Experimentando el amor y la misericordia del Señor, seremos generosos

Como Comunidad que vive de la presencia y de la acción del Espíritu Santo, estamos dispuestos a hacer de esta Eucaristía dominical la oración por excelencia. Esto exige de nosotros tener un corazón de pobres, desprendidos de cualquier riqueza para servir solo a Dios. Participemos con fe y devoción.


Lecturas

Primera lectura: Amós 8,4-7
Salmo de respuesta: 113(112),1-2.4-6.7-8 (R. 9,19a)
Segunda lectura: 1Timoteo 2,1-8
Evangelio: Lucas 16,1-13


  CONTEXTO BÍBLICO

Estamos leyendo durante los domingos de este año el Evangelio de San Lucas. Lucas se distingue por ciertas características sobre la vida del buen cristiano, entre ellas la misericordia y la justicia. Por eso critica y condena la dureza del corazón y la injusticia de aquellos que no han descubierto el amor a Dios ni al prójimo. Hoy hablamos del administrador injusto, y el Señor nos enseñará cuál ha de ser nuestra conducta con los bienes ajenos. El próximo domingo nos enseñará la doctrina de lo que ha de ser nuestra conducta con los bienes propios, con la parábola de rico epulón y del pobre Lázaro. Las dos parábolas tienen como argumento común el uso de los bienes del amor, en el caso del administrador, y los bienes propios en el caso del hombre rico.

Todo nos demuestra que el Señor no olvida jamás al pobre (Salmo) porque es eterna e inmensa su misericordia. El levanta a los humildes y consuela a los afligidos. Pero nuestra oración debe dirigirse a Dios por toda la humanidad, porque Dios quiere que todos los hombre se salven (2 Lectura). Estamos llamados a ser profetas contra los que, también hoy, explotan a los pobres (1 lectura), igualmente llamados a tener astucia en el uso de la riqueza. El discípulo deberá estar dispuesto a renunciar incluso a sus bienes si quiere entrar en el Reino.

  CONTEXTO SITUACIONAL

Estamos en un mundo en confrontación, caracterizado por las polémicas y las guerras, las envidias, y los abusos de los grandes contra los más pequeños. Es un mundo en que reina la injusticia. Se trata de un enfrentamiento de personas contra personas, grupos políticos contra otros grupos; gobiernos contra estados extranjeros o contra etnias del propio país. Luchas entre y contra grupos armados por motivos económicos. Y aunque aparentemente se busque la paz y la verdad, la injusticia prevalece. Colombia es uno de los países con más desigualdad socio-económica: unos pocos tienen mucho, y una mayoría tiene poco (la pobreza) o sufren la miseria.

Existe, también, la estrategia del dinero fácil, por medios lícitos e ilícitos. Ya no es “ganamos el pan con el sudor de la frente” (Gn. 3,19), sino “ingéniate, consíguelo con astucia”. O se espera que la suerte toque a la puerta.

Otro aspecto de nuestra vida diaria es la corrupción. Cada gobierno de turno juzga la mala conducta del anterior y busca castigar el delito de los funcionarios. Los medios de comunicación acuñan términos específicos que se resumen en corrupción, venalidad, cohecho, escándalo, trampa, soborno. Así se manejan los bienes públicos y también los privados. Una cosa es apropiarse de un bien ajeno en provecho propio y otra, igualmente censurable, es hacer daño a los bienes comunales. Es el vandalismo, y a nuestras generaciones de adolescentes y jóvenes les estamos permitiendo romper, quemar, destruir, por ejemplo, los parques, los vehículos públicos, etc. y en muchos casos actuamos con indiferencia.

Como discípulos misioneros de Cristo, tenemos la gran misión de ser profetas del amor y la misericordia de Dios, para que los pobres y necesitados de toda índole experimenten la presencia del Señor, a través de nuestra vivencia de las obras de misericordia, como nos lo ha aconsejado el Papa Francisco en este Año de la Misericordia, para que, de una parte, se sientan acompañados con nuestra caridad, y, de la otra, Dios mueva los corazones de los que obran el mal a obrar el bien.

