Abramos los ojos y el corazón: El Señor ha resucitado

Hermanos, bienvenidos a esta celebración. Como María Magdalena busquemos a Jesús. Como Pedro y Juan corramos a comprobar qué ha pasado. Dejemos que la experiencia del encuentro en esta Eucaristía nos lleve a descubrir a Jesús presente en la Iglesia, en nuestra vida, y gozosos salgamos a comunicar a nuestras familias, a nuestra sociedad, a nuestra patria, que Cristo no está sepultado, que Él ha Resucitado.


Lecturas

Primera lectura: Hch 10, 34a.37-43
Salmo: 118(117),1-2. 15c+16a+17.22-23 (R. 24)
Segunda lectura: Col 3,1-4 o 1Co 5,6b-8
Evangelio: Jn 20,1-9


  CONTEXTO BÍBLICO

Todos los textos de este domingo tratan el tema de la Resurrección. Se puede seguir el hilo cronológico de los acontecimientos, para hacer notar su unidad y progreso. De los hechos del día de la resurrección, pasamos al anuncio de ese acontecimiento, para terminar en la comprensión teológica de cómo ese acontecimiento toca la vida de cada creyente.

1) El capítulo 20 de Juan narra “el día de la resurrección”, como final del acontecimiento glorificador de Jesús. Las dos formas primeras para expresar la resurrección fueron las apariciones y el sepulcro vacío. En la primera sección (Jn 20, 1-10) tenemos el sepulcro vacío y el estado de las cosas en él, que excluye el “robo” del cadáver, puesto que un ladrón no hubiese dejado las cosas tan ordenadas como aparece el sudario de la cabeza.

El evangelio muestra el primer momento, “la incertidumbre de lo sucedido”, las mujeres creen que “se han llevado del sepulcro el Señor y no saben dónde lo han puesto”. Junto a este acontecer histórico y la perplejidad tenemos los dos discípulos que corren juntos, Pedro y Juan, que representan en su unidad a la Iglesia: el poder y el amor; sólo cuando los dos están juntos, dentro del sepulcro vacío – poder y amor, la Iglesia – el Texto Sagrado nos dice “vio y creyó”, no se trata que uno de ellos vio y creyó y el otro no, ni es Pedro, ni Juan el que ve y cree, son los dos, pero al singular, es decir la Iglesia vio y creyó. Luego el texto pasa al plural de nuevo “pues hasta entonces no habían comprendido las Escrituras”, las Escrituras se comprenden a la luz del misterio de la resurrección de Jesús y en la unidad de la Iglesia, la Iglesia que ve y cree, ahora entiende las Escrituras.

De lo anterior se siguen consecuencias prácticas sobre las cuales se puede insistir.

a. La Lectura de las Escrituras debe acontecer en comunión efectiva con la Iglesia, aun cuando se lea de manera individual; Ella debe ser leída con el amor y las enseñanzas de la Iglesia para poder comprenderla.

b. La vivencia de la vida cristiana en Iglesia acontece en la unidad del respeto y aceptación de la autoridad eclesial y la dimensión del amor. El amor no se opone a la autoridad. De gran importancia para el crecimiento eclesial que todas las parroquias de nuestra Iglesia en Colombia trabajen en los distintos grupos y realidades la Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe, “Iuvenescit Ecclesia, - La Iglesia Rejuvenece - sobre la relación entre los dones jerárquicos y carismáticos.

2) La Iglesia comunica el acontecimiento Jesús de Nazaret, que se convirtió en el contenido del anuncio. La primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles, se enmarca en la confirmación de la misión a los paganos por parte de la experiencia de Pedro, en Cesarea, en casa de Cornelio, (cap. 10) Pedro realiza un discurso realizando el anuncio kerigmático a partir de dar a conocer la persona de Jesús de Nazaret. Anuncia el mensaje completo: la persona de Jesús de Nazaret, su vida, su obra, su relación con Dios y centra su mirada especialmente en su muerte y resurrección. Nótese el énfasis de los verbos: “ungido por Dios…”, “pasó haciendo el bien” “curando”, “Dios estaba con Él”, “lo mataron”, “Dios lo resucito”, “nos lo hizo ver”… todo con el fin de presentar el anuncio y suscitar la adhesión de Fe a Jesús y asumir la responsabilidad evangelizadora dando testimonio.

