Amar es difícil y complejo; pero también es algo extraordinariamente liberador

Primera lectura: 1S 26, 2.7-9.12-13.22-23
Salmo: Sal 103(102), 1-2.3-4.8+10.12-13 (R. 8a)
Segunda lectura: 1Corintios 15,45-49 Evangelio: Lucas 6,27-38
 


De la Palabra de Dios que se nos ofrece en esta celebración dominical, encuentro con Dios Padre, como oración y vivencia, podemos reflexionar sobre estas ideas:

1º. El amor al prójimo, incluye al enemigo
2º. El respeto por la vida de las personas no importando su condición
3º. Misericordia y la compasión como criterios fundamentales en toda relación humana

1.   ¿Qué dice la Sagrada Escritura?

En las lecturas que la Iglesia propone este domingo es posible encontrar como punto central el acto y la experiencia de amar, pero no de cualquier manera. David decide no acabar con la vida del rey Saúl, no obstante que este lo persigue y lo quiere matar, pues reconoce que está ungido por el Señor, a pesar aunque de todos sus actos. Así muestra su deseo de justicia y confianza en Dios.

El Salmo nos recuerda las características y modos que tiene Dios al amar.     En efecto, es misericordioso y compasivo, perdona y enseña a perdonar; nos libera de nuestros pecados y de la enfermedad que esto puede provocar en nuestras vidas.

La segunda lectura se refiere a nuestra condición humana y también divina, donde el Espíritu actúa asumiendo e incorporando todo aquello que implica la condición humana, no la deja de lado.
 
Por último, en el evangelio de Lucas, Jesús hace una invitación a amar de la manera profunda como Dios lo hace, incluyendo a quienes nos hacen daño, nos persiguen y no tienen cómo devolver lo que damos. Aquí se sintetiza toda la ley de Dios que va contra la ley del talión, de “ojo por ojo y diente por diente”. Jesús invita a salir de nuestro circulo de confort y, por tanto, a experimentar el modo que Dios tiene para amar, haciendo el bien al otro no esperando más recompensa que poder experimentar la libertad y confianza en Dios que ofrece la compasión y la misericordia.

2.  ¿Qué me dice la Sagrada Escritura?

Los textos de este domingo nos plantean la pregunta ¿Cómo amo?, ¿cómo me relaciono con las personas que me rodean? ¿soy testimonio del mensaje de Jesús? ¿Me aprovecho de las personas más débiles?, ¿soy comprensivo con aquellas personas con quienes más me cuesta relacionarme?, ¿soy capaz de perdonar a quienes me han hecho daño?, ¿amo a mi enemigo?

Amar a quienes nos han hecho daño es complejo, es difícil. Es más fácil, pareciera, juzgar y criticar a las demás personas, sus actitudes, ideas y acciones. Calificar a otras personas e incluso a nosotros mismos, comparando aquello que otros tienen y nosotros no. Qué fácil es no amarnos tal como somos y no amar a otras personas tal como ellas son.

Amar es difícil y complejo; pero también es algo extraordinariamente liberador y bello de experimentar. Es uno de los regalos más asombrosos que nos entrega Dios, ya que al amar es posible sentirnos como Él, porque Dios es amor.

Cuando Jesús habla de amar al enemigo o a quienes nos hacen mal, tiene que entenderse en relación a tratar a los demás como uno quiere que lo traten y eso puede verse reflejado en acciones concretas; no responder gritos con más gritos, golpes con más golpes, agresión con más agresión. Cada persona es capaz de romper con el círculo de la violencia. Ya con ese hecho se está incorporando el amor en los actos y modos de proceder.

Amar o desear amar como Dios, nos da la posibilidad de ser misericordiosos y compasivos, incluso, con el enemigo; nos permite vivir de una manera novedosa que rompe con los esquemas y modos que nos indica la sociedad, dando paso, así, a la libertad, rompiendo cadenas que nos atrapan a un pasado que no nos permite ser aquello a lo cual todos estamos llamados: ser seres fecundos y felices de vivir.
 
Tenemos que aspirar a amar con lo que somos y con aquello que tenemos, pero no debemos, por ningún motivo, ponerle límites al amor, eso sería limitar el actuar de Dios en nosotros y quitarle luz a nuestra vida. La oración del Padre Nuestro, nos ayuda día a día, a pedir esto, porque sabemos que el amor, es alimento. Y Jesús que se parte y comparte en la Eucaristía es el ejemplo más claro que el amor alimenta.

