Carta pastoral, para la cuaresma 2019

Por: Mons. Omar de Jesús Mejía Giraldo Al inicio de la cuaresma permítanme queridos hermanos dirigir unas sencillas palabras de Padre y Pastor. Para comenzar recordemos nuestros énfasis en el Plan diocesano de Pastoral: Familia, formación y misión. Volvamos también a darle una mirada al lema que ha guiado en los últimos años nuestro proceso de evangelización: “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). 

Como hombres y mujeres de buena voluntad, como personas de fe, como cristianos, como hermanos, como hijos de Dios, debemos tener claro que nuestra misión es recibir vida y dar vida. La vida es don de Dios y es a su vez experiencia de comunión y comunicación. Al crearnos Dios nos ha comunicado su ser, nos ha hecho a su imagen y semejanza. Nuestra vocación última es volver a Dios. De Dios venimos y a Dios tenemos que volver. Dice San Agustín: “Nos has hecho para ti Señor y nuestro corazón está inquieto hasta que repose en Ti” (Conf 1,1). 

Como Iglesia diocesana, con rostro amazónico, queremos estar continuamente en salida misionera. La vida no se genera si no hay comunión. Morir es empezar a perder capacidad de comunicación y por lo tanto es incapacidad de dar vida. La muerte lleva en sí misma el estancarse, el encerramiento, incapacidad de movimiento, en síntesis, la muerte es falta de vida y dinamismo. El pecado en sí mismo, aunque al principio no lo notemos, nos trae la muerte. La tentación en sí misma es ilusoria y genera engaño, porque vive de la apariencia. Hoy los cadáveres los maquillamos precisamente porque queremos esconder la muerte. Así puede pasar en nuestra vida cotidiana, muchas veces, a pesar de ser cadáveres que andamos, queremos aparentar vida. 

Cuaresma son cuarenta días que Dios Padre, nuestro creador y Señor, nos regala para que caminemos hacía la Pascua. Cuarenta días de un camino continúo hacía el encuentro personal con el Señor Resucitado. Cuarenta días de formación en las virtudes cristianas, especialmente en las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Cuarenta días de formación en el conocimiento de la Palabra. 

Durante la cuaresma del presente año, los invito hermanos a ser agradecidos con los misioneros capuchinos, con los misioneros del Instituto de la Consolata, con los misioneros diocesanos y desde luego con todos los hombres y mujeres de buena voluntad y de fe, que nos han conducido a profesar nuestra fe en Jesucristo como nuestro Dios y Señor. No se nos olvide que la cuaresma es tiempo oportuno para la oración, el ayuno y la limosna

Dice la Palabra: “Sus discípulos le preguntaron en privado: ¿Por qué no pudimos expulsar nosotros a ese espíritu? Y Él les respondió: «Esta clase de demonios no puede echarse sino mediante la oración” (Mc 9, 29). Sin oración es imposible asumir con dignidad nuestra identidad de cristianos. Nuestra iglesia será de verdad misionera si asumimos con seriedad la virtud de la oración como compromiso real de nuestro espíritu misionero. La misión de la Iglesia es evangelizar, todos somos Iglesia, por lo tanto, todos somos misioneros. Como cristianos debemos orar por todos, porque cuando se ora por todos, oramos por nosotros mismos que hacemos parte del todo. Dice la Palabra: Oren por los que los injurian” (Lc 6, 27-38). ¡Tremendo desafío!. El cristiano vence el mal a fuerza de bien. Si en los hogares se orará más habrían menos separaciones matrimoniales. Si las familias fueran de verdad hogares llenos de oración habría menos dolor, menos suicidios, menos drogadictos, menos enfermos… Si oráramos de verdad, habría paz entre nosotros, habría más solidaridad, seriamos menos egoístas y menos rencorosos. En cuaresma intensifiquemos la oración. Hagamos en nuestras parroquias jornadas penitenciales y de oración. Iglesia diocesana, con rostro amazónico, en salida misionera, quiere decir: Iglesia haciendo bien la tarea, haciendo bien lo que sabe hacer, siendo realmente lo que se comprometió ser: luz y sal de la tierra. Iglesia en salida misionera. 

Al comenzar la cuaresma se nos invita a meditar sobre las tentaciones de Jesús en el desierto. El presente año en la versión de Lucas nos dice la Palabra: “Jesús volvió de las orillas del Jordán lleno del Espíritu Santo y se dejó guiar por el Espíritu a través del desierto, donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días. En todo ese tiempo no comió nada, y al final sintió hambre” (Lc 4,1-2). Quien ayuna siente hambre, sentir hambre alguna vez es un beneficio, porque se nos pone de presente nuestra fragilidad humana. Pensemos en la virtud del ayuno en dos claves: humana y espiritual. En lo meramente humano, ayunemos no como un acto de vanidad, hagámoslo para preservar la salud, pero sobre todo, con la intención de compartir con los más necesitados. La Iglesia nos invita a ser solidarios. Si renunciamos a algo no es para guardarlo y luego en otro momento disfrutarlo, no. Se renuncia a algo con el fin de ayudar a quienes de verdad lo necesitan. 

En el campo espiritual, hablar de ayuno es vivirlo con sentido de trascendencia, con sentido de eternidad. Los invito para que en la presente cuaresma trascendamos el sentido del ayuno meramente en el campo de la comida al ayuno de los sentidos. Por ejemplo: ayunemos en la utilización de las redes sociales, ayunemos en el buen aprovechamiento del tiempo, ayunemos en la manera esclavizante cómo hemos asumido el trabajo, ayunemos del mal genio, las rabietas, los odios, los chismes, las críticas y los comentarios mal intencionados… En fin, ayunemos de algo que realmente nos cueste y nos lleve a una nueva vida. Ayunemos en la buena utilización de los recursos naturales como el agua, cuidemos el medio ambiente. Como un acto de ayuno fraterno, cambiemos nuestra actitud hacía los demás y hacía las creaturas. Ayunemos de ese afán desesperado por devorar la naturaleza con el fin de satisfacer nuestra codicia. 

Dice la Palabra: “Cuando ayudes a un necesitado, no lo publiques al son de trompetas; no imites a los que dan espectáculo en las sinagogas y en las calles, para que los hombres los alaben. Yo se lo digo: ellos han recibido ya su premio. Tú, cuando ayudes a un necesitado, ni siquiera tu mano izquierda debe saber lo que hace la derecha: tu limosna quedará en secreto. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará” (Mt 6, 2-4). Dar limosna es ofrendar, compartir, ir hacía el otro. También la naturaleza necesita de nuestra ofrenda, se trata de la obra creada, que clama por nuestro respeto y nuestro amor. Nos dice el Papa Francisco: “Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella” (Laudato si, 2). En esta cuaresma démonos a la tarea de dar a nuestros hermanos y a la hermana naturaleza la ofrenda de nuestro buen trato, del respeto por la casa común. El Papa Francisco para la presente cuaresma nos invita a hacerle el bien a la creación (Mensaje de cuaresma, 2019,1). Los invito hermanos a vivir con alegría el camino hacía la Pascua con unos actos de perdón y reconciliación que nos lleven a vivir de verdad una Semana Santa llena de paz y armonía. 

+ Omar de Jesús Mejía Giraldo 
Obispo de Florencia

 

Posted by editorCEC1

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