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No vivamos como paganos

Vie, 03/08/2018 - 15:34 Admin9834

Tags: Encuentros con el Resucitado paganos

Vivir como paganos es vivir sin Cristo, no conocer su mensaje, su doctrina. A veces decimos ser creyentes, pero nuestra forma de vivir está muy alejada del Señor. 

Vivimos creyendo en horóscopos, en amuletos, talismanes y creemos en una cantidad de cosas contrarias a la fe. Por eso, el Señor nos dice: ¿Quieres paz? No vivas como pagano; es decir, vivamos como creyentes cristianos católicos.

Tareas:

  • Compra el Catecismo de la Iglesia Católica.
  • ¡Ningún domingo sin Misa, comer la Carne y Sangre de Cristo!

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Jue 11 Ago 2022

No he venido a traer paz, sino división

VIGÉSIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Agosto 14 de 2022 Primera Lectura: Jr. 38, 4-6.8-10 Salmo: Sal 40(39),2-3ab. 3cd-4ab.4cd-5ab.18 (R. 62[61],2) Segunda Lectura: Hb 12,1-4 Evangelio: Lc 12,49-53 I. Orientaciones para la Predicación Introducción • El domingo pasado la liturgia de la Palabra nos invitaba a la vigilancia, este domingo insiste en la radicalidad como debemos asumir los criterios del Evangelio, que sin duda trae división de manera especial en los corazones que no quieren pactar con esta Buena Noticia. • El profeta Jeremías es despreciado por anunciar el querer de Dios, sus oyentes se incomodan y quieren quitarlo del camino. Así, ayer como hoy, el anuncio del querer de Dios incomoda, no es comprendido, produce rechazo y la vía más fácil es anular y quitar del camino a quien lo hace. • La lectura de los Hebreos nos invita a seguir el camino del Señor, como una carrera en la que debemos colocar los ojos fijos en el Señor Jesús que va adelante de nosotros; testigos insignes (la asamblea de los santos) nos animan en este caminar juntos hacia la vida eterna. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? En la primera lectura tomada del libro de Jeremías 38,4-6.8-10 el profeta se constituye en una figura incómoda para los líderes de aquel tiempo, su predicación provoca el fastidio de sus oyentes cuando transmite la voluntad de Dios. Jeremías ejerce su ministerio profético antes del destierro a Babilonia, durante los reinados de Joaquín y Sedecías (609-587 a C). Jeremías fue llamado por el Señor para ser su mensajero cuando aún no tenía 20 años, tuvo que confrontar a los príncipes y al pueblo ante la corrupción y la pérdida de la fe en el único y verdadero Dios, además tuvo que aconsejar a los gobernantes de turno para que no hicieran alianzas con los egipcios, puesto que estos no les iban a ayudar. El rey Sedecías era de carácter débil y permitió que Jeremías fuera echado en un aljibe lleno de lodo, pero Ebedmelek habló al rey y lo convenció de lo contrario, permitiéndole al cusita tomar tres hombres y sacar al profeta antes de que muriera. El profeta no habla en esta escena, sufre en silencio las consecuencias inevitables de su fidelidad a la misión. La fe del profeta y su esperanza personal son testimonio y ejemplo de lo que el pueblo ahora debe hacer ante la deportación a Babilonia. El salmo de hoy resuena como la oración del profeta allá en el pozo, colocando toda su confianza en el Señor “Señor date prisa en socorrerme” El autor de este precioso himno confía en el Señor y reconoce su presencia “me levantó de la fosa fatal, de la charca fangosa… yo soy pobre y desgraciado, pero el Señor se cuida de mi”, el profeta experimenta la presencia de Dios y sabe que está con él para librarlo. La segunda lectura del domingo pasado nos proponía a Abrahán y Sara como modelos de fe; hoy la carta a los Hebreos 12, 1-4 nos presenta “una nube ingente de testigos” que nos observan en nuestra carrera para alcanzar la gloria futura. El autor de la carta quiere que los que creemos en Cristo corramos animados por todos esos testigos que nos alientan a perseverar hacia la meta, pero con la claridad y certeza de que quien va adelante en la carrera es Cristo Jesús. El Señor superó todas las pruebas, incluso la de la muerte y ahora se encuentra victorioso, triunfante a la derecha del Padre. San Lucas en el capítulo 12, 49-53 describe uno de los discursos más sorprendentes de Jesús “he venido a prender fuego en el mundo… ¿piensan que he venido a traer paz? No, sino división…” El reinado de Cristo en el mundo, más que una paz tranquilizadora, es un compromiso serio y constante de trabajo en la construcción de una paz estable y duradera. El amor que nos trae Jesús y entra en el mundo, trae consigo oposición, pues el mundo es enemigo de Dios; así descubrimos que el seguimiento de Jesús tiene su precio a la hora de exigir el verdadero testimonio de la fe, la división en la familia y la falta de paz son obvias, cuando la fe no se vive con radicalidad y entrega, es ahí cuando surge la división. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Hoy como en los tiempos de Jeremías, la gente quiere escuchar mensajes y discursos que les dé la razón y no mensajes que los confronte ante sus infidelidades. La misión del profeta de anunciar al pueblo el querer de Dios, que si no se convertían de sus maldades tendrán un futuro sombrío y desafortunado; así mismo, el tener que aconsejar a las autoridades de turno sobre decisiones que no les agradaban, hicieron que se despertara una aversión hacia el profeta y buscaran quitarlo del camino y así silenciarlo. Jeremías es hombre de Dios, no deja de cumplir su misión, aún, hundido en el fango de aquel pozo sigue proclamando el querer de Dios. La carta a los Hebreos nos presenta las exigencias de la vida cristiana como una carrera en un estadio repleto de gente, son nuestros antepasados en la fe que nos dan ejemplo de fidelidad y entrega. Ser atletas en el estadio de la vida exige sacrificio, aprender a renunciar a aquellas realidades que nos separa del querer de Dios, por eso hay que poner los ojos fijos en la meta que no es otra que el mismo Cristo Jesús, Él va adelante, nos da ejemplo de fidelidad y confianza en Dios, para que nosotros sigamos con decisión en la carrera de la vida sin miedo “corramos en la carrera que nos toca sin retirarnos… no os canséis, no perdáis el ánimo”. El Evangelio nos sorprende hoy con un mensaje muy expresivo de Jesús, Él no ha venido a traer la paz, sino la guerra; luego nos dirá “mi paz les dejo, mi paz les doy” y “bienaventurados los que trabajan por la paz”, lo que nos hace pensar en una paz distinta a como nosotros la concebimos; no es la paz que da el mundo, es la paz que solo puede entender el hombre cundo deja que el Evangelio se vuelva norma de vida, es la paz del que entiende que debe perdonar a sus enemigos, es la paz del que no tiene miedo de hacer la voluntad de Dios. El Señor quiere que ese fuego, el de su amor, arda en el mundo y en cada corazón, es el fuego de un amor decido por ÉL con el que quiere hacer un mundo nuevo, limpio, purificado y nos advierte que esto va a traer divisiones, unos van seguir su Buena Noticia, otros lo van a rechazar y eso empezara a pasar en la familia. