El Señor se nos sigue manifestando discretamente, en el silencio de nuestro interior

Predicación Orante de la Palabra 
XIX Dom TO, Asunción y XX Dom TO  [1] 

DECIMONOVENO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Agosto 09 de 2020

Primera lectura:  1R 19,9a.11-13a 
Salmo: 85(84),9ab+10.11-12.13-14 (R. 8)
Segunda lectura: Rm 9,1-5
Evangelio: Mt 14,22-33

I.  Orientaciones para la Predicación

Introducción
•  “Los Israelitas han abandonado tu alianza, han derribado los altares y han pasado a espada a tus profetas; quedo yo sólo y buscan mi vida para quitármela”, dice Elías triste y acongojado. Está cansado de todas sus batallas, busca consuelo en Dios y parece no encontrarlo.
•  “Siento una gran tristeza y un dolor incesante en el corazón. Pues desearía ser yo mismo maltratado, separado de Cristo por mis hermanos, los de mi raza…”. En el mismo sentido se manifiesta San Pablo para tratar de explicar cómo el Plan de salvación de Dios no se realiza plenamente, no porque Dios rechace la fragilidad humana, sino que en medio de esa fragilidad permite que experimentemos su misericordia.
•  “Viendo Pedro la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: ‘¡Señor, sálvame!’. La escena que sigue al conocido pasaje de Jesús que camina sobre las aguas también describe la fragilidad de la condición humana.

1.  Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? 
La primera lectura nos ubica en la primera mitad del siglo IX aC, cuando un general del ejército toma el poder y funda Samaría como nueva capital de Israel, a la que hace una nación rica y poderosa y a la que consolida por medio de matrimonios con extranjeros. De hecho, su hijo Acab se casará con la pérfida Jezabel, hija del rey de Tiro, que impone divinidades paganas, persigue y asesina a los verdaderos profetas, Elías huye hacia el desierto, sube al monte Horeb en el que cuatrocientos años antes Moisés había hablado con el Señor. Pasa la noche en una cueva, de la que Dios lo invita a salir para esperar su manifestación. Pasa un violento huracán, luego un terremoto, después pasa fuego, pero el Señor no está presente en estas violentas realidades. Sólo al final Dios se hace presente en el silencio de una brisa suave. Elías lo reconoce, lo escucha y regresa a cumplir la misión que le encomienda.

En la segunda lectura se nos transmite la tristeza de san Pablo porque parte de su pueblo ha rechazado el mensaje de salvación del Evangelio. A pesar de que han pasado casi treinta años de la muerte y resurrección de Jesús, Pablo no se cansa de testimoniar que la Alianza de Dios es irrevocable y que su misericordia es eterna.

En el evangelio de san Mateo, el relato de Jesús que camina sobre las aguas sigue a la narración de la multiplicación de los panes. Es de noche y Jesús “obliga” a sus discípulos a subir a la barca mientras él despide a la gente y sube al monte para orar. Al finalizar la noche, los discípulos que están en la barca zarandeada por las olas pues el viento es contrario, no reconocen a Jesús que se acerca. Jesús se identifica con palabras de ánimo y de fortaleza y Pedro, tras pedirle que lo mande a ir hacia él, comienza a caminar sobre las aguas hasta que “le entra miedo” y comienza a hundirse. Jesús lo levanta, suben a la barca, el viento se calma. La escena dramática concluye con una profesión de fe: “Verdaderamente eres Hijo de Dios”.

2.  Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? 
La vida es una sucesión de problemas cada vez más complejos. Cuando somos niños experimentamos dificultades y creemos que es el fin del mundo, pero el camino sigue, y en él, las angustias y los conflictos. Muchas veces son consecuencia de nuestros errores pero también hay ocasiones en que los líos parecen generarse incluso cuando tratamos de hacer las cosas bien. El problema del mal, las enfermedades y tragedias, las pandemias y el coronavirus, la pobreza, el hambre, la pérdida del trabajo y otras circunstancias pueden generar cansancio, desesperanza, desilusión y angustia. Al igual que la persecución que experimentaba Elías, la tristeza profunda que manifiesta san Pablo, el miedo de Pedro que se hunde bajo las aguas, la Palabra del Señor en este Domingo quiere ser una voz de ánimo para todos.

