Lo que debemos aprender de Francisco

Por: Monseñor Juan Carlos Cárdenas Toro: No cabe duda de que el paso del Papa Francisco por nuestra patria fue un verdadero torrente de gracia y de bendición.

Desde el primer instante de aquel ya inolvidable 6 de septiembre, cuando se le vio en el Papamóvil por las avenidas que lo conducían desde el Aeropuerto El Dorado hasta la Nunciatura Apostólica, Dios comenzó a tocar el corazón del pueblo colombiano por medio de los gestos, la sonrisa, la mirada limpia y las palabras claras y firmes, pero dichas con tanta suavidad y respeto por parte del sucesor de Pedro.

Se podría decir que Francisco nos mostró el rostro cercano del Señor y sacó la mejor cara y corazón de un pueblo colombiano que se evidenció necesitado de una voz de esperanza y con una raíz cristiana católica muy profunda.

El valor de la coherencia

El paso del Papa por Colombia nos ha mostrado que cuando se es coherente, la sola presencia es ya un signo elocuente de vida que se hace creíble, atractiva, que invita a la emulación. El pueblo colombiano fue tocado por esa persona que no muestra fracturas entre su discurso y su modo de ser y le correspondió con creces, volcándose a las calles y a cada una de las celebraciones que fueron presididas por el Santo Padre.

A los cristianos, ministros ordenados, religiosos y religiosas, al igual que los laicos, el sucesor de Pedro nos interpela con su misma presencia. Para todos nosotros es, más que un llamado, la constatación de un imperativo ético por el que debemos trabajar. Dios espera de nosotros que su enseñanza resplandezca claramente a través de nuestra vida, que con ella se confirme lo que proclamamos con los labios. Y nuestro pueblo tiene el derecho de poder encontrar testigos creíbles que los animen y les muestren que el Evangelio de Jesús sigue siendo la respuesta que nunca pierde vigencia para el ser humano de ayer, de hoy y de mañana.

A decir la verdad con caridad

Ya Benedicto XVI nos había indicado esto en su Encíclica Dios es caridad. En el Papa Francisco esto lo hemos podido confirmar. Cada intervención suya ha sido una auténtica cátedra de cómo se debe proclamar la verdad que viene del Padre Dios, pero desde el profundo respeto por cada persona. El Santo Padre habló claro, no se fue por las ramas, pero nadie se sintió agredido sino agradecido. Pude leer en las redes sociales mensajes de líderes, que antes planteaban reservas por la presencia del Papa en Colombia, y después de escucharlo le agradecieron y hasta expresaron su intención de trabajar para asumir y apropiar el mensaje recibido.

El refranero dice que se consigue más con una gota de miel que con un barril de vinagre; esto es lo que ha hecho el Papa. A los cristianos, pero incluso a cada uno de los connacionales, creyentes o no, Francisco nos deja el reto de cambiar el discurso, de romper los paradigmas desde los que nos hemos movido hasta hoy. En nuestro país se ha hecho paisaje exponer las ideas propias y rebatir las ajenas con un lenguaje agresivo, descalificador, centrado más en la ofensa al otro que en la coherencia de los argumentos. Con el Santo Padre nos queda claro que debemos aprender y dar el primer paso desarmando las palabras, sometiendo nuestras ideas al filtro previo de la reflexión y la oración, antes de presentarlas públicamente. A tener como punto de partida el respeto por el otro, algo que hace mucho tiempo se perdió.

La vulnerabilidad como criterio de discernimiento y de acción

Desde la experiencia personal, hubo un hecho tremendamente impactante en el curso de esta visita: el encuentro en la nunciatura con un grupo de jóvenes en situación de discapacidad. Allí el Papa dijo una de esas frases destinadas a quedarse grabadas en el corazón y a convertirse en punto de referencia: “Todos somos vulnerables”. Y agregó que “Dios es el único vulnerable”.

Con esto Francisco nos ofrece un elemento esencial del pensamiento y las acciones humanas. No somos perfectos, nos podemos equivocar, siempre está la posibilidad del error; y esto lo debemos tener muy presente. Cuando olvidamos nuestra condición de vulnerables suceden varias cosas: Dios (el único que no es vulnerable), ya no es necesario; todo lo podemos con nuestras propias fuerzas; hablamos soltando siempre sentencias definitivas que no resisten el análisis, el cuestionamiento, el comentario, la corrección, cerrando el paso a los pensamientos e ideas de los demás; y actuamos buscando única y exclusivamente nuestros intereses, sin dar importancia a los demás incluso pasando muchas veces por encima de ellos.

Al final de su encuentro con estos jóvenes el Papa pidió que rezaran por él, pues también es muy vulnerable. Con ello nos deja una enseñanza profunda: cuando tomamos conciencia de algo innegable que todos tenemos en común, sin importar la posición económica, el nivel de educación, los roles sociales, la condición religiosa, étnica o política, entonces nos sentimos casi que obligados a apoyarnos los unos a los otros, a sobrellevar mutuamente nuestras cargas, a estar abiertos para ayudar y dejarse ayudar. A buscar juntos en el Único no vulnerable, la fuerza para que las flaquezas no se conviertan en punzones que lesionan o hieren la dignidad de los demás sino en factor que nos acerca y mueve a la corresponsabilidad.


*Monseñor Juan Carlos Cárdenas Toro
Obispo Auxiliar de Cali
Presidente de la Comisión Episcopal de Comunicación

Posted by Admin9834

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