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? En muchos lugares del mundo decir soy cristiano trae conflictos, cuantos hogares se ven hoy en problemas por la falta de diálogo, de comprensión, de perdón y misericordia que son los valores que brotan de la Buena Noticia, que como fuego encienden el corazón en amor. Es evidente que algunos de los hombres de este mundo olvidaron que tenemos que vivir bajo los principios y valores de la fe, del servicio, de la honestidad, del bien común, del respeto de un mínimo de normas que procuran que no nos hagamos daño, pero cundo se confronta estas realidades y se dice cómo debemos actuar, cuál es el ideal del modo de ser en lo público, en lo privado, en lo profesional, en lo vocacional, nos disgustamos, renegamos del que dice la verdad, queremos hacerlo a un lado, lo devaluamos, no se le tiene en cuenta, se le trata con indiferencia o con desprecio. El mundo de hoy razona con otros principios, que terminan aprobando lo más inverosímil como el aborto, la eutanasia, ideología que rechaza de tajo el Evangelio y piden a “gritos” sacar a la Iglesia del camino, con hostilidad y desprecio, para que no haya nada que se oponga a esos nuevos modos de pensar. El Señor hoy nos invita a ser testigos de Él, de su Evangelio, así como Jeremías, fieles hasta dar la vida, haciendo de la vida cristina una carrera con toda decisión y energía hasta alcanzar la meta final que es Cristo Jesús. El Evangelio es un programa de vida para personas generosas, decididas, valientes, testigos que desde lo más profundo de su alma hacen que el mundo arda de amor, de alegría, de vida, de bondad y de paz. El sínodo sobre la sinodalidad ha puesto nuestros corazones a soñar, a arder, este caminar juntos en la Iglesia nos está brindando una oportunidad para darnos cuenta de la novedad del Evangelio, que ha de ser acogida con alegría, pero que, con realismo sabemos causa malestar en muchos sectores de la sociedad. Esperamos que este ir comprendiendo lo que significa “caminar juntos” siga encendiendo el fuego del que nos habla Cristo, siga encendiendo en el corazón de los hombres el entusiasmo y la creatividad en la lucha contra el mal y así se note en todos los miembros de la Iglesia ese fervor y alegría que Cristo nos trajo. Cuando en la Santa Misa se nos dice “pueden ir en paz”, hay que entenderlo como un envío al mundo a ser testigos, llenos de la paz de Cristo e inflamados nuestros corazones por el amor de Cristo a vivir el Evangelio como fermento de buen trato, de aprecio por la vida y testimonio de fidelidad. Con la ayuda e intercesión de tantos testigos, como lo dice hoy la carta a los Hebreos, debemos salir de esta celebración con el corazón abrazado en el fuego que nos trae Cristo Jesús, para hacer de este mundo, un mundo mejor. _______________________ Recomendaciones prácticas: • Orar por la paz y la reconciliación de los colombianos. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Queridos hermanos, reunidos hoy en la escucha de la Palabra e invitados al banquete de la Eucaristía, el Señor quiere que su mensaje de amor arda en el corazón de toda la humanidad, empezando en cada una de nuestras familias. Dejémonos llenar de entusiasmo en esta Santa Misa, para correr con perseverancia al encuentro de Jesús autor y consumador de nuestra fe. Participemos todos con alegría. Monición a la Liturgia de la Palabra El seguimiento de Jesús exige una constante lucha con las ofertas de este mundo que está dividido por el rechazo de algunos y la fidelidad radical de otros al Evangelio, esto causa conflictos de manera especial en los que se acercan al fuego de la Buena Noticia de Jesús. De ahí la invitación a mantener los ojos fijos en Cristo en la carrera hacia la vida eterna. Ahora, mantengamos nuestros oídos atentos y escuchemos con atención este mensaje. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Presentemos nuestras suplicas al Señor y pidámosle que atienda las necesidades de cada uno. A cada intención nos unimos diciendo: R. Te rogamos óyenos. 1. Tu que has venido a traer fuego al mundo y quieres que arda sin descansar, haz que los ministros de tu Iglesia anuncien tu Evangelio con pasión en toda ocasión y en todo lugar. Oremos. 2. Tu que has dado autoridad a los gobernantes de las naciones, haz que sus obras y modo de proceder sean testimonio de honestidad, rectitud y servicio al bien común. Oremos. 3. Tu que nos quieres más decididos en la carrera hacia la vida eterna, haz que animados por el testimonio de tantos elegidos que ya están en tu presencia, corramos sin cansarnos de hacer el bien y servir a los demás. Oremos. 4. Tu que nos enseñas a vivir en la radicalidad de la misión encomendada, ayúdanos a ser tus testigos con obras de misericordia, especialmente con los más alejados y pobres de nuestra comunidad. Oremos. 5. Tu que no cesas de llamarnos a participar de tu reino de amor, haz que los que estamos participando este día de la Eucaristía, hagamos vida tu mensaje en el ambiente de nuestros hogares y donde quiera que estemos. Oremos Oración conclusiva Señor Dios nuestro, que en la cruz te revelas como signo de contradicción, escucha nuestras plegarias y no permitas que por apatía o cobardía rechacemos el proyecto de salvación que sólo unidos a ti podemos alcanzar. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. Amén.

