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Lectio Dominical

Mié 17 Ago 2022

21 de agosto | Vendrán de oriente y occidente, y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios

VIGÉSIMOPRIMER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Agosto 21 de 2022 Primera Lectura: Is 66, 18-21 Salmo: Sal 117(116), 1.2 (R. cf. Rm 15,16) Segunda Lectura: Hb 12, 5-7.11-13 Evangelio: Lc 13, 22-30 I. Orientaciones para la Predicación Introducción • La liturgia de la Palabra insiste hoy en la salvación universal, una llamada de Dios a todos los hombres de todas las naciones y de todas las razas a participar del Reino de Dios. • La escena del Evangelio de hoy nos ofrece una intervención de Jesús en la que nos señala el camino de la salvación, con la exigencia de entrar por la puerta estrecha. • Hacer la voluntad del Padre del cielo tiene una cuota de sacrificio, el buen manejo de la libertad que Dios nos otorga; cuando abusamos de esa libertad Dios nos corrige y reprende como un Padre amoroso que nos invita a fortalecer nuestras manos en la caridad y nuestras rodillas vacilantes para caminar con otros hacia la vida eterna. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? El profeta Isaías en el capítulo 66 expresa con claridad como Dios quiere la salvación de todos, es decir, como Dios ofrece una salvación universal. La división entre los hombres en lenguas, naciones y razas fue consecuencia del pecado, ahora un signo del poder de Dios y de la salvación que actúa en el mundo es la reunión de todos los hombres. Isaías anuncia que Dios se hará presente “para reunir a las naciones de toda lengua: vendrán para ver mi Gloria” de todos los países traerán ofrendas al “monte santo de Jerusalén” traerán ofrendas “al templo del Señor”. De entre todos los presentes Dios escogerá “sacerdotes y levitas” ningún hombre se quedará excluido y Dios será el punto de convergencia de todos los pueblos y naciones, garantizando que no haya ninguna división. El libro de Isaías concluye con la llamada universal de Dios a todas las naciones, es así como el salmista hace resonar su plegaria en una invitación universal a alabar a Dios y a predicar su Evangelio. Este canto de alabanza que reúne a todos los pueblos de la tierra en uno solo, es el “pueblo de Dios” escogido y enviado como lo repetimos hoy en la aclamación inspirada en el mandato del Señor Jesús “Id al mundo entero y predicad el Evangelio”. La carta a los Hebreos 12, 4-7.11-13 tiene como intención animar a los cristianos que han encontrado dificultades en su camino de fe, Dios actúa como un padre que corrige a su hijo, no por capricho, sino por su bien, para conducirlo por el buen camino, el camino de la santidad. Dios permite que sus hijos actúen con libertad, que en ocasiones es mal utilizada, es en estas circunstancias que Dios actúa como un padre de familia reprendiendo y castigando a los hijos que ama y prefiere. El autor de la carta a los Hebreos nos ofrece la imagen de un Dios que corrige a quien ama, esta corrección luego produce justicia, salud, paz. Comprender la acción de Dios que actúa como un Padre amoroso, exige del cristiano un esfuerzo particular en la carrera hacia la vida eterna “fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes”. San Lucas en el capítulo 13, 22-30 presenta al Señor Jesús ante la pregunta casual de un oyente ¿serán pocos los que se salven? A lo que el Señor va a decir que muchos que no son judíos, procedentes de los cuatro puntos cardinales, vendrán a la mesa del Reino. Sin embargo, la salvación requiere un esfuerzo especial “entrar por la puerta estrecha” y añade que “muchos intentarán entrar y no podrán”. El entrar en la presencia de Dios, sentarse en la mesa del Reino, ganar la salvación no es privilegio solo del pueblo escogido; Jesús hace un giro en el modo de pensar de los judíos, para salvarse hay que vivir coherentemente como pueblo de Dios, con un estilo de vida acorde a la voluntad de Dios, quien no viva de esta manera se expone a una angustiosa sentencia “No sé quiénes sois”. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? La Palabra de Dios de este Domingo tiene una especial insistencia en la voluntad de Dios de querer salvar a todos. La pregunta casual que le hacen a Jesús en el Evangelio, sigue siendo actual, ¿son pocos los que se salvan? Esta pregunta nos abre a muchas reflexiones que hoy nos hacemos sobre la vida eterna, el más allá, la propia salvación y la salvación de todos los hombres. Seguramente el que hizo la pregunta tenía en su entendimiento que sólo se iban a salvar los judíos. Ahora bien, también nosotros podemos pensar del mismo modo, que solo se salvan los que creen en Cristo, o simplemente porque vamos a misa o rezamos el rosario. Por una parte, la respuesta de Jesús es consoladora al descubrirnos que la salvación es para todos los hombres que creen en el único y verdadero Dios, como lo expresa el profeta Isaías y nos lo recuerda hoy san Lucas en el Evangelio, toda la humanidad está destinada a sentarse en la mesa del Reino de Dios, a entrar en su presencia. Este privilegio tiene también una obligación hacer que todas las naciones de la tierra conozcan y sigan a Dios. La puerta estrecha se convierte en la condición que ha de asumir el creyente para participar del banquete de la eternidad, Dios quiere salvarnos y esa salvación tiene un precio, que el cristiano tenga una fe viva, madura, clara, fuerte, capaz de acoger la verdad del Evangelio y encontrar en ella el camino estrecho de una vida austera, humilde y sencilla, de bondad y misericordia, de servicio y entrega generosa a los demás. El creyente sabe que lo que vale la pena cuesta, que el camino a la vida eterna tiene cruz y que el primero que recorrió ese camino fue el Señor Jesús. Evitar encontrar la puerta cerrada y oír el angustioso mensaje de no los conozco, implica estar siempre abiertos al Evangelio, anunciarlo con la vida, sentirnos siempre necesitados de la ayuda de Dios, abajarnos y servir a la causa de Jesús, estas actitudes evangélicas no nos deben hacer sentir seguros de la salvación, ni son fórmulas para tener vida eterna, son simplemente algunas pistas evangélicas que el cristiano debe asumir con radicalidad, sabemos que esto exige una fuerte cuota de humildad y sacrificio que en ocasiones no es fácil asumir, cuando estamos en un mundo que quiere la vía fácil, para deshacerse de los problemas y conflictos humanos en los que nos sumergimos hoy. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? El Señor Jesús nos ha sorprendido hoy al decirle al pueblo de la Alianza que no basta con pertenecer a ese pueblo para ganar la vida eterna, para salvarse, hay otros que, viniendo de otras latitudes del mundo, si tienen fe y viven conforme a la Buena Noticia predicada en el Evangelio, son llamados al banquete del Reino. A nosotros los que creemos en Cristo, también se nos puede aplicar el mismo mensaje, no basta con decir que pertenecemos a la Iglesia; la salvación además de implicar esa pertenencia, nos exige vivir y asumir con radicalidad, los valores del Evangelio. El seguimiento de Cristo, hacer la voluntad del Padre, servir a los hermanos, es exigente, es decir que este camino tiene cruz, es el camino estrecho del que nos habla el Evangelio por el que debe pasar todo creyente. El camino que el mundo no ofrece pareciera fácil, ligero, deshacernos de una vida, engañar, ser deshonesto, la guerra, etc., este es el camino ancho, la puerta amplia por la que pasan muchas personas, pero detrás de esas facilidades hay dolor, angustia, temor, vergüenza, humillación y pecado. Con este modo de ser se oscurece la mente, el corazón, la vida de las personas y de la sociedad. Este camino hace que perdamos identidad delante de Dios hasta el punto de escuchar “no los conozco” este no es el camino del Evangelio. La carta a los Hebreos nos ofrece una opción clara frente a las pruebas de la vida, esos momentos que nos confrontan y nos hacen cambiar la manera de pensar, que debemos entender como correcciones de Dios, pruebas del amor que Él nos tiene, así como un padre corrige a sus hijos. Ante las dificultades el Señor nos exhorta a “fortalecer las manos débiles” en la práctica de la caridad y el servicio a los hermanos, especialmente los más necesitados y también, “robusteced las rodillas vacilantes” para caminar con los otros, para ir con otros al encuentro de Dios, para transitar por el camino estrecho, llevando la Buena Noticia al corazón y la vida de muchos, a las distintas latitudes del mundo. _______________________ Recomendaciones prácticas: • Promover Colecta para la Jornada Dona Nobis para la obra evangelizadora de Conferencia Episcopal de Colombia, que se celebrará el próximo Domingo 28 de agosto. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Nos hemos reunido este domingo, veintiuno del tiempo ordinario para escuchar la Palabra de Dios y participar de la fracción del pan. En esta Eucaristía estamos llamados a reconocer como la Iglesia nos acoge a todos por igual, nos convoca a celebrar un banquete universal en el que Cristo se ofrece como alimento que da vida eterna. Con alegría y dispuestos a orar por las necesidades de todos los hombres de toda raza y cultura, participemos con fe y esperanza en esta celebración. Monición a la Liturgia de la Palabra El profeta Isaías, el salmista y san Lucas en el Evangelio, insisten en que la salvación es una oferta universal, desde luego esta salvación tiene sus exigencias, el esfuerzo por vivir según la voluntad de Dios. Atentos, escuchemos este mensaje e integremos a nuestra vida los valores de esta Buena Noticia. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Pidamos al Señor que venga en nuestro auxilio y con su gracia encontremos el modo de llegar a Él. A cada intención nos unimos diciendo: R. Señor, ayúdanos a conocerte. 1. Por la Iglesia, para que continúe su misión de llevar la “Buena Nueva” de la salvación a todos los rincones de la tierra. Oremos. 2. Por el Papa Francisco, nuestro Obispo Monseñor N.N. presbíteros, diáconos y consagrados, para que anuncien con valentía la Palabra de Dios a todos los pueblos de la tierra. Oremos. 3. Por nuestros gobernantes, para que siembren esperanza en nuestros pueblos e impulsen proyectos que ayuden a superar la pobreza y la injusticia. Oremos. 4. Por los más necesitados, para que se encuentren con nuestras manos generosas y les ayudemos a transitar por el camino estrecho de la salvación. Oremos. 5. Por nosotros aquí reunidos, para que la semilla sembrada hoy en nuestros corazones nos lleve a la verdadera conversión y al servicio de todos los hermanos, sin importar raza y condición social. Oremos. Oración conclusiva Señor, tú que nos invitas a entrar por la puerta estrecha al gozo del banquete de tu Reino, escucha nuestras oraciones y concédenos la fuerza de tu Espíritu en el seguimiento del camino que nos señalas. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.

