El Espíritu Santo es el alma de la Iglesia

 

  • Primera lectura: Hch 2,1-11
  • Salmo Sal 104(103),1ab+24ac. 29bc-30.31+34 (R. Cfr. 30)
  • Segunda lectura: 1Co 12, 3b-7.12-13 o Ga 5,16-25
  • Evangelio: Jn 20,19-23 o Jn 15, 26-27; 16,12-15

El Espíritu Santo, alma de la Iglesia, viene para confirmar la victoria pascual y para configurar la comunidad creyente con sus dones y con sus carismas, llenando la esperanza de los pueblos.

¿Qué dice la Sagrada Escritura?

Pentecostés es fiesta de amor, de perdón, de esperanza, de alegría compartida por el don del Espíritu que viene, como lo anunció Jesús en los capítulos 14,15 y 16 del Evangelio de San Juan que leíamos en el Tiempo Pascual, para ser maestro, guía, abogado, defensor, memoria, consejo, fortaleza, consuelo y paz de los discípulos de Jesús, para darnos el gozo de perdonar y ser perdonados, para llenarnos de luz y de vida.

Hoy esta palabra nos vuelve a contar lo que pasó en aquel domingo, luego el Salmo nos canta la gracia y la gloria del Espíritu.

San Pablo nos muestra cómo actúa el Espíritu Santo y la Secuencia, que enriquece la liturgia de la Palabra en este día, nos dijo quién es y cómo actúa el Espíritu en nosotros, en la Iglesia.

¿Qué me dice la Sagrada Escritura?

Si hemos meditado y vivido esta Solemnidad desde su Vigilia, la palabra es maestra de las acciones de Dios y de la presencia del Espíritu Divino en la creación, en la vida del pueblo santo, en la fe de la naciente Iglesia, pero sobre todo en Jesús, el Señor, el ungido por el Espíritu.

Ahora la Palabra, en el día mismo de Pentecostés, me debe recordar que también he recibido este don maravilloso en el Bautismo, en la Confirmación, en la Ordenación Sagrada.

La conciencia de ser “del Espíritu Santo” nos debe hacer vivir la riqueza de la fe recibida para que luego, con el impulso del mismo Espíritu nos lancemos a la misión, nos movamos en clave de fe, seamos espirituales, es decir, actuemos en concordancia con la presencia del Espíritu que nos ha querido hacer no solo su morada sino los difusores de su gracia.

¿Qué me sugiera la Palabra que debo decirle a la comunidad?

Debo recordarle al pueblo que se me ha confiado que:

El Espíritu Santo es el alma de la Iglesia, el arquitecto del Reino, el compañero del camino, la fuerza, el consuelo, la verdad y la vida.

Debo recordar lo que hace cincuenta años dijo un Obispo oriental, el Patriarca Ignacio de Antioquía en Upsala en 1968.

“Sin el Espíritu Santo, Dios está lejos, Cristo permanece en el pasado, el evangelio es letra muerta, la Iglesia es una pura organización, la autoridad es tiranía, la misión es propaganda, la liturgia es simple recuerdo, y la vida cristiana es una moral de esclavos. Pero en el Espíritu, y en una sinergia indisociable, el cosmos es liberado y gime en el alumbramiento del Reino, el hombre lucha contra el egoísmo, Cristo resucitado está aquí, el evangelio es una fuerza vivificadora, la Iglesia significa la comunión trinitaria, la autoridad es un Pentecostés, la liturgia es memorial y anticipación, y la acción humana lo diviniza todo”

Estas dicientes palabras son una escuela para que aprendamos a distinguir cómo actúa el Espíritu, para que no encerremos en un movimiento o en un grupo, sino que lo hagamos luz de todo, compañero de todo, fuerza para toda la acción de la Iglesia.

Además, hemos de comprender que el Espíritu no es una persona aislada, es un don del Padre y del Hijo y con ellos “recibe adoración y gloria” es decir no puede aislarse, no puede monopolizarse, no puede acapararse.

¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión?

Debo entender que el Espíritu Santo es el don del Resucitado, para que todo lo que se me pide, las acciones, las experiencias de oración, la contemplación fervorosa de la Palabra, la misión misma se sienta movida por el Espíritu Santo, se sienta iluminada por la fuerza de su amor trascendente.

Posted by Admin9834