Vie 5 Ago 2022

Lo mismo ustedes, estén preparados

DECIMONOVENO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Agosto 7 de 2022 Primera Lectura: Sb 18, 6-9 Salmo: Sal 33(32), 1 y 12.18-19. 20 y 22 (R. cf. 12b) Segunda Lectura: Hb 11, 1-2.8-19 Evangelio: Lc 12, 32-48 I. Orientaciones para la Predicación Introducción La palabra de Dios este domingo nos presenta tres aspectos desde los cuales se puede abordar la reflexión homilética: • Pueblo de Dios, tanto la primera lectura del libro sapiencial de la sabiduría como el salmo presenta una misma unidad temática, recuerda la constitución del pueblo de Dios que empieza su conformación desde Abraham, pasando por los patriarcas Isaac, Jacob; Moisés donde salen de Egipto y vagan por el desierto cuarenta años, hasta cuando ingresan a la tierra prometida guiados por Josué. • La fe, viene definida como la “seguridad de lo que se espera y la prueba de lo que no se ve”. La fe es un don de Dios a las personas para aprender a confiar no solamente en sus propias capacidades, sino a esperar en Dios contra todas las esperanzas humanas. Sirve de ejemplo la fe los patriarcas que en la historia de la salvación se destacan por confiar y esperar en Dios. • Jesús instruye a sus discípulos. La perícopa del Evangelio compendia varias sentencias en la que Jesús enseña a los discípulos en temas relacionados con la administración de los bienes temporales, sobre la fidelidad en lo que se les ha confiado, sobre las actitudes que deben caracterizan al siervo como la honestidad, teniendo en cuenta que a quien más se le da, más se le exigirá. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? El libro de la sabiduría comienza recordando cómo Dios ha escogido al pueblo de Israel, como el pueblo de su heredad. Se invita al pueblo a tener ánimo y confiar en las promesas de las cuales se fían. Este pueblo que espera la salvación de sus hijos inocentes y piadosos. La identidad de pueblo de Dios sellado por la alianza los constituye en un pueblo justo, caracterizado por el cumplimiento de la ley sagrada; y la acción de ser el pueblo elegido por Dios, los conforma como un pueblo santo que se traducirá en la vivencia de la solidaridad, ante los peligros y en la repartición de los bienes entre ellos. Este testimonio celebra con himnos tradicionales el ser pueblo de Dios. En esta misma línea temática de la categoría: pueblo de Dios y del libro de la sabiduría, el salmo 33 (32) profundiza algunos aspectos: la dicha de este pueblo es que Dios lo ha escogido para su heredad. Es un pueblo santo, cuya alabanza destaca por la bondad de sus integrantes. Destaca la felicidad que puede experimentar una nación cuando tiene a Dios como el Señor, porque sus fieles esperan siempre en su misericordia, la libra de la muerte, los sostiene en tiempos de dificultad y hambre. La característica principal de ese pueblo que tiene a Dios como heredad es la misericordia. El eje temático de la carta a los Hebreos es la fe, y profundiza sobre los ejemplos patriarcales del primer testamento, destacando al padre la fe Abraham, pero igualmente resaltando la fe de Sara, Isaac, Jacob. El autor sagrado desarrolla el tema de la fe con unas palabras sinónimas: quien cree es obediente, espera contra toda esperanza, confía, se fía (fiat). Alrededor de Abraham se destacan aspectos de su llamado, la salida de su tierra, desconociendo hacia dónde se dirigía, pero confiando enteramente en Dios, a pesar de su edad, y por parte de su esposa el esperar una descendencia que se constituiría en la promesa que sería padre de muchas naciones y que sus hijos se multiplicarían como las estrellas del cielo y las arenas incontables de las playas. Lo particular de esta fe es que a pesar que ellos mueren sin ver cumplidas las promesas, confían y la observan desde la patria celestial, dado que Abraham pensó que Dios tiene poder hasta de resucitar a os muertos. Abraham también renuncia a su hijo y es capaz de ofrecerlo en sacrificio, a la vez que rompe con la tradición de los pueblos circundantes que practicaban los sacrificios humanos, estableciendo una nueva forma de relacionarse con Dios a través de la ofenda del cordero inocente. En torno a las enseñanzas de Jesús a sus discípulos, hay una especie de recopilación de pequeñas pero profundas sentencias prácticas sobre cómo hacer la voluntad de Dios de cómo alcanzar la vida eterna. Lo primero que destaca es el pueblo de Dios, lo llama con la ternura propia de la misericordia. “no temas pequeño rebaño”, Dios Padre les ha dado el Reino. Sigue la enseñanza sobre acumular riquezas, e invita a sus discípulos a hacer generosos, dando limosna para acumular tesoros en el cielo y no en la tierra; indicando que el criterio más profundo es el corazón. Seguidamente, brinda una enseñanza sobre cómo estar preparados a la llegada del Señor, ante la incertidumbre de no saber ni le día ni la hora: ceñidas la cintura, las lámparas encendidas, actitudes de la persona que está vigilante y a la espera. Alimenta esta preparación la atención a la vigilancia, la figura del siervo que abre la puerta, pone la mesa, pero también la del ladrón que podría abrir un boquete; por todo ello, hay que estar preparados, es una vigilancia que no admite distracción ni descuido, ya que lo que está en juego no son los bienes terrenales sino la vida eterna. A continuación, introduce la figura del administrador que está al frente de una servidumbre, a quién el amor le confía su casa mientras está de viaje. ¿Cómo se comporta este administrador? Es fiel, solícito, maltrata a la servidumbre, descuidado, empieza derrochar los bienes de su amo; el panorama cambia cuando llega el amor, pues será castigado, despedido y recibirá azotes y cierra con la máxima del administrador, quienes han recibido mucho se les exigirá más ante quienes han recibido menos talentos o responsabilidades en la administración. