Con misericordia, verdad y justicia

Dolorosamente en ámbitos eclesiásticos, comenzando por estrados vaticanos, se han mezclado estilos “no santos”,  de poderío, de círculos privilegiados, de procederes  indebidos en lo económico, todo  lo cual reclama determinaciones decididas que el Papa Francisco va tomando.

Por Monseñor Libardo Ramírez Gómez. Tres años de Pontificado ha cumplido el apreciado Papa Francisco (13-03-16). Como “Papa venido de lejano lugar”, dijo el Papa Wojtyla en 1978,  en su primer saludo, y este singular “Francisco”, comienza con ese nombre emblemático de sencillez, y  comenta que llega a Roma como “del final del mundo”,   la lejana Argentina.  A esas primeras sorpresas se suma la de ser el primer latinoamericano que llega a la sede de Pedro,  y el primer “Jesuita”, llegado a ese sumo pontificado.  Ambas circunstancias suscitan aprecio e interrogantes. Antes de bendecir a las gentes pide con sencilla humildad ser bendecido, despojado de fastuosas vestes. 

Sorpresivo, espontáneo, ha sido este Papa en los anteriores detalles, y en  no cuidarse de expresar verdades así su enunciación cause sorpresa, y malos entendidos. Habla con “parresía”, o atrevimiento, como cuando preguntó que quien era él para juzgar el más íntimo sentir de un “gay”, sin decir que esa situación no fuera anormal, ni que acciones sexuales en esa línea no sean pecaminosas. Señala  que el juicio íntimo de ellas depende de la convicción de cada persona. En el fondo, el juicio de una actuación, cómo p.e. de la persecución a El, dice Jesucristo, que el actor puede estar creyendo que ejecuta algo bueno ante Dios. Así obraba un Saulo de Tarso cuando perseguía a los cristianos.
              
Tiene el Papa Francisco el valor de decir verdades  y de precisarlas, así desilusione a quienes se entusiasman con falsas interpretaciones, aplicando el necesario “discernimiento”, propio de su Comunidad, por ejemplo, cuando precisa que “nada quiere decir en contra de las sabias enseñanzas del Catecismo Universal de la Iglesia Católica”.

Es mensajero, el Papa Francisco, de un Dios que es misericordioso con los pecadores, no para dejarlos tranquilos en su pecado sino para llamarnos al “no peques más”,  con invitación a sendas de verdad y justicia ,si quieren tener paz en sus corazones. Ha abierto este Papa la misericordia de Dios para atender a los fieles cuyo matrimonio haya fracasado, no para dejarlos comulgar si se han lanzado a convivencia adulterina, sino, manteniendo la verdad de la indisolubilidad matrimonial, abrir cauces de investigación para ver si, en justicia, el primer matrimonio fue válido  o no. Misericordia, pero dentro de la verdad y la justicia.

Dolorosamente en ámbitos eclesiásticos, comenzando por estrados vaticanos, se han mezclado estilos “no santos”,  de poderío, de círculos privilegiados, de procederes  indebidos en lo económico, todo  lo cual reclama determinaciones decididas que el Papa Francisco va tomando. Estilo sencillo de vida, testimonio de austeridad de personas y de entidades, va reclamando con insistencia este Papa, con aprecio del mundo, así se gane la malquerencia de algunos. Que ese estilo limpio llegue a las curias diocesanas, a los Obispos, a las Parroquias, a las comunidades religiosas, que ojala tengan lemas como el de la Compañía de Jesús: “todo para mayor gloria de Dios”.
 
Lo importante no ha sido que se declare o no al Papa “personaje del año”, o que se le den premios humanos, sino el estar marcando, a fondo, una sentida pastoral de pleno compromiso, de cercanía a todos, desde los más encumbrados hasta    lo más humildes, dentro y fuera de la Iglesia, con total desprendimiento. Clama el Papa por personas de pleno servicio a los humildes, sin acomodamientos ni privilegios burocráticos, para imitar radicalmente a Jesús de Nazareth,  quien “no vino a ser servido sino a servir”. Es su anhelo que a partir de él hasta el más humilde fiel de la Iglesia, estén comprometidos en un obrar “con misericordia, verdad y justicia”. Que  el vivir de todo cristiano sea, con el Papa Francisco, una real vivencia de la novedad del “Mandamiento del Amor” (Jn. 13).  Un actuar, siempre,  con misericordia, verdad y justicia. 

*Obispo Emérito de Garzón
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Posted by editorCEC2

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