"Jesús es la imagen concreta del humilde que se contrapone al orgulloso"

Primera lectura: Sir 3,17-19.28-29
Salmo: Sal 68(67),4+5ac. 6-7ab.10-11 (R. cf. 11b) 
Segunda lectura: Hb 12,18-19. 22-24a
Evangelio: Lc 14,1.7-14


Introducción
Las lecturas para este domingo presentan diversos temas en contraste:

•  Humildad y orgullo,
•  Antigua Alianza – Nueva Alianza,
•  El comportamiento y el resultado de quien se exalta así mismo y quien se humilla.
•  Sin comentarlo, se evidencia la superioridad de la vida cristiana frente a otras posibilidades, de ahí la fuerza que da el asumir en la vida los valores del Reino de Dios.

1.  Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
Las lecturas de este domingo tienen un tinte de contraposición subrayando la superioridad de la humildad, de la Nueva Alianza, lo que nos prepara para comprender la imagen de Jesús, el verdadero humilde, quien en sí mismo sella el nuevo pacto con Dios. No es lo mismo vivir de buenos ideales humanos, a vivir el compromiso de una excelente relación humana, gracias al encuentro con Dios, es su gracia la que actúa y hace posible una superioridad frente a las otras realidades; superioridad no de orden sino según la comprensión de las paradojas de Jesús: bajando es que se sube, humillándose es que se exalta, ocupando los últimos puestos es que se llega a los primeros, invitando al que no cuenta es como se recibe la verdadera paga. Aprender a aplicar esta sabiduría cristiana es como se participa del banquete y la verdadera alegría.

En la primera lectura del libro del Eclesiástico, los versículos proclamados pertenecen a la sección de 3, 17-29, en donde presenta una contraposición entre la humildad y el orgullo. La exhortación es a proceder en todo con humildad y con sencillez, para que, de este modo, el hombre sabio alcance el éxito (17-19), realidad ésta que se manifiesta en dos vertientes, la una, en el amor que obtendrá de los demás y, la otra, en la gracia que el Señor le concederá. Deja en claro, también, que la verdadera fuente de la sabiduría está en la revelación divina y no en la sabiduría humana, en este caso concreto de la filosofía helenista. El hombre sabio, prudente, debe saber aplicar el método correcto para profundizar las verdades: “meditar en el corazón todo y saber escuchar” (v. 29).

El salmo 68 (67) es un himno de acción de gracias a Dios, que evoca, como motivo de la gratitud, las etapas de la historia de Israel, especialmente la magnífica obra de Dios de llevarlos desde el monte Sinaí hasta el monte Sión. Los versículos proclamados, hoy, se estructuran en tres estrofas: La primera, invita a la alabanza y alegría; la segunda, manifiesta que la causa, de esta alabanza y alegría, es la ayuda constante de Dios que se extiende a categorías muy necesitadas como son los huérfanos y las viudas, los desvalidos y cautivos; y la tercera, ahonda en las gracias recibidas de Dios, fruto de su amor, que ha colmado de fuerza, favores y tierra a los pobres.

La segunda lectura, de la carta a los Hebreos (12,14 – al 13,19), exhorta a llevar una vida cristiana coherente con el amor de Dios; en este marco hay que comprender los versículos proclamados. Establece un profundo contraste de superioridad entre la experiencia cristiana y aquella vivida en el Sinaí. Hace la comparación de la realidad de las dos Alianzas y sus consecuencias. La Alianza es el medio de acercamiento a Dios, ciertamente en la Alianza del Sinaí o Antigua Alianza, era mediado por realidades materiales: el monte Sinaí, el fuego, la oscuridad, las manifestaciones cósmicas…etc.