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Partiendo del evangelio para llegar a la primera lectura, se destaca la figura del administrador dentro de las diversas enseñanzas que nuestro Señor Jesucristo les viene haciendo a los discípulos. Toda persona que viene a este mundo ha recibido un ADN como herencia de su padres, con unos talentos naturales como los cinco sentidos, que poco a poco va desarrollando y multiplicado; esos talentos se van perfeccionando y multiplicando en la familia, la vida parroquial, el colegio, la universidad hasta llegar hacer una persona responsable que de acuerdo a la dedicación y el cultivo de esos talentos, se van asumiendo responsabilidades, y puede que la persona desarrolle actitudes de liderazgo que lo pongan al frente de una empresa, comunidad, de una nación, incluso de grandes responsabilidades empresariales trasnacionales. La historia de la humanidad, de los pueblos va destacando por la fuerza, tenacidad, empeño, dedicación, responsabilidad de sus líderes, de sus administradores en la conformación de los pueblos en naciones. La historia de salvación del pueblo de Israel, se distingue en su conformación, por unos líderes que administraron y constituyeron al pueblo: patriarcas como Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, Sara, rebeca, Rut, José; la época real: Saúl, David, Salomón; profetas: Elías, Samuel, Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel, Habacuc, Sofonías entre muchos otros. ¿Qué es lo que hace al pueblo de Israel único, especial?: la revelación de Dios, que los conforma, configura y va soplando su Espíritu en sus administradores, les regala unos sueños, promesas que se van cumpliendo en el tiempo; les inspira la ley que los va fortalecer en la unidad, y protección a los más vulnerables, y todos los miembros de ese pueblo, serán santos porque serán solidarios frente a los peligros y en tiempos de bienestar se mantendrán unidos en la alianza que han establecido con el Señor su Dios. La conformación de Israel como pueblo de Dios es el sello característico, que inspira la conformación y el desarrollo de muchas naciones de occidente que con criterios cristianos han constituido sus leyes y constituciones teniendo a Dios como su rey y su principal inspirador. El desarrollo de los pueblos por la fuerza, lealtad, generosidad de sus líderes permiten crear unas naciones sólidas con valores éticos y morales que permiten a las naciones aguantar las pruebas en los momentos críticos y superar con fe, las pruebas y contradicciones. La humanidad hoy por hoy se ve desafiada frente a los flagelos de la guerra, pandemias, desastres del ecosistema, para que brille por el liderazgo de sus presidentes, administradores fieles y solícitos que se requieren en tiempos de cambios, tribulación, donde los habitantes de sus pueblos sufren la inequidad, desigualdad, consecuencias de la corrupción, dinero fácil, y la desarticulación entre la individualidad y la unidad comunitaria. Las sociedades requieren administradores fieles, honestos, transparentes que unas sus talentos, sus esfuerzos para proteger a los más vulnerables. El peligro de ignorar a Dios, es que el hombre se autodestruye, pues la ausencia de Dios, trae como consecuencia que las personas pierdan la imagen y la semejanza de Dios y no se vean como hijos de un mismo padre, desde donde proviene la dignidad, sino como un rival al que hay que acabar. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? De la categoría pueblo de Dios habla la Constitución conciliar Gaudium et spes, a través de las realidades del pueblo y la cultura. “Pueblo” designa un sujeto social que se reconoce deudor de una experiencia histórica, comparte un conjunto de valores culturales y desea un proyecto de vida en común. Por cierto, esta categoría es abierta, puede ser ambigua, y ha sido manipulada por populismos y totalitarismos. En los últimos años hay nuevos debates acerca de esta noción, que proviene tanto de la tradición bíblica como de la cultura griega. Un concepto filosófico y teológico de pueblo, distinguible de otras nociones acerca de la sociabilidad humana -como sociedad, comunidad, nación y cultura- tiene un núcleo de sentido permanente que debe ser repensado. “La imagen de la Iglesia que más me gusta es la del santo Pueblo fiel de Dios. Es la definición que uso más y está tomada del número 12 de la Lumen Gentium. La pertenencia a un pueblo tiene un fuerte valor teológico. Dios, en la historia de la salvación, ha salvado un pueblo. No existe una identidad plena sin pertenencia a un pueblo… El pueblo es sujeto. Y la Iglesia es el Pueblo de Dios caminando en la historia, con alegrías y dolores…”[1] _______________________ Recomendaciones prácticas: • Jornada Nacional de la Pontificia Obra de San Pedro Apóstol (POSPA) para la Animación y Formación de los Sacerdotes Nativos. • Fiesta Nacional Batalla del Puente de Boyacá. • Posesión del nuevo Presidente de la República. Invitar a los fieles a orar por él. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa La alegría de celebrar la Eucaristía Dominical es congregarse como Pueblo de Dios, convocado para escuchar la palabra y alimentarse del cuerpo y de la Sangre que nos constituye en Iglesia, donde cada uno de sus miembros con los talentos y las responsabilidades recibidas construyen el Reino de Dios: amor, justicia y paz para todos. Bienvenidos a esta fiesta de la comunidad. Monición a la Liturgia de la Palabra La fe es la seguridad de lo que se espera, prueba de lo que no se ve; como administradores de los tesoros celestiales, preparemos nuestros oídos, corazones y nuestra mente para escuchar la Palabra que nos conforma como pueblo de Dios al servicio de la humanidad. Afinemos el oído, escuchemos la palabra que será proclamada. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Al Padre celestial, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de su verdad; a Él dirijamos nuestras súplicas diciendo: R. Aumenta, Señor nuestra fe. 1. Por el Papa, los obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos; miembros del pueblo de Dios, consagrado al servicio de la humanidad; para que conscientes de su vocación y de su misión, administren los bienes espirituales para llevarlos a la patria celestial. Roguemos al Señor. 2. Por los gobernantes de las naciones, especialmente por el nuevo presidente, para que, en el ejercicio de sus funciones, procuren leyes justas que protejan a los miembros más vulnerables de la nación. Roguemos al Señor. 3. Por las fuerzas civiles del Estado: ejército, policía y servidores públicos; para que protejan y custodien la seguridad de sus conciudadanos, brindando protección, confianza y honestidad en su administración y servicio. Roguemos al Señor. 4. Por quienes administran los recursos de la nación y empresarios del país; para que brinden a sus trabajadores las garantías dignas de contratación, y brinden a sus operadores condiciones dignas para el desarrollo integral de las personas. Roguemos al Señor. 5. Por los padres de familia, niños y jóvenes, para que cultiven los talentos y responsabilidades en sus hijos con honestidad y responsabilidad. Roguemos al señor. Oración conclusiva Dios Padre celestial, creador, que en tu Santo Espíritu has prodigado de dones y talentos a tus hijos, permítenos servirte con justicia y paz los regalos que has dado a tu pueblo, por Jesucristo Nuestro Señor. R. Amén. [1] Galli, Carlos María, “El pueblo de Dios, el pueblo y los pueblos. El papa Francisco y la teología argentina”; en http://www.americalatina.va/content/americalatina/es/articulos/el-pueblo-de-dios--el-pueblo-y-los-pueblos--el-papa-francisco-y-.html. 07 febrero 2017.

