“La bondad de Dios no tiene fronteras y no discrimina a nadie"

VIGÉSIMOCTAVO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO [1]
11 de octubre

Primera lectura:  Is 25,6-10a 
Salmo: 23(22),1-3a.3b-4.5.6 (R. cf. 5a)
Segunda lectura: Flp 4,12-14.19-20
Evangelio: Mt 22,1-14

I.  Orientaciones para la Predicación

Introducción

•  Todos estamos invitados a participar del gran banquete que Dios ha preparado para todas las naciones.
•  La salvación es para toda la humanidad.
•  Para participar de ese gran banquete es necesario tener el traje adecuado, es decir, estar en comunión con el Señor.

1.  Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
El profeta Isaías describe de modo simbólico un gran banquete que se realiza sobre la montaña de Sion, por lo que todo el universo es invitado a participar de este festín que se ofrece de modo gratuito. Los grandes banquetes se celebraban con un motivo muy especial, por lo que la gran ocasión que menciona Isaías es la salvación que Dios ofrece a todos los pueblos y naciones, por ello, se habla de exceso de comidas y manjares para que todos queden saciados, mostrando con ello que Dios nos otorga sus dones en abundancia. El banquete se realiza sobre la montaña para mostrar que es el lugar del encuentro con Dios y destacar la trascendencia, ya que Dios es quien ofrece el banquete e invita a todos a participar de la mesa de la salvación. El profeta anuncia que habrá abundancia de vinos, lo que significa dos cosas: por un lado, la alegría y, por otro, la llegada de los tiempos mesiánicos; por lo que todo se presenta en ambiente de fiesta, se elimina la tristeza y el dolor, y solamente quienes participen del festín podrán superar el duelo y las lágrimas. 

El llamado a la participación en el banquete, que presenta el Evangelio, es para todos, aunque inicialmente sea dirigido a un grupo particular, en un segundo momento, se extiende a todos los que se encuentran en los cruces de los caminos. Es decir, en primer lugar, la llamada se dirigió al pueblo judío y debido al rechazo de la invitación, se hace un segundo llamado para todos los pueblos y así se manifiesta la universalidad de la salvación. El texto del Evangelio está presentado en clave de alianza y por eso, se habla de las bodas del hijo del rey en la que Dios hace alianza con su pueblo, pero respeta la aceptación o el rechazo de parte de todos, ya que la salvación se ofrece, pero no se impone a nadie, pues Dios siempre respeta la libertad del hombre y una muestra de esto, es el rechazo que se hace del primer llamado y la buena voluntad de participar en el banquete de los segundos invitados. 

El vestido juega un papel importante en la parábola, ya que es condición indispensable que los invitados lo tengan puesto para participar en el banquete. Tiene muchos significados, entre ellos que se resalta la dignidad de la persona, la gracia y la fe. Pero aquí lo tomamos como símbolo de la comunión, ya que estar todos vestidos del modo adecuado representa la unidad en medio de la diversidad de los invitados y se asemeja a la comunión para poder participar dignamente del banquete. La comunión con Cristo es necesaria para poder recibir la salvación que nos ofrece, en este sentido se aplica la invitación de San Pablo a revestirse de Cristo (Gal. 3, 26-27). Así se deja el hombre viejo y nos revestimos del hombre nuevo por medio del sacramento del bautismo. Tener el traje adecuado indica la disponibilidad para la participación en el banquete que el Señor nos ofrece.
 
2.  Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?
Dios prepara un banquete para sus hijos, pero para participar de él nos pide tener algunas disposiciones que son necesarias:

•  Entrar en contacto con él y aceptar su invitación genera un ambiente de familiaridad y cercanía, ya que Dios siempre se nos adelanta y dispone todo para que sintamos que es un Padre bueno que cuida de sus hijos y busca su salvación.

•  Una alegría desbordante, pues la salvación es motivo de gozo. La abundancia del vino en la Biblia indica la llegada de los tiempos mesiánicos que cambia la tristeza en alegría y el llanto lo transforma en gozo, ya que la intervención de Dios siempre se da en favor del hombre.

•  Vestir el traje adecuado para participar del banquete es la condición para estar en comunión con el anfitrión de la fiesta. Dios nos pide estar en armonía con él, pues la salvación es una oferta que se le hace al hombre y depende de su disponibilidad acogerla o rechazarla. El hombre manifiesta la comunión con Dios en la disposición interior para acoger los dones que se le ofrecen.

La invitación del Señor es para todos, ya que no excluye a nadie. Así nos lo recuerda el mismo Papa Francisco: 

“La bondad de Dios no tiene fronteras y no discrimina a nadie: por eso el banquete de los dones del Señor es universal, para todos. A todos se les da la posibilidad de responder a su invitación, a su llamada; nadie tiene el derecho de sentirse privilegiado o exigir una exclusiva. Todo esto nos induce a vencer la costumbre de situarnos cómodamente en el centro, como hacían los jefes de los sacerdotes y los fariseos. Esto no se debe hacer; debemos abrirnos a las periferias, reconociendo que también quien está al margen, incluso ese que es rechazado y despreciado por la sociedad es objeto de la generosidad de Dios. Todos estamos llamados a no reducir el Reino de Dios a las fronteras de la «iglesita» —nuestra «pequeña iglesita»— sino a dilatar la Iglesia a las dimensiones del Reino de Dios. Solamente hay una condición: vestir el traje de bodas, es decir, testimoniar la caridad hacia Dios y el prójimo” (SS. Francisco - Angelus, octubre 12 de 2014).

Vivamos con alegría esta celebración dominical y como familia congregados en torno al banquete de la Palabra y la eucaristía, participemos de la fiesta que el Señor ha preparado para todos.

3.  Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?
Señor, danos disponibilidad para acoger la invitación que nos hace y ser partícipes de su banquete; alegría, para contagiar del gozo de sentirnos salvados por el Señor; fidelidad para mantenernos en comunión con el Señor y llevar con dignidad el vestido de la gracia bautismal.

II.  Moniciones y Oración Universal o de los Fieles

Monición introductoria de la Misa
Con gozo en el corazón nos acercamos al banquete que el Señor ha preparado para nosotros en este día de fiesta, por eso nos reunimos en torno al altar para presentar nuestra vida y el fruto de nuestro trabajo diario, con el deseo de permanecer unidos a Cristo que hoy se nos ofrece como alimento único y verdadero. Dispongámonos a participemos con fe en esta celebración.

Monición a la Liturgia de la Palabra
La Palabra de Dios nos recuerda que Dios nos prepara un banquete y espera a que le respondamos con generosidad mediante nuestra participación y el uso del traje adecuado para la fiesta. El apóstol Pablo nos recuerda que el cristiano no está solo frente a las dificultades, pues todo es posible en Cristo que nos fortalece. Escuchemos con fe y alegría la Palabra de Dios.

Oración Universal o de los Fieles

Presidente: A Dios Padre de bondad, elevemos nuestras suplicas unidos a la oración de toda la Iglesia. Digamos con fe:

R.  Dios de amor, escúchanos

1.  Para que la Iglesia se renueve constantemente a la luz del Evangelio y consolide nuevos vínculos de unidad entre los pueblos. Oremos 
2.  Para que los gobernantes encuentren caminos que busquen fomentar la fraternidad, la justicia y la reconciliación entre los miembros de sus comunidades. Oremos
3.  Para que la familia como Iglesia doméstica crezca en el amor, el diálogo y el respeto. Oremos
4.  Para que los enfermos y quienes padecen en el cuerpo o en el espíritu se fortalezcan en la fe y reciban paz y consuelo en sus dificultades. Oremos
5.  Para que nuestra comunidad cristiana se revista de la fuerza del Espíritu y participe con dignidad del banquete de la mesa del Señor. 

Oremos
En un momento de silencio presentemos nuestras intenciones personales.

Oración conclusiva
Padre bueno y misericordioso
acoge favorable las súplicas
que te dirigimos con fe y esperanza
Por Jesucristo Nuestro Señor.

R. Amén.

[1] Elaborado por el Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano (SPEC) y Coordinado por el Dpto. de Liturgia. (2020). Predicación Orante de la Palabra, II. Santísima Trinidad a Cristo Rey, Ciclo A.[1] Elaborado por el Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano (SPEC) y Coordinado por el Dpto. de Liturgia. (2020). Predicación Orante de la Palabra, II. Santísima Trinidad a Cristo Rey, Ciclo A.

Posted by editorCEC1