Las creencias

Se llega incluso a caricaturizar la figura de Cristo para traducirla en símbolos pornográficos. ¡Qué blasfemia! 

Por: Monseñor Froilan Casas: Las creencias son parte medular de una cultura. No cabe duda que a lo largo de la historia ha habido evolución progresiva en esta materia. De expresiones culturales menos humanas a expresiones culturales más humanas. De ofrecer, por ejemplo, sacrificios humanos a los dioses, a establecer la sacralidad de la vida humana. 

Ningún pueblo del planeta carece en su código de comportamiento de un soporte religioso en su actuar. El padre del positivismo, Auguste Comte y, tantos otros, como los “maestros de la sospecha” (Marx, Nietzsche y Freud), han pretendido sacar la fe religiosa de la conciencia de los pueblos. Nuestro amigo Comte, presenta la ley de los tres estados: teológico (creer en Dios), metafísico (darle fuerza a la razón) y, el estado positivo en donde el hombre supera todas las alienaciones religiosas y llega a la “libertad de pensamiento”, un hombre centrado en lo comprobable en laboratorio; es la razón aplicada. 

Sin embargo, el hombre postmoderno, centrado en el sentir y superando el pensar, se ha vuelto a expresiones religiosas propias del paganismo que parecía ya superado. Aquí el hombre no ha evolucionado, ha involucionado. La diosa razón ha sido superada por el ´deux ex machina´; en donde el hombre ha llegado a ser acrítico, forzado por la lúdica y el sentimiento. La pretendida negación de Dios ha quedado en la mente de unos pocos agnósticos y pretenciosos. 

Colombia es un país creyente. Cuando los gobernantes quieren implantar un pensamiento agnóstico y librepensador, están en contra de un pueblo que los eligió. Es un irrespeto al pueblo quererle suprimir sus creencias. Hay gobernantes iconoclastas que pretenden borrar de los espacios públicos toda expresión de símbolos religiosos. Se ha  atrevido a proponer que en el escudo de la Policía Nacional se quite el nombre de Dios, porque según ellos (una ínfima minoría), irrespeta a quienes no creen en Dios. Yo les pregunto a ellos: ¿Por qué ustedes no nos respetan a nosotros que somos la mayoría de los colombianos? ¡Ah! La ley del embudo: lo ancho para ustedes y lo estrecho para nosotros. ¿A qué jugamos? De modo que hemos llegado a que una minoría imponga sus criterios sobre la mayoría. Lo más grave es el silencio de nosotros.  

En una verdadera democracia, gobiernan las mayorías respetando a las minorías y dejándoles su libre ejercicio. Todo dentro de unas normas rectoras de derechos y deberes ciudadanos. Se llega al colmo de ridiculizar nuestras creencias y no pasa nada; vayan a los Estados islámicos a ver si pueden criticar El Corán o las creencias que de él se derivan; a  ver qué les pasa. Basta conocer el caso del escritor británico de ascendencia india, Salman Rushdie, quien al escribir “Versos satánicos”, sufre toda clase de persecución. Otro caso del universo del problema: los invito a conocer el salvaje asesinato de unos periodistas del semanario parisino Charlie Hebdo el siete de enero de 2015 o los viles asesinatos en la sala de concierto Bataclan-París, el 13 de noviembre de 2015. En nombre de Alá se puede hacer todo. Se llega incluso a caricaturizar la figura de Cristo para traducirla en símbolos pornográficos. ¡Qué blasfemia! 

+ Froilán Casas
Obispo de Neiva.

 

Posted by editorCEC2

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