Pongamos nuestra confianza en Jesús sin temor

La Palabra de hoy nos refresca el entusiasmo de la primitiva comunidad que no le tiene miedo a la persecución porque tiene su confianza puesta en Jesucristo. Nos muestra la vivencia de una comunidad que se afianza en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión y en la oración, y que despeja las dudas con el testimonio de los hermanos.


Lecturas

Primera lectura: Hch 2, 42-47
Salmo: 118(117), 2-4.13-15ab.22-24 (R. cf. 1)
Segunda lectura: 1P 1, 3-9
Evangelio: Jn 20,19-31


  CONTEXTO BÍBLICO

El texto del libro de los Hechos de los apóstoles es la muestra clara de los efectos de la experiencia de Jesús vivo en medio de los suyos.

Así vemos cómo los discípulos perseveran en:

  • “la doctrina de los apóstoles” que no era otra que la que habían recibido de Jesús en su experiencia histórica y pos pascual. Esta doctrina incluiría, con el tiempo, cuestiones de disciplina eclesiástica. Pero en este momento este tema no era de gran importancia, el camino apenas se iniciaba.
  • “y en la comunión” (te koinonia – la comunión) (v. 42c). Es decir perseveran unidos, lo que no significa uniformados, pues bien se sabe que en el momento no existían varios modelos de Iglesia. En este término podemos descubrir unidad humana, - compartir. Se refiere a “una relación mutua con Cristo que nace de la llamada de Dios (1 Corintios 1:9), y es sostenida por el Espíritu Santo (2 Corintios 13:14; Filipenses 2:1)” (Willis). Esta Koinonía que sienten los discípulos se expresa también en el compartir de sus recursos… (vv. 44-45; véase también Romanos 15:26; Galatos 6:6; Filipenses 4:14-20; Hebreos 13:16).
  • “y en el partimiento del pan” (tou artou – el pan) (v. 42d). Cuando Lucas habla del “partimiento del pan” es probable que se refiera a una comida diaria, aunque no se puede descartar que podría ser una comida especial, es decir la Eucaristía. Esta sería una de las cuatro actividades. Las otras tres (doctrina, comunión y oración) son de carácter espiritual.
  • “y en las oraciones” (v. 42e). Probablemente oraciones utilizadas en alabanzas públicas. Estos discípulos pasaron bastante tiempo en un templo (v.46). Y seguramente eran las utilizadas allí. El uso del artículo definido (las oraciones) sugiere que pueden ser oraciones utilizadas en alabanza pública. Entonces la frase “las oraciones,” seguramente incluía oraciones utilizadas en el templo. También es probable que incluyera oraciones como el Padre Nuestro, que nació en un contexto cristiano, y oraciones privadas.

En la carta de Pedro nos encontramos con una Palabra que nos ubica en el contexto de una iglesia que nace en medio de la persecución. Pedro exhorta a los cristianos que no han conocido personalmente a Cristo, a los gentiles que se han convertido con la predicación de los apóstoles, a mantener el ánimo, la alegría, en medio de la persecución. Roma arde en llamas incendiada por Nerón, pero el Emperador, para esconder su conducta perversa, ha culpado de la desgracia a los cristianos. “Porque la fe de ustedes es como el oro, su calidad debe ser probada como el oro”. Pedro incluso en esta carta esconde su lugar de residencia (les escribo desde Babilonia, es más seguro, que decirles desde Roma, donde efectivamente estaba) para no poner en peligro la vida de los hermanos.

El salmo 118 es un himno triunfal, lleno de gloria, propio del día de la Resurrección. En él aparece un héroe que describe increíbles hazañas, llevadas a cabo por la poderosa mano del Señor. Este salmo es el último del grupo aleluyatico (“Gran Hallel”) y tiene un profundo sentido de acción de gracias. El salmista habla en nombre de una nación liberada milagrosamente por Yavhé de un gran peligro. Expresa el sentir colectivo durante una procesión al templo para ofrecer las víctimas eucarísticas, los sentimientos de gratitud hacia Dios. Dice el Padre Larrañaga que “en los cuatro primeros versículos estalla la orquesta en un acorde cuatro veces repetido y dando sentido a todo el Salmo: “Eterna es su misericordia”.

