La Sagrada Escritura nos pide: escuchar atentos al Señor

Primera lectura: Jr 38,4-6.8-10
Salmo: Sal 40(39),2-3ab. 3cd-4ab.4cd-5ab.18 (R. 62[61],2) 
Segunda lectura: Hb 12,1-4
Evangelio: Lc 12,49-53.


Introducción

Algunas ideas temáticas que ofrecen las lecturas en consideración:

•  Confía en el Señor. Dios es nuestro protector y siempre está pronto a dar la mano a su pueblo, por medio de sus elegidos, profetas y personas de fe, hasta los últimos tiempos, cuando nos envía a su Ungido, Jesucristo.
•  Camina tras la salvación. El medio para alcanzar la felicidad que anhelamos y la salvación que se nos ofrece es la misericordia de Dios. El testimonio de quienes, con fe y valor, han luchado para vencer el mal y seguir al Señor, nos muestra que es indispensable la confianza y la fidelidad.
•  Vive como discípulo misionero que anuncia y se compromete. Estamos en este mundo para hacer historia de salvación, como discípulos misioneros de Jesús, quien nos pide anunciar y vivir el dinamismo del Reino, con entrega decidida y servicio generoso, para vencer las pasividades, adormecimientos y conformismos que experimentamos en nuestro diario vivir.
 
1.   Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
La Palabra nos lleva a ver los acontecimientos y testimonios de personas, como los profetas, que nos muestran cómo Dios es nuestro auxilio y nuestra fortaleza en el camino de nuestra liberación. Nos motiva a sentir cómo la acción de Dios en nuestras personas y en nuestra historia nos debe dar la seguridad que Él siempre está de nuestra parte, que podemos contar con Él y superar toda adversidad y todo mal; y, que, aunque, muchas veces, los sufrimientos y dificultades nos hagan sentir doblegados, con Dios nunca estaremos vencidos.

El identificarnos como discípulos misioneros en el seguimiento al Señor Jesús, nuestro Salvador, nos exige firmeza en la fe, imitando a muchos creyentes, para así tenerlo como nuestro paradigma como la persona a quien nos debemos incorporar por ser el apoyo indispensable, ya que con su ayuda sabremos despojarnos de toda clase de maldad y soportar como Él los miedos, dudas, humillaciones y sufrimientos de nuestro diario vivir; además, tendremos la fortaleza para asumir con Él la cruz y soportar con valor las contradicciones de quienes nos hacen daño o de las realidades hostiles que nos rodean, superarlas y lograr la dicha de estar ahora y siempre junto a Dios.

La Palabra nos reconforta con esta voz de ánimo que nos manifiesta que el Señor nos escucha y nos da la mano para continuar firmes en la fe y confiados en medio de la lucha contra toda clase de mal. Así mismo, nos insiste en que al decidir ser discípulos misioneros comprometidos en la construcción del Reino, por nada podemos desistir en nuestro seguimiento claro y firme y en nuestra lucha y nuestra guerra contra todo lo negativo que vaya contra la voluntad de Dios y la propia realización integral, histórica y trascendente.

2.   Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?
La palabra de Dios nos invita a saber reconocer, confiar, esperar y servir en el anuncio y construcción de la obra del Reino de Dios, que para lograrlo necesitamos cambiar de mentalidad. Y para eso la Sagrada Escritura nos pide: escuchar atentos al Señor, que se nos manifiesta en muchos aspectos de nuestra vida y de diversas formas; y dejarnos animar por el testimonio de muchas personas de fe que han perseverado hasta el fin y han dejado huellas de vida y salvación.

Este mensaje de la palabra, escuchar y ver el testimonio, nos advierte también que la vida de las personas fieles al Señor, es vida de sacrificio, riesgo y decisión; que ni la tranquilidad pasiva, ni el alma conformista, ni la indiferencia están en sintonía con este lenguaje profético y mesiánico.

Desde esta Palabra interpretamos que una vida instalada en ideas o conceptos, en pastorales de sostenimiento o en costumbres, normas, formas o modos de vida familiar, resignaciones y desánimos, es contraria a la novedad del Reino y al proyecto del Padre misericordioso, a quien hacemos eco en la Secretariado Permanente del Episcopado, con el lema de este año: como Jesús, “ve y haz tú lo mismo”. Dar lo mejor, aunque cueste y sin importar quién es el necesitado.

