Que este primer domingo de Adviento sea un motivo propicio para revisar nuestra vida

Primera Lectura: Is 2,1-5
Salmo: Sal 122(121),1-2.4-5.6-7. 8-9 (R. cf. 1)
Segunda Lectura: Rm 13,11-14a 
Evangelio: Mt 24,37-44


Introducción
Comenzamos simultáneamente el tiempo de Adviento y el Año Litúrgico. El Adviento se orienta, por una parte, hacia la celebración de la primera venida histórica de Cristo en carne mortal; por otra parte, nos remite también a su venida última en poder y gloria, sin perder por ello la perspectiva del presente en que se realizan las continuas venidas de Dios en los acontecimientos diarios de la historia personal y comunitaria

La invitación persistente de este domingo es:
•  A “estar en vela”. Vigilancia no entendida solamente como defensa del mal que nos acecha, sino como expectación confiada y gozosa de Dios que nos salva y libera.
•  La vigilancia es una atención concentrada hacia el paso del Señor por nuestra historia.
•  El Adviento es realidad presente y esperanza futura; es respuesta al vacío existencial de muchos; es razón para vivir, amar y esperar a pesar del desencanto y cansancio de la vida. El Adviento es    la iniciativa constante de Dios mismo al encuentro del hombre a quien confía una tarea inacabada: la construcción del mundo y del hombre nuevo.
 
1.  Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
El Señor reúne a todos los pueblos en la paz eterna del reino de Dios. El profeta Isaías contempla en el futuro el día del Señor y presenta el carácter universal de toda la salvación. El pueblo de la Alianza (el Antiguo y Nuevo Israel) ha sido elegido por Dios para poseer y transmitir la fe y la salvación a todos los pueblos. Dios obra en favor del mundo a través de la Iglesia, ya que el primer pueblo de la Alianza, aunque con debilidades, fue infiel.

El salmo expresa la alegría porque caminamos hacia la Jerusalén celeste, hacia la gloria futura, y esto nos obliga a exhortar a todos los hombres, nuestros hermanos, a que vivan en la paz y que también ellos se encaminen hacia la Casa del Padre.

La segunda lectura del apóstol Pablo a los Romanos, nos exhorta a creer que “nuestra salvación está cerca”. Quienes por la fe ya hemos conocido el misterio de Cristo no podemos caer en la inconsciencia de vivir en la irresponsabilidad de los hijos de las tinieblas. Nuestra vida presente es una marcha hacia el futuro. Por eso, para el cristiano que espera ese encuentro y que ha hecho suyas las aspiraciones de los hombres de su tiempo, el sentido de la historia de la humanidad es el sentido de su misma historia, que solo tiene valor a la luz de Cristo.

Vigilemos para estar preparados. Caminamos irreversiblemente hacia el encuentro definitivo con Cristo en la eternidad. No sabemos el día ni la hora. Solo la fe vigilante y la fidelidad permanente pueden hacer nuestras vidas dignas de salvación eterna. La realidad cotidiana, con su monotonía exas- perante, nos adormece. A nuestro alrededor hay acontecimientos difíciles: guerras, violencias, injusticias, etc. A todo nos acostumbramos. Existe quien responde y quien se calla, quien se esfuerza y quien se abandona.

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Posted by editorCEC1