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día del trabajo

Mar 3 Mayo 2022

El trabajo: un valor familiar que santifica

Por: Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Al comenzar este mes de mayo, celebramos con toda la Iglesia la fiesta de san José Obrero, patrono de los trabajadores, procla­mado por el papa Pío XII en 1955 en un discurso pronunciado en la Plaza de San Pedro en el Vaticano, con la presencia de un grupo de obreros. Allí el Papa dijo: “El humilde obre­ro de Nazaret, además de encarnar delante de Dios y de la Iglesia la dignidad del obrero manual, sea también el próvido guardián de us­tedes y de sus familias”, proclaman­do con ello a san José, maestro de la vida interior y del silencio, patrono de todo ser humano que se dedica al trabajo digno y necesario para la sub­sistencia personal y de la familia. El magisterio de la Iglesia siempre ha reflexionado ampliamente sobre la dignidad del trabajo humano, como una manera de construir persona, fa­milia y sociedad, así lo expresó san Juan Pablo II en ‘Laborem Exercens’, Encíclica que trata sobre el trabajo humano: “mediante el trabajo el hombre no sólo transforma la na­turaleza adaptándola a las propias necesidades, sino que se realiza a sí mismo como hombre, es más, en un cierto sentido se hace más huma­no” (LE 9), destacando con esto que el trabajo tiene la misión de dignifi­car y enriquecer a todo ser humano, que con su esfuerzo transforma su en­torno y también le ayuda a desarrollar sus talentos que ha recibido de Dios. Vivimos en un mundo donde lo mate­rial está teniendo prioridad sobre los valores y las virtudes del Evangelio y por eso al venerar a san José Obrero, se recogen las actitudes de su fideli­dad silenciosa, de la sencillez de vida y del trabajo digno, libre de toda ava­ricia y falto de transparencia que co­rrompe el corazón, para orientar toda actividad laboriosa, hacia un trabajo digno que pone su foco en el servicio a la persona, al bien común y al bien­estar de la familia y de la comunidad. Así lo expresó el Papa Benedicto XVI en ‘Caritas in Veritate’: “Un trabajo que, en cualquier so­ciedad, sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer: un trabajo libre­mente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores, hombres y muje­res, al desarrollo de la comunidad; un trabajo que de este modo haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación; un trabajo que per­mita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos…. Un trabajo que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito per­sonal, familiar y espiritual” (CIV 63). Con esta concepción humana, cristia­na y espiritual del trabajo que dignifi­ca al ser humano, se concibe toda ac­tividad laboriosa como una vocación que viene de Dios y una misión que enriquece a la sociedad, con un valor familiar que, en la sencillez de la vida de un obrero, se hace también cons­tructor del Reino de Dios en medio de la comunidad. Así lo expresa San Juan Pablo II cuando afirma: “El tra­bajo es el fundamento sobre el que se forma la vida familiar, la cual es un derecho natural y una vocación del hombre. En conjunto se debe recordar y afirmar que la familia constituye uno de los puntos de re­ferencia más importantes, según los cuales debe formarse el orden socio-ético del trabajo humano” (LE 10). San José fiel custodio de Jesús le enseñó el arte de trabajar y con ello dignificó toda actividad humana ho­nesta y sencillas que sirve a cada fa­milia para llevar el pan a la mesa de sus hogares. Así lo ex­presa Aparecida cuan­do afirma: “Jesús, el carpintero (Cf. Mc 6, 3), dignificó el trabajo y al trabajador y re­cuerda que el trabajo no es un mero apén­dice de la vida, sino que constituye una dimensión fundamen­tal de la existencia del hombre en la tierra, que garantiza la digni­dad y libertad del ser humano” (DA 120), contribuyendo con ello al desarrollo integral de cada persona. En la espiritualidad del trabajo hu­mano también se reconoce la fatiga, el esfuerzo y a veces el dolor de cada día, en una tarea que resulta exigen­te, pero que también debe ayudar a la santificación de cada uno, uniendo el sacrificio y la fatiga a la Cruz reden­tora de Nuestro Señor Jesucristo. Así lo expresa Aparecida cuando afirma: “Damos gracias a Dios porque su palabra nos enseña que, a pesar de la fatiga que muchas veces acom­paña el trabajo, el cristiano sabe que este, unido a la oración, sirve no sólo al progreso terreno, sino también a la santificación personal y a la construcción del Reino de Dios” (DA 121), de tal manera que a ejemplo de San José Obrero, se debe aprovechar el trabajo que cada uno realiza, para convertirlo en instru­mento que busca la santidad personal y familiar. Los animo a que sigamos adelante con la alegría de la fe, la esperanza y la caridad que se solidifica con el ejercicio del trabajo humano, siendo misioneros para proclamar el Evan­gelio de Jesucristo, fortaleciendo desde Nuestro Señor, la dignidad de la persona humana, la vida, la fami­lia, el trabajo, y de esta manera, vivir en la sociedad perdonados, reconci­liados y en paz, a ejemplo de la fa­milia de Nazaret. Encomiendo a la fiel custodia de san José a todos los trabajadores, que se esfuerzan por dar testimonio de honestidad y honradez con la misión que realizan cada día. En unión de oraciones, sigamos adelante. Reciban mi bendición. + José Libardo Garcés Monsalve Obispo de la Diócesis de Cúcuta