Y finalmente el Evangelio de Juan nos conduce a la experiencia fundante de estos discípulos de Jesús, que viven intensamente el encuentro con su Señor Resucitado.

En primer lugar nos demuestra que la fe viene de diferentes maneras a gente diferente. El discípulo querido cree al ver la tumba vacía (v. 8). María cree cuando el Señor dice su nombre (v. 16). Los discípulos deben ver al Señor resucitado (v. 20). Tomás dice que debe tocar las heridas (v. 25) – aunque esa necesidad se evapora una vez que ve a Cristo resucitado (v. 28).

Ésta es la tarde de Pascua, el mismo día que los discípulos vieron la tumba vacía y que María vio a Jesús. Los discípulos se encontraron en un cuarto en Jerusalén con “las puertas cerradas.” Las puertas cerradas reflejan el miedo de los discípulos, pero también demuestran el poder del Cristo resucitado, quien no se puede contener por una tumba de piedra ni por una puerta cerrada con llave.

“Y estando las puertas cerradas donde los discípulos estaban juntos por miedo de los judíos” (v. 19). Es bueno resaltar que tienen miedo a pesar de que Pedro y “el otro discípulo” hayan visto y creído (v.8), María ha hablado con el Resucitado, les ha contado a los demás discípulos su experiencia, (v. 14-18). Sin embargo, aún después de que “el otro discípulo” haya visto y creído, no está claro qué es lo que cree, “porque aún no sabían la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos” (v. 9). Además, los discípulos están traumatizados por la crucifixión y atemorizados por la posibilidad de que los enemigos de Jesús ahora se puedan dirigir a ellos. Su líder está muerto! “Paz á vosotros” (v. 19). A estos discípulos atemorizados, Jesús les da su paz, como prometió (14:27). Los discípulos tendrán paz a pesar de ser perseguidos por un mundo que les odiará tanto como odiaba a Jesús (15:18-25). Mientras que este texto usa la palabra griega para paz, eirene, el concepto es el de shalom judío – que indica más la ausencia de conflicto – un bien que es el regalo de Dios. “En pensamiento judío, paz y alegría eran señales de tiempo escatológico cuando la intervención de Dios habría traído armonía a la vida humana y al mundo. Juan ve esta edad cumplida cuando regresa Jesús para verter su Espíritu sobre los hombres” (Brown, 1035).

Y al darles la paz, los envía al mundo de la misma manera que Él fue enviado por el Padre. Este es el equivalente Johanino de la Gran Comisión (Mateo 28, 19-20), y para ello les da el aliento de vida; a unos discípulos temerosos - escondidos para evitar el peligro – les da la fuerza para levantarse, abrir las puertas, salir fuera y empezar la proclamación de la Buena Noticia.

Y finalmente la figura de Tomás, el que creyó, perdió la fe, pero después vuelve a una fe más fuerte: Es instructivo mencionar que Tomás creyó, perdió la fe, pero después vuelve a una fe aún más fuerte. Tomás no cree a los discípulos, pero tampoco le creyeron los discípulos a María. Era un grupo abatido y derrotado hasta que vieron a Jesús con sus propios ojos. Tomás, por lo tanto, no es el único que duda, y no permanece dudoso. Una vez que ve lo que los otros discípulos han visto, manifiesta gran fe: “Señor mío y Dios mío”.

Esta confesión es aprovechada para expresar la última beatitud o bendición de Jesús: “Bienaventurados los que no vieron y creyeron” (v.29). Los pocos cristianos de la primera generación que vieron a Jesús en persona no tienen ninguna ventaja sobre los muchos cristianos de las más tardías generaciones que no lo han visto en persona. Anoten que Jesús no dice que estos cristianos más tardíos serán más bendecidos que los discípulos que “ven,” sino solo que serán bendecidos.

