Mujeres que valen la pena recordar hoy

Desde la Revolución Industrial, y con el paso por las dos guerras mundiales, se le fue abriendo campo a la mujer en aspectos sociales nunca imaginados: entre ellos, el trabajo. 

Por: Dra. Danelia Cardona - Hoy, día en el que se reivindican los “derechos” de la mujer quiero referirme a una mujer católica, que fue socialista, que hizo parte del movimiento feminista, que abortó y que hoy se encuentra camino a los altares: Dorothy Day.

La historia de la mujer ha estado enmarcada por una mala interpretación de sus dimensiones fundamentales: biológica, psicológica, espiritual y social; su dignidad y su rol. Erróneamente se considera que la dimensión de la maternidad femenina es una obligación para que biológicamente todas las mujeres sean madres, lo que las reduce a solo un aspecto de su identidad: el biológico. Sin embargo, es esta identidad femenina la que las dota de especiales características que las hace mujeres: una capacidad de entrega y de preocuparse por “el otro”, así como una capacidad de sobreponerse a la adversidad como lo muestran diferentes hechos de la historia pasada y actual. Y mi amiga Dorothy lo demostró en su vida, cómo a través de su trabajo periodístico y del movimiento “El Trabajador Católico” se entregó al trabajo de los más necesitados y vulnerables.

Existía una errónea interpretación del rol de la mujer donde esta es considerada de menor dignidad que el hombre y es oprimida en los sistemas políticos y legales del mundo, que no podemos negar es muchas veces señalada hacia el texto bíblico del Génesis. Se acusa a la mujer de la caída del varón al ceder a la tentación de la serpiente. Sin embargo, el mensaje sobre la dignidad del hombre y la mujer es inequívoco en este libro: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. Lo confirma luego el Catecismo de la Iglesia católica: “el hombre y la mujer son, con la misma dignidad ‘imagen de Dios’”.

Dorothy fue hija de esta tergiversación de las escrituras y fue parte del movimiento feminista, a partir de 1916 se involucró en asuntos candentes como: los derechos de la mujer, el amor libre y el control de la natalidad. Al mismo tiempo ingresaba en el Partido Socialista de América. Una precursora de esta Dorothy fue Ellen de Gouges quien redactó una declaración de los derechos de la mujer, paralelamente a la publicación de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. De Gouges insistía en igual dignidad para el hombre y la mujer, en el derecho al voto, en la obligación tributaria y en condiciones sociales iguales entre hombre y mujer. Uno de los primeros hitos en la adquisición de igualdad de derechos para la mujer fue el derecho al sufragio.

Day, por otra parte, mientras militaba por la igualdad femenina, cayó en brazos de varios amantes, quedó embarazada, y este primer hijo lo abortó. Posteriormente, fruto de otra unión volvió a quedar embarazada pero decidió tener este hijo y bautizarlo en la Iglesia Católica. Ella misma, decidió también bautizarse en la Iglesia Católica, pues en años anteriores se había enamorado de la Iglesia, como la Iglesia de los inmigrantes y los pobres. 

Desde la Revolución Industrial, y con el paso por las dos guerras mundiales, se le fue abriendo campo a la mujer en aspectos sociales nunca imaginados: entre ellos, el trabajo. Dorothy trabajó por los demás, a través de su periódico (que hoy en día se sigue vendiendo y alcanza 150,000 ejemplares) y el posterior movimiento que surge del trabajo en este periódico, donde abrieron centros de acogida para los necesitados, y estos se expandieron por todo Estados Unidos. Se entregó al servicio de otros, nunca se volvió a casar y vivió su vida como célibe. En 1955 se hizo oblata de los Benedictinos y reverenció los valores monásticos del trabajo, la comunidad, la hospitalidad y la paz.

En los años sesenta se da la segunda oleada de la mal llamada liberación femenina, que posteriormente se fue conociendo como el movimiento feminista gracias a la introducción de “la píldora” o pastilla anticonceptiva, llegándose a afirmar como el avance científico más significativo al revolucionar la vida sexual de las mujeres. La píldora trae consigo una realidad: el ejercicio de la sexualidad y la procreación se separan, se le da prioridad a un comportamiento sexual alejado de la definición de sexualidad humana. Se inicia la construcción del feminismo radical, aquel que intenta revelarse contra el “patriarcado” y donde comienza una búsqueda de igualdad entre hombre y mujer que los separa a cada uno de su identidad, y anula sus sanas diferencias. 

Y hoy, en este contexto, no puedo evitar pensar en Dorothy Day, una “piadosa radical”, una mujer atípica para sus tiempos desde cualquier punto de vista – liberal o conservador – pero una mujer convencida de su vocación de mujer, del bien que hay que hacer siendo cristiano y plena en todas las dimensiones como una mujer católica.

“Ella se inspiró en el espíritu de San Francisco en su adopción de la pobreza voluntaria. Como Santa Teresa de Ávila, ella era una mujer apasionada, una mística práctica, sin temor de iniciarse en nuevas direcciones, de arriesgar la desaprobación y la falla aparente en la persecución de su causa. Como la madre Teresa de Calcuta ella buscó en reconocer a Cristo en el penoso disfraz de los pobres y de los no deseados. Con su santa favorita, Teresita de Lisieux, ella abrazó “caminito” siempre haciendo énfasis que no son los grandes proyectos y logros los que son los más importantes a los ojos de Dios, sino el hacer las cosas pequeñas con amor y fe. Cada día en el Trabajador Católico, ella creía que traía una repetición del milagro de los panes y de los peces”.
 
Danelia Cardona Lozada MD MRCPsych
Directora departamento de Promoción y Defensa de la Vida
Conferencia Episcopal de Colombia

Posted by editorCEC2

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