Sólo desde la experiencia de la fe podemos conocer bien a Jesús

Frente a quienes no han descubierto quién es Jesús, Pedro da la respuesta clara y segura sobre la persona y la misión de Jesús, revelando lo íntimo de su ser: el Mesías prometido, el Hijo de Dios. Al participar también nosotros hoy del Sacrificio de la Eucaristía, hacemos, unidos a Pedro, la confesión de fe.

Lecturas

Primera lectura: Is 22,19-23
Sal 138(137),1-2a.2bc-3.6+8bc (R. 80[79],18)
Segunda lectura: Rm 11,33-36
Evangelio: Mt 16,13-20

CONTEXTO BÍBLICO

1. Contexto bíblico
1.1 ¿Qué dice la Sagrada Escritura?

La Palabra escuchada nos permite centrar la mirada en el diálogo de Jesús con sus discípulos. Plantea un interrogante fundamental: ¿Quién es Él para la gente? y ¿Quién es Él para aquellos que lo han seguido durante algunos años? Casi todo el mundo pensaba que Jesús era un profeta, pero Pedro va más allá y lo reconoce como el Mesías, Hijo de Dios vivo.

El profeta Isaías ofrece un oráculo contra Jerusalén (c. 22), dentro del cual el Señor reprende a Sobná, mayordomo del palacio (vv. 15 – 18), al mismo tiempo que anuncia su destitución y el llamado de un siervo fiel, llamado Eliacín (vv. 19 – 25). Centremos nuestra atención en la expresión “la llave de la casa de David” (v. 22), ya que es similar a lo que dice Jesús a Pedro en el Evangelio: en esta frase se afirma simbólicamente la autoridad sobre todo lo que había en el palacio real. La misión de Eliacín como nuevo mayordomo ha de entenderse como el más alto cargo que existía después del monarca; este personaje, al “tener las llaves del palacio”, tendrá la potestad de permitir que el reino fuese para el pueblo lo que verdaderamente debía ser: un referente para encontrar a Dios y hacer su voluntad, aun cuando los enemigos estuviesen asediando el país.

Al inicio del capítulo 16 de San Mateo aparece nuevamente la hostilidad de las autoridades judías hacia Jesús y se acentuará especialmente durante la última semana del Salvador en Jerusalén. El Maestro va preparando su camino hacia la Cruz y va dejando a sus discípulos el “testamento espiritual” indicándoles qué han de hacer para prolongar su presencia en la historia. El texto que nos ofrece la liturgia de hoy plantea un interrogante fundamental: ¿Quién es Él para la gente y quién es Él para aquellos que lo han seguido durante algunos años? Casi todo el mundo pensaba que Jesús era un profeta (v. 14), pero Simón va más allá y lo reconoce como el Mesías, Hijo de Dios vivo, como el salvador esperado, concepción a la que llega gracias a una revelación divina (v. 17): el Padre le había concedido la gracia de ver a su Hijo como quien realmente era; faltaba, sin embargo, mirar si el Apóstol estaba dispuesto a configurar su vida con Él, si estaba dispuesto a aceptar su propuesta.

1.2  ¿Qué me dice la Sagrada Escritura?

Sólo desde la experiencia de la fe podemos conocer bien a Jesús. La vida de Jesús transcurrió con normalidad sus primeros años. Luego, como narran los Evangelios, inicia su predicación en toda Galilea, su fama se difunde a través de sus predicaciones y milagros; unos lo reciben bien, otros lo rechazan. Los discípulos fueron privilegiados en la cercanía con Jesús y fueron comprobando cómo su Maestro era alguien fuera de lo común. Pero es gracias a la revelación del Padre hacia Pedro que pueden llegar a la confesión plena: “Eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.

Pedro fiel a la inspiración divina confiesa su fe; el Maestro responde destacando su misión, que es a su vez la misión de la Iglesia: “Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Ahora será clara la misión después de conocer la identidad del Maestro: anunciar a todo el mundo que Jesucristo es el Señor, Dios y hombre verdadero.

CONTEXTO SITUACIONAL

¿Qué me sugiere la Palabra que debo decir a la comunidad en su realidad concreta?

Las palabras de Cristo a Pedro le dan un poder divino, inquebrantable para sustentar a la Iglesia. Dos mil años después, pasando por grandes tormentas, la Iglesia continúa en pie y, pase lo que pase, permanecerá firme hasta el final. Animada por el testimonio de los profetas, los mártires, las vírgenes, los confesores y todos los bautizados, llevará el mensaje de la salvación a todos los hombres en el mundo entero.