El acercamiento mediante la Nueva Alianza es muy diverso. Para expresarlo hace uso de una serie de imágenes potentes: “Sión, ciudad del Dios viviente, Jerusalén celestial, reunión festiva de miles y miles de ángeles, asamblea de primogénitos y de inscritos en el cielo”; imágenes éstas que ayudan a comprender a quien se acerca el hombre que acepta la Nueva Alianza, y es que en definitiva el acercamiento es directamente a Dios, a Jesús, el mediador de la Nueva Alianza. Aquí está la superioridad, este Nuevo Pacto hace posible la intimidad entre Dios y el hombre. El encuentro no es con una realidad material sino una relación directa con el Trascendente.

El Evangelio de Lucas (14,1.7-14), por su parte, contrapone el comportamiento y el resultado de quien se exalta así mismo y quien se humilla. El v. 1, en efecto, presenta el contexto de esta contraposición: era sábado, y Jesús asiste a una cena a la cual había sido invitado, en casa de uno de los jefes de los fariseos, quienes lo espiaban; pero, en últimas, es Jesús quien los descubre y aprovecha para contraponer la forma de su comportamiento con la de sus discípulos.

El centro del pasaje lo ocupa el proverbio a partir del cual Jesús desarrolla su enseñanza en esta parábola (v. 7) y que encontramos en el versículo 11: “porque el que se engrandece a sí mismo, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido”, Es un dicho sapiencial de orden general, referido a cualquier persona; a punto, es expresado en tercera persona, mientras las otras secciones son narradas en la segunda persona. Contrapone humildad y engrandecimiento (orgullo).

Las enseñanzas de Jesús se dirigen a cuantos están en la sala de la cena: a los invitados (vv. 7-10) y a quien lo invitó (vv. 12-14). Al referirse a los invitados, parece desarrollar la sentencia sapiencial que encontramos en Proverbios 25,7: “porque es preferible que te digan: sube acá, que ser humillado después de haber visto el príncipe”. Se trata de no buscar el primer puesto por orgullo o pretensiones propias sino asumir y aceptar la liberalidad y gratuidad de quien invita. Al exhortar a quien invita le recuerda la importancia de invitar a su mesa a aquellos que Dios ha elegido como destinatarios predilectos, para recibir de él la recompensa.

En las dos partes de la exhortación tenemos imperativos negativos: “no ocupes el primer lugar” (8b), y “no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos” (12c). En últimas se trata del comportamiento de un cristiano, es decir, de quien ha aceptado a Jesús en su casa. La vida cristiana no solo es privación, sino acción, por eso igualmente encontramos los imperativos positivos: “Ponte en el último lugar” (10c) e “invita a los pobres, a los inválidos, a los cojos, a los ciegos” (13b).
 
El contexto de una cena en casa de un fariseo es solo el pretexto para una exhortación que desborda una simple invitación a una cena, pues los detalles de la narración muestran que se habla de una cena más importante. Jesús se refiere en la parábola a “una cena de bodas” (v. 8) y la conclusión narrativa exige mirar más largo: “tu recompensa la recibirás en la resurrección de los justos” (v. 14).

2.  Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?

Las contraposiciones encontradas en estos textos son una invitación clara a aceptar la revelación divina en su máxima expresión, entrar en contacto directo con Dios mediante la Nueva Alianza sellada por Jesús. No una relación de mediaciones materialistas sino íntima e inmediata con Dios, con las realidades trascendentes. El gran valor de la Nueva Alianza es esta relación única que se establece entre Dios y quien lo encuentra, aquí está la fuente de la verdadera sabiduría que da sentido y valor a la vida del creyente. Con razón insiste el Papa Francisco y la Nueva Evangelización en la necesidad de encontrarnos con Dios, con Jesús: “Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso” (EG 3).

Quien de verdad ha vivido su encuentro con Jesús, es decir, ha despertado su fe y su conversión, ha experimentado indudablemente cambios concretos en su forma de vivir. Su diario acontecer es una fiesta de bodas a la que se está invitado por la liberalidad generosa de Dios, sabe vivir los valores del Reino: humildad, desinterés, servicio, valoración de los más desprotegidos y descartados de la sociedad, etc., sabe que su recompensa no viene de los demás, sino de Dios, su paga está en la vida eterna, aunque ya desde esta vida goce de las caricias de Dios y del amor de los demás.

