La alegría pascual nos invita a reconocer al Señor vivo y resucitado

Primera Lectura: Hch 2,14.22-33

Salmo: Sal 16(15),1-2+5.7-8.9-10.11 (R. 11a)

Segunda Lectura: 1P 1,17-21 

Evangelio: Lc 24,13-35


Introducción

- En los Hechos de los Apóstoles, Pedro da testimonio de Cristo resucitado, citando al rey David, habla de uno que no será abandonado en el lugar de la muerte y que no experimentará la corrupción, la promesa que había hecho Dios a David de sentar en su trono a un descendiente suyo, se cumple en Cristo, a quien Dios resucitó y exaltó a su derecha.

- La primera carta de Pedro, habla de la liberación por la cual Cristo, con su sangre preciosa, ha rescatado al hombre de la muerte, manifestando al mundo la gloria de Dios por medio de su resurrección y haciéndonos partícipes del amor de Dios.

- El evangelista narra la aparición de Jesús a dos discípulos camino a Emaús y cómo pasa desapercibido a sus ojos; el camino a Emaús relata una de las apariciones que manifiestan la resurrección de Cristo, que afianzan la fe y la esperanza en la resurrección futura.

1 Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?

El evangelio de San Lucas, nos cuenta el episodio de los discípulos de Emaús; mientras van conversando Jesús en persona se acerca y camina con ellos, y simulando no saber nada de lo sucedido en Jerusalén, pregunta de lo acontecido, ellos respondiendo hablan de Jesús quien, como gran profeta, fue entregado, condenado y crucificado; luego le hablan de las mujeres que yendo al sepulcro afirmaron haber visto una aparición de ángeles diciendo que está vivo y que encontraron su tumba vacía. Jesús, entonces, les narra todo lo concerniente a él en las Escrituras y, luego, haciendo ademán de seguir adelante, es invitado a quedarse con ellos; al aceptar, se sentó a la mesa con ellos partió el pan y dio gracias, entonces ellos lo reconocieron, pero el desapareció de su vista. Los discípulos regresaron a Jerusalén y contaron a los once lo sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

En consonancia con el evangelio, la primera lectura, del libro de los Hechos de los Apóstoles, nos relata el discurso dado por Pedro el día de pentecostés que, hablando de Jesús, el nazareno, lo presentó como profeta de Dios; también dice que Cristo manifiesta, por signos y prodigios, el poder que    el Padre le ha dado; en efecto, Pedro, da testimonio de la muerte en la cruz y de cómo Dios, resucitándolo de entre los muertos, lo ha puesto a su derecha; igualmente, afirma que, Cristo ascendiendo al cielo, ha enviado al Espíritu para continuar la manifestación de la gloria y el poder de Dios .

Del mismo modo, el Salmo nos presenta la confianza y seguridad del hombre que en Dios no vacila. Se trata de una alabanza en la que el salmista pide a Dios refugio y protección, Dios se manifiesta como Padre, que guía y aconseja y que siempre está acompañando al hombre, este, entonces, tiene la plena certeza de que su confianza estando en Dios lo llevará a la vida eterna, en la cual podrá estar con él y gozar de una plena alegría.

Por otra parte, en la segunda lectura el autor sagrado, en la carta del apóstol Pedro, habla de la liberación que Cristo da a los hombres, con su sacrificio en la cruz, que fue llevada a cabo a precio de su sangre, como la de un cordero sin mancha, y cómo Cristo, que dio su vida por nosotros, es manifestación del amor y el poder de Dios, para que todo el que crea en Él vida eterna.

2 Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?  

En este tiempo de alegría pascual la liturgia de la palabra nos invita a reconocer al Señor vivo y resucitado; el Señor ha manifestado su gloria, resucitando a su Hijo de la muerte. La Tradición de la Iglesia por siglos nos ha enseñado que Cristo, el Hijo de Dios, fue rescatado del abismo de la muerte; también, los padres de la Iglesia, meditando el misterio de la resurrección, nos han enseñado que Jesucristo es imagen del amor de Dios al mundo y primicia de la gracia, por la cual el hombre es redimido, Cristo, entonces, es glorificado y ensalzado, y el hombre invitado a configurarse con él.

En el evangelio Cristo se encuentra con los discípulos de Emaús, esta manifestación de la resurrección se caracteriza por un particular sentimiento de tristeza, que es reflejada en los discípulos, pero que, al encontrarse con Cristo, manifiesta, de cierto modo, un fuego interior, una llama, la llama de la fe y la esperanza. Cristo que camina junto a nosotros, como lo hizo con los discípulos de Emaús, también en cada Eucaristía, nos habla, nos instruye con su palabra, y nos hace participes del pan eucarístico, para que animados y fortalecidos podamos ser discípulos que tengamos la mirada fija en Dios, debemos ser discípulos que cultivemos nuestra fe y, parte de eso, lo logramos haciéndonos testigos; todos somos llamados   a testimoniar nuestra fe; el compromiso como cristianos, que adquirimos desde nuestro bautismo, es el de acrecentar esa llama de la fe , esa luz que se nos enciende en el bautismo a través del signo de Cristo en el cirio pascual, debe conservarse ardiente en el transcurrir de nuestra vida; es fundamental en el crecimiento humano, el crecimiento, a la par, en la fe por medio de la Palabra y los sacramentos que el mismo Cristo ha dejado y que la Iglesia ha perpetuado para propiciar el encuentro con Dios, en su Hijo Jesucristo.

