"Ser cristiano hoy nos lleva a la construcción de puentes en lugar de muros"

Primera lectura: 2S 5,1-3
Salmo: Sal 122(121),1-2.4-5 (R. cf. 1)
Segunda lectura: Col 1,12-20 Evangelio: Lc 23,35-43


Introducción
La reflexión de los textos de la liturgia de este domingo, en el que se celebra, la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, tiene de fondo un triple mensaje.

•  En un primer momento, se puede contemplar, cómo Dios elije y unge a David como Rey de Israel.
•  Luego, en un segundo momento, se presenta la manera en que Pablo, exalta a Jesucristo como el centro y culmen de todo aquello que ha sido creado en el cielo y en la tierra.
•  Y como tercera idea, el texto del evangelio invita a meditar la frase de Jesús: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”, transformándola en la respuesta a la pregunta: ¿Cómo dejar reinar a Dios en la vida?

1.  Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
La primera lectura, tomada del segundo libro de Samuel, invitará a la comunidad a reconocer la gran figura de David, el mismo que en el primer libro de Samuel, va a describir cómo fue la elección de un nuevo rey para Israel, por parte de Yahvé, a quien se le elige para dirigir al pueblo de Israel en la batalla. Pero, no es la corpulencia de sus hermanos, en lo que el Señor fija su mirada; Dios mira la presencia, más que la apariencia (ver en 1 Sam16, 12.). Y el mismo rey ungido por Samuel, se va a enfrentar a Goliat con la confianza puesta en Dios: “tu vienes a mí con espada, lanza y jabalina, pero yo voy a ti en nombre de Yahvé Sebaot, Dios de los ejércitos de Israel, a los que has desafiado” 1 Sam 17,45. Esto genera una confianza ciega en el pueblo, quien reconoce y venera a David como el gran Rey.

Por tanto, la consagración de David como rey de Israel, ha sido para la historia del pueblo judío, lo más cercano a la figura del Mesías. Este rey, David, marca una nueva mirada para la concepción histórica del pueblo/ nación. Es así como frente al fracaso de Saúl, la dinastía davídica marco una larga tradición real en la historia de Israel, con triunfos y fracasos. Pero no cabe duda, que la atención en esta primera lectura dominical, está centrada en la aprobación bipartita de la autoridad de David, es el pueblo quien aclama la unción de él como rey; y él es ungido en presencia del Señor para legitimar que su autoridad y poder le vienen de Yahvé.

La aclamación del salmo: “vamos a la casa del Señor”, va a centrar la atención en Jerusalén, la ciudad más encumbrada de Israel, pero al tiempo, el centro religioso más importante en la tradición de las religiones monoteístas. Es por ello que, ir, subir, ascender, o llegar a esta ciudad, es motivo de identidad y arraigo a las costumbres culturales, sociales y religiosas, en especial del pueblo judío. Por tal motivo en el contexto de la solemnidad, de Jesucristo Rey del Universo, que cierra el ciclo litúrgico, el salmista invita de nuevo al pueblo a poner su mirada en la ciudad santa y consagrada por Dios, por medio de su pueblo y las acciones que él mismo realiza allí. No en vano el Rey de reyes y Señor de señores, va a entregar su vida en Jerusalén, por la salvación del mundo.

Pablo en repetidas ocasiones, utiliza una figura literaria muy conocida por la tradición del texto veterotestamentario: los cánticos. Por medio de ellos, el apóstol va a exaltar la figura Divina de Jesús y por ende su presencia real. De esta manera, en el texto a los Colosenses, utilizará el pronombre Él, en doce ocasiones distintas en un mismo cántico, esto lo hace Pablo, para reafirmar la centralidad que debe tener la presencia del Señor, en la vida de la comunidad creyente. Por ello, el mismo apóstol reafirmará que, solo Él Señor, es quien dirigirá y reconciliará todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, y así “toda lengua proclame que Jesucristo es el Señor, para la gloria de Dios Padre” (Fil 2,11).
 
Finalmente, el fragmento del evangelio de Lucas hace parte de la narración de la pasión descrita por el evangelista. En ella, se destacará la presencia de los dos malhechores que fueron crucificados con Jesús, y al tiempo, el evangelio describe el diálogo que Jesús tiene con ellos. La presencia de estos dos personajes, en la escena de la crucifixión, tiene un significado de carácter teológico y al tiempo soteriológico, que orientará la reflexión de este domingo fiesta de Jesucristo Rey del Universo.

2.  Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?
Durante muchos siglos en la historia de la humanidad, la unción de un rey o reina, ha tenido elementos que son de carácter simbólico y al tiempo, una alegoría al poder y la dominación. Son los reyes personajes que han marcado la senda de pueblos, civilizaciones, sociedades y en muchos casos el destino de hombres y mujeres en el mundo. Bastaría tomar la literatura inglesa para describir junto al Shakespeare, las características de un rey y de su entorno, tronos, lujos, castillos, coronas, cetros, ejércitos, servidumbre, vasallos y hasta arlequines, por nombrar solo algunos de los elementos que estaban alrededor de estos personajes que marcaron tiempos y derroteros no solo en los textos literarios, sino que hasta el día de hoy siguen haciendo parte de la conformación de muchas sociedades contemporáneas. Pero nuestra reflexión, va más allá de estos factores descritos en estas líneas.

