En María podemos contemplar la acción de Dios en la historia

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Primera Lectura: Gn 3,9-15.20
Salmo: Sal 98(97),1.2-3ab.3cd-4 (R. Lc 1,49)
Segunda Lectura: Ef 1,3-6.11-12 
Evangelio: Lc 1,26-38


Introducción
En el contexto litúrgico del Adviento, y “uniendo la espera mesiánica y   la esperanza del glorioso retorno de Cristo al admirable recuerdo de la Madre”, celebramos esta solemnidad de la Inmaculada Concepción de Santa María Virgen, “comienzo e imagen de la Iglesia, esposa de Cristo, llena de juventud y de limpia hermosura” (Prefacio de la Solemnidad)

María asume voluntariamente la maternidad divina,  que  condiciona  toda su vida y relación con Dios: desde su Concepción  Inmaculada hasta su Asunción en cuerpo y alma a la gloria del Padre; e incluso en  la prolongación de su misión maternal sobre la iglesia peregrina de la que, además, es miembro singular, tipo y ejemplo acabado, comienzo e imagen; es también Madre (cf. LG 53.61-63). Su ‘Sí’ nos revela el hecho histórico de la Encarnación del Hijo de Dios, Cristo Jesús.

María es preservada inmune de la culpa original desde el primer instante de su concepción, en atención a los méritos de Cristo, Salvador del género humano:

•  Convenía que Ella, destinada a ser la madre del Hijo de Dios,
poseyera la máxima santidad posible a una criatura y, por tanto, fuera inmaculada y llena de gracia, y gozara del favor de Dios desde el primer instante de su vida.
•  María, asociada al sacrificio redentor de Cristo, debía tener la facultad de presentar al Padre la ofrenda materna más pura.
•  Toda la persona y vocación de la Virgen de Nazaret se orienta a la obra de Dios, que es la restauración de la Humanidad por medio de su Hijo hecho hombre.

1.  Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
El libro del Génesis nos presenta a Dios que busca al hombre: “¿Dónde estás?” Y el hombre se esconde por su pecado, es un hombre  que siente vergüenza por haber perdido la gracia. Un hombre que se excusa en circunstancias para no aceptar su culpa. Un Dios que se muestra compasivo y que hace una promesa de salvación ante el pecado.

El salmo es un cántico de alabanza: Un Dios que ha salido victorioso, un Dios justo, un Dios soberano y grande que debe ser alabado por toda la tierra.

Pablo hace un himno de acción de gracias a Dios, en la persona de Cristo, por su plan divino de salvación.

El evangelio nos presenta el cumplimiento de una promesa. El verbo se hace carne en el seno de una virgen, abierta a la acción de Dios, que da su “sí” generoso al plan de salvación.


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Posted by editorCEC1