Vie 12 Ago 2022

El poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes

ASUNCIÓN DE SANTA MARÍA VIRGEN Agosto 15 de 2022 Primera Lectura: Ap 11, 19a; 12,1-6a.10ab Salmo: Sal 45(44), 7a y 10bc.11-12a.14-15 (R. cf. 10b) Segunda Lectura: 1Co 15,20-27ª Evangelio: Lc 1,39-56 I. Orientaciones para la Predicación Introducción • La Iglesia da a luz, en medio de un mundo que está lleno de hostilidades y persecución hacia Cristo. • Cristo viene a derrotar al mal, al pecado y a la muerte definitivamente. • En el Magnificat la Bienaventurada Virgen María nos da la lección práctica de humildad, diciéndonos con esto que todo lo que hay en Ella es de Dios. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? En la primera lectura podemos observar dos imágenes: La mujer y el dragón. La mujer está adornada con un cúmulo de rasgos vistosos: el primero de ellos su vestido de sol que indica la predilección con que Dios la envuelve; segundo, un vestido hecho de celestial hermosura; y tercero es perpetuamente joven y hermosa como la amada del cantar (Cfr. Cantar 6, 10). Hay que destacar que cuenta con una corona de 12 estrellas que alude al premio: la corona de la gloria celestial, que significa poder compartir una condición gloriosa, y que también alude a las 12 tribus y el número de los Apóstoles. Básicamente esta mujer representa la Iglesia en la feliz plenitud de su realización anclada en la eternidad de Dios, partícipe de la misma vida de unión y de la coronación ideal del pueblo de Dios. Por otra parte, junto a esa imagen gloriosa de la mujer, aparece también otro aspecto, más terreno y doloroso: La mujer es madre anunciada, es decir, que se queja por el parto que se avecina y suplica a Dios que la socorra, ella se debate entre los dolores del alumbramiento. Pero estos no son sino el preludio de la era mesiánica, ambas facetas de gloria y sufrimiento deben complementarse, ya que se refieren a la Iglesia contemplada, ya sea en una escatología realizada o en su devenir histórico. Por otro lado, se presenta la otra señal, un gran dragón, este posee un poder inhumano, pero no absoluto, y tiene un gesto inaudito pues barre con su cola la tercera parte de las estrellas observando una manía obsesiva en ser como un dios. La otra ambición consiste en perseguir con saña a la mujer, pero ella a pesar del asedio y amenaza, consigue dar a luz a un hijo varón cuyo oficio es “pastorear”. Este hijo, se refiere a Jesucristo, en esta parte se observa principalmente el Nacimiento Pascual de Jesús, contemplado en sí en su Misterio de muerte y Resurrección, ya que, a través de la resurrección, Jesús escapó de las garras de la muerte del dragón y fue llevado junto al trono de Dios. En la segunda Lectura se nos muestra lo que constituye la esperanza cristiana. Pablo contempla la humanidad como un gran acontecimiento solidario, tanto para la desgracia como para la salvación. Por otra parte, la contraposición entre Adán y Cristo, que tiene para él un valor histórico, antropológico y salvífico, ya que la humanidad bajo el pecado y la muerte se simboliza en Adán, y es sustituida por la humanidad bajo la gracia y la vida que nos da Cristo. La primera fue causada por la desobediencia de uno, la segunda por la obediencia del otro. El dolor y la muerte son lo opuesto al Plan de Dios. En el evangelio de Lucas se nos narra un acontecimiento simple y sencillo, resaltando las obras de los grandes y poderosos de la tierra. Él ha querido mostrar los detalles simples de una realidad que aparentemente no tienen ningún puesto en el desarrollo histórico de una sociedad que sólo considera importante lo que hacen los grandes, los de renombre, los que se creen a sí mismos los únicos protagonistas de la historia. Aquí el protagonismo, es de un par de mujeres, personajes ya de por sí devaluados, en una sociedad machista patriarcal; de dos niños que, aún sin nacer, ya están llamando la atención del autor (Dios) y el Espíritu Santo que llena de gozo a Isabel para bendecir a su pariente María y al fruto de su vientre, y para cantar las grandezas del Señor. Finalmente, Lucas, revela una enseñanza sobre la manera cómo Dios actúa en la historia humana y, a través de qué tipo de persona actúa. Eso es, en el fondo, lo que proclama Isabel en las palabras que dirige a María, y en donde la Bienaventurada lo explica mejor en su cántico, que la tradición consagró como el Magníficat. En él, Lucas, constata cómo, mientras los grandes y poderosos se esfuerzan por conducir la historia bajo los criterios del poder del tener y del dominio, dejando de lado una estela de empobrecidos, de marginados y excluidos, Dios va realizando su acción en el mundo justamente a través de estas obras que deja la sociedad estructuralmente injusta. Por esto, precisamente, el cántico de María es revolucionario porque al reflejar las convicciones de un alma libre y liberada invita también a una auténtica liberación de unas estructuras injustas que por y en nombre de Dios mantiene al pueblo sumido en la discriminación, el hambre y el abandono. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Primero el Magnificat en un cantico que se pone en los labios de María, y que se espera que todo creyente de corazón sencillo no solamente deba proclamar con sus labios, sino realizar también a través de su esfuerzo y su lucha de cada día, es una invitación a no continuar creyendo que en una sociedad tan injusta sea reflejo de algún designio o querer de Dios y lo que es más revolucionario todavía el Magníficat revela una imagen de Dios contento, completa y absolutamente diferente a la imagen del dios que domina este mundo. Segundo, María, es una mujer sinodal que hace el camino con nosotros, que no estuvo aislada, muda, sola, sin relacionarse con nadie o solo con Dios. Ella se presentó como una mujer disponible que perseveró unánime en oración, que era humilde, cercana, como mujer y madre. Ella es la mujer que tiene el sentido de Dios, que discernió y busco en su vida el plan de Dios, expresándolo en el Magníficat, en el canto que eleva a Dios (Cfr. Lucas 1, 46-56). Ella nos muestra cómo debemos escuchar, y acoger la Palabra, siendo dóciles. Aunque a veces no entendamos los caminos de Dios, y como ella debemos conservar todas estas cosas en el corazón, así no lo veamos con claridad. Así lo tenemos que hacer nosotros: abramos los ojos y los oídos del corazón a las distintas situaciones por las que pasa la sociedad y por las que nos habla el Espíritu Santo, no mirar para otro lado, y actuar. María, es la mujer que ofrece al mundo lo mejor que tiene, su Hijo. Por último, la Solemnidad de hoy nos llena de confianza, ya que ella alienta continuamente nuestra esperanza pues “somos aún peregrinos, pero Nuestra Madre nos ha precedido y nos señala ya el término del sendero: nos repite que es posible llegar y que, si somos fieles, llegaremos. Porque la Bienaventurada Virgen no sólo es nuestro ejemplo: es auxilio de los cristianos. Y ante nuestra petición —Monstra te esse Matrem-, no sabe ni quiere negarse a cuidar de sus hijos con solicitud maternal. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? La solemnidad de la Asunción es muy importante en la Iglesia, porque en la figura de María, que es llevada en cuerpo y alma al cielo, la Iglesia ve lo que es y lo que espera ser. En efecto, el prefacio propio de esta solemnidad resume muy bien esta relación entre María y la Iglesia: La Virgen Madre de Dios fue asunta hoy en la gloria del cielo, para ser primicia e imagen de lo que alcanzará a tu Iglesia; para ser esperanza cierta y motivo de consuelo del pueblo peregrinante . María, nos ayude a proclamar las grandezas del Señor y nos permita como ella llegar a reconocer nuestra pequeñez frente a la grandeza e inmensidad de Dios. Que en esta solemnidad veamos con gran esperanza y claridad las promesas de Dios, para que al igual que la Bienaventurada Virgen se vean cumplidas también en nosotros, y sea un motivo de alegría para todos y cada uno de nosotros. _______________________ Recomendaciones prácticas: • Misa vespertina y Misa del día. El formulario de la Misa es propio. • Puede emplearse la fórmula de bendición solemne: Santa María Virgen, Misal p, 479. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Queridos hermanos, el Señor nos convoca para escuchar su voz y prepara la mesa del sacrificio para darnos su cuerpo y sangre que es salvación. Hoy celebramos la solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, que nos enseña que la sencillez y humildad de corazón, dan paso a un gran premio: la vida eterna. Que, a ejemplo de la Virgen María, logremos alcanzar la sencillez y humildad necesaria para crecer como cristianos. Participemos activa, plena y conscientemente de esta celebración. Monición a la Liturgia de la Palabra La liturgia de la Palabra de la Solemnidad nos debe llenar el corazón de esperanza y alegría, ya que en María vemos contemplada la participación en la gloria futura, en donde Dios nos librará, como a Ella, de la corrupción de la muerte. Que nosotros, aun peregrinos en este mundo, cantemos las maravillas que Dios hace en nuestro diario vivir. Escuchemos con atención la Palabra de Dios. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Proclamemos las grandezas de Dios, Padre Todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la Madre de Jesús, y supliquémosle diciendo: R. Dios de amor, escúchanos. 1. Señor, que, en la Bienaventurada Virgen María, nos das un ejemplo de humildad y firmeza, te pedimos que, como ella, el Papa Francisco, Obispos, sacerdotes, diáconos y todo el pueblo de Dios, sepan cultivar la humildad en sus vidas y merezcan alcanzar la vida eterna. Oremos al Señor. 2. Señor, que, en la Bienaventurada Virgen María nos das un ejemplo de verdad y justicia, te pedimos por los gobernantes de las naciones para que, ayudados de tu gracia, participen con sinceridad y buena disposición en la lucha contra el mal y la corrupción, cooperando en la edificación de un mundo mejor y cada vez más humano. Oremos al Señor. 3. Señor, que, en la Bienaventurada Virgen María, nos das la esperanza de la vida futura, te pedimos por los enfermos y agonizantes, para que sean fortalecidos en su cuerpo y alma, que por tu gracia puedan gozar de la vida futura. Oremos al Señor. 4. Señor, que, en la Bienaventurada Virgen María, nos das un ejemplo de escucha y acción, te pedimos por el camino sinodal que hemos estado viviendo en cada parte de nuestro país, para que, escuchando las nociones del Espíritu, pongamos en acción lo discernido. Oremos al Señor. 5. Señor, que, en la Bienaventurada Virgen María, nos das un ejemplo de entrega incondicional, te pedimos que como ella en nosotros se avive el deseo de siempre escuchar tu voluntad y ponerla en marcha, para que podamos merecer la vida eterna. Oremos al Señor. Oración conclusiva Padre misericordioso, que, en la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, nos ha dado un precioso anticipo de nuestra resurrección, que se fundamenta en la resurrección de Cristo, te suplicamos escuches estas suplicas, que te presentamos con fe y esperanza. Por Cristo nuestro Señor. R. Amén.