Vie 22 Jul 2022

Pidan y se les dará

DECIMOSÉPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Julio 24 de 2022 Primera Lectura: Gn 18, 20-32 Salmo: Sal 138(137), 1-2a.2bc-3. 6-7.8 (R.cf. 17, 6a) Segunda Lectura: Col 2, 12-14 Evangelio: Lc 11, 1-13 I. Orientaciones para la Predicación Introducción Tres énfasis propuestos para la reflexión de la homilía, todos interconectados en la unidad temática de las lecturas: La oración, con la convicción que se muestra en las lecturas, “Dios llama incasablemente a cada persona al encuentro misterioso con Él. La oración acompaña a toda la historia de la salvación como una llamada recíproca entre Dios y el hombre” (CIC 2591). - El aprender orar: Que respondería a la súplica presentada a Jesús: “Señor enséñanos a orar”, y como lo indica la Iglesia en su Catecismo: “La oración no se reduce al brote espontáneo de un impulso interior: para orar es necesario querer orar. No basta sólo con saber lo que las Escrituras revelan sobre la Oración: es necesario también aprender a orar. Pues bien, por una transmisión viva (La Sagrada Tradición), el Espíritu Santo, en la ‘Iglesia creyente y orante’ enseña a orar a los hijos de Dios” (CIC 2650). Énfasis valido allí donde el párroco o la comunidad quiera comprometerse en un proceso de “aprender a orar” - La oración del Padre Nuestro: Como centro de la respuesta de Jesús, al punto que se le conoce como la Oración del Señor y a la cual el Catecismo dedica toda la segunda sección de la oración cristiana (2759 – 2865). - El Dios de la oración: Ciertamente como el destinatario, pero en su atenta escucha que lo conduce a la acción para dar respuesta a lo pedido en el “clamor” 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? Primera lectura: Después de la manifestación de Dios en la encina de Mambré (18, 1-15), aparece el relato de la confidencia de Dios para con Abraham y de este con Dios, la llamada “intercesión de Abraham” (18, 16-33). Una vez que Dios le confía a Abraham sus planes respecto a Sodoma y Gomorra (17-21), el Patriarca por seis veces (23-26; 27-28; 29; 30; 31-32a; 32b) intervendrá intercediendo en favor de estos pueblos. En su primera intervención apela a la Justicia de Dios como juez de toda la tierra que diferencias culpables de inocentes, y a partir de la respuesta de Dios, que ha fijado el parámetro en 50 justos, Abraham busca obtener la reducción del número de inocentes para que no acontezca la destrucción, llegando en sus repetitivas e insistentes intercesiones alcanzar la reducción de 50 a 10. La respuesta divina se limita a expresar que no hará la destrucción si se alcanza el número de inocentes acordado. Así la intercesión es “atreverse a hablarle a Dios”, a insistirle sobre una realidad, basados primero en su naturaleza divina, Él es el Dios de la tierra, y segundo en la “solidaridad” de los justos. El Salmo: y su respuesta “Cuando te invoqué me escuchaste”, que en algunas versiones bíblicas es el título, está clasificado como un Salmo de acción de Gracias individual. El salmista u orante se admira e irrumpe en gratitud sobre todo al ver que un Dios tan grande y potente se ocupe de sus pequeños y humildes fieles: la pequeña obra de sus manos. Así el grito de invocación al ver que Dios ha escuchado, lo que equivale a decir que ha respondido al grito, se transforma en una vivaz acción de gracias, de alabanza (tañer, postrarse), mediante la cual se ensalza la grandeza de Dios que es sublime, misericordioso, leal, salvador, protector, etc. Segunda lectura: Pablo en Col 2, 6-23 se enfrenta abiertamente con los errores que conducían al desconcierto en la comunidad; frente a la enorme seducción de estos errores Pablo reacciona y recuerda que la única y verdadera cabeza de los hombres es Cristo, a quien queda vinculado el creyente a partir del Bautismo, confiriéndole una nueva vida y la cancelación de la deuda gracias a la muerte en Cruz de Jesús. Un breve pasaje (2, 12-14) que clarifica la identidad del creyente a partir de la cual debe vivir y relacionarse con Cristo y las demás realidades. Podríamos decir que gracias a esta nueva identidad obrada por Cristo en el Sacramento del Bautismo la oración del creyente, hijo de Dios, posee otro estatus. Evangelio: Como es característico de Lucas nos muestra a Jesús en oración. Ante la petición de uno de sus discípulos, Jesús les precisa algunas de las enseñanzas de la oración, sobre todo para que “aprendan a orar”, primero el Padre Nuestro (2-4), que no sería una simple fórmula para ser repetida de memoria y ya, sino que en ello enseña una forma de orar; y para acentuar su dimensión de oración incansable y confiada narra la parábola del “amigo inoportuno” (5-8); y concluye con tres dichos para subrayar la eficacia de la oración, y para ello los construye a partir de tres verbos: “pedir”, “buscar” y “llamar” que reciben una respuesta: “recibe”, “halla” “se le abre”, que finalmente se compara entre la respuesta del ser humano y la generosidad en la respuesta de Dios, que da lo más bueno que es el Espíritu Santo. 