La alegría del amor familiar reconcilia

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Ismael José González Guzmán
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Por: Ismael José González Guzmán - El papa Francisco en el año 2016, ofreció al mundo la exhortación apostólica postsinodal: Amoris Leatitia [La alegría del amor], como respuesta a los grandes desafíos que experimenta la familia hoy, los cuales le impiden, por una parte, que sea verdadera iglesia doméstica donde se viva la comunión de vida y se comunique el amor (Evangelium Vitae, 92), y por otro lado, que sea el lugar primario de humanización de la persona y de la sociedad (Christifideles Laici, 40). Estos desafíos comienzan cuando, por el cambio antropológico-cultural, existe un rechazo social al modelo de familia cristiana, constituido por la unión en matrimonio de un hombre y una mujer junto con sus hijos, con igualdad en dignidad, con derechos y deberes para el bien común de sus miembros y de la sociedad (Catecismo de la Iglesia Católica, 2202-2203). En efecto, rechazar la vocación de la familia es no reconocer en el matrimonio un don del Señor (Amoris Leatitia, 61). 

Cuando una familia convive con la violencia, el odio, el rencor, el resentimiento y el dolor, se rompe automáticamente esa comunión de vida y amor, suscitando incluso la triste realidad de muchos hijos huérfanos de padres vivos. Esta ausencia de algunos padres también se ve reflejada cuando, por el afán del dinero, reemplazan con bienes materiales la formación en valores, bajo el argumento inverosímil de “darles todo lo que ellos no tuvieron”, o incluso, delegan a las instituciones educativas toda la formación de sus hijos, porque hoy no hay calidad tiempo para dedicarles. La Iglesia, como madre y maestra, enseña y motiva a que los padres sean los primeros maestros de la fe para sus hijos (Amoris Leatitia, 16; 19; 51).

Por otro lado, el matrimonio se ha convertido más en un evento social, que en la vivencia consciente y libre de un sacramento. Hoy, algunas parejas dejan de experimentar la gracia santificadora del matrimonio, por motivos económicos que dificultan dar una buena fiesta de recepción. Hoy, en ciertos matrimonios modernos, las crisis se afrontan de manera superficial, sin la valentía de la paciencia, del diálogo sincero, del perdón recíproco, de la reconciliación y también del sacrificio (Amoris Leatitia, 41). 

Para dar el primer paso y transformar los desafíos anteriormente citados y aquellos que se escapan, es importante tener presente que no hay familias perfectas, y que dentro de esa imperfección o debilidad humana, la Palabra de Dios se muestra como una compañera de viaje en medio de las crisis o en medio de algún dolor, para mostrar la meta del camino, e incluso, para que llegue a ser luz en la oscuridad del mundo. Por tal motivo, no se concibe una familia cristiana que no incluya en su vida la oración, la vida sacramental y la lectura de la Palabra de Dios, porque esto hace que crezca en el amor, la comunión y se constituya como santuario donde habita el Espíritu (Amoris Leatitia, 22; 29; 66). 

San Pablo nos recuerda los preceptos morales de la familia, donde cada uno de sus miembros está llamado, bajo la lógica de la caridad que propone la vida cristiana, a actuar y buscar la complementariedad. Es decir, las mujeres siendo sumisas o dóciles a sus maridos, los maridos amando a sus mujeres sin ser ásperos con ellas, los hijos obedeciendo en todo a los padres y, éstos últimos, no exasperando a sus hijos (Cfr. Col 3, 18-21). Sin duda alguna, fruto de este proceder será experimentar la alegría del amor familiar, el cual es capaz de reconciliar las diferencias, curar las heridas y divisiones suscitadas en momentos dados, y esta alegría se convierte en el júbilo de la Iglesia (Amoris Leatitia, 1). 

No se puede seguir pensando o alimentando esos discursos de ideologías que relativizan y degradan la dignidad del ser humano, los cuales creen que debilitar a la familia como sociedad natural fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, es algo que favorece a la sociedad. Por el contrario, el bien de la familia es decisivo para el futuro del mundo y de la Iglesia; por ello, la sociedad no puede prescindir de ella, más bien, debe protegerla (Amoris Leatitia, 31; 44; 52).

Vale la pena pues, que nos preparemos como familia cristiana ante la Visita Apostólica del papa Francisco al país. Y una forma de hacerlo puede ser participando en el Simposio Nacional sobre la Familia, el cual tiene como propósito central ofrecer una reflexión teológico-pastoral sobre la familia y la reconciliación, inspirada en la exhortación apostólica Amoris Laetitia, desde donde se pretende generar una transformación social al promover en cada asistente los valores del evangelio, los cuales permiten reconocer al interior de la familia, una verdadera iglesia doméstica que vive según el modelo de la Sagrada Familia de Nazaret; en amor, humildad, sencillez y alabanza, donde el otro es Cristo. 

¡Los espero! 
Para mayor información sobre el Simposio ingrese aquí: http://uniagustiniana.edu.co/simposiofamilia2017/ 

Ismael José González Guzmán, PhD (c)
Director Ejecutivo del Centro Estratégico de Investigación, Discernimiento y Proyección Pastoral de la Conferencia Episcopal de Colombia
[email protected] - [email protected] 
Twitter: @cenestrategico 

Posted by editorCEC1

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