Desarrollo humano integral

Por: Mons. Ismael Rueda Sierra - En agosto pasado, de 2016, en el contexto del Jubileo de la Misericordia, el papa Francisco estableció el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, con su propio Estatuto, reuniendo en él, cuatro Pontificios Consejos existentes que hasta ahora se ocupaban de los asuntos sociales y de solidaridad, a saber: el de Justicia y Paz, Cor Unum, Pastoral de los Migrantes e Itinerantes y el de Pastoral de los Agentes Sanitarios. En este nuevo Dicasterio,  destaca la atención al fenómeno migratorio, al punto que esta Sección estará por un tiempo directamente bajo la guía del Santo Padre.

De esta manera, sin duda, se da un gran paso en la misma concepción de la hasta ahora llamada pastoral social, que en términos generales se definía como “la evangelización de lo social” o de la “cuestión social”, para referirla directamente a su profundo contenido antropológico, como servicio al desarrollo o crecimiento humano integral de la persona, en atención a su dignidad original como imagen y semejanza de Dios e hijo.

El pensamiento social de la Iglesia, obviamente, ha tenido como presupuesto e inspiración esta base antropológica al formular los principios en los que se fundamenta la Doctrina Social y su tarea de solidaridad con la persona humana; sin embargo, al hablar del servicio al desarrollo humano integral, se llama la atención sobre el cuidado de todo ser humano en cualquier situación o condición, mirando especialmente a aquellos que han quedado al margen de la sociedad, o en la periferia, o en una cultura del descarte, como suele indicarnos el Papa Francisco.

Pero no hay duda que esta concepción tiene un referente muy importante en el Beato Paulo VI, con su célebre encíclica Populorum Progressio (1967), dedicada al desarrollo integral de “todo el hombre y de todos los hombres”, entendido éste como el paso “para cada uno y para todos, de condiciones de vida menos humanas, a condiciones más humanas” (21) y como “el nuevo nombre de la paz” (76-80).

En efecto, el Santo Padre Francisco, en su Carta apostólica, mediante la cual instituye el Dicasterio en mención, indica que “en todo su ser y obrar, la Iglesia está llamada a promover el desarrollo integral del hombre a la luz del Evangelio”, desarrollo que se lleva a cabo con el cuidado de los bienes de la justicia, la paz y la protección de la creación. En modo particular estará a cargo de todo lo que se refiere a “las migraciones, los necesitados, los enfermos y los excluidos, los marginados y las víctimas de los conflictos armados y de las catástrofes naturales, los encarcelados, los desempleados y las víctimas de cualquier forma de esclavitud y de tortura” (Cfr. Carta Apostólica).

Sin duda una gran tarea, de aplicación concreta a las necesidades personales y comunitarias de tantas personas y en su conjunto, de toda la humanidad. 

+ Ismael Rueda Sierra
Arzobispo de Bucaramanga

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