Como al Príncipe de los Apóstoles, hoy el Señor nos dice a cada uno “¡Ven a mí!”. Como lo proclama san Pablo, la misericordia del Señor es eterna y Él es siempre fiel. Como al profeta, el Señor se nos sigue manifestando discretamente, en el silencio de nuestro interior, en la voz de nuestra conciencia, en las indicaciones de su Palabra, en sus pequeñas y cotidianas indicaciones. En medio de la noche que puede estar atravesando nuestra Iglesia, nuestra familia, nuestra empresa, nuestra economía, sólo existe una realidad capaz de hacer amainar el viento: la fuerza de la fe que surge de la experiencia del amor misericordioso de Dios.

3.  Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?
Los Padres del desierto solían plantear a sus monjes una metáfora tomada de la práctica del cazador que cuando descubre la liebre que busca, suelta los perros para que la persigan y capturen porque es un animal sumamente ágil y rápido. Los canes salen veloces tras la liebre, pero poco a poco se van quedando por el camino porque los matorrales y obstáculos hacen que pierdan el rastro. Sólo el perro que nunca pierde de vista a su presa es capaz de alcanzarla y atraparla. Así es la vida cristiana: ninguna circunstancia puede hacernos perder de vista a Jesús que acompaña e ilumina nuestro caminar y nuestra vida. Pidamos al Señor la gracia de ser hombres y mujeres de fe inquebrantable, firmes en medio de las crisis y sólidos para ayudar a los que sufren un poco más que nosotros.

II.  Moniciones y Oración Universal o de los Fieles

Monición introductoria de la Misa
Bienvenidos todos a esta celebración de acción de gracias en la que experimentamos la presencia de Jesús resucitado, vencedor del pecado y de la muerte. Dispongámonos a celebrar nuestra fe y a experimentar la presencia constante y misericordiosa de Dios en nuestra vida, en nuestra familia, en nuestra comunidad, en nuestra sociedad, en las alegrías, pero también en las dificultades que estamos experimentando.

Monición a la Liturgia de la Palabra
La angustia del profeta al que persiguen para matarlo, la tristeza del apóstol que sufre por amor a su pueblo y el miedo de Pedro que se hunde bajo las aguas por su falta de fe, ilustran las dificultades que podemos estar viviendo en los diversos contextos en los que nos movemos. Traigamos a nuestra mente los problemas que nos agobian o que hacen sufrir a nuestros seres queridos y escuchemos con atención las lecturas que nos traen un mensaje de fe y de fortaleza.
 
Oración Universal o de los Fieles

Presidente: Dirijamos nuestras súplicas y peticiones al Padre misericordioso con la confianza de los hijos, con la certeza de que él hace posible lo que para nosotros es imposible y nos concede siempre lo que más nos conviene.

R.  ¡Escucha, Padre, nuestra oración!

1.  Te pedimos por la Iglesia, que como la barca de los apóstoles muchas veces tiene que enfrentar vientos contrarios y se ve zarandeada por las olas, para que experimente siempre la serena presencia de Cristo, el Hijo de Dios.
2.  Te pedimos por los pastores de la Iglesia, para que siempre den testimonio de fe y de fortaleza, para que puedan caminar sobre las aguas del escepticismo y la incredulidad y puedan conducir a sus rebaños hacia Cristo, el único Salvador.
3.  Te pedimos por los que sufren y son perseguidos, de modo especial por los que han perdido las fuerzas y la esperanza, para que encuentren en los que los rodean un testimonio eficaz de tu misericordia.
4.  Te pedimos por todas las personas que trabajan en el campo de la salud y por todos los que arriesgan su vida por ayudar a los que más sufren, para que encuentren en la fe en Cristo la fuerza necesaria para ser incansables testigos de tu amor.

Oración conclusiva
Escucha, Padre bondadoso,
las plegarias que te dirigimos con fe 
en esta celebración de la resurrección de tu Hijo, 
quien vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.

[1] Elaborado por el Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano (SPEC) y Coordinado por el Dpto. de Liturgia. (2020). Predicación Orante de la Palabra, II. Santísima Trinidad a Cristo Rey, Ciclo A. 

Posted by editorCEC1