Y finalmente en este Evangelio de hoy se recalca cómo las “señales” que son muy comunes en él, señalan a Jesús el Mesías, dan razones para creer, aunque muchos que las vean no crean. El propósito de este Evangelio no es capturar todo detalle de la vida de Jesús, sino proveer lo que se necesita “para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (v. 31).

 CONTEXTO SITUACIONAL

Los cristianos de hoy vivimos la experiencia de la persecución, y en ese contexto hemos tenido la posibilidad de vivir la experiencia del Padre misericordioso que se nos revela como tal en su Hijo Jesús.

La iglesia es atacada por defender la sana doctrina, por propiciar corrientes de solidaridad, de comunión, por descubrir la tiranía de los nuevos señores que quieren apoderarse hasta de las conciencias de los hombres, en el mundo de la política, de la ciencia, de la tecnología, de la economía. Hemos sido testigos casi presenciales de los ataques contra la Institución eclesial en muchos países del mundo del que no está excluido el nuestro. Si se defiende la vida, si se promueven los derechos de los más débiles, se propicia la paz, es una iglesia izquierdosa y revolucionaria. Si se protegen los valores de la familia, de la dignidad de las personas amenazadas por ideologías de género o por programas de planificación familiar orquestadas por poderosas organizaciones multinacionales, es una iglesia retrograda y conservadora.

Pero en contextos hostiles la Iglesia quiere mantener la postura de su maestro que es misericordiosa. Es justamente por ello que promueve los derechos y defiende los valores, porque es sensible al sufrimiento del hombre. Nunca, y menos ahora, ha estado indiferente a los problemas que empobrecen la humanidad. Esta es su experticia. En el contexto de guerra y de violencia levanta su voz para proclamar el perdón. Cuando la gente está acorralada por el miedo aparece ella deseando paz. Cuando los creyentes tienen dudas, la palabra de la Iglesia invita a la esperanza, a tener valor, a vivir la experiencia de ser “Iglesia en salida”.

Nuestro país está viviendo momentos importantes de su historia. Ha estado polarizado por muchos años, o por colores políticos, o por tendencias religiosas, o por ideologías de derecha o de izquierda… y ahora lucha por superar las polarizaciones que suscita la búsqueda de la paz. En medio de este fenómeno que han provocado los diálogos con grupos insurgentes, siempre la iglesia ha proclamado que está por encima de cualquier interés personal o grupal, el bien de todos y especialmente de los que han sido victimizados a lo largo de estos años de conflicto. La misericordia de la que es depositaria, la lleva a preocuparse por la justicia, por la equidad, por el respeto a la vida, por la honradez en el manejo de los bienes públicos, por la defensa de las minorías étnicas, culturales, religiosas o de género. El corazón misericordioso de la Iglesia no quiere excluir a nadie. Es su tarea, es el legado que le ha dejado su Maestro.

Nosotros en nuestros contextos familiares o sociales estamos invitados a ejercer esta “especialidad”. Vivir la misericordia y alejar el temor. Como creyentes debemos abrir las puertas de nuestros corazones para colocarlos en las miserias del hombre. Estamos invitados a mantenernos “en salida”, para buscar a los que sufren y a mantenernos firmes en la fe para despejar los temores y ser discípulos misioneros más arriesgados: invitados a no tenerle miedo a las diferencias, a no huirle a las periferias humanas o existenciales. Como los discípulos de Jesús estamos invitados a dejar las poltronas de nuestras salas en las que podemos aislarnos del mundo, (paradójicamente conectados a él únicamente por los aparatos de las nuevas tecnologías), y ponernos en camino hacia las metas que nos proponen hoy la Iglesia con el Santo Padre a la cabeza, y las urgencias del país en que vivimos. No podemos quedarnos cómodos, acomodados, cuando a nuestro alrededor necesitan tanto de nosotros y de Jesús de quien somos emisarios.