Somos testigos de la vida eterna, testigos del amor de Cristo, pues nos ha dado una vida con su muerte y no ha dejado que seamos olvidados en el lugar de los muertos, debemos tener plena seguridad en Dios y, como Pedro, declarar con toda solemnidad que Jesús es el Señor y que podemos confiar en él plenamente porque él nos ha prometido su favor y nos ha demostrado, con su sacrificio, entregando su propia vida, cuánto nos ama, confiemos en que, de la misma forma que Dios rescató a Cristo del lugar de la muerte, también los que en él creemos y tenemos puesta nuestra fe, gozaremos al contemplar su rostro.

Cristo, entonces, es el sendero que nos conduce al Padre, Él que nos ha dicho que es el camino, la verdad y la vida, nos ayuda en el caminar; Cristo nos lleva a la casa del Padre, somos, entonces, testigos de aquel que fue resucitado de entre los muertos, esta es nuestra fe y nuestra esperanza, vayamos gozosos y anunciemos a Cristo resucitado, manifestemos nuestra fe, seamos discípulos misioneros, hablemos de Cristo que, resucitado, nos ha hecho participes de la vida eterna, seamos como el profeta, que anunciando a tiempo y a destiempo, no se deja intimidar por la realidad de la sociedad o el momento histórico en el que se encuentra.

El mundo moderno tan contaminado de las nuevas ideologías, necesita que se le anuncie a Cristo, necesita que se le proclame la fe para que tenga esperanza en Dios, necesita de personas comprometidas, tenemos que ser testigos de su palabra, de su enseñanza, en las buenas obras, que se manifieste Cristo en nuestras vidas, que nuestro obrar sea coherente con lo que profesamos, que las enseñanzas de Cristo sean reflejadas en el diario vivir, que en todo lo que hagamos no olvidemos el significado de llamarnos cristianos y así daremos razón de nuestra fe y de nuestra esperanza.

3 Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? 

Esta palabra que meditamos en este día nos hace reflexionar sobre el misterio de la muerte, pero sin olvidar la fe y esperanza que debe estar siempre puesta en Dios mismo, el que ha resucitado a Cristo de entre  los muertos y nos ha otorgado la salvación, nos invita a vivir con esta convicción plena, sabiendo que al ser cristianos comprometidos, al partir de este mundo, gozaremos de un estado de gracia y gloria, el Señor constantemente está llamando a nuestra puerta, nos pide que seamos testigos de su amor y de su misericordia, nos pide una conversión plena, nos pide que nos comprometamos con la tarea de gritar al mundo que su amor y su misericordia son eternas.

RECOMENDACIONES PRÁCTICAS:

- Para este tercer domingo pascual, la liturgia nos presenta un ambiente de esperanza en la resurrección, es conveniente suscitar en la asamblea un momento de reflexión interior en la vida eterna y en el hecho de ser testigos de Cristo resucitado.

Cuidar los signos propios de este Tiempo Pascual: manteles, luces, flores, ornamentos festivos.

- Sería oportuno hacer hoy el Rito para la bendición y la aspersión del agua en memoria del Bautismo, que ocuparía el lugar del acto penitencial, al comienzo de la Misa, siguiendo lo indicado en el Apéndice I, propio para la cincuentena pascual, Misal, p. 1058.Para que favorezca la meditación de la Palabra de Dios, conviene que haya breves momentos de silencio, antes de que inicie la Liturgia de la Palabra, después de la primera y, si hay, segunda lectura, y una vez terminada la homilía. La finalidad de estos silencios es que, con la ayuda del Espíritu Santo, la asamblea medite brevemente lo que escuchó, saboree la Palabra de Dios y se prepare la respuesta más conveniente (Cfr. OGMR 45 y 56).

- Podría seguirse el Prefacio de Pascua I y la Plegaria Eucarística III. O la Plegaria Eucarística para Diversas Circunstancias II: «Dios guía a su Iglesia por el camino de la salvación”, Misal, p. 519, por recordar que el Señor nos explica las Escrituras y parte para nosotros el pan.

Tener presente que el próximo domingo, 3 de mayo, es:

El día del Buen Pastor

- La Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones Sacerdotales

- La Jornada Nacional de la Infancia Misionera

- Día de la Reconciliación, en Colombia

Posted by Diana Álvarez