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Bautismo del Señor

Sáb 8 Ene 2022

BAUTISMO DEL SEÑOR: Dos consejos para seguir a Jesús

La Iglesia anima la fiesta del Bautismo del Señor, que cierra el periodo de la Navidad y da inicio el tiempo ordinario que nos lleva a hacer un recorrido por la vida de nuestro Señor Jesucristo. Esta celebración es el grito potente, magnífico del Padre que presenta a su Hijo Jesús. Este grito queda como un eco en los creyentes: Este es mi hijo amado, el predilecto. El padre Ramiro Antonio López, director del Departamento de Animación Misionera de la Conferencia Episcopal de Colombia, quien nos explica el sentido de esta fiesta, también nos recuerda que son dos los momentos que nos deben marcar a los cristianos, como enseñanza para seguir a Jesús. Estas son: Primero. Jesús se manifiesta como el ungido del Padre, el Mesías, que es ungido por el Espíritu Santo y que ahora viene a manifestarse como el Salvador, él se pone en la cola de los pecadores, se solidariza con la humanidad para enseñarnos a nosotros la necesidad de bautizarnos para recibir el Espíritu Santo, de esta manera nosotros recibimos la filiación. Segundo. Nos invita a nosotros a renovar nuestro propio bautismo, recordemos la fecha en la cual nacimos a la vida sobrenatural en la fuente del bautismo, que importante que hoy recordemos cuál fue esa fecha y acontecimiento tan importante para nuestra vida espiritual. Finalmente, el sacerdote observa la invitación que el Papa Francisco hace a todos los bautizados, con motivo del sínodo y consiste en “caminar juntos siguiendo al Señor en la escucha del Espíritu Santo”.

Sáb 9 Ene 2021

El Bautismo de Jesús, una fiesta para redescubrir al Dios encarnado

Al conmemorar la Iglesia la fiesta del Bautismo de Jesús, el vicario apostólico de San Andrés Islas, monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias, haciendo referencia al momento que vive la humanidad por cuenta de la pandemia y los desastres naturales, advirtió que esta fiesta debe motivar en los fieles un deseo de renovación y cambio verdadero. “En medio de la pandemia y los desastres naturales, ha surgido el deseo por purificarse, reorientar la existencia y comenzar una vida más digna. Pero el solo deseo no basta, porque pronto el paso del tiempo nos devuelve a la mediocridad de siempre”, afirmó. Con ocasión de esta fiesta, el prelado destacó tres propósitos que considera son fundamentales para aplicar en la vida de toda persona: Escuchar lo que el Espíritu dice. Los primeros cristianos vivían convencidos de que para seguir a Jesús era suficiente un bautismo de agua. Es necesario vivir empapados de su Espíritu. “Ante semejante estrujón que estamos viviendo hoy, necesitamos estar agarrados fuertemente al Espíritu de Jesús. No basta tener la vacuna para la pandemia, tenemos que revisar como estamos acogiendo su Espíritu. Necesitamos parecernos más a Jesús. Dejarnos trabajar por su Espíritu. Solo Jesús puede darnos un rostro nuevo”. Atacar la mediocridad espiritual. Advirtió que en esta época de pandemia y de desastres naturales, de poco sirve recuperar el trabajo y la economía si no hay una experiencia viva de Dios. “Tenemos que redescubrir una y otra vez que solo en Dios, encarnado en Jesús, está la verdadera fuerza. En pandemia y desastres naturales hablamos mucho de Dios, pero, ¿dónde y cuándo escuchamos a Dios? En nuestro programa diario debe estar Dios, debe haber tiempo para vivir con él, lo cual será garantía de cambio real”. Trabajar en la renovación interior. El prelado dijo que ante la inmediatez que vive hoy la humanidad, se hace urgente trabajar en la interioridad del ser y la espiritualidad. “Privados de alimento interior, sobrevivimos cerrando los ojos olvidando nuestra alma, revistiéndonos de proyectos, ocupaciones e ilusiones. Necesitamos ese Espíritu que nos enseñe a pasar de lo puramente exterior a lo que hay más íntimo en el ser humano”.

