Educar es enseñar el arte de vivir

Por: Mons. Ricardo Tobón Restrepo - Estamos iniciando un nuevo año escolar. Es oportuno pensar que la educación no es cuestión insignificante, que no es responsabilidad de otros, que no es una actividad ya establecida que se reproduce mecánicamente. Por medio de la educación aportamos a la construcción de las personas y realizamos el modelo de nuestra sociedad a corto y largo plazo. De acuerdo con el tipo de educación que implementamos o que excluimos así será la sociedad que tendremos en el presente y en el futuro. Por eso, ciertas ideologías se proponen entrar abierta o sigilosamente en la educación, para moldear la sociedad desde la perspectiva que les interesa.

Una cosa es educar y otra bien distinta domesticar. La primera es ofrecer principios, aportar valores, crear destrezas y hacer capaces de las virtudes en los que se fundamenta una civilización y la otra es la imposición de visiones y prácticas que alguien decide introducir en las nuevas generaciones y en la sociedad a partir de determinadas políticas. Toda la sociedad debe estar vigilante para cuidar los principios y valores a los que no se puede renunciar y que son garantes de la dignidad de la persona humana, de la estructura natural de la sociedad y de las exigencias del bien común.

En este proceso tienen un papel protagónico e inalienable los padres y madres de familia, pues les asiste un derecho primigenio a orientar la educación de sus hijos, que ninguno puede conculcar. Así mismo, en este campo tienen una palabra esencial los maestros que, a partir de su vocación, de su experiencia y de su responsabilidad social, son una fuente objetiva de perspectivas para ayudar a elegir los mejores modelos educativos. Igualmente, la Iglesia por su misión y por su trayectoria de servicio a la humanidad no puede renunciar a ofrecer sus análisis y sus propuestas.

Hay una educación que el Estado debe propiciar con todos sus recursos desde unos criterios, para no caer en un totalitarismo, acordados con la sociedad; pero hay una educación que respetando y aun promoviendo esos mismos criterios tiene su propia perspectiva desde la iniciativa particular. En ese contexto se sitúa la llamada Escuela Católica. No es desconocida la enorme labor que realizan tantos colegios y universidades dirigidos por diócesis, comunidades religiosas y asociaciones eclesiales, que aportan con respeto y competencia un específico modelo educativo.

No se le puede negar a la sociedad que intervenga en la orientación de la educación ni a la Iglesia que ofrezca su manera de ver al hombre y a la mujer, su concepción de la sociedad y de la historia y su propuesta de realización de la persona humana aprendida desde su búsqueda espiritual, desde sus aciertos y sus errores. Se trata de un servicio honesto y creativo en una cosmovisión plural y democrática en la que también los cristianos tenemos un contenido para proponer y una pedagogía respetuosa para aportar dentro del único objetivo de lograr la realización integral de las nuevas generaciones y de toda la sociedad.

Al iniciar este nuevo año lectivo debemos hacernos conscientes del valor y del derecho de la educación; debemos aprender a estar vigilantes frente al propósito de algunos, como se ha visto recientemente, de introducir conceptos y prácticas inaceptables en la educación; debemos defender el derecho de los padres de familia a escoger el modelo educativo que quieren para sus hijos;  y debemos empeñarnos todos en mejorar y extender la calidad de la educación a fin de que sea más humana, ayude a encontrar el sentido trascendente de la vida y transmita valores y reglas de conducta para una armoniosa convivencia. Educar es algo muy grande, es enseñar el arte de vivir.

+ Ricardo Tobón Restrepo
Arzobispo de Medellín

Posted by Admin9834

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