Sáb 1 Mayo 2021

Un “Día del Trabajo” con grandes desafíos para la economía nacional

El 1 de mayo, la Iglesia católica celebra la fiesta de San José Obrero, patrono de los trabajadores, fecha que coincide con el Día Mundial del Trabajo. En esta conmemoración, marcada por un momento especial que afecta a la humanidad por causa de la pandemia del coronavirus, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) dirige un saludo especial a las trabajadoras y los trabajadores del país. En un video grabado por monseñor Héctor Fabio Henao Gaviria, director del Secretariado Nacional de Pastoral Social y vocero de la CEC para este tema, se resalta que esta celebración se vive en un momento particular, donde la crisis económica y social que enfrenta el país está en su punto de quiebre, generando esto, la desaparición de numerosas empresas y puestos de trabajo. Urge una transformación del modelo de desarrollo Frente a esta realidad anota que el país tiene un gran desafío de repensarse; pero, para hacerlo, “es importante incorporar la voz, los programas, las propuestas de todos los trabajadores y sus organizaciones”. Solo así, agrega: “se podrá transformar el modelo de desarrollo existente y dar cambios sustanciales que nos lleven a una sociedad más equitativa e incluyente, una sociedad con una democracia más robusta”. Reconoce la labor de mujeres y hombres trabajadores, que con su voz activa y propositiva en los diferentes escenarios, le aportan a la salida de la crisis que vive el país. San José: "Un padre sencillo, capaz de llevar grandes transformaciones" Igualmente, recuerda como el Papa Francisco quiso dedicar este año a san José, un hombre sencillo y humilde, que con “su entrega y confianza en Dios fue capaz de llevar grandes transformaciones en la historia”. “Que este modelo de hombre nos sirva a nosotros en este día, para continuar haciendo esfuerzos y propuestas desde todos los sectores trabajadores, en búsqueda de las grandes soluciones y para darle alma a la economía del país”, concluye. Año de San José: "Un padre en la ternura, en la obediencia y la acogida" El Sumo Pontífice promulgó el pasado 7 de diciembre la Carta Apostólica “Patris Corde” (Con corazón de padre), en conmemoración del 150 aniversario de la declaración de san José como patrono universal de la Iglesia Católica. Con esta carta el Papa Francisco instituyó el año 2021 como el “año de San José”. Esta celebración inició el 08 de diciembre de 2020 y se extenderá hasta esta misma fecha del 2021. “Un padre amado, un padre en la ternura, en la obediencia y en la acogida; un padre de valentía creativa, un trabajador, siempre en la sombra”: con estas palabras el Papa Francisco describe a san José de una manera tierna y conmovedora.

Vie 1 Mayo 2020

Día Internacional de Trabajo: Pandemia ¿precariedad laboral?