Es de tener en cuenta, también, que desde el 19 hasta el 23 de septiembre estamos celebrando la Semana de las Mercedes. Tendremos la fiesta del recluso y también del secuestrado. Ellos también tendrán la oportunidad de experimentar el amor y la misericordia divina ganando la indulgencia que trae consigo el Año Jubilar. Al acercarse a la celebración Eucarística podrán pasar la puerta santa y en la Reconciliación Dios les perdonará los pecados. Es por esto que los sacerdotes tendrán en cuenta estas fechas para ofrecerles la oportunidad de celebrar el sacramento de la Reconciliación para el perdón de sus pecados, ya que la misericordia de Dios es incluso más fuerte que os mismos pecados. Ella, en efecto, se transforma en indulgencia del Padre que a través de la Esposa de Cristo alcanza al pecador perdonado y lo libera de todo residuo, consecuencia del pecado, habilitándolo a obrar con caridad, a crecer en el amor más bien que a recaer en el pecado. (Cf. Misericordiae vultus).

  CONTEXTO CELEBRATIVO

San Lucas nos muestra dos atributos de Dios, que para nosotros los humanos son difíciles de juntar: la justicia y la misericordia. Dios es siempre misericordioso, mientras estemos vivos; pero será justo en el tribunal al fin del mundo.

Cuando Dios juzga la conducta humana, es decir el acto de pecado o de virtud, se fija no sólo en el hecho mismo, sino en la intención. Por eso, curiosamente, en el evangelio de hoy aparece el patrón alabando, elogiando el proceder del empleado injusto; y nos ofrece la explicación: “Los hijos de este mundo (es decir los malos) son más astutos, sagaces, con su gente, que los hijos de la luz” (los buenos).

Con la escucha de la Palabra y con la participación plena en la Eucaristía somos alimentados espiritualmente y fortalecidos en nuestro ánimo para superar la tentación del dinero fácil, de la corrupción, pues para el Señor no hay vía media: “No pueden servir a dos señores”. Igualmente, estamos llamados a hacernos amigos de los pobres, que son los compañeros de camino hacia el Padre. Somos invitados, también, a ser buenos administradores de los bienes morales, materiales, propios y ajenos; invitados a ser fieles, a practicar la justicia.

Es verdad que vivimos muchas situaciones conflictivas en la vida familiar, laboral, eclesial, comunitaria. Nos sentimos afligidos por estas y otras situaciones, pero no debemos desfallecer, pues para eso celebramos la presencia sacramental de Cristo en nuestras vidas. La compañía permanente de Él nos fortalece y motiva para salir y para ayudar a que otros salgan adelante, a través de la a) La oración; b) de la súplica del don de la sabiduría; c) de la consulta oportuna con quien goce del don de consejo; d) y del actuar con prudencia.

Solo así, experimentando el amor y la misericordia del Señor, seremos generosos (amigos de los pobres) y les permitiremos que, a través de nosotros, ellos también experimenten este amor y misericordia del Padre que los anima y orienta en su diario caminar hacia el encuentro definitivo con Él.


 Recomendaciones prácticas

  • Durante las ofrendas, sería oportuno presentar dones para las necesidades de la Iglesia y de las familias de los hermanos que se encuentran en las cárceles. Por tanto, se puede adornar bellamente el lugar donde se ha de depositar el mercado para los pobres con frases alusivas a las obras de misericordia.
  • Se puede seguir el Prefacio Común II: “La salvación por Cristo”, p. 414 del Misal.
  • En este domingo se celebra el día del migrante. Convendría poner de relieve la situación de tantas personas que han tenido que desplazarse de sus lugares de origen motivados por múltiples causas. Es oportuno orar en comunidad por todos ellos.
  • Tener presente que en esta semana:
    • El miércoles 21, es la fiesta de san Mateo, apóstol y evangelista.
    • El sábado 24, es el día de Nuestra Señora de las Mercedes y día Nacional del recluso. Es oportuno promover la visita a los privados de la libertad en este Año de la Misericordia.

Foto CC0 Public Domain

Posted by Admin9834