Unidos con Dios, sin descuidar nuestro presente

Escuchemos atentamente las lecturas, Palabra de Dios que nos invita a vivir con los ojos puestos en nuestra meta final: la Unión con Dios en la Resurrección, pero sin descuidar nuestro compromiso con el presente: tener siempre a mano obras y palabras buenas. Acojamos con amor esta Palabra y vivamos como nos lo pide el Señor.


Lecturas

Primera lectura: 2 Macabeos 7,1-2.8c-14
Salmo de respuesta: 17(16),1.5-6.8b+15 (R. cf. 15b)
Segunda lectura: 2Tesalonicenses 2,16 – 3,5
Evangelio: Lucas 20,27-38


  CONTEXTO BÍBLICO

Desde el contexto bíblico, en la homilía de hoy, se pueden destacar los siguientes temas: La plena confianza en Dios, la vivencia heroica de la fe, y la Resurrección. En cada una de las lecturas, e incluso en el salmo, podemos ver estos temas nucleares y la manera como se relacionan entre sí.

Las situaciones difíciles, de persecución, de flagelo y la búsqueda de alejar al “otro” de Dios, no deben ser motivo de desánimo sino de vivencia virtuosa y heroica de la fe. El Ejemplo magnífico del testimonio de los siete hermanos y su madre, en la primera lectura, muestran que su plena confianza en Dios no se fundamenta solo para esta vida; la vivencia heroica de su fe, y en las respuestas que cada uno da, nos van haciendo ver la certeza de una vida que va más allá del presente: “El Rey del mundo nos resucitará a una vida eterna”, de la confianza y esperanza en el Dios de la vida.

Jesús, quien es cuestionado y tentado sobre el tema de la resurrección, aprovecha para exaltar la comunión y confianza en Dios, descubre y pide descubrir el verdadero rostro de Dios, y el auténtico pensamiento que debe tener el creyente. Dios y vida están íntimamente unidos, al punto que son la misma cosa “Yo soy la resurrección y la vida” (Jn 11,25).

La segunda lectura está enmarcada en las Instrucciones que San Pablo dirige a la comunidad, exhortándola a la perseverancia y fidelidad; actitudes permanentes que brotan de la confianza en los dones recibidos de Dios y que invitan a vivir la fe de manera heroica y comprometida con el presente, aunque se tengan los ojos puestos en la Esperanza de la Vida Eterna.

La confianza en Dios, y la esperanza en lo eterno: la resurrección, dan la fuerza para soportar las injurias y las dificultades del presente; de allí brota incluso el valor frente al martirio.

¿Cómo alcanzar la confianza en el Señor? La confianza nace del conocimiento de Dios y de su palabra, por esto San Pablo pide que se ruegue, que se ore “para que la Palabra del Señor se propague rápidamente y sea glorificada”. El no comprender la palabra lleva a un uso inadecuado e incluso desviado de la misma. Los saduceos la usan para justificar sus ideas “Maestro, Moisés nos dejó escrito…”.

Conocer la Palabra: hecha carne y escritura es el antídoto contra el miedo a la muerte, ella engendra esperanza. Hay que destacar que este encuentro y glorificación de la palabra se debe dar en un contexto de oración y no de simple curiosidad morbosa, pícara o tentadora que busca cuestionar el mensaje salvador.

Resurrección.

Algunos miembros de nuestro pueblo confunden resurrección con reencarnación, o con otras posturas frente a la muerte, son nuestros “saduceos” del hoy. Ante ellos, y para formar nuestro pueblo es necesario dar certeza y claridad sobre este tema. Se puede precisar volviendo al Catecismo de la Iglesia, sobre algunos artículos del Credo: Artículo5 “Jesucristo descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos”; y el Artículo 11 “Creo en la resurrección de la carne”, y Artículo 12 “Creo en la vida eterna”.

Claridad y no confusión:

  • Invitar a los fieles a conocer hasta donde el misterio lo permite el tema de la Resurrección; sin pretender satisfacer la curiosidad que lleva al engaño.
  • Anclar nuestra esperanza en el Misterio Pascual.
  • Aceptar que se trata de una realidad totalmente novedosa y no continuidad de la que hoy tenemos. “no se esposarán”;
  • Hombres amados por Dios en su naturaleza, “serán como ángeles”, no ángeles; son dos naturalezas distintas: el hombre no llegará a ser ángel jamás, ni aunque muera niño inocente, será un hombre resucitado y salvado, pero no un ángel. Conviene evitar, ante la muerte de inocentes, expresiones como “ángeles quiere el cielo”.
  • Acentuar nuestra condición en relación con Dios, no ángeles, pero si Hijos de Dios, Hijos de la Resurrección; “somos hijos de un Padre al que no se le mueren los hijos, Él los resucita”.
  CONTEXTO SITUACIONAL

Próximos a terminar el año litúrgico, y el año jubilar, es necesario hacer ver que la confianza en Dios, y la esperanza en la resurrección son dones de su gran misericordia.

La realidad cotidiana llena de miedo y temor la vida del ser humano, hay miedo a la muerte, al dolor; surge un sinsentido de la vida; ante este espiral de temor y angustia, el mensaje de la Resurrección debe de ser presentado con claridad y con un tono esperanzador que se compromete y vive desde el presente; la fidelidad del hoy se concretiza en la comunión definitiva con Dios en la Resurrección.

  CONTEXTO CELEBRATIVO

La Eucaristía es el momento de orar con intensidad como lo pide San Pablo, y en ella comprender el misterio de la Palabra, vivir intensamente la comunión y confianza en Dios y experimentar en los dones del Banquete que desde ya gustamos gracias de la Resurrección.


 Recomendaciones prácticas

  1. Se puede ambientar el lugar de la celebración con las frases de San Pablo “Que el Señor consuele sus corazones y los afiance en toda obra y palabra buena”; o “Que el Señor guíe sus corazones hacia el amor de Dios y la tenacidad de Cristo”.
  2. Invitar a aprovechar los últimos días del Año Jubilar, confesarse, ganar la indulgencia y disponer el corazón para la Celebración de Cristo Rey.
  3. Se puede seguir el Prefacio Dominical VI: “Prenda de nuestra pascua eterna”, p. 388 del Misal; con la Plegaria II. O se pude emplear la Plegaria Eucarística para Diversas Circunstancias III: “Jesús, camino hacia el Padre”, p. 524 del Misal.
  4. Tener presente que este semana:
  • El miércoles 9 de noviembre, es la fiesta de la Dedicación de la Basílica de Letrán.
  • El viernes 11, es la fiesta nacional de la Independencia de Cartagena.

Posted by Admin9834