El día del trabajo ante todo es una fecha que nos lleva a exaltar el sentido profundo del trabajo humano como un don de Dios en medio de una sociedad que lo ha mercantilizado todo y en la cual el trabajo digno no alcanza a ser una realidad plena para todos los niveles de la sociedad. Es una fecha para renovar el compromiso por un reconocimiento de toda la sociedad sobre la dignidad del trabajo, del trabajador y del mundo del trabajo. Una fecha para reiterar el reconocimiento del legítimo derecho a la asociación y a la participación de los trabajadores. Esta celebración se hace en medio de circunstancias que impone la pandemia del CORONAVIRUS y que hace que miles de trabajadores y sus familias no conozcan el trabajo digno sino condiciones marcadas por la baja calidad en el empleo, de inestabilidad e ingresos precarios. De allí la importancia de dar a esta fecha un sentido tal que nos permita profundizar en el valor del trabajo y en la forma como este nos coloca en una relación profunda con la obra de la creación. Ante todo, el trabajo es una bendición de Dios que permite al ser humano cooperar en la obra de la creación, desarrollarse plenamente, conformar una familia, construir comunidad y aportar a la sociedad en términos de fraternidad y de solidaridad. Esta reflexión nos lleva hacia la pregunta por la forma como viven los hombres y mujeres del mundo del trabajo, especialmente aquellos que se encuentran en condiciones de precariedad laboral. Las cifras son impresionantes: según el DANE el 48.2% de los colombianos trabajan en situación de informalidad, estamos hablando de más de 10.000.000 de trabajadores que están en muy alto riesgo por el efecto del aislamiento social que estamos viviendo por la pandemia. Ante esta grave realidad, la urgencia que emerge con especial fuerza en este momento, es garantizar condiciones para quienes tienen que llevar el sustento a sus familias y asegurar su propio desarrollo humano en una época marcada por incertidumbre a todo nivel. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) presentó un estudio preliminar del impacto del COVID -19 en trabajadores y trabajadoras, en el que señala tres efectos: Sobre la cantidad de los empleos; aumento del desempleo y del subempleo -reducción de horas de trabajo. Sobre la calidad de los empleos: caída de los salarios y empeoramiento en acceso a la protección social. Sobre grupos de trabajadores vulnerables a “cambios en el mercado laboral”, tales como jóvenes, mujeres y migrantes. Y estiman un aumento del desempleo mundial de entre 5,3 millones (hipótesis “prudente”) y 24,7 millones (hipótesis “extrema”) en este 2020. En Colombia se calcula que 22 millones de trabajadores se han visto afectados por las normas del aislamiento social como medida de prevención de la expansión del Coronavirus. No podemos olvidar que “la Iglesia está convencida de que el trabajo constituye una dimensión fundamental de la existencia del ser humano en la tierra” (S.S. Juan Pablo II, Laborm Excersens, 4) y por lo tanto no es un accidente el que la población en grandes masas tenga que entrar en el mundo de la informalidad laboral. Estamos hablando de una dimensión fundamental del ser humano. La realidad de que solo uno de cada cuatro colombianos tiene garantizado el acceso a los sistemas de pensión se constituye en un reto para el desarrollo humano en nuestro país y, al mismo tiempo, un clamor a la solidaridad para que se tomen medidas prontas para resolverlo. La paradoja del crecimiento económico junto a estos niveles de informalidad laboral hace un llamado a revisar la forma como se ha planteado el desarrollo de manera que este tenga rostro humano y responda a las necesidades de la población. Estamos hablando de millones de trabajadores detrás de los cuales se encuentran sus familias. Son hermanos y hermanas nuestras que tienen aspiraciones, proyectos de vida y en muchos casos