La Palabra de Dios no está encadenada

La “Palabra de Dios no está encadenada”, es decir, siempre se anuncia y se proclama con toda libertad. En este día recibamos con atención y respeto el mensaje de la Palabra de Dios y hagamos el propósito de no encadenarla en nuestro egoísmo, ni en nuestra falta de compromiso, para que la podemos anunciar a los demás.


Lecturas

Primera lectura: 2Reyes 5,14-17
Salmo de respuesta: 98(97),1.2-3ab.3cd-4
Segunda lectura: 2Timoteo 2,8-13
Evangelio: Lucas 17,11-19


  CONTEXTO BÍBLICO

«Ahora reconozco que no hay dios en toda la tierra más que el de Israel». Naamán después de recibir el beneficio de la sanación por medio de la acción del profeta, regresa con su séquito para agradecer y quiere hacerlo de dos formas: la primera tiene que ver con el ofrecimiento de un bien, que rechaza el profeta; la segunda, haciendo una profesión de fe, reconociendo al Dios de Israel como el único en toda la tierra.

En este relato se pone de presente el poder universal del Dios de Israel, que beneficia incluso a los enemigos de su pueblo, pues es un Dios rico en misericordia, que tiene entrañas de Padre para acoger a todo el mundo. Además, es otra oportunidad, en la revelación veterotestamentaria, para manifestar el señorío absoluto de Yahvé sobre la historia.

«Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros». El texto del evangelio de este domingo nos presenta un milagro de Jesús, que tiene elementos comunes con el texto del libro de los Reyes y está encaminado a ofrecernos un mismo mensaje. Se trata de la misma enfermedad de la lepra que padecen unas personas y que termina aislándolas de la comunidad por la impureza de sus cuerpos. Jesús obra el milagro de la sanación solicitada por ellos que lo reconocen como el Maestro que viene a hacer presente la misericordia de Dios y por eso la súplica: “ten compasión de nosotros”. Han descubierto en Él el rostro de la misericordia del Padre.

Igual que Naamán, el leproso extranjero regresa a dar las gracias por la curación que ha obtenido, glorifica a Dios que lo ha liberado de la enfermedad, ha quedado limpio y ya puede incorporarse a la comunidad. El mensaje sobre la gratitud debe ocupar nuestra reflexión, pues los seres humanos y en especial los creyentes solo empleamos la faceta de la petición y la súplica, olvidándonos de agradecer, alabar, bendecir y glorificar a Dios por todas las obras que hace en favor de nosotros.

  CONTEXTO SITUACIONAL

«Haz memoria de Jesucristo el Señor, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David». En esta exhortación a su discípulo Timoteo, el apóstol lo invita para que no pierda de vista que el centro de todo está en esta obra maravillosa de la misericordia de Dios. No podemos olvidar que antes de cualquier súplica que nosotros hagamos al Señor, Él ha salido antes a nuestro paso, siempre ha tomado la iniciativa, primero para venir en nuestro auxilio. Nada se debe a nuestro mérito, todo es gracia, bondad y misericordia.

Nos lo ha enseñado el Santo Padre Francisco: “la misericordia de Dios no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Él revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueven en lo profundo de sus entrañas por el propio hijo”. En los textos de la Palabra aparece este don abierto a todos. Jesús resalta que es un extranjero el que regresa a dar gracias, el que reconoce la acción de Dios en su favor. El salmista incluye a toda la humanidad en su oración: El Señor se compadece de todos nosotros.

Qué importante este mensaje en estos momentos de tantas exclusiones. Además, vivimos una época en la que todo tiene un valor material. El hombre cree que todo lo puede y lo debe comprar y de ahí depende su validez. Por eso nos cuesta vivir la fe en el ámbito de la gratuidad, del reconocimiento de que Dios no actúa por negocios. Cuántas veces le presentamos al Señor la cuenta de cobro de nuestras pobres acciones, de nuestros rezos a veces acelerados, de algunas obras de caridad que hacemos, no siempre con la más recta intención.

Naamán, el leproso extranjero, la compasión universal del Señor y la memoria de Cristo Jesús, resucitado de entre los muertos, nos llaman en este día a ofrecer al Señor una acción de gracias intensa por los beneficios que siempre recibimos de Él, ya que estamos Llamados a impregnar el mundo de gratitud y de reconocimiento de la universal bondad y compasión del Señor por todos.

  CONTEXTO CELEBRATIVO

«¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?». La eucaristía que celebramos es el culto de acción de gracias a Dios por medio de su Hijo Jesucristo para bien de toda la humanidad. Muchos cristianos, en la actualidad, tienen un valor muy relativo de la eucaristía del domingo, esto nos obliga a los pastores y presidentes de la asamblea eucarística a fortalecer la catequesis sacramental en favor de la participación parroquial en la eucaristía dominical. Pareciera que el reclamo de Jesús sigue siendo muy actual, pues los que somos sus discípulos no queremos volver donde Él al finalizar la semana para agradecer tantos beneficios recibidos.

«Tu fe te ha salvado». Naamán, el sirio profesa su fe en el Dios de Israel, Jesús exalta la fe del extranjero que regresa a dar gracias. En esta celebración estamos llamados a fortalecer la fe, como respuesta generosa a la inmensa bondad y compasión de nuestro Dios con nosotros. Una fe firme que aprecia y valora el sacramento de la eucaristía, fe que acoge con amor la Palabra escuchada, fe que nos integra a la comunidad como hermanos de un mismo Padre y redimidos por el único sacrificio de Cristo en la cruz. Gratitud y fe, dos grandes virtudes que celebramos en esta liturgia dominical.


 Recomendaciones prácticas

  1. Resaltar en cartelera las palabras centrales del mensaje de hoy: Gratuidad – Acción de gracias – Fe – Misericordia.
  2. Recordar a los fieles el tercer mandamiento de la ley de Dios: santificar las fiestas y el mandamiento de la Iglesia católica: participar en la eucaristía todos los domingos y fiestas de guardar. Un compromiso de gratitud y alabanza.
  3. En esta semana:
  • El sábado 12 de octubre, es la fiesta nacional del día de la raza. Por ser el día del descubrimiento de América, se recomienda escoger una de las Misas apropiadas para la ocasión. En la Oración Universal o de los Fieles se aconseja hacer peticiones por América y su Nueva Evangelización.
  • Seguir facilitando la vivencia del Año de la Misericordia con el lema “Misericordiosos como el Padre”. Insistir en la vivencia de las obras de misericordia: siete espirituales y siete corporales.

Foto CC0 Public Domain

Posted by Admin9834