Amándonos a nosotros mismos y sabiéndonos amados por Dios, aprenderemos a amar y ser alimento para otras personas. Sólo de esa manera podremos comenzar procesos de perdón verdaderos, que nos permitirán enseñar a perdonar.

3.  ¿Qué me sugiere la Palabra que debo decirle a la comunidad?

Amar al enemigo no es una obligación para ser buenos católicos, dignos de ir a misa y recibir el cuerpo de Cristo, sino que es una invitación que hace Jesús para poder experimentar la libertad del corazón y sublimar el amor a su ejemplo.

Cuando una persona ha sido dañada, violentada, herida, la idea de amar al enemigo no es un asunto fácil. Pareciera una petición casi imposible e inhumana, la cual pudiera generar incluso más dolor y violencia. Sin embargo, Jesús no quiere eso para nosotros. El amar es vida y libertad, el rencor es muerte y prisión. Está en nosotros elegir aquel camino que nos hace ser personas libres, humanas y divinas, no por obligación, sino como acto autentico de libertad.

El papa Francisco nos recuerda que la Misericordia es una de las características que más representa a Dios, por tanto, la invitación es a experimentar el poder liberador que tiene el amor y que nos ofrece, no por medio de la abnegación     y la anulación personal sin respetar procesos y tiempos, sino por el contrario,   la misericordia, y “el misericordiar”, a lo cual nos invita el papa Francisco, nos permite ser pacientes en el proceso de aceptarnos más a nosotros y, por ende, a otras personas, aprendiendo a amar, en una sociedad en donde la publicidad, por medio del consumismo, nos enseña supuestamente, a cómo ser felices teniendo y viéndonos físicamente.

4.  ¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión?

El amar no implica, necesariamente, estar abrazando a todo el mundo regalando cosas y diciendo “te amo”. Amar es escuchar, comprender, pedir perdón, hacerse cariño, escuchar una música, dar un abrazo o simplemente no herir.
 
Jesús amó, porque dignificó siempre a quien se encontraba, por el sólo hecho de ser persona, no importando su credo, orientación, su origen, nacionalidad o pensamiento. El respeto hacia la otra persona, el ser misericordioso y compasivo implica dejar de lado los prejuicios y abrirse a lo que la otra persona me quiere decir. Salir de uno mismo y abrirse al misterio que es la otra persona implica creer en Dios y que su Espíritu actúa también en la otra persona, por muy diferente que esta sea.

Toda persona es un misterio y está “ungida por Dios” y cuando logro salir de mi propio mundo y me abro a la novedad que es la otra persona, no solo aprendo de ella y su verdad, sino que también aprendo algo nuevo de mí, tal como nos dice Jesús “Traten a los demás como quieran que los traten a ustedes”, si yo no respeto a los demás ¿cómo podré exigir ser respetado? Si aprendo a perdonar, también podré perdonarme, porque a pesar de amar, eso no me asegura que no dañaré.

RECOMENDACIONES PRÁCTICAS:

1.  Colombia es un país creyente y religioso, donde muchas personas han sufrido, producto del conflicto armado. Por tanto, aprovechar un espacio para poner ejemplos de situaciones de la comunidad que permiten liberarse por medio del amor, del perdón, pero como una invitación que hace Jesús y no una obligación para ser buenos católicos
2.  Resaltar la llamada “regla de oro” del evangelio “Traten a los demás, como quieren que ellos los traten”. Nos invita a ubicarnos en la dimensión de que el amor no se limita a excluir el mal, sino que implica un compromiso operativo para hacer el bien al prójimo.
3.  Se sugiere como fórmula de saludo inicial, en en consonancia con el evangelio del día: “El Señor, que dirige nuestros corazones para que amemos a Dios, esté con todos ustedes”, Misal, pág. 337.
4.  Podría seguirse el Prefación Dominical VI, “Prenda de nuestra pascua eterna”, Misal, pág. 388, por hacer mención de cómo experimentamos diariamente las pruebas cotidianas del amor de Dios; igualmente, la Plegaria Eucarística II.
5.  Como invitación a la oración del Padre nuestro, en consonancia también con el evangelio del día, puede decirse la tercera fórmula: “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con la gracia del Espíritu Santo que se nos ha dado, digamos con fe y esperanza”, Misal, pág. 463.

Posted by editorCEC1