2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? La oración del Padre Nuestro La oración es un tema amplio, que exige como ya se mencionó en la introducción, todo un proceso (Cf. CIC 2650); cada comunidad debería preocuparse por crear auténticos itinerarios de aprendizaje, acompañamiento y crecimiento en la vida espiritual dando énfasis a la oración. La oración cristiana tiene su fundamento en la estrecha unión con la persona de Jesús, especialmente con su Misterio Pascual (Pasión, muerte y resurrección), lazos que se entre anudan gracias al don del Bautismo; así el creyente recibe la fuerza transformante de la misma muerte y resurrección del Señor. Orar es pues vivir la identidad bautismal y aprender a relacionarse con el Dios que le ha dado una nueva vida. La versión del Padre Nuestro en Lucas trae cinco suplicas, como las seis de Abraham. Pero en estas no buscamos la reducción de los justos o inocentes, sino todos los contrarios el crecimiento de ellos para que no acontezca la destrucción: que aumente el número de los que te reconocen como “Padre, y santifican tu Nombre”, que seamos más los que esperemos la “llega de tu Reino”, que cada día recibamos el “pan cotidiano”, que siendo “perdonados también nosotros perdonemos”, y así “no nos dejes caer en tentación”. La oración que Jesús nos enseñó debe encontrar un puesto privilegiado en la espiritualidad del creyente. Ciertamente hay muchas oraciones, pero todas ellas compuestas o salidas desde la vivencia de hombres y mujeres en su seguimiento de Jesús; pero el Padre Nuestro es una oración de otro nivel. Esta oración es llamada la Oración del Señor porque salió de sus labios de su enseñanza directa, por tanto, al orarla no estamos autorizados a cambiarla, todo lo contrario, a comprenderla e integrarla en la vida. También, se le conoce como la oración dominical, porque la comunidad cristiana católica naciente, en sus primeros tiempos le daba un fuerte realce, siendo orada en el Día del Señor: El Domingo; “la oración dominical es, en verdad, un resumen de todo el Evangelio” (CIC 2761). Orar el Padre Nuestro exige actitud orante como la de Jesús, silencio, relación e hijos, confianza y atrevimiento para repetir adecuadamente con espiritualidad cada una de las palabras de la Oración del Señor. En ella Jesús nos enseña no solo a repetir sino a orar, a sentir a Dios como Padre, para que cada uno pueda experimentar su condición de hijo de Dios. El espacio ni el momento me lo permiten, pero quien quiera mejor orar el Padre Nuestro repita con el discípulo: “Señor enséñanos a orar” y escuchará que el Señor le responderá en el Catecismo lo encontrarás, así que para orar hay que buena adoctrina acostumbrar. Todo agente de pastoral o creyente debería muy bien conocer el Catecismo de la Iglesia, pero para orar los números 2759 – 2865 leer y meditar. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? La oración y la contemplación en este domingo deberían encontrar un momento especial en el momento de la oración del Padre Nuestro. “Señor, te damos gracias por enseñarnos y regalarnos el don orar, por dejarnos tu oración, porque gracias a ella aprendemos de manera casi natural a llamar a Dios: Padre Nuestro, y por tanto a sentir que los otros son hermanos; Gracias Señor porque en esta bella oración aprendemos a pedir las gracias que necesitamos. Danos ese amor por la oración y que sigamos tu ejemplo de siempre orar, de orar confiada e incasablemente, y antes que pedir cosas pedir el Gran regalo del Espíritu Santo. _______________________ Recomendaciones prácticas: • Jornada mundial de los abuelos y de los mayores. • En este Domingo dar realce al momento del Padre Nuestro: Se podría mandar a imprimir la versión oficial del Padre Nuestro y entregarla en un bonito formato, citando los números del Catecismo para que el Pueblo Santo de Dios lo estudie. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Bienvenidos a la casa del Señor. Él nos invita a vivir de una manera especial este momento, culmen de la oración: la Eucaristía. En ella se condensan diversas formas de oración que nos ayudan a vivir de manera plena esta celebración. Todo ello para hacer de este sacrifico un momento de gran oración y encuentro con el Señor. Participemos orando de verdad según cada momento. Monición a la Liturgia de la Palabra Hermanos, cuántas veces hemos escuchado que hay que orar, y quisieras aprender a orar, para algunos se les facilita a otros no tanto. Hoy el Señor en las lecturas nos permitirá comprender algunas formas de oración. ¡Escuchemos con atención! Oración Universal o de los Fieles Presidente: Padre bueno, somos tus hijos que reunidos en tu casa queremos presentarte nuestras realidades, porque estamos seguros que cuando te invocamos tú nos escuchas y sales presuroso en nuestra ayuda: R. Escúchanos, Padre Nuestro. 1. Te damos gracias por la Iglesia de la cual nos haces miembros, por toda la riqueza salvadora que a través de ella nos concedes y por enseñarnos a ser tus hijos. 2. Te suplicamos tu justicia para todos los pueblos del mundo, que cesen las guerras y crezca el Reino de la paz y el amor. 3. Te pedimos por todos los adultos mayores, para que el Señor les conceda fortaleza, perseverancia y amor en la misión que tienen de transmitir la fe y su sabiduría de vida a las nuevas generaciones. 4. Te consagramos nuestras familias y nuestra comunidad parroquial, para que en ellas haya ambientes de auténtica oración. 5. Te pedimos concedas pan a los que sufren y viven abandonados a través de sus hermanos los hombres. Oración conclusiva Padre Nuestro, tú que escuchas siempre a tus hijos, concédenos en nombre de tu Hijo Jesús cuanto con confianza de ser hijos tuyos te hemos pedido. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

