No dejemos que el corazón se ate a las cosas efímeras

Convocados por el Señor en el vínculo fraterno de la esperanza, vivamos en este Domingo la alegría de tener como meta de nuestra vida el amor de Dios y de saber que el camino para esa alegría que no acaba es la generosidad, la confianza, la búsqueda del amor de Dios siguiendo los pasos del que nos enseña a vivir, Cristo. Celebremos, agradezcamos, alabemos al que lo es todo en nuestra vida.


Lecturas

Primera lectura: Eclesiastés 1,2; 2,21-23
Salmo de respuesta: 39(38),5-6ab.6c-7.12.13ade-14 (R. 5a)
Segunda lectura: Colosenses 3,1-5.9-11
Evangelio: Lucas 12,13-21


  CONTEXTO BÍBLICO

En la Palabra de hoy hay un aire existencial, hay un retrato de la realidad del hombre de ayer, de hoy y de mañana, tan apegado a lo inmediato, tan atado a las cosas, tan dramático en sus desesperaciones, tan obsesionado por lo que se posee. La primera lectura enfatiza esa actitud nuestra que centra la esperanza en lo que pasa y no busca lo eterno, lo sublime, lo glorioso y que cambia el esfuerzo que debiera emplear en la búsqueda de lo mejor por la decisión de amar lo que nos ata y nos esclaviza. El Salmo nos propone, entonces, una sabia llamada: aprender a mirar la caducidad de la vida como un reto para la esperanza, aprender que la vida en sus limitaciones naturales nos invita a romper esa clausura en la desesperanza para abrirnos a la prudencia que hace sabios, al amor que hace hermanos, a la paz que nos hace santos. La carta a los colosenses nos dirá que, si Cristo lo es todo y en todos, la vida debe ser experiencia fraterna en aquel que rompe fronteras, tan de moda hoy, y nos dice que, por su amor entregado, seremos ciudadanos del cielo. El Evangelio, invitándonos a no dejar que el corazón se ate a las cosas efímeras, nos recuerda que al final de la vida todo pasará, menos el amor con el que Jesús nos presenta como programa de vida la fraternidad, la solidaridad iluminada por la fe, la comunión en el amor que nos hace nuevos, generosos, integrados en el amor providente de Dios que es Padre de todos, para edificar con Él la casa de la esperanza y de la comunión fraterna.

  CONTEXTO SITUACIONAL

El sentido novedoso del Evangelio nos llama a redescubrir la vida de un modo distinto, a encontrar en las cosas un camino y no un fin, a admirar en la obra de Dios no una meta sino un don. Cuando la vida se transforma en una experiencia generosa, en una donación constante de fraternidad y de alegría, podemos superar el doloroso egoísmo de los fariseos y la amarga actitud de los que centran su vida en las cosas, en la frialdad de las normas que esclavizan, en la tristeza del corazón sin esperanza. La palabra de pablo en la que nos recuerda que Cristo es vínculo y convocación de amor para todos, se ilumina con aquello extraordinario que nos predicó el Beato Paulo VI en Bogotá en las Ordenaciones celebradas en su Viaje Apostólico a Colombia en 1968: “Tú, Señor Jesús, eres el mediador entre Dios y los hombres; no eres diafragma, sino cauce; no eres obstáculo, sino camino; no eres un sabio entre tantos, sino el único Maestro; no eres un profeta cualquiera, sino el intérprete único y necesario del misterio religioso, el solo que une a Dios con el hombre y al hombre con Dios, Nadie puede conocer al Padre, has dicho Tú, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo, que eres Tú, Cristo, Hijo del Dios vivo, quisiere revelarlo (Cf.Mt 11, 27; Jn 1,18). Tú eres el revelador auténtico, Tú eres el puente entre el reino de la tierra y el reino del cielo: sin Ti, nada podemos hacer (Cf. Jn 15,5) . Tú eres necesario, Tú eres suficiente para nuestra salvación”

  CONTEXTO CELEBRATIVO
  • Anunciamos vida y vida en Cristo, celebramos vida y lo hacemos en el clima de esperanza y de confianza con el que la liturgia, de este día, nos invita a llenarnos del amor providente de Dios, a confiar en que, por ser suyos, todo nos lo regala su amor maravilloso y que nuestros esfuerzos no se pueden reducir a las conquistas de cosas que pasan, sino que nos deben remitir a la corona que Dios ofrece a quienes se entregan con amor, a quienes no calculan con criterios humanos sino que proyectan su vida haciendo del amor de Dios la medida justa y el camino cierto hacia la verdadera felicidad.

 Recomendaciones prácticas

  • Tener presente las expresiones bíblicas que explicita la homilía de este domingo: ¿Qué saca uno de tanto trabajar?, «Señor, dame a conocer mi fin», “Busquen los bienes de allá arriba, donde está Cristo”, «Lo que habías amontonado, ¿para quién será?»
  • Se puede seguir el Prefacio Dominical VI: «Prenda de nuestra pascua eterna», p. 388 del Misal.
  • Se puede realizar al final de la Misa la fórmula de Bendición Solemne: 15. En el Tiempo Ordinario VI, p. 477 del Misal.
  • En el contexto de Año de la Misericordia hoy se celebra el Jubileo de los jóvenes. Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia.
  • Recordar que en esta semana, el sábado 6 de agosto, es la fiesta de la Transfiguración del Señor.

Foto Tomado de Internet

Posted by Admin9834