Jue 11 Ago 2022

No he venido a traer paz, sino división

VIGÉSIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Agosto 14 de 2022 Primera Lectura: Jr. 38, 4-6.8-10 Salmo: Sal 40(39),2-3ab. 3cd-4ab.4cd-5ab.18 (R. 62[61],2) Segunda Lectura: Hb 12,1-4 Evangelio: Lc 12,49-53 I. Orientaciones para la Predicación Introducción • El domingo pasado la liturgia de la Palabra nos invitaba a la vigilancia, este domingo insiste en la radicalidad como debemos asumir los criterios del Evangelio, que sin duda trae división de manera especial en los corazones que no quieren pactar con esta Buena Noticia. • El profeta Jeremías es despreciado por anunciar el querer de Dios, sus oyentes se incomodan y quieren quitarlo del camino. Así, ayer como hoy, el anuncio del querer de Dios incomoda, no es comprendido, produce rechazo y la vía más fácil es anular y quitar del camino a quien lo hace. • La lectura de los Hebreos nos invita a seguir el camino del Señor, como una carrera en la que debemos colocar los ojos fijos en el Señor Jesús que va adelante de nosotros; testigos insignes (la asamblea de los santos) nos animan en este caminar juntos hacia la vida eterna. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? En la primera lectura tomada del libro de Jeremías 38,4-6.8-10 el profeta se constituye en una figura incómoda para los líderes de aquel tiempo, su predicación provoca el fastidio de sus oyentes cuando transmite la voluntad de Dios. Jeremías ejerce su ministerio profético antes del destierro a Babilonia, durante los reinados de Joaquín y Sedecías (609-587 a C). Jeremías fue llamado por el Señor para ser su mensajero cuando aún no tenía 20 años, tuvo que confrontar a los príncipes y al pueblo ante la corrupción y la pérdida de la fe en el único y verdadero Dios, además tuvo que aconsejar a los gobernantes de turno para que no hicieran alianzas con los egipcios, puesto que estos no les iban a ayudar. El rey Sedecías era de carácter débil y permitió que Jeremías fuera echado en un aljibe lleno de lodo, pero Ebedmelek habló al rey y lo convenció de lo contrario, permitiéndole al cusita tomar tres hombres y sacar al profeta antes de que muriera. El profeta no habla en esta escena, sufre en silencio las consecuencias inevitables de su fidelidad a la misión. La fe del profeta y su esperanza personal son testimonio y ejemplo de lo que el pueblo ahora debe hacer ante la deportación a Babilonia. El salmo de hoy resuena como la oración del profeta allá en el pozo, colocando toda su confianza en el Señor “Señor date prisa en socorrerme” El autor de este precioso himno confía en el Señor y reconoce su presencia “me levantó de la fosa fatal, de la charca fangosa… yo soy pobre y desgraciado, pero el Señor se cuida de mi”, el profeta experimenta la presencia de Dios y sabe que está con él para librarlo. La segunda lectura del domingo pasado nos proponía a Abrahán y Sara como modelos de fe; hoy la carta a los Hebreos 12, 1-4 nos presenta “una nube ingente de testigos” que nos observan en nuestra carrera para alcanzar la gloria futura. El autor de la carta quiere que los que creemos en Cristo corramos animados por todos esos testigos que nos alientan a perseverar hacia la meta, pero con la claridad y certeza de que quien va adelante en la carrera es Cristo Jesús. El Señor superó todas las pruebas, incluso la de la muerte y ahora se encuentra victorioso, triunfante a la derecha del Padre. San Lucas en el capítulo 12, 49-53 describe uno de los discursos más sorprendentes de Jesús “he venido a prender fuego en el mundo… ¿piensan que he venido a traer paz? No, sino división…” El reinado de Cristo en el mundo, más que una paz tranquilizadora, es un compromiso serio y constante de trabajo en la construcción de una paz estable y duradera. El amor que nos trae Jesús y entra en el mundo, trae consigo oposición, pues el mundo es enemigo de Dios; así descubrimos que el seguimiento de Jesús tiene su precio a la hora de exigir el verdadero testimonio de la fe, la división en la familia y la falta de paz son obvias, cuando la fe no se vive con radicalidad y entrega, es ahí cuando surge la división. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Hoy como en los tiempos de Jeremías, la gente quiere escuchar mensajes y discursos que les dé la razón y no mensajes que los confronte ante sus infidelidades. La misión del profeta de anunciar al pueblo el querer de Dios, que si no se convertían de sus maldades tendrán un futuro sombrío y desafortunado; así mismo, el tener que aconsejar a las autoridades de turno sobre decisiones que no les agradaban, hicieron que se despertara una aversión hacia el profeta y buscaran quitarlo del camino y así silenciarlo. Jeremías es hombre de Dios, no deja de cumplir su misión, aún, hundido en el fango de aquel pozo sigue proclamando el querer de Dios. La carta a los Hebreos nos presenta las exigencias de la vida cristiana como una carrera en un estadio repleto de gente, son nuestros antepasados en la fe que nos dan ejemplo de fidelidad y entrega. Ser atletas en el estadio de la vida exige sacrificio, aprender a renunciar a aquellas realidades que nos separa del querer de Dios, por eso hay que poner los ojos fijos en la meta que no es otra que el mismo Cristo Jesús, Él va adelante, nos da ejemplo de fidelidad y confianza en Dios, para que nosotros sigamos con decisión en la carrera de la vida sin miedo “corramos en la carrera que nos toca sin retirarnos… no os canséis, no perdáis el ánimo”. El Evangelio nos sorprende hoy con un mensaje muy expresivo de Jesús, Él no ha venido a traer la paz, sino la guerra; luego nos dirá “mi paz les dejo, mi paz les doy” y “bienaventurados los que trabajan por la paz”, lo que nos hace pensar en una paz distinta a como nosotros la concebimos; no es la paz que da el mundo, es la paz que solo puede entender el hombre cundo deja que el Evangelio se vuelva norma de vida, es la paz del que entiende que debe perdonar a sus enemigos, es la paz del que no tiene miedo de hacer la voluntad de Dios. El Señor quiere que ese fuego, el de su amor, arda en el mundo y en cada corazón, es el fuego de un amor decido por ÉL con el que quiere hacer un mundo nuevo, limpio, purificado y nos advierte que esto va a traer divisiones, unos van seguir su Buena Noticia, otros lo van a rechazar y eso empezara a pasar en la familia. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? En muchos lugares del mundo decir soy cristiano trae conflictos, cuantos hogares se ven hoy en problemas por la falta de diálogo, de comprensión, de perdón y misericordia que son los valores que brotan de la Buena Noticia, que como fuego encienden el corazón en amor. Es evidente que algunos de los hombres de este mundo olvidaron que tenemos que vivir bajo los principios y valores de la fe, del servicio, de la honestidad, del bien común, del respeto de un mínimo de normas que procuran que no nos hagamos daño, pero cundo se confronta estas realidades y se dice cómo debemos actuar, cuál es el ideal del modo de ser en lo público, en lo privado, en lo profesional, en lo vocacional, nos disgustamos, renegamos del que dice la verdad, queremos hacerlo a un lado, lo devaluamos, no se le tiene en cuenta, se le trata con indiferencia o con desprecio. El mundo de hoy razona con otros principios, que terminan aprobando lo más inverosímil como el aborto, la eutanasia, ideología que rechaza de tajo el Evangelio y piden a “gritos” sacar a la Iglesia del camino, con hostilidad y desprecio, para que no haya nada que se oponga a esos nuevos modos de pensar. El Señor hoy nos invita a ser testigos de Él, de su Evangelio, así como Jeremías, fieles hasta dar la vida, haciendo de la vida cristina una carrera con toda decisión y energía hasta alcanzar la meta final que es Cristo Jesús. El Evangelio es un programa de vida para personas generosas, decididas, valientes, testigos que desde lo más profundo de su alma hacen que el mundo arda de amor, de alegría, de vida, de bondad y de paz. El sínodo sobre la sinodalidad ha puesto nuestros corazones a soñar, a arder, este caminar juntos en la Iglesia nos está brindando una oportunidad para darnos cuenta de la novedad del Evangelio, que ha de ser acogida con alegría, pero que, con realismo sabemos causa malestar en muchos sectores de la sociedad. Esperamos que este ir comprendiendo lo que significa “caminar juntos” siga encendiendo el fuego del que nos habla Cristo, siga encendiendo en el corazón de los hombres el entusiasmo y la creatividad en la lucha contra el mal y así se note en todos los miembros de la Iglesia ese fervor y alegría que Cristo nos trajo. Cuando en la Santa Misa se nos dice “pueden ir en paz”, hay que entenderlo como un envío al mundo a ser testigos, llenos de la paz de Cristo e inflamados nuestros corazones por el amor de Cristo a vivir el Evangelio como fermento de buen trato, de aprecio por la vida y testimonio de fidelidad. Con la ayuda e intercesión de tantos testigos, como lo dice hoy la carta a los Hebreos, debemos salir de esta celebración con el corazón abrazado en el fuego que nos trae Cristo Jesús, para hacer de este mundo, un mundo mejor. _______________________ Recomendaciones prácticas: • Orar por la paz y la reconciliación de los colombianos. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Queridos hermanos, reunidos hoy en la escucha de la Palabra e invitados al banquete de la Eucaristía, el Señor quiere que su mensaje de amor arda en el corazón de toda la humanidad, empezando en cada una de nuestras familias. Dejémonos llenar de entusiasmo en esta Santa Misa, para correr con perseverancia al encuentro de Jesús autor y consumador de nuestra fe. Participemos todos con alegría. Monición a la Liturgia de la Palabra El seguimiento de Jesús exige una constante lucha con las ofertas de este mundo que está dividido por el rechazo de algunos y la fidelidad radical de otros al Evangelio, esto causa conflictos de manera especial en los que se acercan al fuego de la Buena Noticia de Jesús. De ahí la invitación a mantener los ojos fijos en Cristo en la carrera hacia la vida eterna. Ahora, mantengamos nuestros oídos atentos y escuchemos con atención este mensaje. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Presentemos nuestras suplicas al Señor y pidámosle que atienda las necesidades de cada uno. A cada intención nos unimos diciendo: R. Te rogamos óyenos. 1. Tu que has venido a traer fuego al mundo y quieres que arda sin descansar, haz que los ministros de tu Iglesia anuncien tu Evangelio con pasión en toda ocasión y en todo lugar. Oremos. 2. Tu que has dado autoridad a los gobernantes de las naciones, haz que sus obras y modo de proceder sean testimonio de honestidad, rectitud y servicio al bien común. Oremos. 3. Tu que nos quieres más decididos en la carrera hacia la vida eterna, haz que animados por el testimonio de tantos elegidos que ya están en tu presencia, corramos sin cansarnos de hacer el bien y servir a los demás. Oremos. 4. Tu que nos enseñas a vivir en la radicalidad de la misión encomendada, ayúdanos a ser tus testigos con obras de misericordia, especialmente con los más alejados y pobres de nuestra comunidad. Oremos. 5. Tu que no cesas de llamarnos a participar de tu reino de amor, haz que los que estamos participando este día de la Eucaristía, hagamos vida tu mensaje en el ambiente de nuestros hogares y donde quiera que estemos. Oremos Oración conclusiva Señor Dios nuestro, que en la cruz te revelas como signo de contradicción, escucha nuestras plegarias y no permitas que por apatía o cobardía rechacemos el proyecto de salvación que sólo unidos a ti podemos alcanzar. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. Amén.

