¡Día de la madre!

Por: Mons. Ismael Rueda Sierra - Necesario reconocer, por decirlo así, a dos madres inseparables: nuestra madre terrenal, la de cada uno de nosotros y a María, Madre de la Iglesia y de la humanidad. En el mes de mayo, es costumbre resaltar esta doble maternidad en ambientes civiles y culturales, así como también, eclesiales. Y es muy loable que suceda, pues el reconocimiento de la maternidad, va asociado necesariamente al valor del respeto, cuidado y transmisión de la vida humana y su dignidad inalienable, valor sin el cual no podría existir equilibrada y coherentemente, incluso la misma sociedad.

En términos tan positivos, en relación con la maternidad hay abundante pensamiento a nivel universal, pero sin duda existe una atalaya permanente en su valoración, entre otras expresiones religiosas, en la tradición judeocristiana. Y no podemos olvidar que este pensamiento va asociado por consecuencia, al reconocimiento de la dignidad de la mujer, sus derechos y deberes y del lugar propio que ha de ocupar en la construcción social, cultural y eclesial.

Quisiera simplemente, por confirmar esta apreciación, citar textualmente al papa Francisco con ocasión de la Audiencia General del 7 de enero de 2015, año del Sínodo de la Familia, cuando se refirió especialmente al significado y situación de las madres: “Toda persona humana debe la vida a una madre y casi siempre debe a ella mucho de la propia existencia sucesiva, de la formación humana y espiritual. Pero la madre, aun siendo muy exaltada desde el punto de vista simbólico  - tantas poesías, tantas cosas bellas que se dicen poéticamente de la madre – es poco escuchada y poco ayudada en la vida cotidiana, poco considerada en su rol central en la sociedad”.

Sin duda es una descripción realista de la maternidad en nuestros días en la que la comunidad cristiana, en primer lugar, “las madres, dispuestas a tantos sacrificios por los propios hijos y a menudo también por aquellos de los otros, deberían ser más escuchadas. Sería necesario – continúa Francisco – comprender más su lucha cotidiana para ser eficientes en el trabajo y atentas y afectuosas en familia; sería necesario entender mejor a qué aspiran para expresar los frutos mejores y auténticos de su emancipación”. Hasta aquí la cita.

La celebración cada año del Día de la Madre, sería la mejor ocasión entre otras, para rendir el debido homenaje de amor, reconocimiento y valoración de nuestras madres, hecho en ambiente de verdadera paz, fraternidad y espíritu de genuina integración familiar. Así sería lo mejor y de hecho en el ambiente general se procura hacerlo de esta manera. Sin embargo, y es lo que quisiera resaltar en esta reflexión, es vergonzoso por lo menos en lo que se registra de Colombia, el resultado tan lamentable en homicidios por altercados, multiplicación exponencial de riñas, conflictos de pareja etc. registrados por el Instituto de Medicina Legal que considera este día como ¡el más violento del año!!!  ¿No es ello signo patente de una sociedad que así se ha des-compuesto? Las cifras no dejan mentir: en 2017, fueron reportados 121 homicidios, 1.159 situaciones de violencia interpersonal, 518 de violencia de pareja, 2.012 de violencia intrafamiliar y 186 casos de violencia sexual. En 2018 aumentaron los homicidios y nos faltan los reportes de la fiesta de la madre de este año 2019. No es este resultado, motivo para pensar con preocupación y sacar conclusiones?

+ Ismael Rueda Sierra
Arzobispo de Bucaramanga

 

Posted by editorCEC1

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