una profesión que han adquirido con mucho esfuerzo personal y familiar. En ese grupo encontramos principalmente mujeres, jóvenes y desde otro lado un grupo grande de personas con un nivel de educación precario. Este hecho nos llama a profundizar en el deber de nuestra sociedad de fortalecer los mecanismos para que se reconozca planamente la dignidad del trabajo, del trabajador y del mundo del trabajo para superar las condiciones de discriminación que viven muchos de nuestros hermanos y hermanas trabajadores, particularmente aquellos que se ven obligados a recurrir a la informalidad para poder obtener el sustento para ellos y sus familias. Uno de los fenómenos que más afecta a la dignidad del trabajo y de los trabajadores es justamente el despojo de tierras que ha empujado a miles de familias hacia la informalidad e incluso hacia la miseria. Quienes han perdido su tierra han perdido también la fuente de su trabajo y sustento familiar. Este es un drama cuya solución ha sido determinada por la ley pero que sigue siendo un desafío para el país. Garantizar la restitución de las tierras es un acto de reconocimiento a gentes que, en muchos casos, han labrado sus vidas en el trabajo cotidiano de la agricultura y la pesca. Hoy se impone hacer seguimiento y apoyar las iniciativas de restitución de las tierras y las iniciativas legislativas que puedan poner fin a la situación de quienes obtienen su sustento en medio de la informalidad laboral. En esta ocasión, Colombia se coloca ante uno de los desafíos más grandes porque tiene que armonizar las condiciones y derechos de trabajadores y trabajadoras ante las metas de libre comercio. Se trata de un tema muy sensible porque indudablemente el libre comercio debe realizarse en condiciones que favorezcan el desarrollo de las personas en la sociedad. Ante estas realidades hay que reconocer que muchas personas movidas por su fe se han convertido en apóstoles misioneros en el mundo del trabajo. A quienes se encuentran en este apostolado tan valioso les mueve el brindar un testimonio evangélico y evangelizador en los ambientes obreros, campesinos, profesionales, empresariales a todos los niveles. Saben que Jesucristo garantiza la liberación integral más allá de las fronteras culturales, raciales o de cualquier orden y se proponen llevar el mensaje de la dignidad del trabajo y de los trabajadores a todos los niveles de la sociedad. Ellos hacen presente el aprecio de la Iglesia por los movimientos de trabajadores y por la solidaridad entre los hombres y mujeres del mundo del trabajo. La pastoral del mundo del trabajo es presencia de la Iglesia en el camino de la dignificación del trabajo, el trabajador y el mundo del trabajo. El 1 de mayo, jornada de fiesta y de solidaridad y fraternidad en el mundo del trabajo, recuerda que los trabajadores son «artífices principales de las transformaciones prodigiosas que el mundo conoce hoy» (Concilio Vaticano II, Mensaje a los trabajadores). El 1 de mayo la Iglesia recuerda su reconocimiento y aprecio por el derecho de los trabajadores a organizarse y a participar en la vida y en las transformaciones de la sociedad mediante sus propuestas. En esta fecha la Iglesia recuerda a San José Obrero, modelo del mundo del trabajo y recuerda que Jesucristo es el “Hijo del carpintero” y ora por todos los trabajadores y trabajadoras del mundo sin olvidar a quienes no tienen un trabajo de calidad. Igualmente es una fecha especial para dar gracias a Dios por la misión y entrega de quienes se dedican al servicio de sus hermanos y hermanas trabajadores desde la obra evangelizadora de la Iglesia. El 1 de mayo es un momento para dar gracias por quienes trabajan y orar para que el Señor bendiga sus esfuerzos y fatigas y les permita alcanzar los niveles de justicia y de dignificación que anhelan. Por: Monseñor Héctor Fabio Henao Gaviria Director Secretariado Nacional de Pastoral Social