Vie 5 Ago 2022

Lo mismo ustedes, estén preparados

DECIMONOVENO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Agosto 7 de 2022 Primera Lectura: Sb 18, 6-9 Salmo: Sal 33(32), 1 y 12.18-19. 20 y 22 (R. cf. 12b) Segunda Lectura: Hb 11, 1-2.8-19 Evangelio: Lc 12, 32-48 I. Orientaciones para la Predicación Introducción La palabra de Dios este domingo nos presenta tres aspectos desde los cuales se puede abordar la reflexión homilética: • Pueblo de Dios, tanto la primera lectura del libro sapiencial de la sabiduría como el salmo presenta una misma unidad temática, recuerda la constitución del pueblo de Dios que empieza su conformación desde Abraham, pasando por los patriarcas Isaac, Jacob; Moisés donde salen de Egipto y vagan por el desierto cuarenta años, hasta cuando ingresan a la tierra prometida guiados por Josué. • La fe, viene definida como la “seguridad de lo que se espera y la prueba de lo que no se ve”. La fe es un don de Dios a las personas para aprender a confiar no solamente en sus propias capacidades, sino a esperar en Dios contra todas las esperanzas humanas. Sirve de ejemplo la fe los patriarcas que en la historia de la salvación se destacan por confiar y esperar en Dios. • Jesús instruye a sus discípulos. La perícopa del Evangelio compendia varias sentencias en la que Jesús enseña a los discípulos en temas relacionados con la administración de los bienes temporales, sobre la fidelidad en lo que se les ha confiado, sobre las actitudes que deben caracterizan al siervo como la honestidad, teniendo en cuenta que a quien más se le da, más se le exigirá. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? El libro de la sabiduría comienza recordando cómo Dios ha escogido al pueblo de Israel, como el pueblo de su heredad. Se invita al pueblo a tener ánimo y confiar en las promesas de las cuales se fían. Este pueblo que espera la salvación de sus hijos inocentes y piadosos. La identidad de pueblo de Dios sellado por la alianza los constituye en un pueblo justo, caracterizado por el cumplimiento de la ley sagrada; y la acción de ser el pueblo elegido por Dios, los conforma como un pueblo santo que se traducirá en la vivencia de la solidaridad, ante los peligros y en la repartición de los bienes entre ellos. Este testimonio celebra con himnos tradicionales el ser pueblo de Dios. En esta misma línea temática de la categoría: pueblo de Dios y del libro de la sabiduría, el salmo 33 (32) profundiza algunos aspectos: la dicha de este pueblo es que Dios lo ha escogido para su heredad. Es un pueblo santo, cuya alabanza destaca por la bondad de sus integrantes. Destaca la felicidad que puede experimentar una nación cuando tiene a Dios como el Señor, porque sus fieles esperan siempre en su misericordia, la libra de la muerte, los sostiene en tiempos de dificultad y hambre. La característica principal de ese pueblo que tiene a Dios como heredad es la misericordia. El eje temático de la carta a los Hebreos es la fe, y profundiza sobre los ejemplos patriarcales del primer testamento, destacando al padre la fe Abraham, pero igualmente resaltando la fe de Sara, Isaac, Jacob. El autor sagrado desarrolla el tema de la fe con unas palabras sinónimas: quien cree es obediente, espera contra toda esperanza, confía, se fía (fiat). Alrededor de Abraham se destacan aspectos de su llamado, la salida de su tierra, desconociendo hacia dónde se dirigía, pero confiando enteramente en Dios, a pesar de su edad, y por parte de su esposa el esperar una descendencia que se constituiría en la promesa que sería padre de muchas naciones y que sus hijos se multiplicarían como las estrellas del cielo y las arenas incontables de las playas. Lo particular de esta fe es que a pesar que ellos mueren sin ver cumplidas las promesas, confían y la observan desde la patria celestial, dado que Abraham pensó que Dios tiene poder hasta de resucitar a os muertos. Abraham también renuncia a su hijo y es capaz de ofrecerlo en sacrificio, a la vez que rompe con la tradición de los pueblos circundantes que practicaban los sacrificios humanos, estableciendo una nueva forma de relacionarse con Dios a través de la ofenda del cordero inocente. En torno a las enseñanzas de Jesús a sus discípulos, hay una especie de recopilación de pequeñas pero profundas sentencias prácticas sobre cómo hacer la voluntad de Dios de cómo alcanzar la vida eterna. Lo primero que destaca es el pueblo de Dios, lo llama con la ternura propia de la misericordia. “no temas pequeño rebaño”, Dios Padre les ha dado el Reino. Sigue la enseñanza sobre acumular riquezas, e invita a sus discípulos a hacer generosos, dando limosna para acumular tesoros en el cielo y no en la tierra; indicando que el criterio más profundo es el corazón. Seguidamente, brinda una enseñanza sobre cómo estar preparados a la llegada del Señor, ante la incertidumbre de no saber ni le día ni la hora: ceñidas la cintura, las lámparas encendidas, actitudes de la persona que está vigilante y a la espera. Alimenta esta preparación la atención a la vigilancia, la figura del siervo que abre la puerta, pone la mesa, pero también la del ladrón que podría abrir un boquete; por todo ello, hay que estar preparados, es una vigilancia que no admite distracción ni descuido, ya que lo que está en juego no son los bienes terrenales sino la vida eterna. A continuación, introduce la figura del administrador que está al frente de una servidumbre, a quién el amor le confía su casa mientras está de viaje. ¿Cómo se comporta este administrador? Es fiel, solícito, maltrata a la servidumbre, descuidado, empieza derrochar los bienes de su amo; el panorama cambia cuando llega el amor, pues será castigado, despedido y recibirá azotes y cierra con la máxima del administrador, quienes han recibido mucho se les exigirá más ante quienes han recibido menos talentos o responsabilidades en la administración. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Partiendo del evangelio para llegar a la primera lectura, se destaca la figura del administrador dentro de las diversas enseñanzas que nuestro Señor Jesucristo les viene haciendo a los discípulos. Toda persona que viene a este mundo ha recibido un ADN como herencia de su padres, con unos talentos naturales como los cinco sentidos, que poco a poco va desarrollando y multiplicado; esos talentos se van perfeccionando y multiplicando en la familia, la vida parroquial, el colegio, la universidad hasta llegar hacer una persona responsable que de acuerdo a la dedicación y el cultivo de esos talentos, se van asumiendo responsabilidades, y puede que la persona desarrolle actitudes de liderazgo que lo pongan al frente de una empresa, comunidad, de una nación, incluso de grandes responsabilidades empresariales trasnacionales. La historia de la humanidad, de los pueblos va destacando por la fuerza, tenacidad, empeño, dedicación, responsabilidad de sus líderes, de sus administradores en la conformación de los pueblos en naciones. La historia de salvación del pueblo de Israel, se distingue en su conformación, por unos líderes que administraron y constituyeron al pueblo: patriarcas como Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, Sara, rebeca, Rut, José; la época real: Saúl, David, Salomón; profetas: Elías, Samuel, Isaías, Jeremías, Ezequiel, Daniel, Habacuc, Sofonías entre muchos otros. ¿Qué es lo que hace al pueblo de Israel único, especial?: la revelación de Dios, que los conforma, configura y va soplando su Espíritu en sus administradores, les regala unos sueños, promesas que se van cumpliendo en el tiempo; les inspira la ley que los va fortalecer en la unidad, y protección a los más vulnerables, y todos los miembros de ese pueblo, serán santos porque serán solidarios frente a los peligros y en tiempos de bienestar se mantendrán unidos en la alianza que han establecido con el Señor su Dios. La conformación de Israel como pueblo de Dios es el sello característico, que inspira la conformación y el desarrollo de muchas naciones de occidente que con criterios cristianos han constituido sus leyes y constituciones teniendo a Dios como su rey y su principal inspirador. El desarrollo de los pueblos por la fuerza, lealtad, generosidad de sus líderes permiten crear unas naciones sólidas con valores éticos y morales que permiten a las naciones aguantar las pruebas en los momentos críticos y superar con fe, las pruebas y contradicciones. La humanidad hoy por hoy se ve desafiada frente a los flagelos de la guerra, pandemias, desastres del ecosistema, para que brille por el liderazgo de sus presidentes, administradores fieles y solícitos que se requieren en tiempos de cambios, tribulación, donde los habitantes de sus pueblos sufren la inequidad, desigualdad, consecuencias de la corrupción, dinero fácil, y la desarticulación entre la individualidad y la unidad comunitaria. Las sociedades requieren administradores fieles, honestos, transparentes que unas sus talentos, sus esfuerzos para proteger a los más vulnerables. El peligro de ignorar a Dios, es que el hombre se autodestruye, pues la ausencia de Dios, trae como consecuencia que las personas pierdan la imagen y la semejanza de Dios y no se vean como hijos de un mismo padre, desde donde proviene la dignidad, sino como un rival al que hay que acabar. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? De la categoría pueblo de Dios habla la Constitución conciliar Gaudium et spes, a través de las realidades del pueblo y la cultura. “Pueblo” designa un sujeto social que se reconoce deudor de una experiencia histórica, comparte un conjunto de valores culturales y desea un proyecto de vida en común. Por cierto, esta categoría es abierta, puede ser ambigua, y ha sido manipulada por populismos y totalitarismos. En los últimos años hay nuevos debates acerca de esta noción, que proviene tanto de la tradición bíblica como de la cultura griega. Un concepto filosófico y teológico de pueblo, distinguible de otras nociones acerca de la sociabilidad humana -como sociedad, comunidad, nación y cultura- tiene un núcleo de sentido permanente que debe ser repensado. “La imagen de la Iglesia que más me gusta es la del santo Pueblo fiel de Dios. Es la definición que uso más y está tomada del número 12 de la Lumen Gentium. La pertenencia a un pueblo tiene un fuerte valor teológico. Dios, en la historia de la salvación, ha salvado un pueblo. No existe una identidad plena sin pertenencia a un pueblo… El pueblo es sujeto. Y la Iglesia es el Pueblo de Dios caminando en la historia, con alegrías y dolores…”[1] _______________________ Recomendaciones prácticas: • Jornada Nacional de la Pontificia Obra de San Pedro Apóstol (POSPA) para la Animación y Formación de los Sacerdotes Nativos. • Fiesta Nacional Batalla del Puente de Boyacá. • Posesión del nuevo Presidente de la República. Invitar a los fieles a orar por él. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa La alegría de celebrar la Eucaristía Dominical es congregarse como Pueblo de Dios, convocado para escuchar la palabra y alimentarse del cuerpo y de la Sangre que nos constituye en Iglesia, donde cada uno de sus miembros con los talentos y las responsabilidades recibidas construyen el Reino de Dios: amor, justicia y paz para todos. Bienvenidos a esta fiesta de la comunidad. Monición a la Liturgia de la Palabra La fe es la seguridad de lo que se espera, prueba de lo que no se ve; como administradores de los tesoros celestiales, preparemos nuestros oídos, corazones y nuestra mente para escuchar la Palabra que nos conforma como pueblo de Dios al servicio de la humanidad. Afinemos el oído, escuchemos la palabra que será proclamada. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Al Padre celestial, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de su verdad; a Él dirijamos nuestras súplicas diciendo: R. Aumenta, Señor nuestra fe. 1. Por el Papa, los obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos; miembros del pueblo de Dios, consagrado al servicio de la humanidad; para que conscientes de su vocación y de su misión, administren los bienes espirituales para llevarlos a la patria celestial. Roguemos al Señor. 2. Por los gobernantes de las naciones, especialmente por el nuevo presidente, para que, en el ejercicio de sus funciones, procuren leyes justas que protejan a los miembros más vulnerables de la nación. Roguemos al Señor. 3. Por las fuerzas civiles del Estado: ejército, policía y servidores públicos; para que protejan y custodien la seguridad de sus conciudadanos, brindando protección, confianza y honestidad en su administración y servicio. Roguemos al Señor. 4. Por quienes administran los recursos de la nación y empresarios del país; para que brinden a sus trabajadores las garantías dignas de contratación, y brinden a sus operadores condiciones dignas para el desarrollo integral de las personas. Roguemos al Señor. 5. Por los padres de familia, niños y jóvenes, para que cultiven los talentos y responsabilidades en sus hijos con honestidad y responsabilidad. Roguemos al señor. Oración conclusiva Dios Padre celestial, creador, que en tu Santo Espíritu has prodigado de dones y talentos a tus hijos, permítenos servirte con justicia y paz los regalos que has dado a tu pueblo, por Jesucristo Nuestro Señor. R. Amén. [1] Galli, Carlos María, “El pueblo de Dios, el pueblo y los pueblos. El papa Francisco y la teología argentina”; en http://www.americalatina.va/content/americalatina/es/articulos/el-pueblo-de-dios--el-pueblo-y-los-pueblos--el-papa-francisco-y-.html. 07 febrero 2017.

