Dios es familia y comunidad

La Palabra de Dios que ahora escucharemos nos revela a un Dios, que no es solitario, sino a un Dios familia y comunidad de Amor. Dejémonos transformar e irradiar por su palabra que nos da fuerza para ser sus testigos en el mundo.

Lecturas

Primera lectura: Éx 34,4b-6.8-9
Salmo Sal Dn 3,52ac.53a+54a.55a+56a (R. 52b)
Segunda lectura: 2Co 13,11-13
Evangelio: Jn 3,16-18

CONTEXTO BÍBLICO

1.1 ¿Qué dice la Sagrada Escritura?

Hoy viene a la memoria la historia del pueblo de Dios liberado de Egipto que llega a la meta: el Sinaí. En este texto (Ex. 34. 4b-6.8-9) se hace evidente la preocupación continua, solícita y amorosa de Dios por Israel su pueblo. Los Israelitas habían despreciado las promesas de Dios y en su corazón había anidado la infidelidad, adorando un ídolo (becerro de oro). Moisés había roto las tablas de la ley lleno de disgusto y una gran desilusión, sin embargo, no dejó de interceder ante el Señor a favor de su pueblo. Dios le invita a subir la montaña lugar de la manifestación de Dios. Allí, en medio de una nube, símbolo de la presencia divina, Dios se revela en términos de acción amorosa, él es “Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad.” Ex. 34,6.

El himno de alabanza en el libro de Daniel (3,52. 53. 54. 55. 56) que se salmodia en la liturgia de la Palabra, recoge un fragmento del cántico de los tres jóvenes, es una letanía que aclama la gloria de Dios que se hace presente en la historia de los hombres: es el “Dios de nuestros padres” (3,52), presente en el templo de su santa gloria y que a la vez, se sienta en el trono de su reino.

La conclusión de la segunda carta a los Corintios (13.11-13) responde a las divisiones internas y a los conflictos que desvirtúan la predicación de Pablo. La alegría es fruto de la fe en Cristo, al igual que la paz, si no se vive alegre y en paz ¿cómo puede estar presente en medio de la comunidad “el Dios del amor y de la Paz”? (2 Cor. 13,11). El “beso santo” (2 Cor 13,12) es un gesto que evidencia la comunión entre los creyentes en Cristo. Finalmente San Pablo expresa su deseo de bendición e implora la gracia del amor y de la comunión de Jesucristo, de Dios y del Espíritu Santo.

En el evangelio de Juan (3,16-18), que presenta la figura de Nicodemo, doctor de la ley, fariseo, miembro del sanedrín, judío piadoso, preocupado por la salvación, recordamos el diálogo de Jesús con Nicodemo centrado en la necesidad de nacer de nuevo y de lo alto. Para Nicodemo Dios se ha revelado de una vez por todas en la ley. El hombre solo puede encontrar a Dios en la ley. El evangelio de éste día nos ofrece una idea muy distinta, Dios no se revela al hombre a través de la ley, sino a través de su Hijo. Dios no es revelado como juez o legislador, sino como Padre amoroso, que no quiere que ninguno de sus hijos se pierda, sino que todos se salven (cfr. 1 Tm. 2,4). Creer en el Hijo significa aceptarlo como Señor, Salvador, él da la vida eterna.

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Posted by Admin9834