Lun 4 Ene 2021

'Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo'

EL BAUTISMO DEL SEÑOR Enero 10 de 2021 Primera Lectura: Is 42,1-4.6-7 Salmo: 29(28), 1a+2.3ac-4.3b+9b-10 Segunda Lectura: Hch 10,34-38 Evangelio: Mc 1,7-11 I. Orientaciones para la Predicación Introducción Hoy, “festividad del Bautismo del Señor”, conmemoramos el momento en que Juan el Bautista sumerge en el Río Jordán a Jesús, de quien decía: • Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo; • Sobre el que desciende el Espíritu Santo con su voz: Tú eres mi Hijo amado, el predilecto. • Celebramos al Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? La Palabra de Dios en este domingo, del Bautismo del Señor, con el que se culmina el ciclo de la Navidad, nos ofrece, mediante el profeta Isaías, el tema del llamado al servidor y a los hijos de Dios, el llamado de la justicia divina: “te he tomado de la mano, te he formado y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones;” llamado al servidor de Dios “para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan en las tinieblas;” llamado en el que se presenta a la persona del Señor Jesucristo, anunciado como el mensajero de la paz. El salmo28 (29) nos lleva a sentir la acción de la gloria de Dios mediante la naturaleza. Gloria que se manifiesta sublime en el bautismo del Señor Jesús. Él asume su misión y toma el camino de todos los que desean vivir una vida humana plena y fiel, de acuerdo con su Plan de Salvación, con el proyecto de fe y de amor. San Pedro, nos recuerda cómo Jesús de Nazaret, fue “ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él;” de quien Juan había dicho: “Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo”, y a quien Jesús le pide que lo bautizara en las aguas del Jordán. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? La venida del Verbo del Padre al mundo fue anunciada por los profetas y al llegar el momento de su Bautismo proclamada por el Padre altísimo, mediante el Espíritu. Bautismo con el que se convierte en el pionero de todos los que creen en Dios y de los que sienten la necesidad de vivir en una situación de conversión permanente para nacer de lo alto. En el bautismo, Jesús el Hijo nos une al Padre. En Jesús, somos hijos e hijas amados del Padre, quien nos ofrece la presencia de su Espíritu. La voz del Padre nos invita a oírlo, a reconocer a su Hijo Jesús y a seguirlo con admiración e ilusión, para que con Él disfrutemos la buena noticia de su paternidad y la llevemos a quienes más lo necesitan: los pecadores. El Bautismo del Señor Jesús nos coloca ante la realidad del llamado a la vida, a la vida humano divina, histórica y trascendente. Nos recuerda que antes de ser concebidos humanamente, ya estábamos en Dios desde el comienzo y, luego, nacimos a la vida natural y, regenerados con el agua del bautismo, empezamos a participar de la vida nueva, de ungidos por el Espíritu con y junto a Jesús, en enviado del Padre. El Espíritu desciende sobre el Señor Jesús y empieza su vida y su manifestación divina, como Hijo de Dios y ungido por el Espíritu. Vida pública del anuncio y la realización del Reino. Se deja escuchar la voz del cielo que proclama al Hijo amado y Siervo, muy unido al Padre y entregado del todo a la humanidad. Este momento es el recuerdo y mucho más, el acontecimiento que de una vez y para siempre nos lleva a la humanidad creada por Dios a participar del reencuentro y celebrar el que nos haya hecho hijos de Dios y a hallar la novedad para la humanidad entera. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? El agua del bautismo nos hace renacer y al ser consagrados a Dios Padre empezamos a participar de su vida. Esta nuestra vocación humano divina, divino humana, es manifestación de la entrañable misericordia de Dios. Jesús es nuestra medida y la máxima manifestación del amor del Padre, por lo mismo, nuestra primera misión es identificarnos con Él. Identificándonos e incorporándonos con Jesús, en el amor, en la misericordia, en el servicio y en el encontrarle sentido a nuestra vida. El Espíritu de Jesús realiza en nosotros la transformación que, pese a nuestro pecado, a todos los males, a todas las resistencias, nos va configurando a imagen de Cristo. El papa Francisco al iniciar la bula de convocación del jubileo extraordinario de la Misericordia, Misericordiae Vultus, expresa: Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra. Ella se ha vuelto viva, visible, y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret. El Padre, «rico en misericordia» (Ef. 2,4), después de haber revelado su nombre a Moisés como «Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira, y pródigo en amor y fidelidad» (Ex 34,6), no ha cesado de dar a conocer en varios modos y en tantos momentos de la historia su naturaleza divina. En la «plenitud del tiempo» (Gal 4,4), cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación, Él envió a su Hijo nacido de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor. Quien lo ve a Él ve al Padre (cfr. Jn. 14,9). Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona, revela la misericordia de Dios. Y en entrevista al papa, de Andrea Tornielli, sobre la misma, titulada ‘La mirada de Francisco’, dice: la misericordia siempre será más grande que cualquier pecado, nadie puede poner un límite al amor de Dios que todo lo perdona.” Unidos a Jesús por el bautismo, tenemos la dicha de sentir que somos hijos muy amados del Padre. El bautismo nos recuerda que Dios quiso estar con nosotros, ser uno con y en nosotros. Con el Bautismo tomamos conciencia del sentido de nuestra vida, de la misericordia de Dios y de la misión que el Padre nos ha confiado por medio de su Hijo amado. Comencemos por sentirnos muy amados de Dios y capaces de vencer las contrariedades que cotidianamente se nos presentan. Dejemos que su Espíritu transforme nuestros corazones, para hacer realidad el proyecto del Padre. La presencia del Espíritu del Señor, hace que en los momentos de dificultades y de duda recordemos que nuestro bautismo nos hace de aquí, de la tierra, y de allá, del cielo. Que sintamos que somos hijos muy amados del Padre y que en Él se vive inmensamente feliz y que su mirada y su voz nos repite que somos hijos del Padre que más nos ama. Que vivamos nuestra filiación divina con naturalidad y que nos sintamos hijos en casa de la familia más valiosa: familia humano divina Por el bautismo Jesús de Nazaret fue sumergido en el Jordán, ungido por el Espíritu y presentado por el Padre, mi Hijo amado, en ti me complazco. Este Don del bautismo nos sumerge en las fuentes del Espíritu, para que emprendamos el nuevo camino de identificación y construcción de la obra del Reino, que culmina en la plenitud de todo en Cristo. Desde aquel día vivimos en el Señor Jesucristo, que vive en cada uno de nosotros y en nuestras familias y con quien ante los ojos del Padre podemos exclamar: ¡soy hijo de Dios! ¡Soy hijo en el Hijo! Desde aquel día su Espíritu nos ha consagrado y guía profundamente, de modo especial, para que nuestros pensamientos, palabras y obras sean inspirados por Él, nuestro vivir nos acerque más a Él con quien constituimos familia de Dios, por sobre nuestras resistencias y nuestras negatividades a ver y escuchar. Además, como Juan Bautista, cada uno de nosotros puede ser un instrumento a disposición de la voz del Padre y del Hijo, guiados por el Espíritu, para que quienes están en nuestro entorno escuchen la voz de lo alto, se acerquen al Hijo amado de Dios Padre y conozcan cómo con Él crecemos y nunca menguamos, para que creyendo tengamos vida eterna. En el Señor Jesús, nosotros escuchamos la voz del profeta que llama a los sedientos a acercarse al agua, a los hambrientos y sedientes de justicia a declararse felices y a escuchar la voz del Padre: Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto. Llamado, que en Colombia tuvimos la dicha de escuchar en la voz de esperanza y solidaridad del papa Francisco: “No se dejen robar la esperanza y la alegría”, Mensaje a los jóvenes que lo esperaban en su llegada a la Nunciatura, en Bogotá; y, luego, en la plaza de Bolívar, “Vuelen alto y atrévanse a soñar a lo grande”; y, en la celebración del Ángelus en la ciudad de Cartagena, al término de su visita, nos dijo a todos: “Trabajar por la dignidad de todos nuestros hermanos, en especial por los pobres y descartados de la sociedad.” Por eso, pidámosle al Señor Jesús que siempre tengamos hambre y sed de su palabra, el deseo profundo de vivir unidos a Él, guiados por el Espíritu y haciendo el bien, siendo sal y luz del mundo. Que su palabra y la Eucaristía que celebramos nos haga compartir su misión, que lo escuchemos de tal modo que nuestro corazón arda en celo por la salvación de la humanidad, que unidos vayamos conformando nuestra vida y realidad con el proyecto del Padre; y que el Espíritu que habita en nosotros nos haga inconformes con cuanto hay en el mundo de negativo y falto de fe y amor y sedientos de la presencia y el amor de Dios. Al celebrar la fiesta del bautismo del Señor Jesús agradezcamos especialmente nuestro bautismo, que nos da a conocer nuestra identidad más profunda y nuestra vocación: abrir con alegría nuestro corazón para escuchar su Evangelio; dejar que su Espíritu nos unja y llene nuestras vidas del amor divino; y sentir la presencia divina que nos acompaña cada día en el camino de vida que nos propone, que nos promete y que nos compromete. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Reunidos como familia humana acompañada de la presencia del Espíritu Santo, para celebrar el acontecimiento del Bautismos del Señor Jesús, dispongámonos para la escucha de la Palabra que nos orienta y para participar de la mesa del encuentro con Él que nos fortalece para nuestro caminar en la fe. Participemos con fe y esperanza. Monición a la Liturgia de la Palabra La lectura de la Palabra que nos lleva al encuentro del Bautismo de Jesús y a escuchar, con el corazón, el mensaje de vida y esperanza, nos renovará la alegría de sabernos creaturas y familia de Dios. Escuchemos con esperanza. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Presentemos al Padre eterno nuestra oración y, puesto que creemos que el Señor Jesús, Hijo del Padre, guiado por el Espíritu, fue al Jordán para ser bautizado por Juan, supliquémosle con la confianza de hijos. R. Por el amor a tu Hijo, escúchanos Señor 1. Por la santa Iglesia, para que, ungida por el Espíritu, sea consagrada en la unidad y de testimonio del amor del Padre a toda la humanidad. Oremos. 2. Por los cristianos todos y, especialmente, por los que son perseguidos a causa de la fe, para que el Espíritu del Hijo amado del Padre, los mantenga firmes en la fe y en la verdad por encima de todos los abusos e injusticias. Oremos. 3. Por los padres y madres de familia y por los que defienden la vida en todas sus manifestaciones, para que unidos compartamos y defendamos la belleza de ser hermanos en todos los momentos y circunstancias de la vida. Oremos. 4. Por nuestra comunidad y por todas las Iglesias, para que, con la luz de la Palabra y la gracia de los Sacramentos, se reavive el don del Espíritu y confiese a Jesucristo, el Hijo amado del Padre, en quien somos hermanos. Oremos. 5. Por nosotros, bautizados, renacidos del agua y del Espíritu, para que vivamos el presente, con la alegría de la promesa, hasta el fin de los tiempos. Oremos. En un momento de silencio presentemos al Padre nuestras intenciones personales Oración conclusiva Acoge, Señor, nuestras súplicas confiadas que te presentamos por mediación de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Quien vive y reina por los siglos de los siglos R. Amén.

