“Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré”

Predicación Orante de la Palabra 
DECIMOCUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Primera lectura:  Za 9,9-10
Salmo: 145(144),1-2.8-9.10-11.13cd-14 (R. 20[19],7)
Segunda lectura: Rm 8,9.11-13
Evangelio: Mt 11,25-30

I.  Orientaciones para la Predicación

Introducción
El profeta Zacarías, anunciaba desde antiguo que el Mesías de Israel llegaría lleno de humildad y que sus obras estarían orientadas a la vida y la reconciliación. Esto se cumple claramente en la persona de Jesús de Nazaret, quien da a conocer al Padre, y por quien los pobres, y en ellos todos los hombres, tienen la posibilidad de conocer al Padre. Pero, para pertenecer al Reino, es indispensable poseer actitudes fundamentales que identifiquen a sus miembros. Así, en efecto, la Palabra de este domingo invita a ser pobres y humildes siguiendo a Jesús, para que, de este modo, se ejercite el desprendimiento y la sencillez; dichas actitudes no son privilegios ni condiciones que unos tienen y otros no, es, más bien, una vocación que todo hombre debe pretender y aprender.

En su enseñanza continua sobre las características de la vida comunitaria el Evangelio de San Mateo coloca, este domingo, delante de nuestros ojos, una de las páginas más bellas y significativas al Reino de Dios al se entra por la puerta de la pequeñez y apertura constantes.

Como se ha dicho, se trata de una página realmente fundamental de la Iglesia, tal como san Mateo la presenta, básicamente por dos razones:
•  Ante la condición de ser humildes para colocarse en el camino del plan de Dios, es necesario dejar todas aquellas actitudes que destruyen desde dentro el ideal cristiano: autosuficiencia, rivalidad, falso conocimiento de la voluntad de Dios, etc.
•   Se invita a encarnar la condición de pobreza que se traduce en disponerse a vivir con y en Dios.

1.  Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? 
En la Palabra que se nos ha ofrecido en el evangelio de hoy, Jesús ora al Padre diciendo: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a los pequeños”. Dios, en efecto, ha desvelado su secreto, pero los sabios según el mundo ni quieren ni saben cómo entender. Sólo a todos los que en el mundo han sido sencillos, sólo a ellos les ha querido revelar Dios sus secretos, porque “así le ha parecido bien” …

Cuantas veces en el mundo actual escuchamos expresiones como ¡qué cansado, agobiado estoy! y se busca el descanso donde no se encuentra realmente. Solo en Dios se encuentra el auténtico descanso: “vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré… y encontrarán descanso”, éstos, no suelen coincidir con aquellos a quienes el Padre “esconde” su secreto.

Sólo los sencillos en su corazón y en su vida, podían entender las palabras de Jesús. Porque sólo ellos se sabían excedidos por tanto cansancios y tanto agobio. Sin sentir vergüenza de su limitación, sin tener que maquillarla y disfrazarla, eran pobres, sin poder, sin saber, sin tener. Los que sabían, podían y tenían, ellos se pagaban a sí mismos…

Nosotros, dos mil años después, somos herederos y continuadores del secreto de Dios, ese que quita cansancios, seca lágrimas, calma agobios, rompe cadenas, abre esperanzas, y todo lo llena de un buen olor de Buena Nueva. Estos son sus gestos y su lenguaje. Quiera el Señor que los sencillos de hoy, los pobres de nuestra tierra, puedan tener acceso al corazón de Cristo manso y humilde, al amor de Dios Padre que se nos ha revelado en el Hijo.

2.  Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? 
Igualmente, en el Evangelio Jesús nos enseña cuando nos dice «Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré» Esta invitación de Jesús se extiende hasta nuestros días, para llegar a muchos hermanos y hermanas oprimidos por precarias condiciones de vida, por situaciones existenciales difíciles y a veces privados de válidos puntos de referencia. Así comenta el Papa Francisco, en los países más pobres, pero también en las periferias de los países más ricos, se encuentran muchas personas cansadas y agobiadas bajo el peso insoportable del abandono y la indiferencia.

No es fácil para los cristianos vivir según los principios y las virtudes inspiradas por Jesús. En efecto, dice el Papa Francisco:
«No es fácil, pero es posible, basta con contemplar a Jesús sufriente y la humanidad sufriente» y vivir «una vida escondida en Dios con Jesús». «Sólo contemplando la humanidad sufriente de Jesús podemos hacernos mansos, humildes, tiernos como Él. No hay otro camino». Ciertamente tendremos que hacer el esfuerzo de «buscar a Jesús; pensar en su pasión, en cuánto sufrió; pensar en su silencio manso». Este será nuestro esfuerzo, después «de lo demás se encarga Él, y hará todo lo que falta. Pero tú debes hacer esto: esconder tu vida en Dios con Cristo».
 