Llama la atención la absoluta confianza que deposita Jesús en Simón y de ello darán cuenta los vv. 18 y 19:

  • En primer lugar, su nombre es complementado con la alusión a la firmeza de la roca, firmeza que le vendrá, tal como en el caso de su confesión, por gracia divina: Pedro, como veremos el próximo domingo, era profundamente débil, pero precisamente aquí se evidencia que el valor y la fuerza le serán dados.
  • La Iglesia, fundada sobre esta roca, será capaz de tapar las puertas del reino de los muertos y de las sombras y en eso consistirá precisamente su misión: mostrar que Dios reina derrotando las fuerzas del mal; es aquí donde se inscribe la frase alusiva a las llaves de dicho Reino en cuanto posibilidad de abrir sus puertas a los hombres y mostrar así que Dios gobierna amando.
  • Finalmente, la mención al “atar – desatar” revela aquella costumbre de los rabinos consistente en “prohibir – permitir”: Pedro se transforma así en el responsable de enseñar qué está de acuerdo con el Reino y qué se aleja de este proyecto de Jesús, tanto a nivel doctrinal como disciplinario.

Estando próximo el viaje de Jesús a Jerusalén para vivir su Pascua, quiere saber si los discípulos tienen conciencia de entender a quién están siguiendo y, a pesar de que en los capítulos siguientes tendrá que purificar su terquedad, asegura en la persona de Pedro a todos ellos su profunda confianza: efectivamente Él será capaz de fundar su Iglesia sobre roca firme, de modo que cumpla la misión de hacer actual y vivo el Reino de los Cielos en la medida en que rechaza las fuerzas del Hades y permite que los hombres, descubriendo la soberanía de Dios (llaves), aprendan cómo responder con fidelidad en cada momento de la vida (atar – desatar).

CONTEXTO CELEBRATIVO

¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión?

La celebración litúrgica de este domingo afirma la actitud que debemos tener hoy los católicos, como lo insiste la confesión de fe de Pedro y el texto de Pablo en la Carta a los Romanos. Ante Dios, una postura de humildad, reconociendo su grandeza y omnipotencia: “¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de conocimiento el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos! Porque de Él, por Él y para Él existe todo”. Ante los hombres, haciendo la profesión de fe de Jesús como verdaderos discípulos y testigos, sin temor a las persecuciones.

Quizá sea también la oportunidad para hacer un examen de conciencia: ¿Quién es Jesús para mí? ¿Cómo lo confieso ante los demás? Como lo enseñan hoy Pedro y Pablo, ¿estoy dispuesto a dar respuesta firme ante el mundo o prefiero huir ante los cuestionamientos y persecuciones? ¿Busco un Salvador de acuerdo a mis aspiraciones y deseos, sin escuchar la llamada del Señor a llevar la cruz cada día?

Finalmente, animados por la Palabra, es necesario afirmar la unidad de la Iglesia en el amor y respeto al Santo Padre, quien como Pedro es la Roca sobre la que se edifica la Iglesia. Una antigua fórmula resume la doctrina acerca del Romano Pontífice: “Donde está Pedro, allí está la Iglesia, allí encontramos a Dios” (San Ambrosio, Comentario al Salmo XII). Como Vicario de Cristo lleva la alegría del Evangelio al mundo entero, en el mensaje de justicia, amor y paz.

Recomendaciones prácticas

  1. En ferviente oración seguiremos preparando a la visita del Santo Padre a Colombia, quien nos anima a confesar la fe en Jesucristo. Resaltar el significado y misión que en la Iglesia tiene el Santo Padre como Vicario de Cristo en la tierra y sucesor del apóstol Pedro.
  2. Reflexionar en la misión hoy de la Iglesia que edificada sobre Cristo, anuncia la salvación (atar y desatar).
  3. Profundizar en nuestra vida de bautizados y en la llamada a confesar la fe: como a Pedro, también el Señor nos concede gracias maravillosas.
  4. Tener presente que:
    • El 29 de agosto, con motivo del martirio de san Juan Bautista, es la Jornada Nacional de Oración por los Cristianos Perseguidos.
    • El sábado 2 de septiembre, con motivo de la ya cercana visita del Papa Francisco, se programa para toda Colombia una vigilia de oración, que se puede realizar según el material que ofrece el Comité para la visita del Papa Francisco.
    • Participar de la jornada nacional de celebración penitencial  del 1° al 5 de septiembre, motivando su realización en cada parroquia según conveniencias.
    • El domingo 03 septiembre, se da inicio a la semana por la paz en Colombia.

Posted by Admin9834