Vie 10 Jun 2022

Lo que tiene el Padre es mío. El Espíritu recibirá y tomará de lo mío y se lo anunciará

LA SANTÍSIMA TRINIDAD Junio 12 de 2022 Primera Lectura: Pr 8, 22-31 Salmo: Sal 8, 4-5.6-7.8-9 (R. 2a) Segunda Lectura: Rm 5, 1-5 Evangelio: Jn 16, 12-15 I. Orientaciones para la Predicación Introducción • El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Es la enseñanza más fundamental y esencial en la jerarquía de las verdades de fe (CIC, n. 234) • La comunión trinitaria es la fuente y el modelo de la comunión y participación en la Iglesia. • Hoy, quienes hemos sido bautizados, renovamos nuestro compromiso misionero de anunciar el amor de Dios uno y trino. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? Las lecturas de este día nos iluminan para comprender el sentido de la solemnidad de la Santísima Trinidad y vivir lo que esta celebración nos pide. • El libro de los Proverbios nos presenta la personificación de la Sabiduría de Dios, haciendo énfasis sobre el orden y la perfección de las cosas creadas. Así, reconocemos a Dios Padre Creador que ha hecho todo por amor a la persona humana. También vislumbramos ya en este pasaje un anuncio de Cristo, Sabiduría del Padre, “por quien y para quien fueron creadas todas las cosas” (Jn 1,3; Col.1,16). • El salmo 8, bien conocido, celebra la creación de Dios, de la que es cumbre la persona humana. Es enfática la afirmación de la superior grandeza del ser humano sobre las demás obras de la creación. No se trata de una afirmación de dominio irresponsable, si no de una primacía que llama a la administración y al cuidado de la casa común que Dios ha preparado para todos (cfr. LS, 95.116). • El apóstol Pablo, en pocos versículos, sintetiza la obra de la redención; indicando que estamos en paz con Dios por medio de Cristo, en quien hemos conocido el amor del Padre, que ha derramado en nuestros corazones el Espíritu Santo. Este pasaje puede calificarse como una confesión de fe en la Trinidad, y en la acción redentora del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es, además, una invitación a la vivencia de las virtudes teologales, fe, esperanza y caridad, que deben ser la manifestación concreta de nuestra vida en Dios. • El Evangelio tiene un acento misionero, en la última cena Jesús se anticipa a asegurar la promesa del Espíritu Santo que guía a los discípulos de Cristo para que conozcamos el amor de Dios y lo anunciemos. No podemos dejar de ver en estas palabras la figura de comunión eclesial, que el mismo Jesús pedirá para todos los que creen en él: “Que todos sean uno” (Cfr. Jn 17,21). 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? La solemnidad de este domingo hace como de puente entre la Pascua y el Tiempo Ordinario, invitándonos a contemplar y a dar gracias por la acción salvífica de Dios, que es uno en la comunión de tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo. • Celebrar el misterio trinitario es, ante todo, un movimiento de contemplación del amor de Dios, que no nos deja solos, que está siempre actuando para salvarnos y que es Dios con nosotros. San Juan nos propone este reconocimiento y vivencia: “¡Dios es amor!” (1Jn 4). Al pensar, por tanto, en la Santísima Trinidad, no se trata de entender racionalmente un enunciado dogmático, sino de ir al encuentro del amor de Dios, que nos ha sido revelado en Cristo y que está en nosotros por el Espíritu Santo. San Juan Pablo II decía que “la Trinidad no es tanto un misterio para nuestra mente, como si se tratase de un misterio intrincado, sino, y mucho más, de un misterio para nuestro corazón” (Homilía, 29.05-1983). • Celebrar el misterio de la Trinidad es, en segundo término, una invitación a renovar nuestra profunda identidad eclesial. San Cipriano define la Iglesia como un “pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (De Orat. Dom., 23; cf. Lumen Gentium, 4). Jesucristo mismo, en la última cena, pidió que “todos sean uno, como tú Padre en mí y yo