"¿Con qué podemos comparar el reino de Dios?"

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DECIMOPRIMER DOMINGO
DEL TIEMPO ORDINARIO
Junio 13 de 2021

Primera lectura: Ez 17,22-24
Salmo: Sal 92(91),2-3.13-14.15-16 (R. cf. Ez 17,24)
Segunda lectura: 2Co 5,6-10
Evangelio: Mc 4,26-34

I.   Orientaciones para la Predicación

Introducción
Para una mejor comprensión de las lecturas y su engranaje con el Año Litúrgico, es necesario hacer un acercamiento a este momento. Nos encontramos en la segunda parte del Tiempo Ordinario, que ha iniciado después de Pascua, pero que si bien vivimos en el transcurso de entresemana no es así en el recorrido dominical, que ha estado marcado por la recurrencia de grandes fiestas o Solemnidades del misterio cristiano. Concluimos la Pascua con Pentecostés, luego la Solemnidad de la Santísima Trinidad (30 de mayo), el Corpus Christi (junio 6); y esta semana que ha finalizado también nos ha llevado por los mismos senderos: El jueves, Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote; el viernes, el Sagrado Corazón de Jesús; el sábado, el Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María. Una serie de eventos extraordinarios que marcan el devenir del Año litúrgico y evidencian el Reino de Dios. 

En el Tiempo Ordinario “no se celebra ningún aspecto particular del misterio de Cristo, más bien este misterio se vive en toda su plenitud, particularmente los domingos” (Normas universales sobre el Año Litúrgico y su calendario, n.43). Así podemos proponer tres temas de reflexión y oración: 

•  El valor del domingo para celebrar el misterio de Cristo en plenitud desde la Palabra de Dios y la sacramentalidad;
•  El valor de las parábolas en la transmisión del mensaje de Jesucristo; 
•  Algunas imágenes del Reino de Dios y las actitudes propias ante el Reino.  

1.  Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
El profeta Ezequiel vive en el momento crítico de la destrucción de Jerusalén y el exilio del pueblo en Babilonia; y se caracteriza por infundir esperanza frente a la grave crisis y dominio de los reinos circunvecinos que han sometido y destruido la ciudad de Jerusalén. En la primera parte de su libro anuncia una serie de oráculos contra Jerusalén invitando a la madurez personal frente al silencio de Dios a través de diversas imágenes. El profeta se hace defensor de la responsabilidad personal. Los versículos proclamados, son un poema que anuncia la restauración futura con características de una “era mesiánica”, que es obra de Dios. Así este texto, desde el mensaje global del libro de Ezequiel, es un llamado a la confianza, a la responsabilidad persona, y a la esperanza en un futuro marcado por la acción de Dios. 

El salmo 92 (91). Es un oráculo de salvación, que en su globalidad enseña que la confianza en Dios no debe basarse en las manifestaciones maravillosas o potentes, sino en una confianza por encima de esas esperanzas, pues Dios actúa de una forma discreta, casi secreta, pero firme, continua, evidentemente eficaz.
 
La segunda lectura es la conclusión de la sección en la que Pablo se ha preguntado sobre el misterio de la vida más allá del sentido material, en efecto, el apóstol ha abordado la reflexión sobre el desenlace de la vida del creyente (4,16 – 5,10). Para abordar esta reflexión ha usado imágenes como la “tienda de campaña”, “casa” y “vestidos”, con ellas manifiesta la transitoriedad de la vida y una esperanza en algo más firme y definitivo que llega de las mismas manos de Dios. Concluye la sección (5, 6-10) colocando de relieve la confianza en Dios que lleva a vivir el presente de una manera particular en miras a los acontecimientos que seguirán en la configuración del Reino después de la muerte: Premio o castigo; esto exige una responsabilidad personal, en la que se viva el presente procurando agradar a Dios en todo. 

En san Marcos 4, 1-34, encontramos las enseñanzas de Jesús en parábolas; de las cuales se han escuchado dos: el grano que crece por sí mismo y el grano de mostaza, que surgen como una enseñanza sobre el Reino, pues Jesús las introduce con “el Reino de Dios se parece…” (v. 26), “¿Con qué compararemos el Reino de Dios?” (v. 30). Las dos parábolas abordadas, manifiestan que el Reino es un misterio que crece mediante la acción del hombre y de Dios. El Reino choca con dificultades, pero al mismo tiempo posee una fuerza propia, inmanente, que le garantiza el éxito final. Aunque el hombre no sepa cómo el Reino crece silenciosamente y su éxito depende de Dios. El hombre debe realizar lo que le corresponde y aguardar con confianza y esperanza. 

A las parábolas le sigue la conclusión sobre las enseñanzas en parábolas (vv. 33-34). De ellas se recalca que Jesús usaba las “imágenes” que le ofrecían las narraciones parabólicas según la posible comprensión de los destinatarios, pero, al mismo tiempo, algo queda en el misterio de lo incomprensible y por ello a los suyos, a los discípulos “se los explicaba todo en privado”.  

Las imágenes del Reino
Ninguna parábola, ni imagen, es lo suficientemente integral para hablar del Reino, es tan rico y amplio este tema que se necesitan una larga lista de parábolas o imágenes mediante las cuales se puedan manifestar las características del Reino. La Lumen Gentium desarrolla esta mirada sobre las varias figuras bíblicas del Reino o de la Iglesia en el numeral 6. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento para transmitirnos esta revelación han hecho uso de diversas imágenes; las lecturas de este domingo nos llevan a algunas de ellas. 

El Reino se compara expresamente con una semilla cualquiera, pero también con la semilla de mostaza, esta planta se encontraba en Israel, en estado silvestre y también en cultivos. La semilla parece una acción insignificante, pero desemboca en la construcción del Reino, “crece y produce fruto”, “se hace arbusto y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar en su sombra” (Cf. Mc 4, 26-32). El Reino se parece en su dinámica a la mostaza en Palestina, crece silvestre y en cultivos, se nota la acción de Dios y del hombre. 

Las semillas no son las únicas imágenes en las lecturas. Tenemos en el salmo y la primera lectura la imagen del cedro, de la palmera. Se habla de cedros, pero de manera concreta del cedro del Líbano; para la tradición bíblica es el más hermoso y majestuoso de los árboles. Crece lentamente, llega hasta los 30 metros, alcanza edad muy longeva, por ello es símbolo de grandeza y poder; su madera se apreciaba para construir moradas nobles como el Templo o palacios de reyes. El otro árbol hermoso es la palmera, sus ramas protegen del sol y de las inclemencias del clima, sus frutos alimentan al hombre; su firmeza y belleza es símbolo del justo (Salmo 92,13). 

2.  Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?

Dios se construye un Reino 
Las imágenes abordadas en las lecturas manifiestan algunas características del Reino de Dios. Todo acontece en el silencio de Dios, no hay que caer en la tentación de lo espectacular, ese no es el camino ordinario de la manifestación de Dios. Aunque las parábolas e imágenes no nos den una visión completa del Reino, el creyente ha de plantearse algunas que le ayuden a captar el sentido de los textos. ¿Qué es el Reino de Dios? ¿Quién es el Reino de Dios? ¿Qué significa que el Reino sea de Dios? 

El Reino es un misterio, crece secretamente y tiene asegurado su éxito, en su implantación confluyen el trabajo del hombre y la acción silenciosa de Dios; pues el Reino es suyo, es su propiedad, es totalmente diferente a cualquier otro reino. Ello hace que su naturaleza sea noble, como la del cedro, hace visible la grandeza y poder de Dios, manifiesta con grandeza y belleza todo su esplendor. El Reino pide una vida de Justos. 