La segunda lectura muestra la madurez y desarrollo teológico que ha adquirido el tema cristológico. En Colosenses 3, 1-4 Pablo coloca como base sólida la unión efectiva con Cristo resucitado, y esta unión se da gracias al Bautismo. La Iglesia post-pascual comprende que el acontecimiento “Muerte y Resurrección” de Jesús de Nazaret no es cuestión del pasado, sino que siendo un hecho histórico es un hecho del presente, vuelve a acontecer en cada cristiano, “ya que habéis resucitado con Cristo”, condición del hoy que exige asumir las responsabilidades del presente que garantizarán el futuro, “buscar los bienes de arriba” para que se logre la plenitud en el encuentro definitivo con Dios en su gloria. El acontecimiento del pasado – la resurrección de Jesús – se actualiza en el presente en cada creyente – por medio del bautismo – de forma que el futuro está garantizado con la participación en la salvación.

 CONTEXTO SITUACIONAL

El acontecimiento, el anuncio y la comprensión teológica de la resurrección acontecieron en situaciones de dificultades, en realidades donde el grupo de creyentes – la Iglesia – supo leer su realidad y profundizarla a la luz de la fe, con la certeza que este acontecimiento había colocado las bases de una realidad nueva.

Hoy, nosotros como Iglesia Católica que celebra este acontecimiento y profundiza en esta realidad debe leer su hoy como compromiso transformador en fidelidad al anuncio de la resurrección, nuestra realidad colombiana necesita que se le anuncie el acontecimiento salvador de Jesús de Nazaret, este debe ser el empeño de cada plan pastoral diocesano o parroquial, “comunicar el kerigma y hacerlo vivir en cada persona”, que cada uno descubra el valor y viva la riqueza trasformadora de su bautismo.

El mensaje de hoy nos presenta un contenido que ilumina al hombre, que comparte el Espíritu, que presenta a Cristo, Fuente de Vida.

  CONTEXTO CELEBRATIVO

Celebrar la victoria de Jesús de Nazaret, en su resurrección, es celebrar nuestra victoria, porque este acontecimiento gozoso que embarga la Iglesia y la mantendrá en exultante jubilo, durante estos ocho días que llamamos octava de pascua, y que se prolongará a lo largo de cincuenta días, también nos exige asumir compromisos, responsabilidades, celebrar en la vida nuestro bautismo, viviéndolo como realidad nueva, trasformadora y, ante todo, evangelizadora. Se trata de embriagar nuestra vida de la fuerza pascual para que en todo momento y en todo lugar demos testimonio de nuestra condición de hijos de Dios a la luz del misterio Pascual.


 Recomendaciones prácticas

  1. Ofrecer una breve explicación sobre la Pascua y su importancia, sirviéndose del subsidio ofrecido al inicio: La Espiritualidad del Año Litúrgico.
  2. Insistir en la relación entre el acontecimiento, la predicación eclesial y el compromiso de cada cristiano.
  3. Se podrían destacar palabras como: resurrección, bautismo, testimonio, anuncio.
  4. En la celebración de la misa de hoy se pueden usar algunos elementos pastorales de incalculable valor, contenidos en la Vigilia Pascual, especialmente en las asambleas que no han participado en la Noche Santa. (cf. Misal Romano tercera y cuarte edición, p. 197. Domingo de Pascua, segunda forma). En efecto, dice que se pude realizar procesión de entrada con el Cirio Pascual, usando las expresiones propias de “Luz de Cristo”; renovación de los compromisos bautismales con cirios encendidos; terminado el credo se puede hacer la aspersión con el agua que se bendijo en la Vigilia Pascual.
  5. El Prefacio es el de Pascua I: «El Misterio Pascual», p. 375 del Misal, con la parte propia «en este día». Es oportuno seguir el Canon Romano o Plegaria Eucarística I, por las partes propias que contiene.
  6. En la Eucaristía se pueden destacar los momentos pascuales y bautismales: el Gloria cantado, el Aleluya solemne, el uso del incienso; igualmente, se pude resaltar la importancia y respeto por el cirio pascual, cuyo mejor sitio es cerca del lugar de la Palabra.
  7. La Bendición final de la Misa es solemne, como en la Vigilia Pascual, se agrega el doble Aleluya.
  8. Con las segundas Vísperas de este día termina el Sagrado Triduo Pascual.
  9. Insistir en la importancia de la “Octava de Pascua” Sería de gran provecho para la comunidad que en estos días de la octava de pascua se celebre el “Vía Lucís” – Camino de la Luz, para poner de relieve la presencia del resucitado en medio de la comunidad.

Posted by Admin9834