El bautismo de Jesús ilumina la realidad de nuestro propio bautismo

Primera Lectura: Is 42,1-4.6-7
Salmo: Sal 29(28), 1a+2.3ac-4. 3b+9b-10 
Segunda Lectura: Hch 10,34-38
Evangelio: Mt 3,13-17


Introducción
Del encuentro con Cristo en la Palabra, surgen estás ideas para nuestra reflexión:

•  Cristo es el siervo paciente profetizado por Isaías para ser el salvador de todas las naciones.
•  El pueblo de Dios debe alejarse del ambiente pagano para vivir la santidad.
•  Cristo es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo y nos da la nueva vida.

1.  Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
La profecía de Isaías se aplica a Cristo, el siervo paciente que se manifiesta como el enviado de Dios para reconstruir su pueblo santo y redimir a todas las naciones. Esta profecía de Isaías se cumple plenamente en el bautismo de Cristo que asume la condición de siervo y nos representa ante el Padre, por eso se pone en la fila de los pecadores para asumir nuestro pecado sin ser pecador, otorgándonos, de este modo, la vida nueva que nos trae el sacramento del bautismo.
 
En el Antiguo Testamento los judíos tenían el privilegio de invocar el nombre de Yahveh; ahora en esta etapa de la historia somos los cristianos los que podemos acercarnos con libertad delante del misterio de Cristo, pues él ha derribado todos los muros que nos separaban y nos ha dado la plena libertad.

Jesús es el siervo de Dios y una vez bautizado se dedica al anuncio de la salvación a todos los hombres.

La lectura de los Hechos de los Apóstoles nos recuerda uno de los discursos misioneros dirigidos a los judíos, donde se muestra que Dios no hace distinción de personas, porque para él todos hemos sido llamados a la salvación que se nos ha otorgado en Cristo Jesús, hecho que nos hace libres con su muerte y resurrección; todo esto ha sido posible gracias al bautismo que nos hace hijos de Dios.

En el texto del Evangelio que nos narra el bautismo de Jesús, él aparece como el elegido, al igual que el siervo de Yahveh, para realizar una misión entre los hombres, la cual se cumple con su presencia firme y humilde, ya que ha sido ungido por el Espíritu Santo para manifestarse como el enviado del Padre. El texto bíblico nos va guiando y nos muestra que al abrirse los cielos se da inicio a una nueva etapa de la historia de la salvación, ya que Jesús viene a realizar una misión trascendente en medio de la humanidad renovada como una nueva creación. De ahora en adelante Jesús se presenta como el Hijo amado del Padre, enviado a proclamar la buena noticia que libera al mundo de los yugos que la oprimen y esclavizan.

La paloma es un símbolo de la nueva creación, ya que al igual que en   el diluvio, en el libro del Génesis, nos recuerda la nueva creación que Dios viene a realizar mediante el bautismo de Jesús, en donde el Espíritu Santo es portador de esa nueva vida que todos recibimos mediante el baño bautismal que nos regenera y nos hace vivir como hijos amados  de Dios. La presencia del Espíritu Santo en el bautismo de Jesús es la plena garantía y la confirmación de que el Padre acompaña al Hijo en su misión y en la obra redentora que le ha confiado y por eso la voz envía a Jesucristo para que cumpla con la misión de salvar a la humanidad.
 
2.  Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?
El bautismo de Jesús ilumina la realidad de nuestro propio bautismo, donde Cristo se hace siervo para expiar nuestros pecados, asume la condición de vicario o embajador nuestro ante el Padre para pagar la deuda que habíamos adquirido con el pecado de Adán. Cristo se pone en la fila de los pecadores sin ser pecador y así asume nuestro pecado y nos otorga la entrada al reino de Dios, por eso, en nuestro bautismo, se abre el cielo para nosotros y el Espíritu Santo desciende y nos hace templos de su presencia, de modo que también se nos garantiza la presencia del Padre que nos acompaña en el cumplimiento de la misión que se nos encomienda de anunciar su Palabra y ser testigos de su misericordia. Desde ese día somos introducidos en la vida nueva y como nuevas creaturas somos parte de la nueva creación que ha obrado en nosotros la fuerza del Espíritu en virtud del sacramento del bautismo que recibimos.

Cada día, en el lugar donde nos encontremos debemos manifestar la alegría del evangelio con nuestro propio testimonio de vida y, como Jesús, debemos pasar haciendo el bien a nuestros hermanos.

3.  Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?
El sacramento del Bautismo nos compromete a vivir la vida nueva de la gracia que hemos recibido desde aquel momento. Por eso el catecismo de la Iglesia Católica 1253 nos recuerda que “el Bautismo es el sacramento de la fe (cf Mc 16,16). Pero la fe tiene necesidad de la comunidad de creyentes. Sólo en la fe de la Iglesia puede creer cada uno de los fieles. La fe que se requiere para el Bautismo no es una fe perfecta y madura, sino un comienzo que está llamado a desarrollarse. Al catecúmeno o a su padrino se le pregunta: «¿Qué pides a la Iglesia de Dios?» y él responde: ¡La fe!”. De este modo, nosotros que recibimos la fe nos comprometemos a custodiarla, defenderla y difundirla en medio de la humanidad dando testimonio de la nueva vida que recibimos.
 
Renovemos hoy nuestro propio bautismo: un día fuimos sumergidos en Cristo y nos llenamos de la presencia de su Espíritu. Nuestra misión, entonces, debe ser la misma que Él llevó a cabo: “pasar por la vida haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal”. Sólo así será posible hablar de buenos propósitos como artesanos de la paz.

RECOMENDACIONES PRÁCTICAS:
1.  Es importante en este día decorar y resaltar más el bautisterio
2.  Sería conveniente administrar el sacramento del bautismo en ese día.
3.  Es muy recomendable que, desde antes de la celebración litúrgica, se guarde silencio en el templo, en la sacristía y en los lugares anexos. De modo que todo se disponga devota y debidamente para la acción sagrada (Cfr. OGMR 45).
4.  Si no hay bautismos, se recomienda utilizar una de las fórmulas del rito para la bendición y aspersión del agua, en memoria del Bautismo, que ocuparía el lugar del acto penitencial al comienzo de la Misa, siguiendo lo indicado en el Apéndice I, Formulario II, del Misal, p. 1056.
5.  Esta fiesta presenta esquema propio de celebración, incluido el Prefacio.
6.  Propiciar un momento de silencio, después de la oración comunión, para dar gracias a Dios Padre por la presencia de Jesús en la eucaristía y en nuestras vidas.
7.  Hoy finaliza el tiempo de Navidad y desde mañana lunes, comienza la primera parte del Tiempo Ordinario, que se prolonga hasta el martes 25 de febrero.
8.  Se sigue el formulario de la Misa para la semana I del Tiempo Ordinario, Misal, p. 29. Liturgia de las Horas Tomo III, Salterio 1ª semana.

Posted by editorCEC1