Mié 1 Mayo 2019

“Vivamos con responsabilidad y alegría el trabajo que realizamos”

Es la invitación de Monseñor Oscar Urbina, Arzobispo de Villavicencio y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, en el Día Internacional de los trabajadores, que se conmemora el 1 de mayo. El prelado, tras enviar un saludo y bendición a todos los que trabajan en el campo, en las ciudades y poblaciones, les invitó a vivir con responsabilidad “el trabajo, pequeño o grande que realicemos”, pues este “nos permite vivir nuestra dignidad humana (…) y sostener la familia”. Finalmente, hizo un llamado para que se atienda y acompañe a quienes le hace falta el trabajo, de manera especial, a los migrantes, a quienes pidió “acojamos, acompañemos, protejamos y si podemos ofrecerles un trabajo, que sea también digno para ellos y su familia”.

Mar 1 Mayo 2018

“Buscar la santidad en el trabajo da unidad y sentido a lo que hacemos”

En el marco de la fiesta de San José Obrero, el Obispo de Montelíbano - Córdoba, monseñor Luis José Rueda Aparicio, recordó con estas palabras la importancia de un compromiso para asumir con responsabilidad cualquier tarea que nos sea encomendada. Al celebrarse este 1 de mayo, el Día del Trabajo, el prelado dijo también “nos renueva en la motivación para recomenzar las tareas, aunque sean duras y nos quita la tentación de pensar que lo más importante del trabajo es la parte económica”. El Prelado destacó asimismo que “cuando las personas descubrimos que el trabajo nos santifica, entonces todo lo que hacemos se convierte en una ofrenda agradable a Dios, nos disponemos a mejorar cada día, a tratar a los compañeros de trabajo con responsabilidad y fraternidad”. Monseñor Rueda Aparicio manifestó luego su “asombro viendo la diversidad de labores que el ser humano realiza, veo en ellas la prolongación de la obra creadora de Dios Padre. El tallador de madera que hace una obra en el taller de su casa, la enfermera que sutura una herida, el conductor del autobús, la tejedora que elabora una ruana, el hornero del pan, la vendedora de rosas, el reciclador, la trabajadora doméstica, el cultivador de café, el empleado de la fábrica de cemento, la presentadora de noticias”. “Vivo en medio de trabajadores hombres y mujeres, de diversas razas, algunos son jóvenes aprendices otros son mayores, unos con la esperanza de una jubilación otros sin esa posibilidad, algunos son clasificados como trabajadores formales otros son llamados informales. Son hombres y mujeres que se ganan el pan de cada día con el trabajo que realizan”. El Obispo de Montelíbano recordó luego que “el Papa Francisco en su Exhortación Apostólica titulada ‘Alegraos y regocijaos’, nos recuerda que todos estamos llamados a la santidad, y que el trabajo de cada día es el instrumento y el lugar donde hombres y mujeres podemos vivir la santidad”. Para concluir, el Prelado recordó la oración que propone este 1 de mayo la liturgia de la Iglesia: “Dios nuestro, creador del universo, que has establecido que el hombre coopere con su trabajo al perfeccionamiento de tu obra, haz que, guiados por el ejemplo de San José y ayudados por sus plegarias, realicemos las tareas que nos asignas y alcancemos las recompensas que nos prometes”. Fuente: CEC y Aciprensa Foto: Diócesis de Montelíbano

Lun 30 Abr 2018

“La clase media de la santidad”

Por: Luis José Rueda Aparicio - Vivo en medio de trabajadores hombres y mujeres, de diversas razas, algunos son jóvenes aprendices otros son mayores, unos con la esperanza de una jubilación otros sin esa posibilidad, algunos son clasificados como trabajadores formales otros son llamados informales. Son hombres y mujeres que se ganan el pan de cada día con el trabajo que realizan. Me asombro viendo la diversidad de labores que el ser humano realiza, veo en ellas la prolongación de la obra creadora de Dios Padre. El tallador de madera que hace una obra en el taller de su casa, la enfermera que sutura una herida, el conductor del auto bus, la tejedora que elabora una ruana, el hornero del pan, la vendedora de rosas, el reciclador, la trabajadora doméstica, el cultivador de café, el empleado de la fábrica de cemento, la presentadora de noticias. El Papa Francisco en su Exhortación Apostólica titulada “Alegraos y regocijaos”, nos recuerda que todos estamos llamados a la santidad, y que el trabajo de cada día es el instrumento y el lugar donde hombres y mujeres podemos vivir la santidad. Nos dice el Papa Francisco: “Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, la clase media de la santidad”. No. 7 Cuando las personas descubrimos que el trabajo nos santifica, entonces todo lo que hacemos se convierte en una ofrenda agradable a Dios, nos disponemos a mejorar cada día, a tratar a los compañeros de trabajo con responsabilidad y fraternidad. La búsqueda de la santidad en el trabajo de cada día, le da unidad y sentido a todo lo que hacemos, nos renueva en la motivación para recomenzar las tareas aunque sean duras y nos quita la tentación de pensar que lo más importante del trabajo es la parte económica. Con motivo del día primero de Mayo, en el cual celebramos a San José Obrero, quiero concluir este breve mensaje con la oración que nos propone la Liturgia de la Iglesia: “Dios nuestro, creador del universo, que has establecido que el hombre coopere con su trabajo al perfeccionamiento de tu obra, haz que, guiados por el ejemplo de San José y ayudados por sus plegarias, realicemos las tareas que nos asignas y alcancemos las recompensas que nos prometes”. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén + Luis José Rueda Aparicio Obispo de Montelíbano – Córdoba