en ti” (Jn 17, 21). Por eso, de modo particular, recorriendo el itinerario sinodal al que el Papa Francisco ha convocado a toda la Iglesia, en esta solemnidad estamos llamados a afianzar nuestra comunión y participación como discípulos y misioneros, que tienen como único fundamento la unidad de la Trinidad. • Celebrar el misterio de la Trinidad es, en tercer lugar, una oportunidad para tomar mayor conciencia de la misión evangelizadora a la que estamos llamados todos los bautizados. El Evangelio de San Mateo concluye con el este envío: “Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo…” (Mt 28, 18b-19). La misión de la Iglesia parte, por tanto, de nuestra propia relación con la Trinidad y del compromiso que resulta de haber recibido la gracia bautismal. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Como ya ha sido subrayado, esta solemnidad nos mueve ante todo a la contemplación y a la oración. Santa Isabel de la Santísima Trinidad oraba de esta manera: “Dios mío, Trinidad que adoro, ayúdame a olvidarme enteramente de mí mismo, para establecerme en ti”. Hoy pudiéramos repetir esta plegaria, con el deseo de centrar nuestra vida en Dios, pidiendo que podamos experimentar su amor, para prolongarlo y comunicarlo en nuestro propio anuncio evangelizador. _______________________ Recomendaciones prácticas: • Conviene leer, antes de la celebración, los numerales 232 a 267 del Catecismo de la Iglesia Católica, bajo el título la Profesión de la Fe Cristiana. • Concluye la semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. • Encuentro Nacional de las Familias (13-18 de junio) II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa En este domingo celebramos el misterio central de la fe y de la vida cristiana: Dios es uno, en la comunión de tres personas Padre, Hijo y Espíritu Santo. Hoy estamos invitados de manera especial a contemplar el amor de Dios que no nos abandona. Para ello pedimos la gracia distinguir y adorar a cada una de las personas divinas, y de vivir la profunda unidad que hay entre ellas. Con estas disposiciones, participemos de este banquete del amor de manera plena, consciente y activa. Monición a la Liturgia de la Palabra Que la escucha atenta de las lecturas bíblicas, que nos proponen el camino de la revelación de Dios como comunión de personas, nos motive a ser testigos del amor trinitario, en los acontecimientos de la vida cotidiana. Recibamos con fe y alegría la Palabra de Señor. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Al Dios Padre, elevemos nuestras súplicas confiadas por medio de su Hijo y con la asistencia del Espíritu Santo. Digamos juntos: R. Dios de amor, escúchanos. 1. Oremos por toda la Iglesia, para que, guiada por Espíritu Santo, cumpla con su misión de enseñar la verdad que guía a todo hombre hacia la plenitud de la vida. 2. Por los gobernantes de las naciones, para que, vivificados por la gracia de la Santísima Trinidad, sean sabios en su trabajo en la construcción de una sociedad más armónica, conducida por la verdad y el bien, para el beneficio de las comunidades que han sido puestas en sus manos. 3. Por nuestras familias, para que se refleje en ellas la unidad de la Trinidad, que se manifieste en el amor, el respeto y el diálogo entre todos los miembros de nuestros hogares. 4. Por la consulta sinodal que se ha realizado en nuestra Iglesia local, para que guiados por el Espíritu, todas las decisiones tomadas a partir del discernimiento lleven a una común docilidad al Espíritu Santo. 5. Por la unidad de los cristianos, para que la Eucaristía, símbolo de amor y vínculo de caridad trasforme el corazón de los hombres, y superas las dificultades actuales, los lleve a formar una sola Iglesia. Oración conclusiva Dios, Padre todopoderoso, que has enviado al mundo la Palabra de la verdad y el Espíritu de la santificación, escucha estas suplicas que te hemos presentado con fe y esperanza. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.