La vocación de la Navidad

Por: Mons. Juan Carlos Cárdenas Toro - En las últimas décadas hemos visto cómo progresivamente un tiempo de raíces eminentemente cristianas ha sido tomado por la “aplanadora” consumista. 

Pareciera que los códigos de la Navidad los dicta la sociedad de consumo que moviliza a todos a comprar, a veces desesperada e incluso irresponsablemente. Es tal vez el tiempo en el que las personas terminan más endeudadas. Da la impresión de que los nuevos templos son los centros de comercio que inundan sus vitrinas —con muchísima anticipación— con las decoraciones propias de la Navidad.

Pero no podemos olvidar cuál es el verdadero sentido de este tiempo y el llamado que se nos hace. Lo que celebramos el 25 de diciembre, cuando verdaderamente empieza la Navidad, es lo que el ángel dice a los pastores: «No teman. Les traigo una buena noticia, que causaría gran alegría a todo el pueblo: hoy les ha nacido, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor» (Lucas 2,10.11). El sentido de la Navidad es celebrar que en el Hijo de Dios hecho Hombre, se han abierto a la humanidad las puertas de la salvación. En Jesús, Dios ha respondido a las angustias de la humanidad sumida en las tinieblas de sus maldades. 

Y de este acontecimiento central, surge el llamado que se nos hace durante este tiempo, y ciertamente no es a caer víctimas del desenfreno por las compras y por todo tipo de excesos en comidas, bebidas y comportamientos. La vocación de la Navidad es honrar a Jesús “Príncipe de la paz”, exaltando en estos días con prácticas de justicia, caridad en favor de los más necesitados, llevando alegría a quienes se encuentran tristes y solitarios. 

Afortunadamente, son muchas las personas que durante este tiempo se movilizan para hacerse presentes en medio de comunidades alejadas y que viven en condiciones difíciles, para llevarles, en nombre del Niño Jesús, un gesto de cercanía, un detalle de ternura para con los niños y niñas, una acción de caridad en un hogar de adultos mayores. 

Los textos bíblicos de estos días nos llaman a vivir sobriamente, a estar alegres, pero también a compartir, a salir de nuestras zonas cómodas para salir hacia esas “periferias existenciales” que son los pobres de nuestro tiempo (y formas de pobreza hay muchas). 

Recuperemos el sentido más auténtico de la Navidad, pongamos en el corazón de ella a Su protagonista: Jesús y seamos para muchos como ese ángel que se apareció a los pastores, llevándoles con nuestras palabras y obras de caridad, la buena noticia de que Dios tiene para ellos una Palabra de Salvación que se hace concreta a través de nosotros, sus discípulos misioneros.

+ Juan Carlos Cárdenas Toro
Obispo Auxiliar de Cali

Posted by editorCEC1

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