Vie 22 Jul 2022

Pidan y se les dará

DECIMOSÉPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Julio 24 de 2022 Primera Lectura: Gn 18, 20-32 Salmo: Sal 138(137), 1-2a.2bc-3. 6-7.8 (R.cf. 17, 6a) Segunda Lectura: Col 2, 12-14 Evangelio: Lc 11, 1-13 I. Orientaciones para la Predicación Introducción Tres énfasis propuestos para la reflexión de la homilía, todos interconectados en la unidad temática de las lecturas: La oración, con la convicción que se muestra en las lecturas, “Dios llama incasablemente a cada persona al encuentro misterioso con Él. La oración acompaña a toda la historia de la salvación como una llamada recíproca entre Dios y el hombre” (CIC 2591). - El aprender orar: Que respondería a la súplica presentada a Jesús: “Señor enséñanos a orar”, y como lo indica la Iglesia en su Catecismo: “La oración no se reduce al brote espontáneo de un impulso interior: para orar es necesario querer orar. No basta sólo con saber lo que las Escrituras revelan sobre la Oración: es necesario también aprender a orar. Pues bien, por una transmisión viva (La Sagrada Tradición), el Espíritu Santo, en la ‘Iglesia creyente y orante’ enseña a orar a los hijos de Dios” (CIC 2650). Énfasis valido allí donde el párroco o la comunidad quiera comprometerse en un proceso de “aprender a orar” - La oración del Padre Nuestro: Como centro de la respuesta de Jesús, al punto que se le conoce como la Oración del Señor y a la cual el Catecismo dedica toda la segunda sección de la oración cristiana (2759 – 2865). - El Dios de la oración: Ciertamente como el destinatario, pero en su atenta escucha que lo conduce a la acción para dar respuesta a lo pedido en el “clamor” 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? Primera lectura: Después de la manifestación de Dios en la encina de Mambré (18, 1-15), aparece el relato de la confidencia de Dios para con Abraham y de este con Dios, la llamada “intercesión de Abraham” (18, 16-33). Una vez que Dios le confía a Abraham sus planes respecto a Sodoma y Gomorra (17-21), el Patriarca por seis veces (23-26; 27-28; 29; 30; 31-32a; 32b) intervendrá intercediendo en favor de estos pueblos. En su primera intervención apela a la Justicia de Dios como juez de toda la tierra que diferencias culpables de inocentes, y a partir de la respuesta de Dios, que ha fijado el parámetro en 50 justos, Abraham busca obtener la reducción del número de inocentes para que no acontezca la destrucción, llegando en sus repetitivas e insistentes intercesiones alcanzar la reducción de 50 a 10. La respuesta divina se limita a expresar que no hará la destrucción si se alcanza el número de inocentes acordado. Así la intercesión es “atreverse a hablarle a Dios”, a insistirle sobre una realidad, basados primero en su naturaleza divina, Él es el Dios de la tierra, y segundo en la “solidaridad” de los justos. El Salmo: y su respuesta “Cuando te invoqué me escuchaste”, que en algunas versiones bíblicas es el título, está clasificado como un Salmo de acción de Gracias individual. El salmista u orante se admira e irrumpe en gratitud sobre todo al ver que un Dios tan grande y potente se ocupe de sus pequeños y humildes fieles: la pequeña obra de sus manos. Así el grito de invocación al ver que Dios ha escuchado, lo que equivale a decir que ha respondido al grito, se transforma en una vivaz acción de gracias, de alabanza (tañer, postrarse), mediante la cual se ensalza la grandeza de Dios que es sublime, misericordioso, leal, salvador, protector, etc. Segunda lectura: Pablo en Col 2, 6-23 se enfrenta abiertamente con los errores que conducían al desconcierto en la comunidad; frente a la enorme seducción de estos errores Pablo reacciona y recuerda que la única y verdadera cabeza de los hombres es Cristo, a quien queda vinculado el creyente a partir del Bautismo, confiriéndole una nueva vida y la cancelación de la deuda gracias a la muerte en Cruz de Jesús. Un breve pasaje (2, 12-14) que clarifica la identidad del creyente a partir de la cual debe vivir y relacionarse con Cristo y las demás realidades. Podríamos decir que gracias a esta nueva identidad obrada por Cristo en el Sacramento del Bautismo la oración del creyente, hijo de Dios, posee otro estatus. Evangelio: Como es característico de Lucas nos muestra a Jesús en oración. Ante la petición de uno de sus discípulos, Jesús les precisa algunas de las enseñanzas de la oración, sobre todo para que “aprendan a orar”, primero el Padre Nuestro (2-4), que no sería una simple fórmula para ser repetida de memoria y ya, sino que en ello enseña una forma de orar; y para acentuar su dimensión de oración incansable y confiada narra la parábola del “amigo inoportuno” (5-8); y concluye con tres dichos para subrayar la eficacia de la oración, y para ello los construye a partir de tres verbos: “pedir”, “buscar” y “llamar” que reciben una respuesta: “recibe”, “halla” “se le abre”, que finalmente se compara entre la respuesta del ser humano y la generosidad en la respuesta de Dios, que da lo más bueno que es el Espíritu Santo. 2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? La oración del Padre Nuestro La oración es un tema amplio, que exige como ya se mencionó en la introducción, todo un proceso (Cf. CIC 2650); cada comunidad debería preocuparse por crear auténticos itinerarios de aprendizaje, acompañamiento y crecimiento en la vida espiritual dando énfasis a la oración. La oración cristiana tiene su fundamento en la estrecha unión con la persona de Jesús, especialmente con su Misterio Pascual (Pasión, muerte y resurrección), lazos que se entre anudan gracias al don del Bautismo; así el creyente recibe la fuerza transformante de la misma muerte y resurrección del Señor. Orar es pues vivir la identidad bautismal y aprender a relacionarse con el Dios que le ha dado una nueva vida. La versión del Padre Nuestro en Lucas trae cinco suplicas, como las seis de Abraham. Pero en estas no buscamos la reducción de los justos o inocentes, sino todos los contrarios el crecimiento de ellos para que no acontezca la destrucción: que aumente el número de los que te reconocen como “Padre, y santifican tu Nombre”, que seamos más los que esperemos la “llega de tu Reino”, que cada día recibamos el “pan cotidiano”, que siendo “perdonados también nosotros perdonemos”, y así “no nos dejes caer en tentación”. La oración que Jesús nos enseñó debe encontrar un puesto privilegiado en la espiritualidad del creyente. Ciertamente hay muchas oraciones, pero todas ellas compuestas o salidas desde la vivencia de hombres y mujeres en su seguimiento de Jesús; pero el Padre Nuestro es una oración de otro nivel. Esta oración es llamada la Oración del Señor porque salió de sus labios de su enseñanza directa, por tanto, al orarla no estamos autorizados a cambiarla, todo lo contrario, a comprenderla e integrarla en la vida. También, se le conoce como la oración dominical, porque la comunidad cristiana católica naciente, en sus primeros tiempos le daba un fuerte realce, siendo orada en el Día del Señor: El Domingo; “la oración dominical es, en verdad, un resumen de todo el Evangelio” (CIC 2761). Orar el Padre Nuestro exige actitud orante como la de Jesús, silencio, relación e hijos, confianza y atrevimiento para repetir adecuadamente con espiritualidad cada una de las palabras de la Oración del Señor. En ella Jesús nos enseña no solo a repetir sino a orar, a sentir a Dios como Padre, para que cada uno pueda experimentar su condición de hijo de Dios. El espacio ni el momento me lo permiten, pero quien quiera mejor orar el Padre Nuestro repita con el discípulo: “Señor enséñanos a orar” y escuchará que el Señor le responderá en el Catecismo lo encontrarás, así que para orar hay que buena adoctrina acostumbrar. Todo agente de pastoral o creyente debería muy bien conocer el Catecismo de la Iglesia, pero para orar los números 2759 – 2865 leer y meditar. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? La oración y la contemplación en este domingo deberían encontrar un momento especial en el momento de la oración del Padre Nuestro. “Señor, te damos gracias por enseñarnos y regalarnos el don orar, por dejarnos tu oración, porque gracias a ella aprendemos de manera casi natural a llamar a Dios: Padre Nuestro, y por tanto a sentir que los otros son hermanos; Gracias Señor porque en esta bella oración aprendemos a pedir las gracias que necesitamos. Danos ese amor por la oración y que sigamos tu ejemplo de siempre orar, de orar confiada e incasablemente, y antes que pedir cosas pedir el Gran regalo del Espíritu Santo. _______________________ Recomendaciones prácticas: • Jornada mundial de los abuelos y de los mayores. • En este Domingo dar realce al momento del Padre Nuestro: Se podría mandar a imprimir la versión oficial del Padre Nuestro y entregarla en un bonito formato, citando los números del Catecismo para que el Pueblo Santo de Dios lo estudie. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Bienvenidos a la casa del Señor. Él nos invita a vivir de una manera especial este momento, culmen de la oración: la Eucaristía. En ella se condensan diversas formas de oración que nos ayudan a vivir de manera plena esta celebración. Todo ello para hacer de este sacrifico un momento de gran oración y encuentro con el Señor. Participemos orando de verdad según cada momento. Monición a la Liturgia de la Palabra Hermanos, cuántas veces hemos escuchado que hay que orar, y quisieras aprender a orar, para algunos se les facilita a otros no tanto. Hoy el Señor en las lecturas nos permitirá comprender algunas formas de oración. ¡Escuchemos con atención! Oración Universal o de los Fieles Presidente: Padre bueno, somos tus hijos que reunidos en tu casa queremos presentarte nuestras realidades, porque estamos seguros que cuando te invocamos tú nos escuchas y sales presuroso en nuestra ayuda: R. Escúchanos, Padre Nuestro. 1. Te damos gracias por la Iglesia de la cual nos haces miembros, por toda la riqueza salvadora que a través de ella nos concedes y por enseñarnos a ser tus hijos. 2. Te suplicamos tu justicia para todos los pueblos del mundo, que cesen las guerras y crezca el Reino de la paz y el amor. 3. Te pedimos por todos los adultos mayores, para que el Señor les conceda fortaleza, perseverancia y amor en la misión que tienen de transmitir la fe y su sabiduría de vida a las nuevas generaciones. 4. Te consagramos nuestras familias y nuestra comunidad parroquial, para que en ellas haya ambientes de auténtica oración. 5. Te pedimos concedas pan a los que sufren y viven abandonados a través de sus hermanos los hombres. Oración conclusiva Padre Nuestro, tú que escuchas siempre a tus hijos, concédenos en nombre de tu Hijo Jesús cuanto con confianza de ser hijos tuyos te hemos pedido. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

