¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión?

Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 5,12-16 Salmo: 118(117),2-4.22-24.25-27a (R. 1)
Segunda lectura: Apocalipsis 1,9-11a.12-13.17-19 Evangelio: Juan 20,19-31


Introducción
Las tres ideas temáticas que engloban la interpretación de los textos bíblicos litúrgicos de este segundo Domingo de Pascua, se pueden enmarcar en torno a:

•  La Acción de Dios que infunde Cristo resucitado soplando el Espíritu Santo a los discípulos, hace que realicen señales y prodigios.
•  Jesucristo en medio de los Apóstoles infunde en ellos el don de ver (creer) y testimoniar esta experiencia mediante la Escritura.
•  La presencia de Jesucristo Resucitado que sopla el Espíritu Santo, disipa las dudas, hace que se perdonen los pecados y les trae la paz.

1.  ¿Qué dice la Sagrada Escritura?

La primera lectura de los Hechos de los Apóstoles, dice que los Apóstoles tenían un mismo Espíritu y realizaban muchas señales y prodigios. Nadie de los otros se atrevía a juntarse a ellos; aunque el pueblo hablaba de ellos con elogio.

El salmo responsorial 118 (117) recalca la importancia de la alegría y el gozo, por la Resurrección del Señor. Se encuentra un tetraedro inclusivo en cuanto que Yahveh Dios, es Quien da la salvación, el éxito, Quien ilumina y Quien otorga la salvación.

La segunda lectura destaca la paciencia en el sufrimiento; de allí que el Apóstol San Juan testimonie por escrito la fraternidad y el compañerismo en medio de las tribulaciones.
 
El Evangelio narra las apariciones de Jesucristo a los discípulos, donde se resaltan algunos elementos que ayudan a la hermenéutica reflexiva: el día primero de la semana, Jesucristo que se presenta en medio de ellos y siempre los saluda con la paz, los discípulos que se llenan de alegría porque ven al Señor. Cristo resucitado sopla el Espíritu Santo y les concede el poder perdonar los pecados. Tomás que no estaba con los demás discípulos, no cree al principio y luego expresa Señor mío y Dios mío. Se manifiesta, de esta forma, el contraste entre el ver físico y de la fe, la paradoja entre creer y la incredulidad. Resalta   el Evangelista que muchos prodigios no han sido escritos, y que la finalidad de que hayan sido escritos es para creer que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y creyendo tengamos vida en su nombre.

2.  ¿Qué me dice la Sagrada Escritura?

Se quiere mediante esta herramienta homilética hacer reflexionar a los miembros de las comunidades en el segundo punto que se propone dentro de los tres temas planteados: Jesucristo crucificado y resucitado en medio de los Apóstoles les da la Gracia de Ver (creer) y testimoniar mediante Las Sagradas Escrituras la presencia de Dios vivo en medio de su pueblo.

San Juan Evangelista, autor también del libro del Apocalipsis, crea un puente entre el cuarto Evangelio y el último libro de la Biblia. Juan testifica en el Apocalipsis que recibe de Jesucristo el mandato. “Escribe en un libro lo que veas”, y más adelante vuelve a repetir la frase: “Escribe lo que has visto”. En el Evangelio, Juan cierra su libro con estas palabras: “Otras muchas señales que no están escritas en este libro, han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y creyendo tengáis vida en Su Nombre”.

Al mismo tiempo, el Apóstol San Juan, junto al verbo escribir, pone particular énfasis en el verbo: VER, que progresivamente se va volviendo CREER; presentando el contraste entre quien no ve no cree.

Hace parte del estilo redaccional del Evangelista, evangelizar pedagógicamente, mediante círculos concéntricos, donde juega con los términos, en una forma repetitiva, pero que poco a poco, va hilando el discurso, usando el término, pero a la vez progresando en su contenido. Así, lo podemos constatar con VER- CREER- ESCRIBIR.

Hay que distinguir el VER del Mirar y a su vez del observar. El mirar, parece ser una capa superficial, que no implica la totalidad de la persona. Evoca la persona que, al pasar mira de forma distraída, sin detenerse y sin que esa mirada, llame la atención, a fin de que haga que la persona se detenga, o cambie a partir de esa mirada. Mirar, por tanto, es pasajero, superficial, y no implica compromiso; como quien cruza las calles, mira las vitrinas de un almacén, pero nada lo detiene en su caminar. Mira distraídamente y sin responsabilidad alguna.

Observar, implica mayor profundidad, quien observa, se detiene para investigar, analizar. Fija su atención de manera particular sobre el objeto deseado. Contrario al mirar que es externo, observar busca profundidad en el conocer, de una manera más racional, científica; sin que implique un compromiso de la persona que observa. El observar es objetivo, en cuanto, que busca conocer y analizar el objeto de manera científica.

El ver, implica la persona, es una mirada profunda, que transforma a la persona que se pone en actitud de ver.  Quien ve se compromete, y da un paso más    en el observar científico y racional, puesto que quien ve, cree. Es un ver de confianza, que se fía, que implica una relación entre la persona que ve y lo que es visto. En efecto, el Evangelista San Juan describe “hemos visto al Señor”, y este testimonio produce en los Apóstoles alegría, gozo, paz, fortaleza, esperanza y entusiasmo para ir a hablar y testimoniar al Señor. También, se observa en los Sinópticos que consecuencia del ver está el creer: “vio y creyó”.

