Se cumplirá la Escritura

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Se cumplirá la escritura
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Como el pueblo de Israel o como los que estaban en la Sinagoga de Nazaret, acojamos con fe la palabra de Dios y pidamos que podamos descubrir con un corazón generoso y fiel, que hoy, también entre nosotros, se cumplirá esta Escritura que va a ser proclamada. Escuchemos.

Lecturas

Primera Lectura: Nehemías 8,2-4a.5-6.8-10
Salmo de respuesta: 19(18),8.9.10.15 (R. Jn 6,63c)
Segunda Lectura: 1Corintios 12,12-30
Evangelio: Lucas 1,1-4; 4,14-21


  CONTEXTO BÍBLICO

Todavía en los comienzos del Tiempo Ordinario, en este Año de la Misericordia, se nos recuerda en las lecturas de hoy que las Palabras del Señor son “espíritu y vida” como lo acabamos de responder en el Salmo.

Hay una agradecida memoria en el pueblo de Israel: la Ley encontrada, proclamada y celebrada le vuelve a mostrar a la comunidad la ruta que Dios señala y la importancia de tener un derrotero a través del cual la convivencia humana se vea iluminada por las normas de vida con las que debe recorrerse el camino de la vida.

Una palabra cumplida por el Señor siempre es el mejor signo de una historia de fidelidad. Dios que habla por los labios del Lector, provoca dos sentimientos en la comunidad: una inmensa alegría por este “reencuentro” y luego una actitud penitencial en la que la comunidad entera se pone en estado de conversión, reflexiona su vida y piensa que lo mejor es estar en la línea amorosa con la que Dios dibuja su plan de salvación y de vida.

Cuando se proclama una palabra que tiene “espíritu y vida” el Espíritu del Señor despierta inmediatamente unas reacciones maravillosas: la unidad, la diversidad de dones, la profusión de carismas que hacen que el Pueblo de Dios le comunique al mundo el testimonio de vitalidad y de esperanza que necesitamos (segunda lectura).

Al gozo de la Palabra hallada y proclamada, se une el Evangelio tan especial de este domingo. San Lucas nos atestigua la seriedad y la intención de su trabajo al recoger amorosa y cuidadosamente la vida de Jesús, y nos entrega, el contenido de la experiencia vivida por la comunidad que estuvo cerca a Jesús en su ministerio. Decir cómo se hizo el Evangelio es el mejor prólogo a la inauguración del tiempo en el que Jesús proclama el Reino y le ofrece a los que luego llamará Bienaventurados, a los humildes, a los pobres, a los urgidos de esperanza, la primicia de su presencia salvadora. Este Evangelio se volverá a proclamar en la Misa Crismal, y es envío misionero que nos compromete en el anuncio de la verdad y de la esperanza.

Jesús lee su misma vida en el texto de Isaías, la gente escucha cómo en Él mismo se hace actual la promesa de Dios y cómo se abre la proclamación del tiempo de la gracia en el que la fuerza del amor puede cambiar lo que la fuerza de la injusticia y del desamor han querido derribar en la dramática historia de la humanidad.

  CONTEXTO SITUACIONAL

Hoy también para nosotros se cumple la Escritura. La que escuchamos tantas veces con indiferencia, la que incluso tenemos en nuestras casas abierta en el mismo pasaje sin ser leída. El acoger la Revelación de Dios le propone al mundo en el que nos movemos, el testimonio valeroso y generoso de los creyentes que, como Jesús, sabemos que también se nos dio el Espíritu y se nos sigue enviando a proclamar la gracia del perdón, de la reconciliación, de la esperanza.

Nuestra patria, nuestra comunidad, nosotros mismos, tenemos una sed de misericordia y de esperanza que nos ayude a vivir al estilo de Jesús, y que nos permita iluminar tantas cegueras, sostener tantos pasos vacilantes, devolver tantas oportunidades de vivir a quienes comparte nuestro camino.

Jesús en la Sinagoga de su pueblo, Nazaret, nos vuelve a decir hoy que es el tiempo de la gracia, de la esperanza, de la vida nueva que esperamos construir juntos, movidos por el Espíritu, fortalecidos por la solidaridad con el dolor humano que se vuelve amor y vida como lo hizo Jesús.

  CONTEXTO CELEBRATIVO

Hoy en las lecturas aparece un detalle importantísimo en nuestras celebraciones de la fe: el que proclama la Palabra. En la primera lectura, Dios habla a su pueblo en la proclamación de la Ley, en la alegría de escuchar por voz humana, la llamada constante de Dios a la santidad y a la gracia.

Es el sentimiento que deberíamos vivir cuando se nos proclama la Palabra, cuando hasta el mismo libro que la contiene, se hace invitación para que Jesús nos haga discípulos fieles que reconozcamos que ha llegado ya a su plenitud cuanto anunciaron los profetas y que los nuevos profetas de este mundo somos los que actuamos y vivimos en el estilo del Reino que se ha inaugurado en Nazaret, que tendrá por trono la Cruz y por corona compartida la Victoria Pascual de Cristo.

La Madre de Jesús, que seguramente estaba también en Nazaret, nos ayude a descubrir que hoy, con nuestra disponibilidad, también se cumple la Escritura.


Recomendaciones prácticas

  • Conviene que la Palabra Divina que se va a proclamar, recupere su significación y por ello sería deseable destacar especialmente en el día de hoy el ambón, como espacio sagrado e incluso venerar con el incienso el Evangeliario, signo de Cristo, palabra hecha carne.
  • Insistir en que no es correcto litúrgicamente pasar en la Misa a proclamar la Palabra de Dios valiéndose simplemente de unas «hojitas», pues esto no respeta ni la dignidad que se le debe a la Palabra, ni el sentido del momento litúrgico; para ello se han elaborado libros litúrgicos propios.
  • Recordar que esta semana:
    • El lunes 25 de enero, es la Fiesta de la Conversión de San Pablo, apóstol.
    • Este mismo día, en el contexto del Jubileo de la Misericordia: Celebración ecuménica en la Basílica de San Pablo Extramuros.

Posted by Editor