Vie 10 Jun 2022

Lo que tiene el Padre es mío. El Espíritu recibirá y tomará de lo mío y se lo anunciará

LA SANTÍSIMA TRINIDAD Junio 12 de 2022 Primera Lectura: Pr 8, 22-31 Salmo: Sal 8, 4-5.6-7.8-9 (R. 2a) Segunda Lectura: Rm 5, 1-5 Evangelio: Jn 16, 12-15 I. Orientaciones para la Predicación Introducción • El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Es la enseñanza más fundamental y esencial en la jerarquía de las verdades de fe (CIC, n. 234) • La comunión trinitaria es la fuente y el modelo de la comunión y participación en la Iglesia. • Hoy, quienes hemos sido bautizados, renovamos nuestro compromiso misionero de anunciar el amor de Dios uno y trino. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? Las lecturas de este día nos iluminan para comprender el sentido de la solemnidad de la Santísima Trinidad y vivir lo que esta celebración nos pide. • El libro de los Proverbios nos presenta la personificación de la Sabiduría de Dios, haciendo énfasis sobre el orden y la perfección de las cosas creadas. Así, reconocemos a Dios Padre Creador que ha hecho todo por amor a la persona humana. También vislumbramos ya en este pasaje un anuncio de Cristo, Sabiduría del Padre, “por quien y para quien fueron creadas todas las cosas” (Jn 1,3; Col.1,16). • El salmo 8, bien conocido, celebra la creación de Dios, de la que es cumbre la persona humana. Es enfática la afirmación de la superior grandeza del ser humano sobre las demás obras de la creación. No se trata de una afirmación de dominio irresponsable, si no de una primacía que llama a la administración y al cuidado de la casa común que Dios ha preparado para todos (cfr. LS, 95.116). • El apóstol Pablo, en pocos versículos, sintetiza la obra de la redención; indicando que estamos en paz con Dios por medio de Cristo, en quien hemos conocido el amor del Padre, que ha derramado en nuestros corazones el Espíritu Santo. Este pasaje puede calificarse como una confesión de fe en la Trinidad, y en la acción redentora del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es, además, una invitación a la vivencia de las virtudes teologales, fe, esperanza y caridad, que deben ser la manifestación concreta de nuestra vida en Dios. • El Evangelio tiene un acento misionero, en la última cena Jesús se anticipa a asegurar la promesa del Espíritu Santo que guía a los discípulos de Cristo para que conozcamos el amor de Dios y lo anunciemos. No podemos dejar de ver en estas palabras la figura de comunión eclesial, que el mismo Jesús pedirá para todos los que creen en él: “Que todos sean uno” (Cfr. Jn 17,21). 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? La solemnidad de este domingo hace como de puente entre la Pascua y el Tiempo Ordinario, invitándonos a contemplar y a dar gracias por la acción salvífica de Dios, que es uno en la comunión de tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo. • Celebrar el misterio trinitario es, ante todo, un movimiento de contemplación del amor de Dios, que no nos deja solos, que está siempre actuando para salvarnos y que es Dios con nosotros. San Juan nos propone este reconocimiento y vivencia: “¡Dios es amor!” (1Jn 4). Al pensar, por tanto, en la Santísima Trinidad, no se trata de entender racionalmente un enunciado dogmático, sino de ir al encuentro del amor de Dios, que nos ha sido revelado en Cristo y que está en nosotros por el Espíritu Santo. San Juan Pablo II decía que “la Trinidad no es tanto un misterio para nuestra mente, como si se tratase de un misterio intrincado, sino, y mucho más, de un misterio para nuestro corazón” (Homilía, 29.05-1983). • Celebrar el misterio de la Trinidad es, en segundo término, una invitación a renovar nuestra profunda identidad eclesial. San Cipriano define la Iglesia como un “pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (De Orat. Dom., 23; cf. Lumen Gentium, 4). Jesucristo mismo, en la última cena, pidió que “todos sean uno, como tú Padre en mí y yo en ti” (Jn 17, 21). Por eso, de modo particular, recorriendo el itinerario sinodal al que el Papa Francisco ha convocado a toda la Iglesia, en esta solemnidad estamos llamados a afianzar nuestra comunión y participación como discípulos y misioneros, que tienen como único fundamento la unidad de la Trinidad. • Celebrar el misterio de la Trinidad es, en tercer lugar, una oportunidad para tomar mayor conciencia de la misión evangelizadora a la que estamos llamados todos los bautizados. El Evangelio de San Mateo concluye con el este envío: “Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo…” (Mt 28, 18b-19). La misión de la Iglesia parte, por tanto, de nuestra propia relación con la Trinidad y del compromiso que resulta de haber recibido la gracia bautismal. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Como ya ha sido subrayado, esta solemnidad nos mueve ante todo a la contemplación y a la oración. Santa Isabel de la Santísima Trinidad oraba de esta manera: “Dios mío, Trinidad que adoro, ayúdame a olvidarme enteramente de mí mismo, para establecerme en ti”. Hoy pudiéramos repetir esta plegaria, con el deseo de centrar nuestra vida en Dios, pidiendo que podamos experimentar su amor, para prolongarlo y comunicarlo en nuestro propio anuncio evangelizador. _______________________ Recomendaciones prácticas: • Conviene leer, antes de la celebración, los numerales 232 a 267 del Catecismo de la Iglesia Católica, bajo el título la Profesión de la Fe Cristiana. • Concluye la semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. • Encuentro Nacional de las Familias (13-18 de junio) II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa En este domingo celebramos el misterio central de la fe y de la vida cristiana: Dios es uno, en la comunión de tres personas Padre, Hijo y Espíritu Santo. Hoy estamos invitados de manera especial a contemplar el amor de Dios que no nos abandona. Para ello pedimos la gracia distinguir y adorar a cada una de las personas divinas, y de vivir la profunda unidad que hay entre ellas. Con estas disposiciones, participemos de este banquete del amor de manera plena, consciente y activa. Monición a la Liturgia de la Palabra Que la escucha atenta de las lecturas bíblicas, que nos proponen el camino de la revelación de Dios como comunión de personas, nos motive a ser testigos del amor trinitario, en los acontecimientos de la vida cotidiana. Recibamos con fe y alegría la Palabra de Señor. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Al Dios Padre, elevemos nuestras súplicas confiadas por medio de su Hijo y con la asistencia del Espíritu Santo. Digamos juntos: R. Dios de amor, escúchanos. 1. Oremos por toda la Iglesia, para que, guiada por Espíritu Santo, cumpla con su misión de enseñar la verdad que guía a todo hombre hacia la plenitud de la vida. 2. Por los gobernantes de las naciones, para que, vivificados por la gracia de la Santísima Trinidad, sean sabios en su trabajo en la construcción de una sociedad más armónica, conducida por la verdad y el bien, para el beneficio de las comunidades que han sido puestas en sus manos. 3. Por nuestras familias, para que se refleje en ellas la unidad de la Trinidad, que se manifieste en el amor, el respeto y el diálogo entre todos los miembros de nuestros hogares. 4. Por la consulta sinodal que se ha realizado en nuestra Iglesia local, para que guiados por el Espíritu, todas las decisiones tomadas a partir del discernimiento lleven a una común docilidad al Espíritu Santo. 5. Por la unidad de los cristianos, para que la Eucaristía, símbolo de amor y vínculo de caridad trasforme el corazón de los hombres, y superas las dificultades actuales, los lleve a formar una sola Iglesia. Oración conclusiva Dios, Padre todopoderoso, que has enviado al mundo la Palabra de la verdad y el Espíritu de la santificación, escucha estas suplicas que te hemos presentado con fe y esperanza. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.