Así, la experiencia de Jesús crucificado y resucitado implica para los Apóstoles tres movimientos dinámicos: VER – CREER- ESCRIBIR.

3.  ¿Qué me sugiere la Palabra, que debo decirle a la comunidad?

La Iglesia en Latino América durante la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano (CELAM) celebrada hace cincuenta años en Medellín distinguió un método teológico propio, que tiene sus fundamentos bíblicos.

El Apóstol San Juan, es invitado a ver. Hoy hay que ver la realidad, de nuestros pueblos sumidos entre los desafíos pastorales que interpelan nuestra fe; frente a la violencia, miseria, corrupción… hay que discernir los signos de los tiempos.

Quien ve, debe hacerlo con una mirada de fe, es decir,  juzgar con criterios  de fe. Para creer que esa realidad es transformadora, Juan se encuentra exiliado en la Isla de Patmos, es invitado a ver, contemplar con ojos de fe; para juzgar con la mirada del Señor, los acontecimientos que suceden en su tiempo. Solo quien ve, juzga con ojos de fe y cree que la realidad por muy contradictoria que sea, contiene un ver que transforma dicha realidad con esperanza y caridad.
 
Finalmente, el evangelista, una vez que ve la realidad, cree, porque sus ojos se iluminan con la fe en el Jesús Crucificado y Resucitado; puede entonces, dar el tercer paso: escribir, es decir, actuar, según el método teológico latinoamericano.

4.  ¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión?

Dice la misma Escritura “Lo escrito, escrito está” (Cfr. Mt 4,4; 21,13), como una forma de ratificar un compromiso, que se hace perenne en el tiempo. Quien escribe ha pasado por una experiencia de fe que ha interpelado su existencia. Cuando se pone por escrito el pensamiento, se fija la idea y se concretiza en el tiempo y el espacio. Cuando se escribe la experiencia se vuelve perenne y se eterniza el tiempo.

Latino América después de quinientos años entre descubrimiento, conquista y evangelización, ha puesto por escrito la experiencia de Dios que peregrina en este continente; y esa historia se vuelve historia de salvación cuando se ve con los ojos de la fe y se juzga a partir de criterios del Magisterio eclesial que ayuda a discernir los signos de los tiempos. Es un recuerdo vivo (anamnesis) que se vuelve la memoria viva de un acontecimiento que cambia la historia y transforma al ser humano. Leíamos en el Salmo 118 “Da Yahveh, Dios, da la salvación, da Yahveh Dios el éxito, Yahveh Dios nos ilumina”. En la Eucaristía es el Hosanna, Dios bendice a su pueblo, y actualiza el memorial de la Nueva alianza.

Poner el pensamiento, la experiencia por escrito no solo testimonia la verdad  de Jesucristo Crucificado y Resucitado; sino que se transmite y conserva esta verdad; y se sucede en la historia de salvación, una infinidad de interpretaciones personales y comunitarias que transforman la vida, a partir del acontecimiento de Cristo Crucificado y Resucitado que penetra las almas y transforma las historias de los pueblos. Jesucristo es el acontecimiento liberador y transformador que nos permite leer la historia con otros ojos, juzgarla con criterios evangélicos y señalar caminos que nos permiten actualizar y vivir Las Sagradas Escrituras.

Cada persona miembro de una comunidad está llamada a ver los signos y prodigios de Cristo muerto y resucitado en su vida y en su historia. A confiar, creyendo para tener vida en su nombre, pero también, como persona y comunidad escribir los prodigios y acciones de Cristo Muerto y resucitado en su propia vida.

Las interpretaciones hermenéuticas permiten que la infinitud de lecturas de cómo Jesús crucificado y resucitado ha transformado sus vidas, son una muestra del poder de Dios en Cristo transformando las vidas y las historias de los pueblos y ratifica la experiencia con los ojos de fe que viven los Apóstoles. Así, como Tomás, permite una lectura creyente, que favorece la bienaventuranza en el tiempo y el espacio traspasa el umbral de las tinieblas y de la increencia, se vuelve testigo del Crucificado resucitado.

RECOMENDACIONES PRÁCTICAS:
1.  Por ser un día en el que se privilegia la Misericordia, sería bueno colocar en lugar visible las obras de misericordia, junto a ellas un mensaje que diga: Si queremos la paz practiquemos la misericordia.
2.  Se sugiere llevar en Alto la Palaba de Dios en la procesión de entrada, como la Palabra Escrita que testifica la Acción del Espíritu Santo y de los Apóstoles que pusieron por escrito la experiencia de la Resurrección.
3.  Seguir el Prefacio Pascua I: «El Misterio Pascual», con la parte propia:
«en este día glorioso». Convendría seguir el Canon Romano o Plegaria Eucarística I, con las partes propias que contiene.
4.  Tener presente que para la Bendición final de la Misa se puede usar la fórmula solemne de la Vigilia Pascual, Misal, pág. 219.
Para despedir al pueblo se agrega el doble Aleluya.
Con las segundas Vísperas de este domingo termina la Octava de pascua.
5.  Desde el Papa san Juan Pablo II ha tomado fuerza el segundo domingo con especial énfasis en Jesús de la Misericordia. Si se tiene la imagen, se recomienda exponerla en el templo, y si se ve oportuno, explicar su sentido desde la orientación pascual del costado de Cristo, del que brota sangre y agua como los signos sacramentales que fundan la Iglesia en el Bautismo y la Eucaristía.

Posted by editorCEC1