El creyente entiende que su compromiso con Dios no es un cambio mágico, sino una responsabilidad de afrontar en contraposición amorosa y humilde su estilo de vida, tiene como método la escucha atenta de los mandatos de Dios y las expresiones de los hombres; las discierne y encuentra los valores del Reino y sabe alabar a Dios en actitud agradecida por sus acciones en la historia. Entiende que hay maneras diversas de alcanzar el primer puesto, que sus acciones no deben buscar la recompensa o el provecho de quienes están a su nivel o superioridad, sus “pagas” son los favores que Dios le concede a cada día, por eso los destinatarios de sus acciones son las realidades predilectas de Dios en la Sagrada Escritura. Obra movido por el amor de Dios y la caridad, su respuesta relacional con los demás no son el buen gesto humano sino la manifestación del amor de Dios.

Quien ha entrado en esta dinámica de la Nueva Alianza, entiende el mandato de Jesús: “Ve y haz tú lo mismo” (Lc 10, 37); amar, servir, ayudar y salvar como lo hizo Él. Jesús es la imagen concreta del humilde que se contrapone al orgulloso, él ha invitado todas las realidades humanas marginadas al Banquete de la Vida Eterna.

3.  Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?

La oración la expresamos en las preces de los fieles, cada uno debe interiorizar a qué lo está llamando el Señor y está llamado a orar por esa realidad. El cómo reflejo este encuentro, exige poner en acto las exhortaciones del Señor Jesús, ejemplo nos ha dado el Papa Francisco que, con cierta regularidad invita a su mesa, bien a desayunar o comer algo, a los más pobres, a los habitantes de la calle.

El papa ha fijado la jornada de los pobres, no la echemos en saco roto, preparémonos para ella e invitemos a cenar a los más pobres de nuestras parroquias, basten las palabras de insistencia del Papa:

“Invito a los hermanos obispos, a los sacerdotes y en particular a los diáconos, a quienes se les impuso las manos para el servicio de los pobres (cf. Hch 6,1-7), junto con las personas consagradas y con tantos laicos y laicas que, en las parroquias, en las asociaciones y en los movimientos, hacen tangible la respuesta de la Iglesia al grito de los pobres, a que vivan esta Jornada Mundial como un momento privilegiado de nueva evangelización. Los pobres nos evangelizan, ayudándonos a descubrir cada día la belleza del Evangelio. No echemos en saco roto esta oportunidad de gracia. Sintámonos todos, en este día, deudores con ellos, para que tendiendo recíprocamente las manos unos a otros, se realice el encuentro salvífico que sostiene la fe, vuelve operosa la caridad y permite que la esperanza prosiga segura en su camino hacia el Señor que llega” (II Jornada Mundial de los Pobres, Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, 18 de noviembre de 2018).

RECOMENDACIONES PRÁCTICAS:
1.  Resaltar la frase, y también podría colocarse en cartelera: “Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón” o “El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.”
2.  Se podría seguir la Plegaria Eucarística para diversas circunstancias IV: Jesús, que pasó haciendo el bien, Misal p. 529, ya que presenta a Jesucristo humilde, misericordioso y cercano a los necesitados y afligidos.
3.  Guardar silencio, en el momento que corresponde, como parte de la celebración: en el acto penitencial, después de la invitación a orar, terminada la lectura o la homilía, de después de la Comunión. (Cf IGMR 45).
4.  Tener presente que, hoy 1° de septiembre, se inicia el mes de la Sagrada Biblia. Es oportunidad para organizar los encuentros para estudio y reflexión sobre la Palabra de Dios, teniendo presente los subsidios que se ofrecen para esta ocasión.

Posted by editorCEC1