Mié 1 Jun 2022

Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo; reciban el Espíritu Santo

DOMINGO DE PENTECOSTÉS Junio 05 de 2022 Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 2, 1-11 Salmo: 104(103), 1ab y 24ac.29bc-30.31 y 34 (R. cf. 30) Segunda lectura: 1Corintios 12, 3b-7.12-13 Evangelio: Juan 20, 19-23 I.Orientaciones para la Predicación Introducción Esta solemnidad que concluye el gozoso tiempo pascual ofrece varios elementos para el crecimiento personal y comunitario, de la Palabra de Dios, destacamos tres. • El primero lo sintetiza Jesús así: “Reciban el Espíritu Santo”, como se observa Dios envía su Espíritu y todo aquel que lo recibe renueva su vida personal y comunitaria. • En segundo lugar, Jesús indica claramente que somos enviados, en efecto, afirma: “Como el Padre me ha enviado, así os envío yo”. Desde los inicios del cristianismo este mandato del Señor es un imperativo que no pasa de moda, por ello, la insistencia del Papa Francisco de ser “una Iglesia en salida” que no cesa de anunciar el amor del Padre en Cristo. • Finalmente, se destaca en la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios, cómo el Espíritu Santo presente en la Iglesia en general, está también en cada uno de los creyentes en particular: “en cada uno se manifiesta el Espíritu para bien común”, esta afirmación se refiere a los carismas del Señor que cada creyente recibe y que en este tiempo en el que el Papa Francisco está invitando a reflexionar en la sinodalidad de la Iglesia, reviste singular importancia. Se profundizará especialmente en este tercer elemento. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? “En cada uno se manifiesta el Espíritu para bien común”: Esta afirmación de la segunda lectura expresa explícitamente que el Espíritu Santo está en la Iglesia en general, pero también está en cada creyente en particular que con fe y devoción lo recibe, esto fue lo que experimentaron los primeros cristianos que, como dice el libro de los Hechos de los Apóstoles “se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras”. El hablar en lenguas y “oirlos hablar de las maravillas de Dios en la propia lengua”, indica cómo el evangelio llega a varios lugares del mundo, por lo que muchas son las lenguas de la Iglesia, aunque todas profesan la misma verdad, la única fe en el Señor Jesús. Esta experiencia, no se reduce sólo al pasado, en el presente el mismo Espíritu sigue actuando y es enviado a cada creyente, como dice Jesús en el evangelio según san Juan: “Reciban el Espíritu Santo”, hoy la Iglesia sigue acogiendo esta presencia “espiritual” de Jesús que renueva todo creyente y no sólo a los seres humanos, sino como dice el Salmo 103 a toda la creación: “Envías tu Espíritu, Señor, y renuevas la faz de la tierra”. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? El Espíritu Santo es la presencia espiritual de Jesús resucitado en la Iglesia, presencia que la anima y sin la cual no pudiera existir. Sin esta presencia el ser humano es nada, como dice la secuencia litúrgica: “Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías su aliento”. Sin el Espíritu Santo, la Iglesia, es nada, no pasaría de ser una institución humana, al estilo de una empresa, o de una ONG, pero en el fondo estaría vacía. El Papa Francisco ha venido insistiendo sobre la necesidad de una Iglesia sinodal, es decir, una Iglesia que camina unida, dando cabida a todos, respetando los carismas y dones de cada uno y construyendo con ellos la unidad. Sin duda, la solemnidad de Pentecostés es una buena oportunidad para comprender esta realidad, pues los carismas que el Espíritu Santo ha dado a todos como pueblo de Dios, favorecen en medio de la singularidad de cada uno, la unidad del cuerpo de la Iglesia que tenemos la responsabilidad de seguir construyendo. Pablo enseña en la primera carta a los Corintios que “en cada uno se manifiesta el Espíritu para bien común”: junto a esto que podemos llamar un “don particular” que reciben todos los bautizados, se advierte que, este carisma es para el bien común, por lo que también hay un “don común” a todos los creyentes que, en el mismo texto, a continuación, se refiere a los sacramentos del bautismo: “Todos hemos sido bautizados en un mismo Espíritu” y de la eucaristía: “Y todos hemos bebido de un solo Espíritu”. Unido a estos dos sacramentos, está el de la reconciliación, referido por el evangelio según san Juan: “A quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados”. La relación entre el “don particular” que recibe cada creyente y el “don común” que recibe todo el cuerpo de la Iglesia, la realiza el Espíritu Santo; en efecto, el Espíritu “sopla donde quiere” (Jn 3,8) y, por ello, se observa cómo este mismo Espíritu sorprende a muchos con el don dado a algunos, porque la manifestación libre del Espíritu no está condicionada por nada, ni por nadie; no obstante, el Espíritu se dona a través de gestos instituidos por Cristo y regulados por la mediación de la Iglesia, pero se trata siempre del mismo Espíritu como subraya el apóstol: “Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo; diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo; diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios que obra en todos” (1Cor 12,4-6). Los carismas son dones dados a cada uno de los fieles “don particular” para enriquecer y santificar a la Iglesia, esto tiene que descubrir el camino sinodal que se está realizando en la comunidad eclesial; por otra parte, los sacramentos son dones dados a la Iglesia “don común” para enriquecer y santificar a cada uno de los fieles. Hay pues, una armonía y una reciprocidad completa entre el “don particular” y el “don común”; atentar contra este equilibrio, sería empobrecer la Iglesia como misterio de fe y cuerpo de Cristo y empobrecer a cada uno de los fieles, alejándolos de la comunidad. Quedarse sólo con el “don común” sería simple sacramentalismo, quedarse sólo con el “don particular” sería espiritualismo vacío, sin Iglesia. El Concilio Vaticano II resume esta enseñanza con estas palabras: “el mismo Espíritu Santo no sólo santifica y dirige el Pueblo de Dios mediante los sacramentos y los misterios y le adorna con virtudes, sino que también distribuye gracias especiales entre los fieles de cualquier condición, distribuyendo a cada uno según quiere (1Cor 12,11) sus dones, con los que les hace aptos y prontos para ejercer las diversas obras y deberes que sean útiles para la renovación y la mayor edificación de la Iglesia, según aquellas palabras: «A cada uno... se le otorga la manifestación del Espíritu para común utilidad» (1Cor 12,7)” (Lumen Gentium 12). 3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Es esta una oportunidad para agradecer a Dios por la acción del Espíritu Santo en la vida personal y en la vida de la Iglesia. Gracias Jesús por enviar tu Espíritu Santo a la Iglesia que renueva la vida personal y comunitaria. Gracias Espíritu Santo, don del Padre y del Hijo, porque habitando en los creyentes, suscitas la unidad y la armonía en la vida eclesial. Ilumina esta etapa de sinodalidad que la Iglesia vive y ayuda a todos los bautizados a hacerla realidad en la relación con los hermanos y con los hombres y mujeres que encuentran en el camino de la vida. Un compromiso práctico que puede dejar la Palabra de Dios en la vida es preguntarse cómo favorezco la unidad y armonía en la comunidad en la que vivo, cómo aporto desde el “don particular” que he recibido, al bien común de los hermanos, pues el Espíritu Santo une y lleva a la unidad, por ello, la Iglesia es un misterio de comunión entre los hermanos, para la misión. El mejor testimonio que un creyente puede dar es la unidad, recordemos lo que dice Jesús: “En esto sabrán los hombres que son mis discípulos, en que sea aman los unos a los otros” (Jn 13,35). ____________ Recomendaciones prácticas: • Hoy termina el Tiempo Pascual. Después de la última misa, en la noche, se apaga el Cirio pascual y se retira del presbiterio. Conviene colocarlo decorosamente en el bautisterio para que arda durante la celebración del Bautismo y poder encender en él los cirios de los bautizados. • Motivar la semana de oración por la Unidad de los cristianos. • Día del Campesino. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Reunidos en comunión de fe, hemos venido al banquete de la Palabra y la Eucaristía para conmemorar con gozo pascual que la promesa de Cristo de enviar al paráclito se ha cumplido en la Iglesia. Celebramos hoy la Solemnidad de Pentecostés; el Espíritu Santo ha venido a llenar nuestros corazones con la gracia de su amor y colmarnos con sus dones. Nosotros, animados por este misterio, participemos con fervor de este encuentro con el Señor y con los hermanos. Monición a la Liturgia de la Palabra La liturgia de la Palabra de este domingo nos muestra que la Obra de Cristo en el mundo, se prolonga a través de la acción del Espíritu Santo quien sigue iluminando con sus dones y carismas a la Iglesia, para anunciar al mundo el perdón y la Paz que vienen del Señor. Escuchemos con atención. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Oremos hermanos a Dios nuestro Señor, para que acoja con amor las súplicas que, confiados le presentamos como hijos de un mismo Padre, y digámosle con fe: R. Padre Santo, escucha nuestra oración. 1. Padre Bondadoso, mira al papa Francisco y a los demás Obispos de tu Iglesia y dales la Sabiduría de tu Espíritu para que, dando testimonio de tu amor, guíen a tu pueblo por los caminos del bien que conducen a tu Reino. 2. Padre todopoderoso, que gobiernas el mundo con santidad y justicia, infunde en nuestros gobernantes tu Espíritu de Ciencia para que sepan gobernar a los pueblos con equidad, velen por cumplir los derechos de los marginados y los pobres y busquen siempre el bien de los ciudadanos. 3. Padre amable, que caminas junto a tus hijos, te pedimos por una Iglesia que celebra, para que nuestro camino juntos en los próximos meses se base en la escucha conjunta de la Palabra de Dios y en la celebración de la Eucaristía en la comunión del Pueblo de Dios. 4. Padre misericordioso, que te apiadas de tus hijos, mira con amor a los que sufren, dales el Espíritu de fortaleza para que puedan superar las adversidades con valentía, que tu Espíritu les otorgue la Salud de alma y cuerpo y sean testimonio de fe y esperanza para los cristianos. 5. Padre Santo, mira a esta asamblea aquí reunida compartiendo el Pan y la Palabra; danos el Espíritu de piedad y de tu Santo Temor para que continuemos alabando tu Nombre. Danos la gracia de verte siempre en los hermanos y que, a ejemplo de los primeros cristianos, vivamos unidos en fe y amor. Oración conclusiva Padre que tanto nos amas, atiende compasivo las oraciones que con fe te presentan tus hijos movidos por tu Santo Espíritu. Por Jesucristo Nuestro Señor. R. Amén.