Por tanto, hagamos de la fiesta de Jesús Rey del Universo un espacio para centrar nuestra mirada en la manera en que estamos dejando que Dios reine en la vida y en la sociedad. Celebrar esta memoria es recordar a un Jesús que con sus gestos le muestra al mundo una manera distinta de vivir, servir y amar a Dios. La predicación de Jesús tenía un poder que los mismos apóstoles no pudieron describir a plenitud. Por ello, el mismo texto de Lucas por medio de los dos malhechores va a describir las dos tendencias o maneras de reconocer a Dios en la vida.

Por ello, para los clásicos de la teología moral, este encuentro de Jesús con los dos crucificados, podría ser la descripción del hombre virtuoso y de aquel que se deja llevar por la concupiscencia y el asedio de su debilidad y, por ende, el pecado es su brújula.
 
3.  Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?
La palabra del Señor en este domingo es una invitación a dejar Reinar a Dios en la vida, es vivir la experiencia cristiana desde una vivencia profunda del amor y la entrega por los demás, al estilo de Jesús, que se sale de   sí mismo para darse a los demás. Por ello, dejar reinar a Dios, es abrirle espacio a la Misericordia y por ello, recordemos lo que dice Francisco: “Es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados no obstante el límite de nuestro pecado”.

Pero también, dejar Reinar a Dios, es reconocerlo a él, encarnándose en la historia. Y reconocerlo revelándose por medio de su hijo y en él mostrar su amor por la humanidad, de allí la promesa de Jesús al Malhechor: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. La propuesta de Jesús es abrirle la puerta al amor, es buscar desde el servicio la realización personal. Es ver en la comunidad, la fuente más cercana de la redención. Es abrirle el camino al perdón y la reconciliación. En palabras del papa Francisco ser cristiano hoy nos lleva a la construcción de puentes en lugar de muros. Es descubrir en la caridad una de las maneras más nobles de acoger el amor de Dios. Por ello, dejar reinar a Dios en la vida es hacer del amor, la verdad y la libertad el mapa que conduce directamente a la felicidad, es decir a Dios mismo.

Por ello, la fiesta que se conmemora hoy es una invitación a volver a la lectura de los textos de los evangelios, de los relatos de la pasión en donde hay de una manera implícita, una forma de ser, una forma de vivir y una experiencia para entender, cuál es la manera de hacer que Dios esté presente en la vida de la comunidad. El mismo Dios que invita con su palabra a derrumbar los muros impuestos por la ley, es el que provoca el crear puentes de caridad, de misericordia, de justicia y de inclusión.

Es así como Jesús no solo anuncia el Reino, él vive la experiencia del Reino, y se presenta como el Reino de Dios. Para ello, Él se manifiesta a favor de los débiles, los marginados y los relegados por la sociedad, como una manera de dejar a Dios ser Dios en la vida. Por ello, en su palabra, el Señor mismo invita a la comunidad a dejar que el Padre misericordioso, se fije en las miserias del ser humano, por medio de su encarnación. Dejar reinar a Dios, es permitirle a Él que su amor, sea una forma de vivir y de dejar reinar al Espíritu que emana vida y es vida.
 
De esta manera las evidencias en donde se puede constatar que el Reinado de Dios se manifiesta, van a estar vinculadas con dos funciones orgánicas del cuerpo, una presente en el corazón -la misericordia- y la otra, representada en las entrañas -la compasión-, por medio de estas dos funciones, se va a generar en los miembros de la Iglesia, los sentimientos que hacen que el creyente sea compasivo y misericordioso con sus hermanos, al estilo de Jesús.

Por esta razón, dejar reinar a Dios es, disponerse a discernir, cuáles son las mociones que permiten hacer de los valores del Reino de Dios, el anuncio de la Buena Nueva del evangelio en nuestras comunidades. En palabras del Papa Francisco: “El Reino de Dios es silencioso, crece dentro. Lo hace crecer el Espíritu Santo con nuestra disponibilidad, en nuestra tierra, tierra que nosotros mismos debemos preparar”. De esta manera, la palabra de Dios en este domingo es una invitación a mostrar con la vida, aquello que Dios quiera revelar y actualizar en los actos cotidianos de nuestra existencia, aprendiendo a descubrirlo a él presente en los signos de los tiempos.

RECOMENDACIONES PRÁCTICAS:
1.  Al ser la palabra de Dios, un canto para el alma y una guía para el espíritu, celebrar esta solemnidad del Jesucristo Rey del Universo es una llamada permanente a: Buscar la compasión por los excluidos, encontrar en la misericordia una manera de ver al otro, fomentar la caridad como modelo de relaciones, promover la inclusión de los excluidos, la promesa de un Reino que se hace con el otro.
2.  Al llegar el último domingo del Año Litúrgico, con la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, se recomienda finalizar con una celebración que permita compartir y sentir los valores del Reino, una confraternización que motive a vivir y ser testigos de la obra del Reino, de la Verdad, la libertad, la justicia, la solidaridad y el amor que se hace vida y produce vida.
3.  Tener presente que todo el formulario de la Misa es propio de la solemnidad, incluido el Prefacio: «Jesucristo, Rey del universo».
4.  Tener en cuenta que esta semana, el sábado 30 de noviembre, es la fiesta de san Andrés, apóstol.
5.  El próximo domingo 1° diciembre, con el Tiempo del Adviento, inicia el nuevo Año litúrgico 2019-2020: Leccionario Dominical Ciclo A; Lecturas Bíblicas del Tiempo Ordinario y del Oficio de Lectura Año II (Par); Liturgia de las Horas Tomo I.

Posted by editorCEC1