Para ser buenos cristianos y tener buenas disposiciones para acoger los secreteos del Reino de Dios, es necesario contemplar siempre la humanidad de Jesús, su humanidad sufriente. Así, una vez más, dice el Papa Francisco «¿Para dar testimonio? contempla a Jesús. ¿Para perdonar? contempla a Jesús sufriente. ¿Para no odiar al prójimo? contempla a Jesús sufriente. ¿Para no murmurar contra el prójimo? contempla a Jesús sufriente. No hay otro camino».
 
Estas virtudes son las mismas del Padre, «que es bueno, manso y magnánimo, que nos perdona siempre». No es fácil, pero es posible.
3.  Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?
Finalmente, del Evangelio Jesús también nos enseña: “…Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón”. Con dulzura se educa, con dulzura se enseña, con dulzura se inculca la virtud, se consigue la enmienda, se gobierna bien, se hace todo lo bueno.

Si preferimos la tosquedad, la sequedad, la impaciencia, la brusquedad… ¿no será porqué nos resulta más cómodo, más fácil…?, porqué buscamos nuestra propia satisfacción más que el bien del prójimo? 

¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?

“Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré” ¿Quién no está lleno de trabajos y cargado de miserias?

¿Te quejas de ello como de un mal sin remedio? ¿Por qué? Porque no acudes a Cristo. ¿Cómo padecer tanto teniendo tan a mano el remedio?

II.  Moniciones y Oración Universal o de los Fieles

Monición introductoria de la Misa
Como cada domingo, nos reunimos para escuchar y proclamar la Palabra del Señor, que nos ha convocado a la celebración del misterio de Cristo muerto y resucitado. Demos gracias a Dios por este encuentro dominical que nos concede cada semana, y pongamos en sus manos nuestra vida, con sus dolores y alegrías, los fracasos y los éxitos y, con un solo corazón, unámoslos al Sacrificio de Jesús. Participemos con fe y alegría.

Monición a la Liturgia de la Palabra
Hoy en la Palabra reconocemos a Jesús, que muestra los sentimientos de su alma hablándonos de su especial relación con el Padre y de su profundo deseo de abrazarnos con nuestras debilidades y flaquezas. Escuchemos atentamente tomando conciencia de que mi debilidad es la puerta hacia la gentil misericordia del Señor.

Oración Universal o de los Fieles
Presidente: Llenos de confianza en el Señor, y esperando en su misericordia, le presentamos nuestras oraciones por la Iglesia y por el mundo entero, supliquemos con fe diciendo:

R.  Padre de amor, óyenos
1.  Por la Iglesia que ha recibido el encargo de anunciar la Palabra de Dios; para que, fiel al mensaje, sepa presentarlo a todos con un lenguaje adecuado a cada tiempo y lugar. Roguemos al Señor.
2.  Por nuestras autoridades civiles; para que trabajen a fin de que en nuestro país reinen el respeto, la solidaridad, y perseverancia en el bien común. Roguemos al Señor.
3.  Por las familias; para que eduquen a sus hijos en los valores del Evangelio y para que de ellas surjan nuevas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Roguemos al Señor.
4.  Por los gobernantes de las naciones para que procuren el bienestar de quienes, a causa de la epidemia que vivimos, están necesitados, enfermos, desahuciados, moribundos y ofrezcan atención digna a cada uno de ellos. Roguemos al Señor.
5.  Por nosotros, aquí reunidos; para que escuchemos la Palabra de Dios, la meditemos en nuestro corazón, y así incida en nuestra vida. Roguemos al Señor.

En un momento de silencio presentemos nuestras intenciones personales…

Oración conclusiva
Escucha, oh, Padre, nuestras oraciones
que presentamos con humildad y fe,
por mediación de tu Hijo, Jesucristo.
Quien vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.


[1] Elaborado por el Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano (SPEC) y Coordinado por el Dpto. de Liturgia. (2020). Predicación Orante de la Palabra, II. Santísima Trinidad a Cristo Rey, Ciclo A.[1] Elaborado por el Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano (SPEC) y Coordinado por el Dpto. de Liturgia. (2020). Predicación Orante de la Palabra, II. Santísima Trinidad a Cristo Rey, Ciclo A.

 

Posted by editorCEC1