Vie 27 Mayo 2022

Mientras los bendecía, fue llevado hacia el cielo

SÉPTIMO DOMINGO DE PASCUA ASCENSIÓN DEL SEÑOR Mayo 29 de 2022 Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 1, 1-11 Salmo: 47(46), 2-3.6-7.8-9 (R. cf. 6) Segunda lectura: Efesios 1, 17-23 ó Hb 9, 24-28; 10, 19-23. Evangelio: Lucas 24, 46-53 I. Orientaciones para la Predicación Introducción La riqueza de la solemnidad que celebramos hoy alcanza para un amplio número de temas reflexivos, puesto que subraya el triunfo final de la humanidad de Cristo el Señor, cuyo principio de dicha humanidad tuvo comienzo con la encarnación. De lo anterior dan fe: Los relatos de la infancia de Jesús (Mt 1—2; Lc 1—2), el prólogo de san Juan (1,1-18) y el cántico de Filipenses (2,5-11). A partir de la victoria de la humanidad de Cristo, tres temas orientan nuestra reflexión: • El primero es la difusión del evangelio, pues uno de los deseos finales del Resucitado consistió en la proclamar la conversión para el perdón de los pecados. Para este fin los agentes fueron los discípulos, testigos de los misterios de la pasión y resurrección del Señor. • El segundo punto de reflexión lo ocupa nuestras aspiraciones de vida: Resulta llamativo cómo los discípulos contemplaban, con la mirada fija al cielo y postrados ante el Resucitado, el misterio de la ascensión. Sin embargo, los compromisos cotidianos de la vida no son menos importantes que la actitud de adoración, las palabras de los dos hombres vestidos de blanco de Hch 1,10-11, aplican también para nosotros, no quedarnos simplemente mirando al cielo y desentendidos de la misión en esta tierra. • En tercer lugar, conviene reflexionar sobre la promesa del Espíritu Santo, la recepción del Espíritu Divino otorga la fuerza para el éxito de la misión de todos los bautizados, cuyo efecto resulta palpable primero, en Jerusalén, después Judea y Samaría y, finalmente en los confines de la tierra (Hch 1,8). El misterio de esta promesa queda en suspenso hasta cuando se desvele en la Solemnidad de Pentecostés el próximo domingo. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? Lucas presenta en el evangelio de manera tan resumida las últimas manifestaciones de Cristo resucitado, que si no tuviéramos más que esta página evangélica sentiríamos la tentación de colocar el relato de la ascensión el mismo día que el de la resurrección y el de las apariciones. No obstante, el mismo autor, informa expresamente, en los Hechos de los Apóstoles, que entre la resurrección y la ascensión de Jesús pasaron cuarenta días. (Hch 1,3). Se pone de relieve en la orientación teológica de Lucas, que el evangelio será predicado a todas las naciones para que se conviertan y obtengan el perdón de los pecados, el punto de partida de esta expansión victoriosa será Jerusalén. (Lc 24,47; Hch 1,8). Ante semejante misión se requiere que los apóstoles tengan conciencia de su deber y de su fuerza. Su deber es dar testimonio de la verdad: “Vosotros sois testigos de estas cosas” (Lc 24,48). Su fuerza reside en la presencia del Espíritu Santo, cuya promesa les renueva Cristo: “Y saber que yo les envío la promesa de mi Padre” (Lc 24,49), “vosotros seréis bautizados con el Espíritu dentro de pocos días” (Hch 1,5). Así pues, Lucas insiste en el evangelio como en Hechos sobre la presencia nueva de Jesús en la Iglesia a través del Espíritu Santo y en la responsabilidad de sus discípulos de ser sus testigos en la tierra. La ascensión del Señor al cielo resalta la soberanía del Resucitado sobre la humanidad entera y sobre todo el mundo. Así lo menciona el salmo 46 que reporta expresiones como: “El Señor es emperador de toda la tierra, Dios es el rey del mundo, Dios reina sobre las naciones”. El beneficio para nosotros de esta soberanía es que involucra a quienes creemos en Él, Cristo como cabeza de la Iglesia, revela el estado en el que también estará su cuerpo místico (nosotros los bautizados que somos su Iglesia). Desde esta perspectiva se comprende la expresión de la carta a los Hebreos: “Tenemos entrada libre al santuario, en virtud de la sangre de Jesús” (Hb 10,19), con lo cual el texto propone el camino nuevo y vivo que el Señor ha inaugurado para nosotros. En el conjunto de las escenas de la Ascensión la gente se sentía animada por una fe capaz de todas las conquistas, los discípulos regresaron no con la tristeza de la despedida, sino con la alegría de la promesa, pues estaban continuamente en el Templo contemplando a Dios, por eso fue que los Once volvieron a Jerusalén dóciles a las últimas recomendaciones del Resucitado. (Lc 24,52; Hch 1,12). 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? La solemnidad de este día nos sitúa en la meta que ha logrado Cristo resucitado. La expresión cielo donde ascendió el Señor, es la vida eterna a le que estamos destinados todos los bautizados. De ahí que esta solemnidad nos centra en la esperanza de lo que será nuestro futuro, la vida eterna. La carta a los Hebreos concluía afirmando: “Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos, porque es fiel quien hizo la promesa” (Hb 10,23). En este orden de ideas la oración colecta nos anima a “exultar de gozo porque la ascensión de Jesucristo es nuestra victoria, y donde nos ha presidido Él, que es nuestra cabeza, esperamos llegar también nosotros como miembros de su cuerpo”. La certeza del futuro que anhelamos y que nos espera, no dispensa de las responsabilidades en esta tierra. El libro de los Hechos afirma: “Galileos, que hacen ahí parados mirando al cielo?” La satisfacción de quedarnos mirando al cielo y esperando que lleguemos a él, sin compromisos serios en este peregrinar por la tierra, sigue vigente en muchas comunidades. Nuestra fe, nuestras ilusiones y esperanzas no se reducen a este mundo que pasa, pero mientras estemos en él, nos compete ser testigos de Cristo resucitado. Hechos de los Apóstoles insiste en esta responsabilidad: “Cuando el Espíritu descienda sobre ustedes, recibirán fuerza para ser mis testigos”. Es necesario expresar con palabras y, sobre todo, con acciones que Cristo resucitado sigue presente en medio del mundo; en consecuencia, conjuguemos la doble dimensión que expone esta solemnidad de Jesús: por un lado, aspirar al futuro que nos espera con la mirada lanzada al cielo y por el otro, testificar ante los demás la presencia viva y operante de Cristo resucitado que hoy asciende al cielo entre aclamaciones y al son de trompetas. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Te agradecemos Padre porque nos ofreces la certeza de cómo nuestro destino no termina aquí en la tierra, sino que se abre la esperanza hacia la vida eterna, donde todo será amor, paz, alegría y bondad, así quedarán aniquilados el luto, el llanto y el dolor. Te damos gracias oh Jesús por subir como nuestra cabeza al cielo y manifestar la victoria a la que aguardamos todos como Iglesia, tu cuerpo, que cree y aguarda la vida sin ocaso. Frente a tan altas aspiraciones, todos en general y cada uno en particular, comprometámonos a ser testigos del Señor en la familia y los demás ambientes en los que desempeñamos la vida, de modo que mostremos el rostro de Cristo resucitado y ascendido al cielo, a los enfermos, marginados y a los menos tenidos en cuenta de la comunidad. _________________ Recomendaciones prácticas: • Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. • Motivar la participación a la Misa de la Vigilia de Pentecostés. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Hermanos, hoy nos congrega la Solemnidad de la Ascensión de nuestro Señor Jesucristo a los cielos. Este hecho sella la entrada definitiva de la humanidad de Jesús a la presencia de Dios Padre; y es para nosotros motivo de esperanza, dado que nos invita a pensar en nuestro destino final, que no será otro que anhelar estar en la presencia del Padre. Monición a la Liturgia de la Palabra Dios se nos revela en la novedad de su Palabra. La riqueza del mensaje de hoy nos ilumina y orienta para comprender este misterio de glorificación y el compromiso que implica ser testigos de este acontecimiento. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Padre eterno, nos sabemos hijos tuyos, por eso, en confianza te presentamos las necesidades que nos afligen, seguros de ser escuchados y atendidos por tu prodigiosa eficacia en favor nuestro. Oramos juntos diciendo: R. Por la Asunción de tu Hijo, escúchanos Señor. 1. Te pedimos, Señor, por tu Iglesia, para que asumiendo con compromiso el anuncio del Evangelio, proclame a todos tu mensaje de salvación. 2. Te suplicamos, Señor, por quienes aún no han recibido la riqueza de tu Palabra, para que el mensaje llegue y toque sus corazones. 3. Te presentamos Señor, a quienes, alejados de ti, no han reconocido la presencia de tu Hijo en medio de ellos. 4. Te entregamos, Señor, a los enfermos y desvalidos, para que, sostenidos por tu presencia amorosa y cercana, asuman con esperanza su dolor. 5. Te ofrecemos, Señor, esta comunidad, que celebra con gozo la Ascensión de tu Hijo a los cielos, para que se afiance la fe que los anima. Oración conclusiva Dios nuestro, que has querido elevar a tu Hijo a tu presencia, te pedimos por su intercesión, escuches nuestras súplicas y nos alcances los bienes que proceden de tu amor y clemencia. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén.