¿Cuáles son nuestros deberes para con el prójimo?

TRIGÉSIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
                           25 de octubre

 

Primera lectura:  Éx 22,20-26
Salmo: 18(17),2-3a.3bc-4.47+51ab (R. 2)
Segunda lectura: 1Ts 1,5c-10
Evangelio: Mt 22,34-40

I.   Orientaciones para la Predicación           

Introducción
•  ¿Cuáles son nuestros deberes para con el prójimo? (1L)
•  ¿Por qué es importante abandonar los ídolos para servir a Dios? (2L)
•  ¿Cuál es el mandamiento principal de la ley? (Ev)

1.  Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
Este domingo trigésimo del Tiempo Ordinario ofrece una línea de reflexión presentada en tres escenarios que llaman la atención:  San Mateo en su evangelio presenta la enseñanza de Jesús sobre el más importante de los mandamientos amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma con todo el ser. ("con todo el corazón": cita de Deuteronomio 6,5). Jesús añade que el segundo mandamiento es semejante: amar al prójimo como a uno mismo (Lv 19,18). A lo largo del año este pasaje (entre los tres sinópticos que lo reproducen) se lee hasta siete veces en las eucaristías dominicales y feriales.

Al acércanos al texto del libro del Éxodo, en la primera lectura vemos como en realidad el Señor confirma lo que ya había expresado el Antiguo Testamento. Escuchamos las prescripciones que se debían observar en relación con los extranjeros, con las viudas, los huérfanos y aquellos que se veían en la necesidad de pedir prestado o dejar objetos en prenda para poder obtener lo necesario para la vida.  Hoy escuchamos unas pocas normas, referentes a la justicia social, o sea, a nuestros deberes para con el prójimo: cómo tratar a los inmigrantes y forasteros, a los pobres y débiles.  Prepara así el libro del Éxodo lo que Jesús va a contestar sobre cuál es el mandamiento principal.

Y en la primera carta del apóstol Pablo a los Tesalonicenses la enseñanza es profunda y de inmensa actualidad: no se puede separar el amor a Dios, del amor al prójimo, porque el Señor es compasivo y se cuida de todas sus creaturas. El apóstol Pablo alaba la fe de aquella naciente Iglesia y comprueba que el crecimiento espiritual se debe, en primer lugar, a la potencia del Espíritu Santo. Los Tesalonicenses se han vuelto a Dios para servirlo, y viven aguardando la venida de Cristo a quien Dios resucitó de entre los muertos.

2.  Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?

En este segundo momento de la predicación orante, tengamos tres pensamientos:
No podemos olvidar lo esencial.  ¿Cuál es el mandamiento principal? Los judíos tenían centenares de preceptos: exactamente 365 "negativos" y 248 "positivos" (los primeros empiezan por "no…", y los otros por "debes..."). No es de extrañar. Toda sociedad organizada tiende a multiplicar con el tiempo sus leyes y normas. A muchos nuestra religión les puede parecer un poco complicada y difícil de entender.  Hoy necesitamos en la Iglesia concentrarnos en lo esencial para desprendernos de añadidos secundarios y quedarnos con lo importante: amar a Dios con todas nuestras fuerzas y querer a los demás como me quiero a mí mismo.

El amor lo es todo. Amar a Dios "con todo el corazón", o sea, ponerle a él por delante de todo lo demás, es el primer mandamiento: escuchar su Palabra, encontrarnos con él en la oración, amar lo que ama él, hacer nuestro proyecto de vida contando con él, lo que se nos pide en la vida es amar.  Ahí está la clave.  Lo esencial es vivir ante Dios y ante los demás en una actitud de amor... Pablo alaba a los de Tesalónica porque "abandonando los ídolos, se volvieron a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero". Es un aspecto que hemos de recordar todos, en medio de un mundo que tiende a privilegiar los horizontes meramente materialistas y hasta idolátricos.

La única tarea. Hacemos en la vida muchas cosas.  Nos movemos y agitamos buscando muchos objetivos.  Pero, ¿qué es lo verdaderamente importante? ¿qué es lo que tenemos que hacer para poder acertar?  Definitivamente Jesús lo resumió todo en el amor.  Todo se reduce a vivir el amor de Dios y el amor a los hermanos.  Según Jesús, de aquí se deriva todo lo demás.

San Agustín tiene un texto admirable que comenta el evangelio de hoy:
“El amor de Dios es el primero como mandamiento, pero el amor al prójimo es el primero como actuación práctica. Aquel que te da el mandamiento del amor en estos dos preceptos, no te enseña primero el amor al prójimo, y después el amor a Dios, sino viceversa. Pero como a Dios no lo vemos todavía, amando al prójimo tú adquieres el mérito para verlo; amando al prójimo tú purificas tu ojo para ver a Dios, como lo afirma san Juan: “Si no amas al hermano que ves, ¿cómo podrás amar a Dios a quien no ves? (Cf. 1 Jn 4, 20). Si sintiendo la exhortación para amar a Dios, tú me dijeses: “muéstrame a aquel que debo amar”, yo no podría responderte sino con las palabras de san Juan: “Ninguno jamás ha visto a Dios” (Cf. Jn 1,8). Pero para que tú no te creas excluido totalmente de la posibilidad de ver a Dios, el mismo Juan dice: “Dios es amor. Quien permanece en el amor permanece en Dios” (1 Jn 4, 16). Tú, por lo tanto, ama al prójimo y mirando dentro de ti donde nazca este amor, en cuanto te es posible, verás a Dios”. San Agustín. Tratado sobre san Juan Tratt. 17, 7-9.

3.  Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?
Al final del día la Iglesia hace el rezo de completas y en ella se realiza un breve examen de conciencia en el que nos debemos preguntar ¿he amado?, ¿o bien me he buscado a mí mismo, he pensado solo en mis intereses, y he tratado con indiferencia al prójimo? Esto vale para el ambiente de una familia o el de una comunidad religiosa o el de una comunidad parroquial o también el de la sociedad en la que vivimos. El mandamiento del amor es una de esas consignas de Jesús a sus seguidores que, si nos la creyéramos de veras y la pusiéramos en práctica, cambiaría el mundo como con un fermento activo.

A propósito de este tema el Papa Francisco nos dice:“La señal visible que el cristiano puede mostrar para testimoniar el amor de Dios al mundo y a los demás, a su familia, es el amor por los hermanos. El mandamiento del amor a Dios y al prójimo es el primero no porque está encima del elenco de los mandamientos. Jesús no lo coloca en el vértice, sino al centro, porque es el corazón desde el cual debe partir todo y hacia donde todo debe regresar y servir de referencia. Ya en el Antiguo Testamento la exigencia de ser santos, a imagen de Dios que es santo, comprendía también el deber de ocuparse de las personas más débiles como el forastero, el huérfano, la viuda... A este punto, a la luz de esta palabra de Jesús, el amor es la medida de la fe, y la fe es el alma del amor. No podemos separar más la vida religiosa, de piedad, del servicio a los hermanos, de aquellos hermanos concretos que encontramos.

No podemos dividir más la oración, el encuentro con Dios en los Sacramentos, de la escucha del otro, de la cercanía a su vida, especialmente a sus heridas. Acuérdense de esto: el amor es la medida de la fe. Tú ¿cuánto amas?... Jesús abre un claro que permite ver dos rostros: el rostro del Padre y aquel del hermano... Y deberíamos preguntarnos, cuando encontramos a uno de estos hermanos, si somos capaces de reconocer el rostro de Cristo en él: ¿somos capaces de esto?”. (Ángelus, 26 de octubre de 2014).

II.   Moniciones y Oración Universal o de los Fieles

Monición introductoria de la Misa
Queridos hermanos, cada celebración de la eucaristía es un rayo de ese sol sin ocaso, que es Jesús resucitado. Dispongamos todo nuestro ser para participar en la misa dominical que significa entrar en la victoria del Resucitado.

Monición a la Liturgia de la Palabra
La Palabra de Dios, expuesta continuamente en la liturgia, es siempre viva y eficaz por el poder del Espíritu Santo, y manifiesta el amor del Padre.  Escuchemos con atención.

Oración Universal o de los Fieles
Presidente:
Como Iglesia, reunidos en torno a Jesucristo, supliquemos al Padre y entreguémosle las necesidades de nuestros hermanos, los hombres, diciendo:

R. Padre bueno, escúchanos

1.  Para que la Iglesia ejerza su misión pastoral con espíritu de servicio y entrega. Oremos al Señor.
2.  Para que los gobernantes sean siempre fermento de amor y busquen vivir el mandamiento principal. Oremos al Señor.
3.  Para que en el corazón de todos los hombres crezcan siempre sentimientos de paz, de justicia, solidaridad y amor a los hermanos. Oremos al Señor.
4.  Para que los enfermos especialmente los agonizantes, encuentren consuelo en tu cruz que es signo de esperanza y de fe. Oremos al Señor.
5.  Para que siempre fortalezcamos el deseo de crecer en el conocimiento y el amor a Jesucristo. Oremos al Señor.

En un momento de silencio presentemos al Padre nuestras intenciones personales

Oración conclusiva
Escucha, Padre,
nuestras humildes oraciones.
Tú que eres la fuente de toda gracia y bondad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

Posted by editorCEC1