Bajar los índices de corrupción

El ser humano, acrítico e ingenuo se traga el anzuelo con la forma en que le presentan el discurso.

Por Monseñor Froilán Casas - ¡Qué descaro! Hemos llegado al cinismo en la conciencia moral; conciencia moral que no existe. Ya no se le teme ni a Dios, ni al diablo. El relajamiento de la conciencia ha tocado fondo y todos sufrimos las consecuencias; doloroso para quienes somos honestos, justa consecuencia para los pillos y corruptos. 

El pícaro disfruta evadiendo todas las leyes, tiene una creatividad en grado superlativo para hacerlo. Se ha llegado incluso a admirar al infractor de la ley, ¿dónde está su sagacidad? En que no se deja pescar. Los calificativos morales se han cambiado en el imaginario cultural. Esa frase tan común  en nuestra cultura: ¿usted no sabe quién soy yo? sí que es recurrente en todos los estratos sociales, cada quien desde su propio horizonte hermenéutico. Hasta el ser matón da “estatus”, sí, estatus de miedo. 

El salvaje oeste en muchos ambientes colombianos, es apenas una muestra insignificante de la crueldad con que se masacra a una población. Se atraca a la población cuando no hay control de precios y los intermediarios fijan los precios de acuerdo con el sucio e inmoral esquema de la oferta y la demanda. 

Con frecuencia los resultados de utilidades de algunas empresas no corresponden a la justicia social y el Estado que, se supone defiende el Bien Común, emplea el viejo esquema capitalista del: “Laisser faire, laisser passer”; en francés: “Dejar hacer, dejar pasar”. Una libre competencia en donde el pez grande se come al chico y después nos quejamos de la violencia. ¿Qué más violencia que una cultura de ese calibre?

En la Antigua Grecia apareció una escuela en el mundo de la academia que se llamaron los sofistas. ¿Quiénes eran estos personajes? Aquellos que enseñaban las mentiras con base en las verdades. El ser humano, acrítico e ingenuo se traga el anzuelo con la forma en que le presentan el discurso.

El sofista es aquél que presenta una dialéctica del discurso, empleando un método de investigación que se llama el silogismo. El silogismo tiene tres afirmaciones; las dos primeras son verdaderas y la conclusión es falsa. El oyente se queda con las dos primeras y se traga sin sentido crítico la tercera. Eso se podría llamar verdad a medias. Seamos definidos en nuestro moral y ética: o se es bueno o se es malo. Nadie puede ser medio bueno o medio malo. Robar poco es ser ladrón; robar mucho es ser igualmente ladrón. El que es infiel en lo poco es infiel en lo mucho, nos dice el Libro Santo. Dios no acepta al tibio: “Porque no eres frío ni caliente, estoy pata vomitarte de mi boca”. 

Cualquier porcentaje en los índices de corrupción es inmoral. ¡Qué engaño y qué sofisma!   legalizar la llamada dosis mínima de consumo de una droga alucinógena. ¿Cuándo empieza la adición a una sustancia sicotrópica? Que lo digan los sicólogos clínicos, los genetistas y en general los académicos del área. ¿Quién mide la dosis? El funcionario que lo hace, ¿está en la capacidad científica de hacerlo? Pobre país con esas mediocres reglas de convivencia ciudadana. Desde el hogar empiezan estas sucias costumbres de exigir lo mínimo y ganar lo máximo. 

+ Froilán Casas
Obispo de la diócesis de Neiva

 

Posted by editorCEC2

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