Hace oír a los sordos y hablar a los mudos

VIGESIMOTERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Septiembre 5 de 2021

Primera lectura: Is 35,4-7a
Salmo: Sal 146(145),7.8-9a.9bc-10 (R. 1)
Segunda lectura: St 2,1-5
Evangelio: Mc 7,31-37

I.  Orientaciones para la Predicación

Introducción
La Palabra de Dios que se nos ofrece a consideración nos ofrece algunas ideas temáticas para nuestra reflexión y oración:

•  Dios que se encarna en Jesús, viene en persona para salvar a la humanidad. 
•  Jesús viene a salvar a la humanidad, mediante la vivencia de la pobreza y la curación de todas las dolencias. 
•  El testimonio de Jesús empuja a los discípulos y a la humanidad a actuar coherentemente, de acuerdo a la vivencia del estilo del Señor. 

1.  Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
El profeta Isaías profetiza un tiempo de Gracia en el que el mismo Dios baja al mundo en persona para resarcir y salvar a la humanidad; y los signos que lo acompañan son: despegar los ojos del ciego, abrir los oídos a los sordos, el mudo cantará y el cojo saltará. 

El evangelista san Marcos no hace otra cosa, que testimoniar que en Jesús este tiempo ha llegado y se hace presente, mediante el hecho vivo de un acto taumatúrgico donde el Señor hace oír y hablar a un sordomudo. En realidad, lo que las Sagradas Escrituras manifiestan, es el cumplimiento de las promesas proféticas en nuestro Señor Jesucristo. 

Por su parte el salmo, que hace parte de los himnos veterotestamentarios, profundiza en la presencia de Dios, mediante otros signos que se complementan al anuncio profético cuando dice que las promesas de Dios se cumplirán porque Él es fiel, y viene a resarcir la justicia a los oprimidos, abrir los ojos al ciego, enderezar a los que ya se doblan, sustentar al huérfano y a la viuda, y proteger el camino de los peregrinos (forasteros, extranjeros).

Consecuencia de la presencia del Señor en nuestra vida, es que como discípulos misioneros nuestra actitud como cristianos es no hacer acepción de personas, concretamente nos invita a dar testimonio en el culto y en todos los aspectos de la vida a no discriminar entre un rico y un pobre, entre uno que esté mal vestido y otro que, por su apariencia, esté en mejores condiciones económicas; este ejemplo concreto se encuentra en la segunda lectura del apóstol Santiago y la lectura cierra con una pregunta que nos debe hacer reflexionar y actuar: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino, que prometió a los que lo aman?

2.  Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?
El Papa Francisco, en la IV Jornada mundial de los pobres, nos exhorta a que la oración a Dios y la solidaridad con los pobres y los que sufren son inseparables. Para celebrar un culto que sea agradable al Señor, es necesario reconocer que toda persona, incluso la más indigente y despreciada, lleva impresa en sí la imagen de Dios. De tal atención deriva el don de la bendición divina, atraída por la generosidad que se practica hacia el pobre. Por lo tanto, el tiempo que se dedica a la oración nunca puede convertirse en una coartada para descuidar al prójimo necesitado, sino todo lo contrario, la bendición del Señor desciende sobre nosotros y la oración logra su propósito cuando va acompañada del servicio a los pobres.

Así mismo, nos señala el papa Francisco, que no se trata simplemente de ayudar al pobre y no discriminarlo, como lo ratifica el profeta Isaías, el salmo 146, el apóstol Santiago y el evangelista san Marcos en estas lecturas. Se trata, como bautizados, de ser otros Cristos en la tierra, con el ejemplo de austeridad, pobreza; no puede ser que yo sea generoso donando desde mi comodidad y no viva la pobreza evangélica como una opción fundamental de mi testimonio. A propósito, escribe el Papa: “El encuentro con una persona en condición de pobreza siempre nos provoca e interroga. ¿Cómo podemos ayudar a eliminar o, al menos, aliviar su marginación y sufrimiento? ¿Cómo podemos ayudarla en su pobreza espiritual? La comunidad cristiana está llamada a involucrarse en esta experiencia de compartir, con la conciencia de que no le está permitido delegarla a otros. Y para apoyar a los pobres es fundamental vivir la pobreza evangélica en primera persona. No podemos sentirnos “bien” cuando un miembro de la familia humana es dejado al margen y se convierte en una sombra. El grito silencioso de tantos pobres debe encontrar al pueblo de Dios en primera línea, siempre y en todas partes, para darles voz, defenderlos y solidarizarse con ellos ante tanta hipocresía y tantas promesas incumplidas e invitarlos a participar en la vida de la comunidad”.

