cuestionar a todo el mundo, porque esto “puede tocar la puerta de cualquier hogar”. 

Recuerda que debe ampliarse las maneras de estar con los demás, de escucharlos y no hacerlo de forma superficial. “Somos muy rápidos para hacer juicios negativos,  no descubrimos que hay detrás de las personas y muchas veces son seres con capacidades excepcionales las que entran en conflicto”. 

Asienta, además, que aquellos que manifiestan comportamientos suicidas, no necesariamente son los que tiene graves problemas, sino que, sencillamente no han encajado dentro de un contexto, han  sido rechazados y no encuentran las personas que los acepten como son. “Estamos acostumbrados a clasificar a las personas  como válidas o inválidas para la sociedad. Son personas que pueden ver el mundo de una manera diferente, lo perciben más rápido o más lento o con matices y si no encajamos con ellos, tendemos a calificarlos como poco inteligentes”. 

Frente a este panorama, asegura que estas situaciones impiden ver y reconocer “esos gritos de ayuda” de las personas que piensan que la vida no es para ellos, y esto no quiere decir que estén fracasados sino que se sienten frustrados por lo duro que se les juzga. 

Por otra parte, el doctor Paulo Daniel Acero, psicólogo y especialista en resolución de conflictos de la Universidad Javeriana, quien acompaña actualmente procesos de duelo a familias donde algún miembro ha tomado la decisión de suicidarse, apunta que estos casos se dan hasta en los hogares más felices, donde al interior de casa existen muy buenas relaciones entre sus miembros, sin embargo uno de ellos toma la determinación de quitarse la vida. Viene luego el duelo y el sufrimiento que se incrementa por el juzgar de quienes les rodean, siendo señalados y estigmatizados por una mirada exterior. 

Observa que ahora con esta crisis de la salud, los casos de suicidios se siguen incrementando en el mundo y no se detectan a tiempo porque la mayoría de las personas evitan hablar del tema en los diferentes escenarios, creyendo esto lejano y que nunca les va a pasar. 

Ahora que estamos en tiempo de pandemia quiero dejar esta reflexión, solo llevamos 6 meses con el covid-19 y creo que conocemos cada vez más de él  y hasta parece que ya hay una vacuna. Pero conocemos muy poco del suicidio que deja en el mundo ya más de 800 mil familias en luto cada año. Nos falta trabajar más en este tema, nos falta adiestrarnos más y ser más idóneos en el acompañamiento profesional y humano al sufrimiento de estas personas”. 

Advierte que se están cometiendo errores con los niños en la educación, porque se está formando en un sentido competitivo y no colaborativo, es decir, el niño o joven tiene que ser el mejor, dejando en él una carga, agrega además, que se le miente diciéndole que todo lo que se proponga lo puede lograr, siendo esto falso. 

Hay que enseñar a los niños a perder desde la esperanza, el hecho de que perdamos no nos hace fracasados. Tenemos que brindar acogidas incondicionales a las personas que nos rodean, afirmándonos en el perdón y el trabajo con la culpa”. 

Así mismo sugiere que una herramienta clave para los niños es hablarles “bien de la espiritualidad, de que los seres humanos somos trascendentes” y sostiene “tenemos que enseñarles a nuestros niños y adolescentes  a buscar ayuda  a que cuando algo me desborda no es un signo de debilidad, sino de fortaleza reconocer que tengo que recurrir a otros y que está bien hacerlo”. 

Por su parte, el psicólogo Miguel De Zubiría, quien preside la Liga Colombiana contra el Suicidio, inició su intervención planteando el siguiente interrogante ¿Por qué se suicidan los suicidas? A lo que el mismo respondió que muchos de ellos lo han hecho porque tienen apatía, falta de metas, sueños o porque tiene pobre autovaloración, infelicidad personal o bien porque están solas. 

Sobre este último aspecto advierte que, según estudios, el mayor mal que está aquejando a la sociedad en este siglo XXI es a la soledad, por lo que observa que se acaba de crear un centro especializado para estudiar este tema a fondo y prestar la ayuda necesaria a quienes lo requieran. 

El doctor De Zubiría, hizo referencia a un trabajo de investigación realizado desde el Instituto que preside, y que llevo 15 años de trabajo con 500 jóvenes. A partir de unas preguntas o un test especializado se lograron descubrir aspectos para identificar y prevenir el suicidio. Fruto de ello compartió las cinco vacunas contra el suicidio. Son ellas: 

1. Enseñarles a tener motivaciones, anhelos, deseos ilusiones y proyectos
2. Valorarse a sí mismos.
3. Tener buenos vínculos, interacciones, ser amables, sonreír, saber escuchar
4. Tener emociones positivas
5. Ser resiliente
6. Enseñarles el por qué vivir y la alegría de vivir 

Finalmente, frente a una pregunta que surgió de cómo desde la Iglesia hacer frente a este mal que sigue cobrando la vida de muchos jóvenes, la doctora Rodríguez, aporta que es importante pasar de una pastoral de masas a una pastoral personalizada. 

Es urgente trabajar una pastoral donde interesa la persona y su singularidad.  El reto está en poder descubrir en la singularidad del otro la acción de Dios. Ir más allá de esta estigmatización que la sociedad nos ha querido ir marcando con el hecho de decir que algunas personas son más valiosas que otras.  Pasar de una pastoral de masas a una pastoral personalizada, pasar a una pastoral de escucha mutua (...) desde la evangelización se puede llegar a ser ese tutor de resiliencia para ayudar a que esa persona descubra en esa crisis, un motivo de crecimiento y transformación para su vida”. 

Posted by editorCEC1

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