La criatura sin el Creador desaparece

Por otra parte, si un sector de la sociedad está por el rechazo de Dios, otro sector, no menor, expresa a gritos su sed de Dios.

Por: Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez -  Ha sido común, pero hoy más público, el hecho de que muchas personas afirmen categóricamente que Dios no existe o que es asunto privado de cada persona, por lo que Dios no debe tener ninguna incidencia en la vida social de los individuos. Puede percibirse el objetivo de reducir al ámbito de la conciencia la dimensión religiosa de los seres humanos, olvidando o rechazando, lo que los filósofos afirman cuando dicen que el ser humano es por su naturaleza, es un ser religado, es decir, que tiende hacia Dios, hacia lo trascendente.

Lo acaecido en Cartagena, respecto de la decisión del juez de prohibir la oración en instituciones públicas, no es un caso aislado. Son varios los espacios en que se nota una cierta aversión de las expresiones religiosas, unos interpretando inadecuadamente la Constitución, otros por sentirse “agredidos”. En el fondo, está tomando fuerza una creciente tendencia secularista, donde el ser humano, gracias a los avances que ha tenido, cree que Dios, más que un aliado, es un obstáculo para su realización. Se está dando una cierta competencia y soberbia de muchos para no reconocer que detrás de todo logro humano está la mano de Dios, quien nos da la vida y la inteligencia.

El Concilio Vaticano II, proféticamente, no sólo describe realidades del momento en los años 60s y anteriores del siglo pasado, sino que predice lo que habría de venir si se sigue en esta tendencia de sacar a Dios de la vida de las personas. Entre muchas cosas dice: 

“Muchos de nuestros contemporáneos parecen temer que, por una excesivamente estrecha vinculación entre la actividad humana y la religión, sufra trabas la autonomía del hombre, de la sociedad o de la ciencia… Pero si  autonomía de lo temporal quiere decir que la realidad creada es independiente de Dios y que los hombres pueden usarla sin referencia al Creador, no hay creyente alguno a quien se le oculte la falsedad envuelta en tales palabras. La criatura sin el Creador desaparece. Por lo demás, cuantos creen en Dios, sea cual fuere su religión, escucharon siempre la manifestación de la voz de Dios en el lenguaje de la creación. Más aún, por el olvido de Dios la propia criatura queda oscurecida” (GS, 36).

No se puede negar que este texto es elocuente, no sólo por dar muestras de la importancia y necesidad de reconocer la existencia de Dios, por respetar la diversidad de las religiones con apertura ecuménica, sino también por anticipar lo que hoy estamos viviendo, como Iglesia católica y como sociedad en general.

Al celebrar la solemnidad de la Santísima Trinidad, reconocemos la existencia de Dios Uno y Trino, que en su lenguaje de amor está presente en medio de todos, o como diría San Agustín, dentro de cada uno.

El reto de la Iglesia en estos tiempos, es ayudar a los hombres y mujeres, a que no dejen apagar la dimensión espiritual de sus vidas, y que desde allí, descubran que “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre” (Misericordiae Vultus, 1), que respeta nuestra libertad, pero a la vez, se hace compañero de camino.

Por otra parte, si un sector de la sociedad está por el rechazo de Dios, otro sector, no menor, expresa a gritos su sed de Dios. Muestra de ello es el pulular de grupos y movimientos religiosos, muchos de ellos, enraizados en inspiraciones exotéricas y mágicas que desvirtúan el espíritu de la auténticareligión; grupos numerosos de personas que viven una religión sin fe, y otros, una fe sin compromiso. En este grupo bien se pueden ubicar muchos hermanos católicos. Fieles que bautizados en la Iglesia católica, han perdido el rumbo por falta de preparación o por una fe débil, a los cuales debemos salir al encuentro. ¡Cuánta necesidad tenemos de definir una pastoral del retorno y una más valiente pastoral misionera!

Es aquí en donde, como Iglesia, tenemos que asumir el reto que nos propone el Papa Francisco en la Exhortación Evangelii gaudium. Tenemos que anunciar con alegría el Evangelio, para que las generaciones de hoy y de siempre sean conscientes de que “por el olvido de Dios la propia criatura queda oscurecida”. Dios existe, guste o no guste.

+Luis Fernando Rodríguez Velásquez
Obispo auxiliar de Cali

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