3.  Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?
Suplicamos Señor que no seamos ciegos, sordos y mudos ante tantas pobrezas y miserias que vive nuestra humanidad hoy. Que como Cristo nos animemos ser el cuerpo de tu Iglesia que ayude a los hermanos más vulnerables de la sociedad: los pobres, los ciegos, los sordos, mudos, huérfanos, viudas, migrantes, enfermos y todos los que sufren en su cuerpo y en su alma. 

Que podamos como comunidad cristiana ser otro Cristo que ayuda a abrir las puertas de posibilidades a quienes se les han cerrado las oportunidades de vivir dignamente; que no Te ignoremos en las personas más necesitadas. Que practiquemos las obras de misericordia tanto espirituales como corporales. Que podamos romper con el egoísmo y el orgullo que nos encierra en un mundo donde la autosuficiencia y la auto referencialidad amenazan con vivir auténticamente el Evangelio. 

Ante esta pandemia que nos desafía y que está develando nuestra profundas contradicciones, inequidades y desigualdades, no cerremos la mano a quien lo necesita, no nos hagamos los de oído sordo o cerremos los ojos ante tantos que padecen las consecuencias de nuestras contradicciones; sino que abramos los sentidos para establecer un mundo más justo, equitativo y donde todas las personas sean tratadas con dignidad y sus limitaciones las veamos no como un obstáculo, sino como un trampolín para servirlos, ayudarlos, acogerlos, protegerlos y ser mejores cristianos que transforman de verdad el mundo con la vivencia del amor. 

II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles 
 
Monición introductoria de la Misa 
Señor, en la Eucaristía nos encontramos como comunidad, para darte gracias por todos los beneficios que tu infinita misericordia nos ha proveído. Hoy que también nos instruyes con tu Palabra, que no se trata de ser oyentes olvidadizos, sino que nos hace instrumentos de salvación para la humanidad, constituyéndonos desde el bautismo en otros cristos que ayuden a mitigar la multiplicidad de pobrezas que vive nuestra humanidad. 

Hermanos con el gozo de sentirnos hijos de Dios, participemos con fe.

Monición a la Liturgia de la Palabra 
Las lecturas de hoy nos muestran que Dios se hace persona en Cristo y viene a reinar dando ejemplo de pobreza. Pues Él siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su Gracia. Escuchemos con atención la Palabra de Dios.
 
Oración Universal o de los Fieles 
Presidente: Dios Padre, rico en misericordia que te has hecho pobre en Jesucristo para enriquecernos, abre nuestro corazón a la generosidad. Humildes digámosle:

R. Escucha, Padre bueno, nuestra oración

1.  Por la Iglesia, para que, en sus ministros y fieles, sea testigo del amor misericordioso, viviendo, mediante el ejemplo, los valores evangélicos de la pobreza, austeridad y generosidad. Roguemos al Señor. 
2.  Por los gobernantes de las naciones, para que reconociendo que la autoridad que tienen procede de Dios, se preocupen por oír y atender a las necesidades que el pueblo le reclama. Roguemos al Señor.
3.  Por los huérfanos, viudas, migrantes, desplazados por la violencia, víctimas de la trata de personas, para que encuentren en la comunidad cristiana, discípulos misioneros que les ayuden a mitigar y proveer sus necesidades espirituales y materiales. Roguemos al Señor. 
4.  Por todos los lisiados, cojos, ciegos, sordos y mudos que padecen en el cuerpo y en el alma; para que encuentren, tanto en la comunidad cristiana, como en las personas de buena voluntad, un sentido de la subsidiaridad que les ayude a vivir dignamente su condición humana. Roguemos al Señor. 
5.  Por nosotros, que participamos en esta Eucaristía, para que abras nuestros ojos, renueves nuestras vidas, y con tu Luz podamos iluminar nuestras tinieblas del pecado y del egoísmo. Roguemos al Señor.

Oración conclusiva 

Dios Padre, misericordioso  
atiende benigno, estas súplicas  
que te presentamos con fe. 
Por Jesucristo, nuestro Señor. 

R. Amén.

Posted by editorCEC1