  CONTEXTO CELEBRATIVO

Celebremos con alegría, la presencia de Jesús en medio de nosotros, pues Él está presente en tantos creyentes arriesgados que se lanzan al mundo de los sufrientes para llevarles el consuelo de la misericordia que se alimenta de Evangelio. Son muchos, a lo largo y ancho del país, los que recorren los caminos tortuosos para hacer presente el amor de Dios: son jóvenes atrevidos, son religiosos y religiosas que han asumido su compromiso con radicalidad, son sacerdotes y obispos que ponen la cara a la opinión pública para defender valores y anunciar con transparencia y sin adornos la verdad que nace del Evangelio de Jesús. Son cristianos “de a pie”, que no se cansan de llevar a los que encuentran en el camino el mensaje o el signo de la paz.

La Iglesia experta en humanidad, aunque no reconocida muchas veces, no se ha cansado de su labor. En Colombia ha abierto muchos espacios para ejercer la misericordia. Algunos de esos espacios no los administra ya por políticas del Estado, que debería ser su gestor, pero que paradójicamente cuando llegan a sus manos pierden su calidad, su eficacia. Se convierten en botín burocrático o alcantarilla de corrupción. Aunque no haga alarde de su capacidad de gestión con corazón, la Iglesia en cada uno de nosotros está invitada a celebrar su acción a favor de los más frágiles y necesitados. Celebremos con gozo la presencia en el campo de la salud llevando alivio, en el campo de la educación llevando sabiduría, en el campo de la promoción humana llevando propuestas significativas, en el campo de guerra y el conflicto llevando iniciativas de paz y reconciliación apoyadas en la justicia social.

Hoy debemos cantar con alegría, la presencia de Jesús resucitado y vivo en las comunidades de creyentes que no se cansan de vivir en función de los demás, de los otros, que aunque diferentes por razones políticas o religiosas o raciales o de género o económicas, son los sujetos preferenciales de su acción. Expresemos nuestro gozo por sentir que hoy como ayer Jesucristo sigue siendo el impulsor de una manera distinta de vivir que no se acomoda a lo que el mundo (los poderosos, los dueños de la tecnología, los manipuladores de la ciencia, de la información) quiere imponernos. Como Pedro debemos estar alerta para no dejar que el miedo nos paralice, que la cobardía – falta de entusiasmo en la vivencia de la fe – le abra las puertas a estilos de vida que atentan contra los principios del Reino de Dios. Que nuestras dudas se disipen cuando veamos, como Tomás, lo que otros hermanos han visto y están testimoniando con sus vidas: la fuerza del Resucitado.


 Recomendaciones prácticas

  1. Por ser un día en el que se privilegia la Misericordia, sería bueno colocar en lugar visible las obras de misericordia (en muchos templos estuvieron muy bien colocadas en el año dedicado al tema). Y junto a ellas un mensaje que diga: Si queremos la paz practiquemos la misericordia.
  2. También podría hacerse un dramatizado presentando las dudas más frecuentes de los jóvenes hoy con relación a lo espiritual, a lo social, a lo familiar. Y a esas dudas oponer las certezas de otros jóvenes. Y todo esto con el slogan del Papa Francisco que invita a los jóvenes a poner líos…. O a dejar las poltronas – los sofás.
  3. No olvidar que el Prefacio es el de Pascua I: «El Misterio Pascual», con la parte propia: «en este día». Convendría seguir el Canon Romano o Plegaria Eucarística I, con las partes propias que contiene.
  4. Tener presente que para la Bendición final de la Misa se puede usar la fórmula solemne de la Vigilia Pascual, p. 219 del Misal. Para despedir al pueblo se agrega el doble Aleluya.
  5. Con las segundas Vísperas de este domingo termina la Octava de pascua.
  6. Recordar que esta semana: - El martes 25, es la fiesta de san Marcos. - El jueves 27, es el aniversario de ordenación episcopal de Monseñor Ettore Balestrero, Nuncio Apostólico en Colombia. Se invita a orar por su vida y ministerio.

Posted by Admin9834