En la fiesta del nacimiento de la Virgen María Colombia engendra dos nuevos Beatos

P. Orlando Escobar, C.M. - En el día más esperado por el Papa Francisco desde que llegó a Colombia (como él lo dijo en Villavicencio), durante la Eucaristía ante unos 500 mil fieles (los mismos habitantes que tiene la Ciudad), él mismo, con su autoridad, proclamó dos nuevos Beatos, Mons. Jesús Emilio Jaramillo, Obispo de Arauca, y el P. Pedro María Ramírez, Mártir de Armero. La fiesta del primero se celebrará en adelante el 13 de octubre, y la del segundo, el 24 del mismo mes. Mons. Óscar Urbina, Arzobispo de Villavicencio, pidió la beatificación de ambos, y Mons. Jaime Muñoz, actual Obispo de Arauca, hizo una breve reseña de su Antecesor, mientras que Mons. Fabio Duque, Obispo de Garzón, también hizo una reseña del sacerdote huilense.

Sendos cuadros de cada uno de los nuevos Beatos fueron descubiertos a la vista de todos, los cuales fueron acompañados por sus respectivas reliquias. En adelante podrán ser venerados en Colombia y en toda la Iglesia Universal. La historia del cruento asesinato de estos dos hombres se confunde con la de una nación atravesada por mucha violencia y muerte, de la que los prelados no han sido la excepción. Por eso también esperamos los colombianos un pronto gesto de reconocimiento oficial del ELN por la muerte violenta del Obispo, pero mucho más, deseamos comenzar una historia nueva después de esta visita del Papa que ha venido a alentarnos en el perdón que él invita a que pidamos y a que demos. La sangre de estos dos Mártires es también expresión de paz de un pueblo “que quiere salir del pantano de la violencia y del rencor”, como él mismo lo afirmó en su homilía.

El martirio de este Obispo y de este Sacerdote no se improvisó. Murieron mientras ejercían su ministerio en nombre de Cristo. Mons. Jesús Emilio era un místico que deseaba un mártir para su Instituto de Misioneros de Yarumal, del que fue Superior General. Tal vez él mismo no sabía que Dios lo llamaba a esta suprema ofrenda de su vida consumada en Arauquita (Arauca), el 2 de octubre de 1989. Casi 40 años antes, el mismo día de su martirio, 10 de abril de 1948, el P. Pedro María había escrito: “De mi parte, deseo morir por Cristo y su fe. Al excelentísimo señor obispo mi inmensa gratitud porque sin merecerlo me hizo ministro del Altísimo, sacerdote de Dios y párroco hoy del pueblo de Armero, por quien quiero derramar mi sangre. […] A mis familiares, que voy a la cabeza para que sigan el ejemplo de morir por Cristo.”

Como lo dijo el Santo Padre en el Encuentro de Reconciliación el viernes 8 de septiembre en Villavicencio, en horas de la tarde, toda muerte violenta es una herida a humanidad. El Cristo de Bojayá que precedía esta inolvidable oración, sin manos y sin pies, es más Cristo, que no ha perdido su rostro sereno, nos interpela, pero necesita ser restaurado en la carne de todas las víctimas. Un Obispo asesinado a balazos y un sacerdote a machetazos, desgraciadamente, son una herida a la humanidad de Colombia que ponemos a los pies de ese Jesús para que nos restaure con su misericordia. El testimonio de las víctimas que hablaron durante este Encuentro nos demuestra que sí es posible el perdón, que hay que salir de sí mismo para enriquecerse, para emprender un caminar espiritual ágil y sin muletas…

Pero ha dicho el Papa, “también hay esperanza para quien hizo el mal”, hay futuro, hay perdón. Al País le dijo: “Colombia, abre tu corazón a la Palabra de Dios, déjate reconciliar, no tengas miedo”. Y nos invitó finalmente a comprometernos a restaurar el cuerpo de Cristo, el de Bojayá, el del Obispo y sacerdote asesinados y ya hoy en la gloria, pero sobre todo el de las víctimas que son tantas (8.472.134, dijo en su discurso Mons. Urbina), que están en medio de nosotros y ante quienes no podemos permanecer indiferentes; sus historias son dignas de ser escuchadas, lloradas y nunca más repetidas.

Posted by editorCEC1

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