Ser instrumentos para que Cristo siga salvando

Primera Lectura: Is 35,1-6a.10
Salmo: Sal 146(145),6c-7. 8-9a.9bc-10
Segunda Lectura: St 5,7-10 Evangelio: Mt 11,2-11


Introducción
•  El nacimiento del Salvador es motivo del más profundo y auténtico gozo para la humanidad entera; su venida llena el mundo de alegría y de esperanza.
•  El Adviento, que nos prepara también para la segunda venida del Señor, nos pide mantener firmes la paciencia y la esperanza.
•  El amor, la fraternidad y la paz entre nosotros son los signos de que hemos acogido al Salvador.

1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
En las lecturas del tercer domingo de adviento se advierte inmediatamente un tono particular de alegría y júbilo, expresado con imágenes de fiesta y de victoria.

El motivo de esta alegría lo anuncia el profeta Isaías: “¡He aquí su Dios!... Viene en persona y los salvará” (v. 4). Podemos sin duda ver en este pasaje un anuncio mesiánico. Se subrayan, además, con imágenes vivas, los efectos salvíficos de la presencia del Señor en medio de su pueblo: la fortaleza para los débiles y vacilantes, la salud para los enfermos (ciegos,
 
sordos, cojos), el rescate y el retorno de los que fueron exiliados, la alegría de todos que deja atrás la pena y la aflicción. Incluso -así inicia el pasaje del profeta- la naturaleza se ve transformada y participa del júbilo y el regocijo por la llegada del Señor.

El salmo prolonga la celebración convirtiendo en oración la certeza de la acción salvadora de Dios. Es muy bella la manera cómo, con espíritu de contemplación, se enuncian las maravillas que Dios obra por su pueblo: mantiene su fidelidad, hace justicia, da pan, liberta, guarda, sustenta…

El apóstol Santiago nos habla de la espera paciente de la llegada del Señor, comparándola con el labrador que aguarda el fruto de la tierra. Establece este paralelo: así como los profetas esperaron la llegada del Mesías, así los discípulos de Cristo con firme esperanza han de perseverar aguardando su vuelta. El apóstol señala también dos actitudes que deben reinar en la comunidad mientras se espera: la fortaleza del corazón, para enfrentar con decisión las dificultades, y la fraternidad, manifestada en que no haya quejas de unos para con los otros.

El pasaje evangélico tiene como telón de fondo la figura de Juan Bautista, en la que se sintetiza la espera y la disposición interior para acoger al Salvador. De él dice Jesús que es más que un profeta, pues su misión  es “preparar la llegada del Señor y allanar sus senderos” (Lc 3,4b). En   el centro del Evangelio aparece Cristo Mesías, quien obra y cumple la promesa anunciada por los profetas: “los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados” (v. 3). Estos son los signos de que Jesús es realmente el Mesías; son la demostración inequívoca de que Dios está en medio de su pueblo.


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Posted by editorCEC1