El justo – creyente y el Reino 
Lo primero es preguntarnos ¿Qué actitudes debe vivir el creyente para decir que está en el Reino de Dios? Daremos una respuesta a la luz de la segunda lectura de hoy. Esta lectura pareciera respondernos que quien vive en el Reino de Dios debe vivir de una manera noble y distinta, caracterizada por algunos valores: 

*  Plena confianza en Dios, aun en medio de los silencios divinos, Dios siempre está de nuestra parte, a nuestro favor. 
*  Guiados por la fe. El hombre del Reino vive iluminado e impulsado por la fe, este es el gran valor del Reino. 
*  Su preferencia: Vivir en todo momento con el Señor y procurar agradarle, en lo pequeño o poco que hagamos siempre buscar agradar a Dios. 
*  Responsabilidad personal, asumir de forma responsable la vida, no escudarnos en pecados intergeneracionales o de lastres del pasado, pues cada uno tendrá que comparecer ante el tribunal de Dios para recibir premio o castigo. 
*  Esperanza en la vida eterna. No vivimos en el Reino para que nos vaya bien económica, laboral, sentimentalmente… en esta vida, sino que la esperanza está en vivir con Dios eternamente. La vida eterna es la fuerza misteriosa que jalona la esperanza en Dios. 

3.  Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?
Te damos gracias, Señor por darnos a conocer un poco el misterio del Reino, el cual hemos vivido a lo largo de nuestra historia, concédenos la gracia de ver lo grande y majestuoso que es tu Reino a pesar de nuestro pecado e ingratitud; haz que valorando el misterio del Reino nos preocupemos de ayudarlo a construir colocando nuestro esfuerzo para que otros lo conozcan y juntos vivamos como justos que colocamos todo en las manos de Dios.  

II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles 
 
Monición introductoria de la Misa
El encuentro de la comunidad creyente para celebrar la Eucaristía nos recuerda el valor del Reino y nuestro compromiso de dar todo para hacerlo cada día más visible y mejor. Todos somos como aves que venimos a anidarnos, alimentarnos y protegernos bajo las frondosas ramas de este arbusto que es la Iglesia. Participemos pues con fe, confianza y devoción en este encuentro con nuestro Dios.  

Monición a la Liturgia de la Palabra 
La Palabra de Dios nos sorprende, cada día, con su sencillez, para que podamos entender aquello que Dios nos quiere revelar; sin embargo, muchas veces su significado se nos escapa y no lo logramos comprender. Necesitamos entrar en amistad con Jesús para que, como hacía con sus discípulos, también a nosotros hoy, nos lo explique todo en privado. Ya estamos aquí, en la intimidad de la celebración, escuchemos pues con atención qué nos va a hablar Dios.
 
Oración Universal o de los Fieles 
 Presidente: Padre bueno, Señor del Reino, con la certeza que vivimos guiados por la fe y con la confianza de hijos te presentamos nuestras necesidades para recibir de ti las bendiciones necesarias para la construcción de tu Reino.

Digamos juntos:

R. Bendice tu Reino Señor

1.  Que tu Iglesia, extendida por todo el mundo, sea signo de tu majestad y poder, que los que aún no te conocen encuentren el camino de la conversión y la fe. 

2.  Que los dirigentes de los pueblos, en sus vivencias cotidianas, descubran la presencia silenciosa de Dios, y con su responsabilidad personal, ayuden a construir los caminos de la paz, el perdón, la reconciliación y el desarrollo de nuestros pueblos. 

3.  Que la humanidad entera, especialmente los más vulnerables, en medio de estas graves crisis que ha causado la pandemia, todos aprendamos a vivir con confianza en la acción silenciosa de Dios y no perdamos la esperanza de un mañana mejor. 

4.  Que quienes nos alegramos de participar en esta Eucaristía, nos preocupemos de agradar al Señor en todo lo que hagamos y así nos comprometamos en la construcción del Reino de Dios. 
En un momento de silencio presentemos nuestras intenciones personales.

Oración conclusiva 
Señor, Dueño del Reino, 
nosotros tus hijos esperamos con confianza en tu acción, 
presentando todas estas súplicas y las que quedan en nuestro corazón.

Por Jesucristo Nuestro Señor. 

R. Amén.

Posted by editorCEC1