El Señor es misericordioso con los pecadores

Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores. La misericordia y el amor de Dios que se muestran desde las páginas del Antiguo Testamento, se muestran desbordantes en el testimonio de Pablo, en las palabras y sobre todo en la actitud de Jesús, que acoge a los pecadores reconocidos y hasta come con ellos.


Lecturas

Primera lectura: Éxodo 32,7-11.13-14
Salmo de respuesta: 51(50),3-4.12-13.17+19
Segunda lectura: 1Timoteo 1,12-17
Evangelio: Lucas 15,1-32


  CONTEXTO BÍBLICO

El texto evangélico no sólo es centro de la liturgia de este domingo: es la quintaesencia del mensaje en este año jubilar de la misericordia de Dios. En la lectura del Éxodo, en el momento de la más descarada y abominable idolatría, (la adoración del becerro de oro), el Señor Dios airado y temible termina conmoviéndose ante un Moisés que ni siquiera argumenta arrepentimiento sino solamente evoca amores pasados de Yahveh con la familia escogida. El Apóstol Pablo proclama su agradecimiento al Padre porque, a pesar de sus faltas, tuvo confianza en él, blasfemo y violento perseguidor, tuvo compasión, derrochó su gracia y mostró en Cristo toda su paciencia. El fragmento evangélico nos trae tres parábolas que van a justificar el título dado al evangelio de Lucas como el de la misericordia.

“En estas parábolas, Dios es presentado siempre lleno de alegría, sobre todo cuando perdona. En ellas encontramos el núcleo del Evangelio y de nuestra fe, porque la misericordia se muestra como la fuerza que todo vence, que llena de amor el corazón y que consuela con el perdón.” Francisco, Papa. Misericordiæ vultus, 9

Primero Jesús nos sugiere la imagen de un pastor preocupado por una oveja caprichosa, extraviada, el que absurdamente deja las otras 99 en el campo, sin encerrarlas en un corral, sin buscar quién las cuide, al garete. Una verdadera locura de ternura por la oveja que menos se lo merecía. El ejemplo de la mujer es menos excéntrico: se concentra en la búsqueda de la moneda perdida y hace fiesta cuando la encuentra. El clímax llega con el ejemplo del padre amoroso hasta el absurdo. Si queremos llamarla la parábola del hijo pródigo, es bueno aclarar que pródigo quiere decir “despilfarrador”, el que “desperdicia y gasta sus bienes sin medida ni razón” (así dice el Diccionario de la Academia). Más bien podemos con Benedicto XVI hablar de la parábola de los dos hijos y el padre bueno y misericordioso. Es importante notar que Jesús presenta en la parábola la bondad infinita del Padre como la explicación de su propia actitud con los pecadores a quienes acoge y hasta come con ellos. Es su respuesta a lo que murmuran los fariseos y los letrados, es decir “la gente bien” y los “sabios en escrituras”. Les responde afirmando que la razón de su actitud es que el amor del Padre se está revelando en Él: en Jesús.

“Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra.” Francisco, Papa “Misericordiæ vultus” 1

  CONTEXTO SITUACIONAL

“La mentalidad contemporánea, quizás en mayor medida que la del hombre del pasado, parece oponerse al Dios de la misericordia y tiende además a orillar de la vida y arrancar del corazón humano la idea misma de la misericordia. La palabra y el concepto de « misericordia » parecen producir una cierta desazón en el hombre, quien, gracias a los adelantos tan enormes de la ciencia y de la técnica, como nunca fueron conocidos antes en la historia, se ha hecho dueño y ha dominado la tierra mucho más que en el pasado. Tal dominio sobre la tierra, entendido tal vez unilateral y superficialmente, parece no dejar espacio a la misericordia.” Juan Pablo II, Dives in misericordia, 2

El Papa Benedicto XVI comenta:

“El hijo derrocha su herencia, Sólo quiere disfrutar… No desea someterse ya a ningún precepto, a ninguna autoridad; quiere vivir sólo para sí mismo… ¿Acaso nos es difícil ver precisamente en eso el espíritu de la rebelión moderna contra Dios y contra la Ley de Dios? ¿El abandono de todo lo que hasta ahora era el fundamento básico, así como la búsqueda de una libertad sin límites?” (Jesús de Nazaret I, p. 245)

Pero más adelante, el mismo Ratzinger desvela la estrechez de miras del hijo mayor:

“El hermano mayor no sabe de los avatares y andaduras más recónditos del otro, del camino que le llevó tan lejos, de su caída y de su reencuentro consigo mismo. Sólo ve la injusticia. Y ahí se demuestra que él, en silencio, también había soñado con una libertad sin límites, que había un rescoldo interior de amargura en su obediencia, y que no conoce la gracia que supone estar en casa, la auténtica libertad que tiene como hijo.” (Jesús de Nazaret I, p. 250)

El amor y misericordia del Padre es el mensaje de Jesús y por lo mismo tiene que ser el mensaje fundamental de la Iglesia.

“Es determinante para la Iglesia y para la credibilidad de su anuncio que ella viva y testimonie en primera persona la misericordia. Su lenguaje y sus gestos deben penetrar en el corazón de las personas motivarlas a reencontrar el camino de vuelta al Padre” Francisco, Papa “Misericordiæ vultus, 12

  CONTEXTO CELEBRATIVO

Al amanecer de cada domingo debemos revivir la actitud del hijo pródigo: “Me levantaré, volveré junto a mi Padre”. En esa actitud y con ese sentimiento debemos acudir a la eucaristía. Y gozaremos la alegría de ese reencuentro y de ese abrazo. Pero puede ser también que en actitud del hijo mayor, nos sintamos tan fieles y ejemplares, tan “de la casa”, que miramos con desdén a quienes se acercan como “reinsertados” porque han andado ausentes y errantes en la periferia o en algún “país lejano”, en lugares distantes de la ética, el pensamiento o la espiritualidad. Cada comunidad eclesial debe reflejar en la liturgia y en la vida el amor de Dios Padre que hoy acoge por Jesucristo a la oveja perdida, al hijo descarriado. “La Iglesia… es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas.” (Francisco, Papa, Evangelii gaudium, 47).


 Recomendaciones prácticas

  • Resaltar la frase bíblica: “Apiádate de nosotros, tú que salvas a los pecadores”.
  • Para el Acto penitencial de la Misa se aconseja seguir el Formulario 3, con la invitación «Jesucristo, el justo…», p. 342, y las invocaciones para el Tiempo Ordinario, III, «Tú que no viniste…», p. 344 del Misal.
  • Se pude emplear la Plegaria Eucarística «De la Reconciliación I», p. 501 del Misal.
  • Insistir en la importancia y necesidad de celebrar con fe y humildad el sacramento de la reconciliación, como espacio de encuentro con la misericordia de Dios. Se pueden organizar celebraciones penitenciales
  • Tener presente que esta semana, el jueves 15, es la Memoria obligatoria de Nuestra Señora, la Virgen de los Dolores. Oportunidad para orar por todos los enfermos de la comunidad y tener gestos de cercanía con ellos.

Foto CC0 Public Domain

Posted by Admin9834