Sembremos semillas de perdón, reconciliación y paz

La Palabra de Dios es luz para nuestro diario vivir. Hoy nos exhorta a ser sembradores de la semilla de su Reino anunciado por Jesús. Semillas de perdón, reconciliación y paz; de justicia con sabor a misericordia divina. Seamos tierra fértil para dar frutos de paz.

Lecturas
Primera lectura: Sb 12,13.16-19
Salmo: Sal 86(85),5-6.9-10.15-16a (R. 5a)
Segunda lectura: Rm 8,26-27
Evangelio: Mt 13,24-43 (forma larga) o Mt 13,24-30 (forma breve)

CONTEXTO BÍBLICO

  1. Contexto bíblico

1.1 ¿Qué dice la Sagrada Escritura?

El libro de la sabiduría es una mirada contemplativa sobre la historia del pueblo de Israel, que observa con asombro la manera indulgente de un Dios que no condena a quienes practican la injusticia contra el pueblo elegido, sino que los acoge.

El autor sapiencial, da la impresión, que no entiende como Dios permite la idolatría y más aún, espera y acoge con tolerancia a quienes la promueven e incluso les prodiga perdón, como en su tiempo a los cananeos, (Ex 23,28; Dt 7,11.20).

El autor sapiencial desvela una faceta profunda de la justicia de Dios. No se  deja llevar por su poder universal, con el cual puede destruir al idólatra, a  sus consecuencias, sino que da tiempo, permite que su tiempo y el del hombre se sincronicen de tal manera que en el encuentro resplandezca el rostro del verdadero Dios y se ilumine la oscuridad de quien buscándolo se ha extraviado del verdadero camino. 

La paciencia de Dios frente a la condenación del pecado permite ver con fuerza escatológica, que la voluntad de Dios es “esperar” el arrepentimiento del pecador (1 Tim 2,3-6). En conclusión, el texto resalta la misericordia de Dios en el castigo de los pecados para dar lugar al arrepentimiento.

El salmo 85, es el reflejo “desarticulado” de la realidad sufriente de una persona que confía su situación a la misericordia de un Dios que no le abandona, sino que el orante, espera que ese Dios a quien clama, desborde sobre él su infinita ternura.

En el centro del salmo hay un cántico, en el que se mezclan sentimientos de gratitud con una profesión de fe en las obras de salvación que Dios realiza delante de los pueblos (cf. vv. 8-13). No cabe duda, una oración en medio de la idolatría, exige, reconocimiento de la grandeza de Dios, fe en su infinita misericordia y la esperanza que todos en algún momento de la existencia, pondremos a Dios como el Señor de nuestra vida.

En Romanos (8,26-27), el apóstol pone de manifiesto que la oración va más allá de métodos y de técnicas; no basta la simple intención humana para sumergirse en la gracia de Dios por medio de la oración, que puede desfallecer a causa de la fragilidad humana. El apóstol pone de manifiesto la acción del Espíritu Santo que da fuerza a la voluntad humana para permanecer en la oración en medio de las dificultades. El apóstol anuncia que el Espíritu Santo es dinamismo de acción, como también de oración, es el mediador eficaz del anuncio de la salvación obrada por Cristo y la garantía del auténtico testimonio cristiano.

El Evangelio según san Mateo, en la llamada parábola del sembrador, nos ofrece la oportunidad de acercarnos al corazón de Jesús y contemplar lo que él sentía y pensaba sobre el Reino de Dios que anunciaba y nos explica el misterio de su vida: “es el misterio del reino, el mismo de su Palabra en nosotros”.

El capítulo 13 de san Mateo, le ofrece al lector orante del evangelio, cuatro parábolas que tienen como destinatario al pueblo y de ese pueblo hay un grupo, los discípulos, a quienes les entrega también en cuatro parábolas los elementos para el verdadero discernimiento. Es la oportunidad para que los discípulos, entren en el ámbito de Dios y se apropien de los elementos con los cuales Dios actúa en la historia, la manera como fija su mirada misericordiosa en la realidad y puedan hacer una “teología de la historia”, es decir, interpretar los signos de los tiempos cargados de conflictos, con estructuras de violencia, con la misericordia de Dios y evitar que la realidad los inhabilite para llegar a ser justos como Dios es justo.

La Parábola revela la existencia del Reino de Dios, pero no ha llegado a su plenitud, y debemos enfrentar la resistencia que surge frente al anuncio del Reino y tener claridad que nos encontramos en la fatiga de la siembra y de la pesca y tenemos la esperanza de celebrar el banquete de la justicia que reconcilia y nos permite vivir en paz.

1.2 ¿Qué me dice la Sagrada Escritura?

La Palabra de Dios como luminaria en el camino, indica que si queremos ser verdaderamente “justos”, nuestra justicia se debe inspirar en la justicia de Dios, que ante el pecador, le entrega su ternura y comprensión y frente al pecado es radical, y esa simbiosis, aparentemente contradictoria, le permite al ciudadano de a pie, entender que “el hombre justo debe ser humano para poder ser hombre de esperanza” (v. 19).

El fruto maduro del hombre justo a imagen de Dios, es sembrar la dorada semilla de la esperanza de la conversión de los hermanos.

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Posted by Admin9834