Votar es participar

Por: Mons. Ismael Rueda Sierra - Nos encontramos en Colombia en una coyuntura de enorme responsabilidad ciudadana como es la elección del nuevo Presidente por cuanto, de su gestión igualmente responsable, dependerá en gran medida el bienestar y convivencia justa de todos los ciudadanos, atendiendo al bien común. Es una decisión que, como ocurre en los sistemas democráticos, va a depender de la suma de votos por mayorías en favor de alguno de los candidatos. Cada voto debe expresar una voluntad consciente y libre, en tanto bien informada y moralmente dirigida con la intención de buscar el mayor bien. Cada voto suma. Cada abstención resta. La indiferencia o el pretexto de no encontrar la persona perfecta, impiden ciertamente al conjunto de la comunidad, encontrar el mejor camino, su destino.

Ciertamente a la hora de elegir, debemos ser conscientes de que una sola persona, por fuerte que sea su liderazgo, no basta para conducir y organizar toda la variada y compleja red de aspectos que entrañan el gobierno de una nación: dirigida por el gobernante, ha de ser un trabajo de equipo, participativo, coherente con el programa de gobierno ofrecido y respaldado por la mayoría de los ciudadanos; respetuoso de quienes pensando distinto, deben sin embargo, ser servidos en condiciones de igualdad de acuerdo con sus legítimos derechos, quienes a su vez, por encima de intereses personales, han de favorecer lo que toca el bien común de todos. De modo que no hay candidato perfecto.

La participación en cuanto voluntad de ayudar a decidir y comprometerse con lo decidido, se convierte en un imperativo moral y forma parte, según el pensamiento social de la Iglesia, del principio de subsidiariedad que propende por no quitar o impedir a las personas por una parte, o a las comunidades menores, por otra, lo que les corresponde legítimamente como fruto de sus esfuerzos y capacidades, destinadas a aportarlas al servicio de los demás. De este modo la participación - y el voto es una manera de hacerlo - responden sin duda a evidenciar también la dignidad de las personas y su valor concreto para la sociedad. En relación con el tema podemos citar una reflexión del papa San Juan XXIII, en su Carta encíclica Pacem in Terris: La participación en la vida comunitaria no es solamente una de las mayores aspiraciones del ciudadano, llamado a ejercitar libre y responsablemente el propio papel cívico con y para los demás, sino también uno de los pilares de todos los ordenamientos democráticos, además de una de las mejores garantías de permanencia de la democracia (Cfr. AAS 55(1963)278.

Cierto es que se necesita interponerse y superar obstáculos culturales, jurídicos y sociales que se presentan a veces como barreras a la participación solidaria de los ciudadanos. Correspondería a este cuidado las posturas que llevan al ciudadano a formas de participación insuficientes o incorrectas y al, a veces difundido desinterés por lo que se refiere a la participación social y política. El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia aduce por ejemplo el caso “en los intentos de los ciudadanos de ‘contratar’ con las instituciones las condiciones más ventajosas para sí mismos, casi como si éstas estuviesen al servicio de las necesidades egoístas; y en la práxis de limitarse a la expresión de la opción electoral, llegando aún en muchos casos, a abstenerse” (Cfr. # 191). Lo cual quiere decir que el voto no debe ser de “maquinaria” ni “negociable”, sino libre y a conciencia. Fraternalmente.

+ Ismael Rueda Sierra
Arzobispo de Bucaramanga

Posted by editorCEC1

Ingresa

Iglesia en el mundo