Jue 10 Ene 2019

El bautismo es un grito potente de Dios

El bautismo del Señor Jesús cierra el periodo de la navidad, es el grito potente, magnífico del Padre que presenta a su Hijo Jesús. Este grito queda como un eco en los creyentes: Este es mi hijo amado, el predilecto. Ese es el sentido del bautismo de Jesús. La presentación que el Padre hace para que la humanidad conozca a su Hijo. El bautismo que los cristianos recibimos es muy distinto del bautismo del Señor Jesús, no es una repetición, sino es aquel que Jesús entregó de forma resucitada a su Iglesia. Tareas: Medita sobre el valor del tiempo litúrgico del adviento y la navidad. Haz oración y agradece tu bautismo Averigua la fecha de tu bautismo y acostúmbrate a celebrar como celebras tu cumpleaños.

Lun 8 Ene 2018

Bautismo del Señor I “La fe es la luz e ilumina el corazón”: Papa Francisco

El domingo siguiente al 6 de enero se celebrará la Fiesta del bautismo de Señor. Normalmente el domingo que sigue a la fiesta de la Epifanía es dedicado a celebrar el bautismo de Cristo. Este año se celebra el lunes 8 de enero y señala la culminación de todo el ciclo natalicio o de la manifestación del Señor. Es también la fiesta que da paso al tiempo durante el año, llamado también tiempo ordinario. Cuando Cristo se metió en la cola para esperar su turno de ser bautizado, seguramente San Juan Bautista no sabía qué hacer. Llegó el Mesías delante de él y pidió el bautismo. El Bautista exclamó: “Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿tú vienes a mí?” (Mt 3,14). El Catecismo hace referencia a esta actitud humilde de Cristo en el n.536.

Sáb 9 Ene 2016

Con ocasión del Bautismo del Señor.

Con motivo de la festividad del bautismo del señor, monseñor Rigoberto Corredor Bermúdez, obispo de la diócesis de Pereira, manifestó que es una fiesta en la cual Cristo Jesús, con mucha humildad, va al río Jordán para ser bautizado por un bautismo de purificación, el cual, al mismo tiempo, lo revela como el salvador del mundo. “El significado del bautismo de Jesús nos encausa hacia una verdadera realidad. Ser bautizados significa seguir a Cristo Jesús, el maestro, el Señor, el Salvador, el Redentor”, aseveró el prelado. Monseñor Bermúdez, señaló que a la celebración de esta festividad, se une también la jornada mundial por la paz y el inicio del año de la misericordia, por lo tanto invita a todos los bautizados a que, en medio de estas celebraciones, se dejen sumergir en la aguas de Dios para obtener un espíritu arrepentido capaz de perdonar . Por último, deseó que el Espíritu Santo, que invadió a Jesús en su bautismo, también invada a cada uno de los fieles en Colombia para buscar la paz, la reconciliación y el perdón. Y para hacer del año de la misericordia un motivo de reencuentro entre los hermanos colombianos. Monseñor Rigoberto Corredor Bermudéz Obispo de la diócesis de Pereira