Domingo de Ramos

El Domingo de Ramos o Domingo de la Pasión del Señor abre la Semana Mayor. En este día rememoramos la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, los momentos en los que la multitud lo acoge en la ciudad de David, “ciudad símbolo de la humanidad” (Juan Pablo II), como un rey, como el Mesías esperado desde hacía varios siglos. Aclaman a Jesús:  “Bendito el que viene en nombre del Señor” y “Hosanna” (en hebreo, esto significa “¡Salva, pues!”; exclamación de triunfo pero también de alegría y de confianza).

Hoy, la Palabra de Dios nos ilumina para reconocer en el drama de la Pasión y muerte de Jesús, con toda su carga de injusticia, crueldad y traición, el supremo testimonio de obediencia al Padre.

Jesús es el verdadero Siervo de Dios que fue contado entre los malhechores pero que por su obediencia ha sido glorificado. Si nosotros nos unimos a su obediencia, participaremos también de su exaltación en la gloria de Dios Padre.

La procesión  de ramos no es solo un hecho histórico, sino un acto por el cual caminamos con Jesús que viene a salvarnos en nombre de Dios.

En las distintas parroquias, a lo largo del día, se celebra la sagrada eucaristía y se bendicen los ramos, que las familias católicas acostumbran llevar a sus hogares.

Las palmas que se quedan en el Templo se queman y sus cenizas se utilizan el Miércoles de Ceniza del siguiente año.

 

Posted by editorCEC2

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