Por eso, la metáfora del fuego, que nos presenta el Señor Jesús, nos recuerda el horno y la antorcha humeante de la alianza con Abraham (Gen. 15,17), la zarza ardiente en el Horeb, cuando Dios le pide a Moisés volver a Egipto a liberar a su pueblo (Ex. 3,1-13), y la brasa encendida con la que Dios purifica los labios de Isaías (Is. 6,6-9 ), entre otros muchos pasajes de la Sagrada Escritura, que nos invitan a percibir cómo Dios se comunica, purifica, fortalece y motiva al discípulo para que se prepare, acepte y asuma la invitación a seguirle de la mejor forma, a costa de todos los miedos y peligros.

Es el mismo Señor Jesús quien nos invita y nos propone dejarnos llenar de su presencia para que así seamos capaces de abrir nuestras puertas personales, familiares, sociales y espirituales, y tomar el camino con audacia y decisión; de colocar nuestra mirada en los horizontes de luz que nos dan seguridad y nos permiten ser verdaderos discípulos bautizados con fuego y Espíritu, según lo anunciado por Juan en su predicación (Lc. 3,16), y nos preparemos constantemente para llevar una vida impregnada del Espíritu Santo que nos ayuda a asumir el estilo de vida nueva y el modelo transformador del Señor Jesús.

En este sentido el Papa nos advierte que “aunque las palabras de Jesús pueden parecernos poéticas, sin embargo, van muy a contracorriente con respecto a lo que es costumbre, a lo que se hace en la sociedad; y, si bien este mensaje de Jesús nos atrae, en realidad el mundo nos lleva hacia otro estilo de vida.” Papa Francisco, la Exhortación Apostólica, Gaudete et Exsultate, No. 65.

Por eso para vivir nuestra vocación bautismal y misionera, como bautizados y enviados, con autenticidad y coherencia, necesitamos decisión clara y opciones que nos lleven a dar testimonio de fe por encima de las dificultades, a reconocer el sentido de la vida guiada por el Señor Jesús y a enrutarnos por el camino de la santidad, atendiendo a las exigencias de la fidelidad, del amor puro, de la autenticidad en las actitudes y de ecuanimidad en las relaciones; sabiendo que este enfoque y vivencia nos va a acarrear críticas y contradicciones, que sin ser polémicas ni enfrentamientos, sí nos exige mantener la perseverancia y romper con algunos modos de ser y con prácticas materialistas, individualistas y de conveniencia social.

Este pasaje que nos presenta el Señor Jesús, nos recuerda también que desde el Sinaí (Ex. 19,18), en el horizonte del desierto, el fuego es signo y símbolo de santidad, que nos coloca en la doble manifestación del mismo hecho: atractivo y temeroso, alentador y desafiante; pero esta realidad del fuego, que es natural, como la del agua, nos anima a seguir con confianza al reconocer que es acción divina, un gran don del cielo.

Realidad en la que podemos encontrar y entender el sentido del proyecto del Señor Jesús, que pide ser aceptado y asumido como un don bajado de lo alto y, por lo mismo, como el tesoro más grande que podemos encontrar y disfrutar en la vida.

3.   Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?

•  Señor, necesitamos el fuego de tu amor, para que encienda nuestro espíritu, nuestra mente, corazón y todo nuestro ser, y nos ayude a superar con fortaleza la pusilanimidad, frialdad y el alma dormida, para decidirnos a ser sus testigos con tenacidad, intrepidez y audacia.
•  Señor, ante el mundo en el que vivimos y en el que muchos se creen con derechos de arriesgar sus vidas y de sacrificar la de los demás, danos la sabiduría para denunciar los abusos, atropellos, corrupciones y todas las injusticias que a diario se comenten, en nuestra sociedad, e inspira las palabras que necesitamos para aconsejar y orientar a los niños, jóvenes, familias y a muchos bautizados por el camino de la Verdad y la Vida.
•  Señor, queremos mantenernos fieles como sus discípulos misioneros, pero “tú lo sabes todo Señor” y nosotros sabemos que la lucha es para valientes, danos los dones de tu Santo Espíritu y las virtudes cristianas que necesitamos para mantenernos fieles y perseverar firmes hasta el fin.

RECOMENDACIONES PRÁCTICAS:
1.   Podría resaltarse como signo en la eucaristía la ofrenda para los pobres, como signo de comunión fraterna.
2.   Se puede seguir el Prefacio y Plegaria Eucarística II, “El misterio de nuestra salvación en Cristo”, Misal p. 439.
3.   Escoger los cantos que vayan en sintonía con las oraciones y los textos bíblicos de este día.
4.   Motivar y realizarla colecta de la Dona Nobis, que se realizará el próximo domingo, y que tiene como objetivo sostener la obra evangelizadora de la Iglesia en Colombia.
5.   Recordar que: El viernes 23 es la fiesta de Santa Rosa de Lima, Patrona de América Latina, y el sábado 24 la de San Bartolomé, apóstol.

Posted by editorCEC1